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jueves, 13 de marzo de 2025

LOS PROBLEMAS DE LA DEFENSA EUROPEA Y DE LA DEFENSA NACIONAL (II DE II)


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¿PUEDE ESPAÑA GARANTIZAR SOLA SU DEFENSA Y SOBERANÍA?

Respuesta: no.

Consecuencia: toda política de defensa para nuestro país debe ir acompañada de una política exterior de alianzas susceptible de generar beneficios en las dos partes.

Pregunta: ¿Hacia dónde puede estar orientada esta política de alianzas?

Respuesta: hacia los países de la ribera norte del Mediterráneo y/o hacia Iberoamérica.

Vale la pena explicar el siguiente gráfico en el que se plantean las distintas opciones posibles.

Lo primero que debemos entender es que, dentro de las posibilidades del actual ordenamiento jurídico español, resulta extremadamente difícil establecer una partida presupuestaria capaz de garantizar nuestra defensa nacional. El “Estado de las Autonomías” resulta excesivamente costoso y pesado, centrifugador y asimétrico, partidocrático y corrupto, como para poder desviar las cantidades presupuestarias necesarias para garantizar lo esencial en una nación: su seguridad y su integridad territorial. Sin política de defensa realista, la supervivencia de una nación resulta absolutamente imposible. De ahí que la condición previa para replantear el problema de la defensa nacional sea reconocer que está íntimamente ligado al modelo constitucional y que el actual no solo es insuficiente, sino que resulta contraproducente.

A partir de aquí se abren dos posibilidades:

1) En caso de que sea IMPOSIBLE la reforma constitucional, habrá que reconocer tres alternativas excluyentes; por orden de viabilidad:

- Seguir como hasta ahora, en situación de precariedad subordinando la seguridad de España a la OTAN, a pesar de que esta organización cada vez está menos en condiciones de defender a sus socios y, a partir del inicio del segundo mandato de Trump se encuentra en proceso de redimensionamientos.

- A la vista de la situación de la OTAN, cabría reconocer la imposibilidad de establecer una defensa nacional autónoma y, por tanto, aplicar un “neutralismo” ecléctico que se preocupara especialmente de no tomar partido en política internacional por ninguno de los actores en juego, preocupándose de no favorecer ni perjudicar a ninguno. Posición difícil en un mundo marcado por guerras comerciales y presiones del Sur hacia el Norte.

- La tercera posibilidad sería lo que podríamos llamar “el quiebro Sánchez”, esto es una política de “renuncia preventiva” a la seguridad y de mano tendida hacia el Magreb. España se configuraría, entonces, como el puente entre el Magreb y Europa. Eso sí, cabría elegir entre los dos países rivales y adversarios: Argelia (a cambio de gas barato) y Marruecos (que exigiría la incorporación de Ceuta, Melilla y Canarias).

2) En caso de que, además de deseable, sea POSIBLE la reforma constitucional (basada en tres puntos: achicamiento del Estado de las Autonomías y del poder de la partidocracia, por un lado, y reforzamiento de los poderes de la Corona, por otro), esto daría margen suficiente para establecer una política de seguridad orientada a la búsqueda de alianzas en dos zonas (no excluyentes):

- Los países de la orilla Norte del Mediterráneo que comparten problemas similares con España: Italia, Grecia, Malta, además de Portugal. Países que, en primer lugar, están afrontando la presión migratoria africana. En cuanto a Francia, la situación actual es excesivamente inestable y la colaboración con este país quedaría supeditada a un cambio de gobierno y, por tanto, de política migratoria y de defensa, lo que solamente ocurrirá cuando los “permanentemente excluidos” de la política francesa, rompan el “cordón sanitario” impuesto por los partidos representantes del “dinero viejo”. Incluso ante la eventualidad de que la UE siga existiendo sin reformas estructurales profundas, esta alianza bloquearía a los partidarios de las actuales políticas suicidas en materia energética y de inmigración.

- Los países iberoamericanos, que convertirían de nuevo el Atlántico centro y sur en un “Océano Iberoamericano”, zona de tránsito obligado para los intercambios comerciales entre Europa y América. Dadas las actuales circunstancias de los países iberoamericanos, está política de alianzas debería basarse en las identidades culturales y lingüísticas y establecerse país por país, dando especial prioridad a Argentina y Brasil, considerando como la “línea de corte”, la adhesión o el rechazo de sus gobiernos al “Grupo de Puebla” (la alianza de las “izquierdas marcianas” iberoamericanas que dan crédito a la “leyenda negra” para justificar su alianza con el “dinero viejo”). Esta orientación de una política de alianzas debería tener como objetivo común la extensión de las lenguas hispano-romances frente al inglés y al mandarín y permitiría el desarrollo de un modelo cultural independiente y, por tanto, asumir valores político-sociales propios y diferenciados del calvinismo anglosajón y del mandarinato chino.


Ambas orientaciones de una política de alianzas repercutirían directamente en el terreno de la defensa y de la seguridad:

- contribuirían a atenuar la gravedad de la presión migratoria islámica, repatriar a los excedentes de inmigración y cortar el flujo de sur a norte a través del Mediterráneo.

