Mostrando entradas con la etiqueta alianza entre el Foro Económico Mundial y la UNESCO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta alianza entre el Foro Económico Mundial y la UNESCO. Mostrar todas las entradas

martes, 12 de abril de 2022

HAN SONADO LAS ALARMAS: ¿QUÉ HACEMOS CON LOS "POPULISMOS"? AÑOS DECISIVOS

Ayer comentábamos que el paso de Marine Le Pen a la segunda vuelta de las elecciones francesas, no ha sido algo que pueda calificarse de espectacular, ni siquiera nada que no haya ocurrido antes. Sin embargo, lo más sorprendente es que hoy todos los medios de comunicación alertaban sobre el “peligro de la extrema-derecha”. Vox, Orban, Marine Le Pen, el mismísimo Putin, la extrema-derecha italiana, todos, absolutamente todos, son sombras amenazadoras sobre nuestras virginales democracias, indefensas e ingenuas… Así que hay que movilizarse para conjurar este maldito riesgo que puede poner en peligro la convivencia y ante el cual nos arriesgamos a perder “conquistas sociales” como la eutanasia, el aborto, la ideología de género o la mismísima salud del planeta… Ironizamos, por supuesto, pero ¿qué hay detrás de tanto alarmismo?

1. EL TOQUE DE ARREBATO, VERSION 2022

Lo decía el “verdugo de Yugoslavia”, Luis solana: “Algo habrá que hacer con Orban”. Dado los antecedentes del antiguo secretario general de la OTAN cabría preguntarse si no estará pensando en bombardear Hungría como ya hizo con Serbia. Aquí mismo, en España, el hecho de que el PP “renovado”, haya pactado en Castilla-León con Vox y miembros de “la extrema-derecha” hayan entrado en el gobierno de esa región, parece haber aumentado las alarmas.

Y, por si esto fuera poco, de los EEUU llega la noticia de que la popularidad de Joe Biden, cuyos movimientos, gestos y discursos son cada vez más erráticos y confirman que se trata de un pobre anciano, enfermo y sin capacidad siquiera para saber donde se encuentra, ha caído ¡por debajo de la del ex presidente Trump que ya acaricia nuevamente con volver a presentarse a las elecciones de dentro de tres años!

Para mayor desazón del progresismo, Marina Le Pen, que hace solamente año y medio, era presentada como un fenómeno político amortizado, no solamente ha pasado a la segunda vuelta de las elecciones, sino que otro candidato, situado a su derecha, ha demostrado que el espacio para el populismo es mucho más amplio de lo que inicialmente se creía. Hoy, para todos los grandes medios de comunicación mundiales, el “gran Satán” es la “extrema-derecha”.

2. NO AMENAZAN, NO MATAN, NI SIQUIERA QUIEREN GUERRAS SANTAS

Ahora bien, a poco que pensemos, veremos que los EEUU durante el período presidencial de Trump, ni en los ya 22 años en los que Viktor Orban es Primer Ministro de Hungría, como tampoco en los ayuntamientos en los que gobierna el partido de Marina Le Pen, o en las regiones austríacas controladas por el FPÖ, en ningún lugar -y son varios- en donde ha gobernado el “populismo”, se ha producido, ningún “recorte a las libertades”, ni mucho menos, medidas que justifiquen el que el “verdugo de Yugoslavia” se haga esa pregunta amenazadora. Entonces ¿por qué ese alarmismo?

La pregunta es todavía más pertinente en la medida en la que, en los programas de todos estos partidos populistas, no aparecen puntos que permitan intuir, medidas liberticidas, internamientos masivos, intervención en las comunicaciones privadas, o liquidación física de los adversarios políticos. Todos estos partidos no aspiran a otra cosa más que a reconocer algo que, parece evidente, a poco que se examine con un mínimo rigor la situación económica, política, social, de los países de nuestro entorno. Hay, desde luego, problemas ¡y de qué calibre! Pero, acaso, el menor de todos los problemas sea el “ascenso del populismo” que, en última instancia, lo que plantea es un modelo conservador de sociedad en la que el énfasis se sitúe de nuevo en la reindustrialización, el restablecimiento del orden público y la única amenaza para los dogmáticos de las ideologías de género, es que se les corte el grifo de las subvenciones públicas.

A decir verdad, sabemos que se trata de partidos “extremistas” solamente por que nos lo remiten constantemente los medios de comunicación, no porque, en sus programas, haya nada que sugiera “radicalismo agresivo y violento”. De hecho, son partidos “de derecha” (con parte de cuyo electorado procede de la izquierda sociológica), mucho más que “de extrema-derecha”. De la misma forma que el PP es un partido de “centro-derecha”, así se afirma, así parece y así es en la práctica, Vox es una formación situada… a su derecha, esto es, en la derecha-derecha que es algo muy diferente a la extrema-derecha. A poco que reflexionemos, y busquemos noticias, nunca militantes de Vox han atacado o destruido tenderetes o locales de otras formaciones políticas… y, sin embargo, es habitual, que sus puestos de propaganda se vean hostigados y violentados por radicales de izquierda.

Así pues, no termina de entenderse el alarmismo desatado.

3. LA PEOR NOTICIA PARA LA CORRECCIÓN POLÍTICA

Hoy, hemos amanecido con distintas encuestas y opiniones sobre las elecciones presidenciales francesas. Al parecer, Macron ganará de aquí a trece días, pero por un margen muy estrecho de votos, acaso el más estrecho en toda la historia de las presidenciales francesas y, también, con un número de abstenciones que promete ser más alto que en ocasiones anteriores. Esto no ocurre en un pequeño país centro-europeo, o en un remoto horizonte iberoamericano, sino en Francia, uno de los dos motores, con Alemania, de la Unión Europea.

El problema de unas elecciones no es quién gana y quién pierde, sino cómo se gana y cómo se pierde, o lo que es lo mismo: por cuánto se gana o por cuánto se pierde. Porque si los márgenes son muy estrechos, lo más probable que ocurra es que, en la siguiente convocatoria, puedan invertirse los términos y el electorado, después de toparse varias veces contra la misma piedra, decida cambiar sus hábitos electorales y renunciar al “más vale malo conocido que bueno por conocer”. En Europa se está llegando a ese punto.

Si no se ha producido un cambiar espectacular en las tendencias del electorado es porque los guardianes de la “corrección política”, los grandes tertulianos y analistas creadores de opinión, alertan una y otra vez sobre el riesgo que conlleva votar a la “ultraderecha”, pero lo cierto es que la ineficacia de las soluciones neo-liberales y progresistas, así como el creciente caos social, es una invitación a probar nuevas opciones.

4. LA TORMENTA PERFECTA QUE SE AVECINA

Crisis energética, proceso inflacionario, deuda pública impagable, caos social creciente, problemas de delincuencia y neo-delincuencia o meta-delincuencia, corrupción política, progresiva brutalización de las sociedades, fragilidad psicológica de las nuevas generaciones, instalación de la posverdad y del relativismo en detrimento de las verdades reales y objetivos, pérdida de cualquier referencia superior, son elementos que se unen a los generados por el tránsito de la tercera a la cuarta revolución industrial. La gran paradoja es la que enunciara Marcuse en los años 60: justo cuando los avances científicos han generado el caldo de cultivo que permite a una sociedad decir que está cerca de la Utopía… la realidad indica que vivimos una distopía creciente e irremediable, mientras no se reconozca y se cambie el paradigma de civilización.

Hasta ahora, las crisis han sido sectoriales: crisis de “terrorismo internacional” a principios del milenio, seguida de “intifadas” de la población musulmana en Europa y aumento del terrorismo yihadista, crisis económica en 2007, luego crisis bancaria, luego crisis de la deuda, más tarde, luego los conflictos arancelarios entre China y EEUU, los dos años de Covid, y ahora, el conflicto de Ucrania que enmascara el gran conflicto que estallará en los próximos años: la crisis del a globalización, crisis energética en Europa, crisis de suministros, inflación descontrolada, descontento social creciente, chispazos de “guerra étnica”, situación de quiebra técnica de muchos Estados ante la imposibilidad de pagar la deuda, aumento de la presión fiscal sobre las clases medias, exasperación de la corrupción político-administrativa… Nada que no hayamos visto hasta ahora, pero todo sumado y coincidiendo en unos pocos años: lo que puede ser considerado como una “tormenta perfecta”.

5. LA IMPOSIBLE ESTABILIZACION DEL NUEVO ORDEN MUNDIAL

Una “tormenta perfecta” de este tipo, implica, necesariamente, cambios socio-políticos. Pensar que las actuales estructuras de poder, que datan de 1945 en Europa, van a salir indemnes de una crisis de este tipo equivale a pensar en un mundo sin gravedad. Hoy se puede especular frívolamente con estupideces sobre los problemas de minorías hiperminoritarias (transexuales, y con todas las variantes incluidas en las siglas LGTBIQ+, que, en el mejor de los casos, no pasan de ser, homosexuales incluidos, un 5-7% de la población europea), se puede especular con la “transición energética” y con la necesidad de implementar “energías limpias”, más o menos esperanzadoras… o fantasiosas, es posible, incluso, perder el tiempo, sobre cómo “salvar al planeta” o a tal o cual especie de insecto y disminuimos “la desigualdad”, “la discriminación” y “le multiculturalismo”…, pero todas estas discusiones, bizantinas unas, bizarras otras, lastradas por los prejuicios de la corrección político, dejarán de tener sentido en el momento en el que se desate la “tormenta perfecta”. Y está al caer.