- contribuirían a alejar el riesgo de guerra civil racial-religiosa y social, disminuyendo los contingentes de inmigración africana en Europa.

- liberarían amplias partidas presupuestarias que pasarían del capítulo de “ayudas a la inmigración”, al capítulo de la defensa.

- establecerían una “zona de seguridad común” que abarcaría el Atlántico Sur, uno de los espacios marítimos de mayor relevancia hoy para las comunicaciones interoceánicas y para las actividades comerciales mundiales.

Solo una vez establecida esta política de alianzas, podría abordarse la elaboración de un plan de seguridad con garantías que debería combinar las exigencias de una estrategia oceánica, por una parte, y conjurar los riesgos de guerra civil racial-religiosa-social.

Los instrumentos para afrontar esta nueva situación deberían ser:

1) un ejército profesionalizado, provisto de la mayor autonomía armamentística,

2) completado por una milicia cívica instruida en tácticas de combate urbano, guerra de guerrillas, operaciones antiterroristas y guerra tecnológica.

 

Y aquí vale la pena hacer un alto para tomar postura ante la posibilidad de un ejército profesional o de un ejército de leva.

¿SERVICIO MILITAR OBLIGATORIO O EJÉRCITO PROFESIONAL?

Fue a partir de la Revolución Francesa cuando el “derecho a llevar armas” se universalizó convirtiéndose en “el deber de defender a la patria”. Hasta ese momento, solamente la aristocracia era el grupo social preparado para la guerra. Las tropas se nutrían de voluntarios –“soldados”, esto es, que recibían la “soldada”, el sueldo por su servicio- o bien de condenados por delitos a los que se daba la opción de redimirse mediante la milicia. En algunas situaciones de crisis, los gremios constituían una milicia de defensa de las ciudades. Desde finales del siglo XVIII se instauraron los ejércitos de leva. El 23 de agosto de 1793, la Convención Nacional ordenó una leva masiva: "Todos los franceses son llamados por su país para defender la libertad. Los jóvenes irán al frente; los hombres casados forjarán armas y transportarán alimentos, las mujeres harán tiendas y ropas y trabajarán en los hospitales, los niños harán vendas usadas; los viejos serán llevados a las plazas para levantar el ánimo de los combatientes, para enseñarles el odio a los reyes y la unidad republicana”. Todos los hombres capaces y solteros entre 18 y 25 años fueron reclutados con efecto inmediato para el servicio militar, incrementando el ejército, de los 200.000 en tiempos de Luis XIV hasta los 1 500 000 en 1794…

LAS DESIGUALDADES Y LAS REACCIONES ANTRE LA MILI OBLIGATORIA

Gracias a George Dumezil sabemos que las sociedades indoeuropeas reconocían las desigualdades fundamentales entre los hombres y estaban estructuradas en “estamentos”, algo que siguió en vigor, precisamente, hasta la Revolución Francesa. Se reconocía que existían hombres mejor dispuestos para la acción (casta guerrera), otros para la contemplación (casta sacerdotal) y otros para el trabajo manual (casta gremial). Y se trataba de predisposiciones innatas: por lo tanto -salvo en situaciones excepcionales- la milicia y, por tanto, la defensa de la comunidad, correspondía a la casta guerrera. Sin embargo, al llegar la Revolución, cuando el ciudadano pasó a ser “igual” y, por tanto, todos eran “enfants de la patrie”, la milicia se extendió a toda la población… incluso a aquellos cuya herencia genética, cuya psicología y cuyas capacidades, eran refractarias al uso de las armas. El entrenamiento militar los convertía solo temporalmente en soldados… pero, disipado su efecto y dejado atrás la milicia, se empezaron a manifestar problemas psicológicos de manera creciente. Hoy, es habitual que entre buena parte de los veteranos de las últimas guerras en las que han participado tropas occidentales, exista el “Trastorno de Estrés Post-Traumático”. No puede extrañar: para entrar en combate, para superar el entrenamiento militar hace falta un carácter y una predisposición que no está al alcance de todos. Significativamente, cuando se produjo la Guerra de Kuwait, en 1990, existiendo aún un ejército de leva en España, las reacciones de los jóvenes en edad militar fueron tres: unos optaron por la deserción, otros por declararse objetores de conciencia y otros, finalmente, entusiasmados por la posibilidad de participar en un conflicto… No fue sino hasta 1996-1998, cuando el ejército pasó a ser profesional.

La abolición del servicio militar obligatorio coincidió, además, con un proceso de cambios sociales y educativos que se ha demostrado catastrófico para las nuevas generaciones. Este proceso podía preverse desde el retorno de la democracia en España.

En efecto, los “valores democráticos” (libertad, igualdad, independencia) son contrarios a los “valores militares” (orden, autoridad, jerarquía). Los “militares demócratas” solamente pueden serlo a costa de dejar de ser “militares” y convertirse en “funcionarios” sumisos al poder político del momento (que es, justo, lo que se les exige). En otras palabras: los regímenes democráticos, no son las mejores garantías para la defensa nacional, salvo que -de alguna manera- estén presentes en los gobiernos y en las instituciones miembros del estamento militar que deje constancia de su opinión especializada. Pero desde hace 45 años, los sucesivos “ministros de defensa” han salido de la sociedad civil, apenas han tenido conocimiento de la milicia y de las necesidades de la defensa o bien, incluso, lo han ignorado todo sobre estas cuestiones que, para la partidocracia siempre son secundarias.