De hecho, si los “confinamientos” y las restricciones generadas por el Covid se han prolongado durante dos años, al margen de cualquier lógica científica, ha sido porque, manteniendo encerrada a la población e inmovilizada en su pequeño hábitat individual, se reducía automáticamente y al máximo el consumo y, por tanto, se retrasaba, lo que ahora ya se ha reconocido, como el principal problema económica occidental: la inflación.

La “tormenta perfecta” hace muy difícil, el que pueda producirse una estabilización del mundo globalizado. De hecho, se trata de un proyecto imposible. Lo normal hubiera sido “globalizar” el mundo, cuando las condiciones económico sociales, fueran idéntica en todos los continentes, pero, desde el principio, los procesos de deslocalización industrial era evidente que iban a conducir a desequilibrios, déficits industriales en determinadas zonas y a dejar planear sobre el planeta la posibilidad de que el aumento del precio de los combustibles hiciera aumentar los precios de las mercaderías enviadas de uno a otro lugar del planeta.

Así mismo, podía pensarse que el trasvase de poblaciones africanas a Europa, iba a generar necesariamente problemas étnicos, de convivencia, de orden público, religiosos y culturales. Pero, con la deslocalización se buscaba aumentar el rendimiento del capital invertido y los beneficios, y con los trasvases étnicos se pretendía convertir Europa en un mosaico multicultural en donde fueran imposibles las respuestas sociales únicas, las protestas masivas y las huelgas generales. Así mismo, para salir de la crisis de 2007 se “imprimió papel”, se subvencionó a todo lo subvencionable… sin pensar que el valor del dinero iría disminuyendo y la inflación aumentando. Cualquier solución aportada por el sistema, genera nuevos y más graves desequilibrios: la estabilización del sistema es imposible en estas circunstancias.

6. FORO ECONÓMICO MUNDIAL: FORO “TRIFUNCIONAL”

El Foro de Davos, hoy Foro Económico Mundial, no es una “conspiración”: es el foro en el que los “señores del dinero” (o, mejor dicho, sus representantes), informan a aquella clase política que perciben como favorable a sus intereses, de las orientación que se trata de seguir en los próximos meses, para que los negocios sigan viento en popa y para que estos sepan lo que se espera de ellos y lo que deben hacer. A estos encuentros son, igualmente, invitados, magnates de la prensa y la comunicación, que, a fin de cuentas, serán los encargados de hacer digeribles estas orientaciones para la ciudadanía. Esta estructura “trifuncional” recuerda particularmente a la que describió Georges Dumezil como propia de las “sociedades indoeuropeas”: un “poder espiritual” (ahora, económico, a través de los señores del dinero, sumos sacerdotes de la economía), un “poder guerrero” (la clase política que manifiesta su voluntad de poder a través de las luchas electorales) y una “función productiva” (hoy representada por los medios de comunicación, simples mecanismos de transmisión de los objetivos, y a través de los que se lanzan los nuevos “productos” ideológicos habilitados por el Foro Económico Mundial.

Las orientaciones, ni siquiera son creadas por los “señores del dinero”, aquellos que envían a sus delegados y a sus hombres de confianza a Davos para debatir cada año y marcar línea y objetivos. Son simples algoritmos destinados a conducirnos a un “mundo feliz” huxleyano. Y estos algoritmos advierten del gran riesgo. Todo el proyecto “homogeneizador” de la humanidad tiene un riesgo: que se desate la “tormenta perfecta” antes de que se hayan habilitado en todos los países, leyes y medidas que garanticen la inexorable marcha hacia el objetivo final, ese “mundo feliz”, tan igualitario que todos podremos considerarnos como granos de arena de una playa, sobre la que los “señores del dinero”, la élite, podrán extender sus hamacas y disfrutar de un mundo completamente estabilizado en el que no exista más dios que el capital, ni más realidad que la cuenta de resultados.