Estamos en una sociedad en la que las nuevas generaciones han crecido sin oír la palabra “no”, sin que tuvieran presentes sus obligaciones, sin someterse la mayoría a ningún tipo de disciplina, pensando que tenían derecho a todo y a ningún deber. Luego ha venido el choque con la realidad y el hundimiento psicológico. Antes, el servicio militar era una especie de “corte” en la vida del joven, con un antes y un después. En sus mejores momentos, el servicio militar fue la “escuela de la nación”, por una parte, reforzaba la alfabetización del país, por otra daba la oportunidad al joven de viajar y conocer otras realidades, otras ciudades y compartir vida con gentes de otras clases sociales, incluso para muchos fue la oportunidad de aprender una profesión. Pero todo esto ha quedado muy atrás: la sociedad española actual es radicalmente diferente a la de hace 80 o 60 años.

El servicio militar obligatorio demostraba la desigualdad fundamental de los varones:

- para unos esa experiencia constituía la de mayor intensidad de sus vidas (que algunos intensificaban pidiendo destinos en cuerpos espaciales),

- para otros era un simple trámite molesto con algunos momentos gratos,

- para otros constituía una experiencia traumática y desagradable.

A pesar de que desde la Revolución Francesa se habia “igualado” a todos los “enfants de la patrie”, lo cierto es que la desigualdad estaba presente y cristalizaba en las tres reacciones que hemos enumerado.

LA IMPLOSIÓN DEL SISTEMA EDUCATIVO HACE IMPOSIBLE LA MILI OBLIGATORIA

Entonces se volvió al concepto de “ejército profesional”. Y ese retorno se hizo de la peor manera posible. Este proceso coincidió con el final de la Guerra Fría. Paralelamente, desde entonces, el sistema educativo español ha evidenciado su implosión y los gobiernos, especialmente socialistas, han tratado de transmitir mediante la escuela valores “finalistas” (paz, amor universal, multiculturalismo, ecología, derechos), olvidando los valores “instrumentales” (esfuerzo, sacrificio, mérito, superación, autodisciplina, deberes).

El resultado no solo ha sido el fracaso educativo absoluto (seguimos a la cola del programa PISA de medición de la eficiencia educativa), sino un aumento hasta el millón y medio de ni-nis, el fracaso escolar cada vez mayor, el abandono de los estudios y una permanente rebaja del listón de exigencias académicas para pasar al curso siguiente y, en general, un descenso de los resultados educativos, tanto de la ESO como de la formación profesional y de la enseñanza universitaria.

Las Fuerzas Armadas no pueden asumir el fracaso del modelo educativo español y tratar de insertar a los 21 años, valores que deberían haberse enseñado desde la preescolar. A los que piden reimplantar el servicio militar obligatorio (o un sucedáneo), les recordamos que, como mínimo, no podría implantarse hasta diez años después de una profunda reforma educativa, cuando esta hubiera mostrado sus primeros frutos y para ello sería necesario cambiar radicalmente las dinámicas de los últimos 40 años, a las que se han habituado los propios enseñantes. Pero, incluso, aun en el supuesto de que esta reforma educativa pudiera aplicarse y obtener resultados inmediatos, subsistiría el problema de la predisposición innata de unos y del rechazo de otros a asumir el “estilo militar” y, por supuesto del presupuesto.

Eso nos induce a pensar que el “ejército voluntario” y profesionalizado es la mejor alternativa, a condición de que el presupuesto de defensa se amplíe lo necesario para conjurar a los dos únicos enemigos que señala la lógica: el “enemigo del Sur” y el “enemigo interior” y de que se cree una fuerza voluntaria complementaria -una Milicia Cívica- provista de armamento propio y preparación en combate urbano que colabore con el Ejército de Tierra en previsión a la lucha contra el “enemigo interior”.

LA NECESIDAD DE UNA MILICIA CÍVICA

Esta Milicia Cívica debería comportar períodos cortos anuales de entrenamiento para afrontar los riesgos de un conflicto civil interior, capaz de manejar armas de guerra, especializarse en afrontar situaciones de terrorismo y guerrilla urbana, arsenales a su disposición, entrenamiento de combate y movilizable en cualquier momento.

El acceso a esta “Milicia Cívica” debería ser voluntario, pero -al igual que en el caso de los soldados profesionales que han llegado al final de su compromiso- con la contrapartida de reservar determinadas profesiones a los veteranos salidos de las FFAA y de la milicia cívica: profesiones vinculadas a la seguridad, tanto privada como a los cuerpos de seguridad del Estado, incluidas las policías autonómicas, y una reserva de cuota en las escalas funcionariales y en empresas públicas. Todo esto, unido a un salario digno, a posibilidades de formación profesional, serán atractivos suficientes tanto para ingresar en las FFAA como para adherirse a la Milicia Cívica.