7. EL GRAN RIESGO PARA LA AGENDA 2030

La Agenda 2030, crea objetivos fantasiosos, problemas inexistentes e impide, por todos los medios, que se discuta las bases sobre las que se levanta toda la construcción. Y estas bases son dos, globalización y multiculturalismo. Todo es discutible salvo es. Si la globalización es un producto teorizado y abordado por el Foro Económico Mundial, el multiculturalismo es el producto de las fantasías que la UNESCO ha sostenido desde su fundación. Por que la UNESCO es algo más que esa simpática institución que declara a la “paella” o a la tortuga de las Galápagos, “patrimonio de la humanidad”. La UNESCO es el laboratorio de ideas de “reforma social”, creada, precisamente por Julian Huxley, para alcanzar ese “mundo feliz”, la novela escrita por su hermano Aldous, en la que se definía, un futuro que entonces era de ficción, pero que se trataba de llevar a la práctica.

Ahora bien, ese proyecto, está avanzando a velocidad cada vez más acelerada: a ello ha contribuido, precisamente, la pérdida de cualquier tipo de soporte doctrinal por parte de la izquierda. Al hundirse el marxismo como patrón de interpretación de la historia, al caer, uno tras otro, los mitos de la izquierda obrerista, este sector se vio obligado a asumir otra “ideología” (esto es, otro esquema de interpretación de la realidad) y pasó al “lado oscuro” al que había combatido desde el siglo XIX: aceptó la globalización alineándose con el neocapitalismo, yendo un paso más allá de las resoluciones del Congresos de Bad Godesberg en la que el SPD alemán aceptó el capitalismo; luego, aceptó el igualitarismo uniformizador promovido por la UNESCO, y convirtió el “mundialismo” en su paradigma cultural. La defensa de los desheredados, la defensa de los trabajadores, se convirtió en la defensa de la inmigración, en el igualitarismo a ultranza y en la defensa cerrada de las “ideologías de género”.

Mientras, la derecha, permaneció, igualmente, confusa tras el hundimiento del Muro de Berlín. Se había quedado sin enemigo. Ni la OTAN tenia ya sentido, ni el eje atlántico podía justificarse sin un “enemigo” que acechara. Así pues, se crearon otros. La derecha dejó de ser “conservadora” y, reconoció que ya no quedaba nada por conservar, así que se optó por convertirse a lo que podríamos llamar “progresismo de paso corto”, frente al “progresismo acelerado” de la izquierda. A partir de los años 90, la política en Europa se había convertido en un conflicto de matices entre centro-derecha y centro-izquierda, una carrera de dos velocidades, en las que el centro-izquierda iba más acelerado hacia la meta final que el centro-derecha, pero siempre, ambos, en dirección al mismo objetivo: mundialismo y globalización.

Era un camino difícil, casi imposible de alcanzar: no solo las diferencias económicas entre continentes eran un obstáculo insalvable, sino también la naturaleza humana. Según la UNESCO, la “educación” es capaz de vencer los condicionantes genéticos del ser humano. La UNESCO cree que lo humano es como un “ficus benjaminus”, cuyos troncos pueden retorcerse y entrelazarse a voluntad en sus primeros años, y luego parecer gruesas columnas salomónicas. Pero no es así: la naturaleza humana, no es vegetal. Tiene uso de razón y cerebro pensante: se le puede crear falsos objetivos y señuelos que atraigan momentáneamente su atención, pero, en cualquier momento, alguien puede dar la voz de alarma y decir: “este camino no lleva a ningún sitio”, “la globalización y el multiculturalismo son el caos y la pérdida de toda identidad, nacional, personal, incluso sexual”. Y la más temida: “Hay que emprender otro camino”.

Por eso, no puede extrañar que allí en donde se han aposentado en el poder fuerzas que trabajan para ese “nuevo orden mundial”, estén tratando por todos los medios (desde la aplicación del Acta Patriótica en los EEUU, en 2001) en crear mecanismos de control de la opinión pública, castigar penalmente a la disidencia y crear leyes de excepción aplicables para momentos de crisis, que garanticen armas constitucionales para limitar las libertades y garantizar que las voces de protesta serán ahogadas, reprimidas, silenciadas o marginadas.

8. “ELLOS”, TODAVÍA NO HAN VENCIDO

Estamos en unos momentos en los que los “señores del dinero”, “huelen” su triunfo. Pero, también, son conscientes de los riesgos: aún no disponen de los mecanismos legislativos suficientes como para poder imponer su criterio y ahogar cualquier reacción en contra de la globalización y del mundialismo. Además, conocen perfectamente, la proximidad de la “tormenta perfecta” que tenemos sobre nuestras cabezas y saben que, al desatarse, es muy posible que los electores opten por el doble salto mortal sobre el vacío, apostando por opciones que estén más allá del centro-derecha y del centro-izquierda. Los “populismos”, por ejemplo. Por eso precisan cubrirlos de oprobios, desactivarlos, aislarlos y, como proponía el PSOE, “crear un cinturón de protección” ante ellos.