 

Cuadernos para entender nuestro tiempo nº 3
LA NUEVA GEOPOLÍTICA Y LOS PROBLEMAS DE LA DEFENSA NACIONAL
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miércoles, 12 de marzo de 2025

LOS PROBLEMAS DE LA DEFENSA EUROPEA Y DE LA DEFENSA NACIONAL (I DE II)

 

#defensanacional, #defensaeuropea, #nuevageopolitica, #defensa, #ucrania, #OTAN, #milicia

El “nuevo orden mundial” que se está constituyendo ante nuestros ojos, nos induce a plantear los problemas de la “defensa nacional”, puesto que, en cualquier situación histórica, solo la seguridad garantiza la paz, la prosperidad y el futuro de los pueblos. El principal problema para los países europeos es el generado por la existencia de la Unión Europea que no afianza el concepto de “Europa como futura unidad de destino”, es decir como dotada de un destino y de una misión unitaria, pero, al mismo tiempo, impide que cada una de sus partes, garantice su seguridad y su defensa de manera autónoma.

¿DEFENSA NACIONAL O DEFENSA EUROPEA?

Así pues, el primer problema -el gran problema- de un estudio de estas características es definir el campo de aplicación: ¿defensa europea común o defensa de la Nación Española? Si se trata de considerar la seguridad de nuestro país en exclusiva, parece demasiado evidente los riesgos para nuestra seguridad en 2024 solamente pueden proceder:

1) Por una parte, el único riesgo de un conflicto internacional procede del Sur y, en concreto, de Marruecos (que reivindica Ceuta, Melilla, las Islas Adyacentes y Canarias).

2) A esto se une el riesgo de guerra civil, generado por el “enemigo interior” compuesto por minorías étnicas no integradas (e, incluso, inintegrables) en la sociedad española y que exigen un ordenamiento jurídico adaptado a sus creencias y estilo de vida en sus países originarios. Ordenamiento que entra en contradicción directa con los valores sobre los que se ha construido nuestro país y que es, por tanto, inaceptable.

Ambos casos están unidos por el hilo religioso; en efecto, el “jefe del Estado” marroquí -Mohamed VI- tiene un sentido muy diferente al de cualquier Rey europeo: no solamente es el representante de su pueblo, su máxima autoridad política, sino que es, además, según la constitución actualmente en vigor en Marruecos, el “jefe espiritual de los marroquíes y presidente del Consejo de Ulemas”. Bajo su control se encuentran los 41.755 lugares de culto. El “consejo de ulemas”, por su parte, controla, las mezquitas instaladas en el extranjero para los casi 4.000.000 de inmigrantes marroquíes en Europa y Canadá. Solamente este “consejo de ulemas”, controlado por la casa real marroquí, puede lanzar fatwas y, por tanto, es, en última instancia el rey el que puede declarar la “guerra santa” (vale la pena no olvidar que la “yihad” es el “sexto pilar del islam”, siendo los otros cinco el testimonio de fe [shahada], la oración [salat], la limosna [zakat], el ayuno del ramadán [sawm] y la peregrinación a la Meca [hajj]).

Pues bien, un elemental “principio de prudencia” sugiere la peligrosidad de admitir en el interior del propio cuerpo de las naciones europeas, a creyentes en esta fe, cuyo libro sagrado, El Corán, llama de manera inequívoca a las armas para extender la religión.

A pesar de que es más que cuestionable que Mohamed VI crea en el islam, lo cierto es que, al igual que su padre y al igual que las generaciones anteriores de reyezuelos magrebíes, utilizan el fanatismo religioso para sus fines políticos: durante siglos, los piratas berberiscos, por ejemplo, eran considerados “yihadistas” y, algo más próximo a nosotros, el padre de Mohamed VI, Hassan II, dio a la “Marcha Verde” organizada para apropiarse del Sáhara, un sentido de movilización religiosa. Sin olvidar, por supuesto, que a pesar de que la mayor parte de musulmanes son “gentes de paz”, no es menos cierto que la predicación de un imán puede, utilizando textos coránicos, radicalizar en tiempo récor a los creyentes. Los recientes casos, prácticamente semanales en los que “lobos solitarios” han generado atentados criminales en toda Europa, confirman en este criterio, de la misma forma que la existencia de bandas criminales organizadas de origen magrebí que operan en territorio europeo, armadas con material de guerra, constituyen un peligro inequívoco para nuestra seguridad como lo fue la piratería berberisca hasta principios del siglo XIX.

LOS FACTORES PSICOLÓGICOS PARA UNA
GUERRA CIVIL RACIAL-RELIGIOSA-SOCIAL

El riesgo de guerra civil en Europa, procedente del yihadismo coránico, se une a tres elementos psicológicos que lo favorecen:

1) El “odio social”: la inmigración magrebí llegó pensando que podía acceder a los escaparates de consumo europeos, pero la falta de formación profesional de la mayoría, los ha recluido a franjas salariales bajas o a vivir de subsidios y a mantener a sus familiar -habitualmente, numerosas- pudiendo disfrutar del “Estado del Bienestar”, pero no a la vida consumista con la que soñaban. A menudo esto ha generado resentimientos, incomprensiones y deslizamientos hacia formas de delincuencia justificadas por las “desigualdades sociales” que han llevado a sectores de la inmigración magrebí a concepciones yihadistas (véanse los implicados musulmanes en los atentados del 11-M). En la mentalidad magrebí, recibir un subsidio o una limosna es considerado como una humillación que genera un sentimiento de rechazo al que la concede.

2) Las “brechas antropológicas”: la creencia europea en la “igualdad universal” y en que todos los seres humanos tienen idénticos objetivos, niega la brecha antropológica que existe entre las dos orillas del Mediterráneo. Al norte, pueblos inquietos y que saben que su prosperidad depende de su preparación y esfuerzo. Al sur, pueblos fatalistas que creen que su destino está escrito por Alá. El razonamiento empleado por los gobiernos centroeuropeos y anglosajones al admitir inmigración, partía de la base de que las oleadas de inmigración italiana, portuguesa y española que se produjo tras la Segunda Guerra mundial para proceder a la reconstrucción de la Europa destruida, no generó problemas y estas poblaciones se integraron pronto en la cultura de las naciones de acogida. Sin embargo, con la inmigración africana esa misma integración se ha demostrado, en la mayoría de los casos, difícil, sino imposible: la inmigración del sur de Europa hacia la Europa del Norte estaba protagonizada por pueblos culturalmente “contiguos” a los de acogida, mientras que con la inmigración africana existe una brecha cultural, antropológica y religiosa que dificulta dicha integración.

3) El “odio al colonialista”: España fue una potencia civilizadora entre el siglo XVI y el XIX, Inglaterra, Francia, Holanda, Bélgica, fueron potencias colonizadoras desde los siglos XVII al XX. La diferencia es importante: una potencia “civilizadora”, transmite valores y convierte a las zonas bajo su control, en “virreinatos” (como cualquier otra parte de su territorio nacional), mientras que una potencia “colonizadora”, se preocupa, sobre todo, de explotar los recursos naturales y, en un segundo plano, de crear élites autóctonas que traten de mantener el statu quo. Esto ha generado el que la inmigración procedente de antiguos países “colonizados”, llegue a Europa con la idea de que se les “debe” algo y de que Europa debe “pagar”. Esa idea es la que ha prosperado también entre los “progresistas e indigenistas” iberoamericanos que necesitan creer en la “leyenda negra”.

La inadaptación de la inmigración africana al estilo de vida europeo, el odio hacia los antiguos “colonialistas” es lo que ha generado, junto con el “odio social” y la “brecha antropológica”, una situación psicológica de rechazo: hoy, cuando se habla de “racismo”, no cabe hablar solo de “racismo” de “blancos contra negros”, sino que, toda sociedad “multiétnica” ha demostrado ser una “sociedad multirracista”.

CUANDO EUROPA YA NO ES LA “TIERRA DE LOS EUROPEOS”

En síntesis, podemos decir, que las sociedades europeas, ahora empiezan a advertir que ya no son dueñas de su propio destino. Sorprendentemente, cuando se habla de África, se alude a “la tierra de los africanos”, cuando se habla de China, se quiere decir “tierra de los chinos”, pero decir que Europa es la “tierra de los europeos”, suena a “xenofobia y racismo”: Europa es hoy multiétnica -y, por tanto, multirracista- y esto hace imposible que en la enseñanza se transmitan “valores europeos”, se enseña historia de las distintas naciones europeas, e incluso se tienda a maximizar la importancia de otras etnias -incluso hasta el absurdo- en la formación de la ciencia moderna. En una sociedad multiétnica, donde cada cual está especialmente predispuesto a defender “lo propio”, no puede existir el concepto de “nación” (para que exista es preciso definir “referencias”, precisar “misión y destino”, compartir “valores”) y, para no ofender a otras culturas, hoy, se recurre a falsificar la historia, aplicar la discriminación positiva y, en última instancia, renunciar a la propia identidad… algo que las culturas africanas no están dispuestas a renunciar.

El ”odio social” hace que, incluso determinados sectores juveniles que han crecido al margen de las mezquitas y de la herencia cultural de sus padres, sean todavía más peligrosos: sin sentirse europeos, ni magrebíes, sin creer en Dios, en la meritocracia, o en sus valores étnico-religiosos originarios, han adquirido lo peor de la civilización occidental, combinándolo con lo peor de su cultura de origen: odio étnico-social, propensión a la delincuencia, salvajismo, consumismo, comportamientos erráticos.

A esto se une la negativa de los distintos gobiernos europeos -y, en primer lugar, del español- a reconocer que la inmigración africana se ha convertido en una “bomba de succión de fondos públicos” y que gracias a estos fondos -es decir, a un crecimiento del gasto público y de la deuda- se ha podido establecer una “paz social”, precaria, que durará tanto como dure la posibilidad de la UE de aumentar los impuestos a sus ciudadanos y de emitir deuda (por alta que sea, tiene un límite). En el momento en el que las clases medias ya no puedan soportar más la presión fiscal y en el momento en el que la capacidad de endeudamiento haya llegado al límite, deberán restringirse los subsidios, mayoritariamente entregados a la inmigración árabe-subsahariana, generando una situación definitivamente explosiva ante la cual, ni España está preparada para afrontar, ni mucho menos los países de Europa Occidental. Llegado a este punto, el riesgo de guerra civil étnico-social-religiosa se habrá hecho una realidad. Y es esa realidad, la que hay que tener en cuenta a la hora de establecer prioridades de defensa.

LA DEFENSA NACIONAL Y LA DEFENSA EUROPEA:
CONVERGENCIAS Y DIVERGENCIAS

En síntesis:

- Para España, el único riesgo internacional para su seguridad procede de Marruecos. Y el gran riesgo interior procede de las bolsas de inmigración africana e islámica.

- Para Europa, hasta ahora existía un riesgo internacional: el que su apoyo a la dictadura de Zelensky y su dependencia del “dinero viejo”, le enfrentara a Rusia y tratara de implicar a países europeos y a la OTAN en “su guerra” (riesgo no completamente conjurado en el momento de escribir estas líneas, gracias a la insistencia de la clase política europea) al que se superponía el riesgo creciente de guerra civil generado por el yihadismo y por los elementos psicológicos que lo favorecen.

Pero, a partir del principio del fin del conflicto ucraniano y tras el “nuevo curso” de la política exterior norteamericana, todo esto ha cambiado: si bien, el cordón entre las dos orillas del Atlántico, aunque debilitado, se mantiene, la política atlantista y su cristalización en defensa, la OTAN, han pasado a segundo plano para los EEUU (como ya hemos demostrado al aludir al eje “Asia-Pacífico”). Por lo demás, Rusia ha dejado demasiado claro, para quien quiera entenderlo, que no tiene aspiraciones territoriales sobre Europa (y miente, quiere la guerra o es un absoluto ignorante malintencionado quien afirme lo contrario).

Ahora bien, España y Europa tienen un doble “enemigo interior”:

1) Por una parte, el riesgo de contagio yihadista y de intentonas insurreccionales islamistas que se producirán a partir del momento en el que se sientan lo suficientemente fuertes (y la UE, lo suficientemente débil) como para intentarlo a causa de la diferencial demográfica que juega a su favor. El peligro de guerra civil afecta a toda Europa Occidental.

2) Por otra parte, viejas clases políticas degeneradas y corruptas que anteponen sus intereses personales, su afán de lucro ilícito a los compromisos que han ido adquiriendo con el electorado que les ha votado, mientras aíslan con la estrategia del “cordón sanitario” a las disidencias que piden una renovación radical de la vida política.

No hay política de defensa posible mientras no se reconozcan y se identifiquen ambos enemigos que, en cualquier caso, constituyen el “enemigo interior”. Ambos enemigos son uno: ha sido, precisamente, la clase política vinculada al “dinero viejo” el que ha permitido la instalación en territorio europeo de minorías inintegrables; esto se ha realizado en tres fases:

1) Inicialmente, esto se hizo para que los países europeos “ganaran competitividad” (reduciendo el valor de la mano de obra al ir creciendo artificialmente, mediante el descontrol migratorio, el número de personas que aspiraban a un puesto de trabajo, reduciendo el valor del trabajo). Al aumentar la población, aumentaba también, necesariamente, el PIB (más población = más consumo, elemental).

2) En una segunda fase, se “ideologizó” esta importación de carne humana: fue el tiempo del “Welcome refugies”, del “ningún ser humano es ilegal” y del “no se pueden poner puertas al campo”, el tiempo en el que cualquier llamada a la prudencia en materia migratoria, por mínima que fuera, se contrarrestaba lanzando las consabidas acusaciones histéricas de “xenofobia y racismo”. En esta segunda fase se ocultaron cifras y los datos negativos (sobre violencia doméstica, sobre criminalidad, sobre prisiones, sobre gasto social en subsidios, incluso sobre el número real de inmigrantes). Esto coincidió con el lanzamiento de la Agenda 2030 que incluye, apertura a la inmigración masiva.

3) En una tercera fase, la inmigración se convirtió en un “arma política”: los procesos de naturalización generaron un nuevo “nicho electoral”: regados hasta la saciedad con subsidios y subvenciones, se pretendía que los votos de los “nuevos europeos”, fueran a parar a las siglas que les estaban subvencionando su estancia en Europa (especialmente a una izquierda abandonada por las clases trabajadoras autóctonas). El antiguo inmigrante, convertido en “nacional”, pasaría a ser “carne electoral” que, obviamente votaría por quien le prometiera más subsidios.

La integración y la asimilación a la sociedad de acogida, dejaron de interesar a la clase política desde el principio: se trataba de que, gobernara el centro-derecha o el centro-izquierda, la inmigración “estuviera tranquila” y se ocultasen los aspectos más negativos del fenómeno. Recientemente, en España ha sorprendido que la gencat reivindicara el control de fronteras y la política de inmigración ¡para que los inmigrantes aprendieran catalán! ¡cómo si esta fuera, a estas alturas, el eje del problema cuando hemos visto yihadistas que se expresaban en perfecto catalán de Ripoll!

En mayor o menor medida, este proceso se ha dado en toda Europa, agravándose en algunos países (los que primero practicaron una política de “puertas abiertas” a los extranjeros procedentes de sus propias colonias: Francia y el Reino Unido, los que practicaron políticas de “asilo” más generosas con distintas excusas -la Alemania de la Merkel- o países de la ribera europea del Mediterráneo -España, Italia, Grecia- con fuerte protagonismo de la izquierda).

Ahora, el problema está extendido a toda Europa Occidental y constituye, sin ninguna duda, el principal problema para la seguridad europea. No se trata de una opinión personal: este criterio fue confirmado por J.D. Vance, vicepresidente de los EEUU en su discurso durante la Conferencia de Seguridad de Múnich, en febrero de 2025 (ver el cuaderno Para entender nuestro tiempo nº 1) y se trata del primer análisis realista emitido por Washington desde los tiempos de la guerra de Kuwait.

Ahora bien, para que exista una defensa europea común en el marco de la Unión Europea, es preciso proceder a una reforma urgente de la misma destinada a ganar efectividad, racionalizar la toma de decisiones, liquidar las derivas hiperburocrátizadas y las decisiones ideologizadas. En las actuales circunstancias, por eso mismo, resulta absolutamente imposible concebir una defensa europea común.

Si está reforma no es posible, será preciso, renegociar el pacto de adhesión a la UE, abandonarla o bien optar por una política exterior y de defensa propia y diferenciada.

El esquema es, pues, éste:

DEFENSA EUROPEA = REFORMA RADICAL DE LA UE

Una hipotética ruptura con la UE, lejos de generar un vacío estratégico, implicaría buscar aliados en la misma situación e impulsar políticas propias. Por el contrario, la aceptación de la reforma de la UE conduciría directamente a una política de defensa común, cuya consecuencia lógica sería el establecimiento de un “ejército europeo integrado” (ya contemplado en los años 50 en el proyecto frustrado de la “Comunidad Europea de Defensa”).

¿Por qué es necesario vincular la defensa europea a una reforma de la UE? Sobran motivos:

1) El núcleo de la UE nació, inicialmente, en los años 50 y 60 como un proyecto de cooperación franco-alemán para alejar el fantasma de un nuevo conflicto europeo como los tres que habían tenido lugar en los 70 años anteriores (la Guerra Franco-Prusiana y las dos guerras mundiales). Pero, conjurado este peligro, ya no tiene sentido el que ambos países se obstinen en liderar la UE, especialmente, cuando su situación interior es de debilidad manifiesta.

2) Los países que se fueron adhiriendo por goteo a la UE -especialmente España- sufrieron el desguace de su industria estratégica impuesta por Francia, Alemania y el Reino Unido, a cambio de lo cual nuestro país recibió, especialmente durante el período de Aznar, cuantiosos fondos europeos para compensar la demolición de nuestra industria minera, siderúrgica y naviera. Fondos hace tiempo ya extinguidos y que no consiguieron crear industrias alternativas con entidad suficiente para compensar la desaparición de los sectores industriales desguazados.

3) Tras su período tecnocrático, la UE se ha convertido en un paquidermo burocrático en el que las soluciones técnicas se aplican siempre con retraso provocado por la normativa cada vez más opaca y una burocracia siempre paralizadora. Y esto en un mundo que cada vez precisa más respuestas rápidas y toma de decisiones inmediatas. El fracaso del proyecto de constitución europea, a principios del milenio, y la incapacidad para redactar otro “políticamente correcto”, ha determinado que los pilares de Europa se hayan construido en el aire.

4) A partir de Maastrich, la UE fue concebida como la “pata europea” de la globalización, una tendencia que empezó a quedar atrás al iniciarse el conflicto ucraniano y que hoy está definitivamente barrida con la “guerra arancelaria”. Para que la UE aceptara el fracaso de la globalización, sería necesario que se sacudiera de la dependencia del “dinero viejo”, el único interesado en que siga existiendo una economía mundial globalizada.

5) Aceptando las propuestas más polémicas y suicidas de la Agenda 2030, la UE se ha colocado a sí misma, una soga al cuello en materia energética y en inmigración. Ha aceptado el wokismo llegado de EEUU y que, rechazado hoy en aquel país, amenaza con convertir a Europa en un “islote” de corrección política, multiculturalidad y locuras de género.

6) La UE contraría sus propias exigencias económicas y, en la actualidad, basa su futuro en un aumento de la deuda y en la presión fiscal -especialmente sobre las clases medias- en lugar de en la austeridad económica, la contención presupuestaria y la simplificación de su administración y del de sus naciones integrantes.

7) Ni siquiera en materia alimentaria, la UE ha logrado la necesaria autonomía, sino todo lo contrario: ha arruinado al campo europeo; al acatar con fidelidad perruna las exigencias de la Agenda 2030 sobre energía y emisiones de CO2, está sacrificando la agricultura y la ganadería en beneficio de “acuerdos preferenciales” con los países del Magreb y, recientemente, con el Mercosur, imponiendo a los agricultores europeos su losa burocrática de la que se ven libres los países beneficiarios de dichos “acuerdos preferenciales”. La ausencia de autonomía alimentaria es garantía de falta de seguridad: un país -y su seguridad- depende directamente de los suministros alimentarios.

8) Las nuevas tecnologías y, en especial, la inteligencia artificial y las criptomonedas, dependen de grandes suministros de energía. Sin prever el extraordinario consumo energético que generan estas dos tecnologías, la UE, además, se ha embarcado en el compromiso de sustituir los hidrocarburos por energía renovable en el parque móvil en apenas 9 años… cuando esta tecnología todavía dista mucho de estar perfeccionada e, incluso, es cuestionable que pueda imponerse. Sin olvidar que la necesaria reindustrialización de Europa precisa todavía más energía y que ésta solamente puede salir de la energía de fisión nuclear, mientras no se pueda obtener de la fusión. Persistir en la vía en la que se encuentra la actual UE, implica, sin dramatizar, el suicidio de Europa, al que sus “líderes” nos conducen a marchas forzadas.

9) Las instituciones europeas son poco o nada representativas: nadie elige a los “gobiernos europeos”, ni a los presidentes de la Comisión Europea, que resultan nombrados por acuerdos entre los distintos grupos parlamentarios que no suelen explicar a quién van a apoyar antes de las elecciones. Lo normal sería que el presidente de la Comisión Europea fuera elegido por sufragio universal en base a un programa concreto presentado al electorado y no por políticos completamente divorciados de su electorado que, habitualmente, pertenecen al centro-derecha y al centro-izquierda y, por tanto, están vinculados directamente a los intereses y exigencias del “dinero viejo”.

Si tenemos en cuenta que el ciudadano medio solamente se ha enterado de la existencia de la UE cuando ésta ha decretado el fin de las pajitas de plástico (y su sustitución por pajitas de papel, incluso en los chupa-chups) y el molesto tapón unido a las botellas y a los bricks, todo ello, por supuesto, por encomiables “razones medioambientales”, en general, ironías a parte, la actividad de la UE resulta deletérea para el presente y para el futuro de la UE y solo a esta institución puede achacársele el declive del continente, entenderemos que urge precipitar una reforma radical de la UE o bien, proceder a su desguace. Y quien lo dice, siempre ha sido un convencido europeísta.

 










martes, 31 de mayo de 2016

DEFENSA NACIONAL, YIHADISMO Y ESTADO DE LAS FUERZAS ARMADAS


Hoy se ha sabido que la pasada semana, un joven magrebí consiguió colarse en el arsenal de El Ferrol y fue detenido tras lanzarse al mar. El incidente comenzó cuando unos centinelas vieron acercarse a un joven de aspecto magrebí y al impedirle el paso empezó a vociferar en árabe. Los centinelas cerraron las puerta de seguridad, pero el joven consiguió entrar en el recinto del arsenal unos 50 metros, hasta que uno de los militares disparó al aire y el sujeto se lanzó al agua a pocos metros de donde se encontraba una fragata. El joven, sobre el que pesaba una orden de expulsión, fue detenido. El incidente no es importante: el sujeto en cuestión, ni tenía antecedentes yihadistas, ni iba armado. Al parecer buscaba paralizar su expulsión cometiendo un delito. Sin embargo, la facilidad con la que consiguió colarse en una zona militar de máxima seguridad, han generado preocupación sobre la vulnerabilidad y permeabilidad del arsenal y de otras instalaciones de alto valor estratégico.

La noticia ha salido a la luz pública en el mismo momento en el que en L’Hospitalet de Llobregat la policía detenía a un paquistaní vinculado a redes yihadistas y, concretamente por “participación directa en actividades de edición, difusión y propaganda de contenidos de naturaleza yihadista”. Se trataba de un “islamista radical”. Indudablemente, tampoco se trataba de alguien “peligroso”: toda su actividad de proselitismo la realizaba en redes sociales. La propia Audiencia Nacional, mediante el titular del Juzgado de Instrucción nº 5 ha comunicado que se trataba de un “elemento radicalizador”. Pero lo que queda claro es que, en este momento, un sector de la comunidad islámica ve con simpatía, e incluso admiración, la acción del Estado Islámico en Siria o de los Talibanes en Afganistán. No existen redes yihadistas dispuestas a traer el terrorismo a España, pero sí dispuestas a convertir la yihad en algo popular entre la comunidad islámica.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Reflexiones sobre la crisis de España


Reflexiones sobre la crisis de España - Ernesto Milá - E–Book.- Desde hace ya unos meses circula en las plataformas digitales de e–Book un libro de Ernesto Milá dedicado a la crisis histórica de España y a sus posibilidades de superación (para adquirirlo pulsar: http://amzn.to/18rxF7W). Para saber algo más sobre las tesis contenidas en esta obra hemos entrevistado a Milá

– ¿Tu crees que a estas alturas la crisis de España le interesa a alguien?

– A veces tengo mis dudas. Lo normal sería que la crisis de España interesara… a los españoles. Pero no es del todo evidente a la vista de que la inmensa mayoría de los españoles están visiblemente vueltos de espaldas al futuro de su país y desinteresados por él. España tiene un déficit histórico de despreocupación de los españoles por su propio destino.

– ¿Cuándo se inicia esa despreocupación?