De hecho, si las alarmas han sonado en Francia (la victoria de Macron se augura como una “victoria pírrica”), en España, la clase política se ha visto impactada por la presencia de Vox en el gobierno de Castilla-León. Los verdugos liberticidas como Solana se preguntan: “¿Qué hacemos con Vox?”, “¿Qué hacemos con Marine Le Pen?”, no solo “¿Qué hacemos con Orban?” o “¡qué bien nos deshicimos de Trump!”.

Para colmo, hoy nos hemos levantado con una noticia escalofriante para los partidarios del “nuevo orden mundial”: el aumento de la intención de voto hacia Vox está próxima a producir el “sorpasso” sobre el PP. Dicho de otra manera: de producirse tal “sorpasso, el PP, simplemente, desaparece del escenario político, como ha desaparecido Ciudadanos.

No es raro, por tanto, que el PP haya optado por colocar poner a Núñez Feijóo, al frente del partido, (ver el artículo FEIJÓO, ÚNICO CANDIDATO. EL PP, CON EL FORO ECONÓMICO MUNDIAL, FRENTE A VOX) y que éste, desde el primer momento, haya alertado sobre que NUNCA pactará con Vox, sino que su partener preferencial será… el PSOE. Feijóo, con esta declaración se sitúa a un lado de la trinchera, aquel en el que se encuentran, tanto el Foro Económico Mundial, como la UNESCO, los globalizadores y los multiculturalistas.

Pero, la amenaza del “sorpasso” está ahí, no solo en España, sino en Francia y puede reproducirse la situación húngara (donde ni siquiera el “todos contra Orban”, funciona). La situación, por tanto, es la siguiente: el mundialismo globalizador todavía no ha operado las reformas legislativas suficientes como para amputar a la “oposición al nuevo orden mundial” es lugar bajo el sol de la política. Y este lugar, hoy secundario, puede verse magnificado en el momento en el que se desate la “tormenta perfecta” con toda su violencia. Incluso, sin necesidad de que las cosas lleguen hasta ese extremo, el desorden creciente, la sucesión de problemas económicos y de convivencia, el agotamiento de las fórmulas de centro-derecha y de centro-izquierda en Europa, puede conducir, de manera imprevista, a un triunfo del “populismo” y a impedir que el objetivo huxleyano de la Agenda 2030, se realice. Y eso si que supondría una verdadera catástrofe para los “señores del dinero”.

Ellos saben que todavía no han vencido. Es más, saben que su poder deriva solamente de la influencia que da el dinero para operar sobre una clase política degenerada y sobre unos medios de comunicación que comen de la mano. Pero, saben también, que para superar la “tormenta perfecta” sin perder posiciones, precisarán crear más “señuelos”, introducir más reformas liberticidas. Por eso están acelerando el paso en estos últimos tres años. Por eso todavía nos quedan espacios de libertad. Por eso, los dos próximos años son decisivos: intentarán por todos los medios, afianzar su poder, aumentar su arsenal de “posverdades”, crear más señuelos, presionar fiscalmente, forzar gobiernos de “gran coalición” en Europa, los únicos que pueden hacer aprobar leyes que modifiquen las constituciones hoy existentes para cercenar libertades, aumentar el control sobre la opinión pública y neutralizar definitivamente, no sólo a los “populismos”, sino a cualquier forma de los disidentes.

Estos si son, una vez más, “años decisivos”.

                                                                                      

jueves, 7 de abril de 2022

EL MALDITO ALGORITMO DE PEDRO SANCHEZ Y EL NUEVO ORDEN MUNDIAL

 

La mascarilla es un mal recuerdo en toda Europa. En España sigue siendo una presencia necesaria en interiores. Tanto es así que, después de 15 días en Prusia (desde Yalta concedida en parte a Polonia y en una mínima parte a Rusia) soy consciente de que lo que más me va a costar reubicarme es la coña de la mascarilla. Pedro Sánchez ha dicho que estamos “próximos” a que deje de ser obligatoria, pero no ha explicado el por qué sigue siéndolo. Resulta incomprensible que después de degradar el Covid a una simple “gripe” (lo que algunos decíamos, desde el principio que era), la mascarilla siga siendo obligatoria en España. Todo se debe al “algoritmo”.

No vale la pena hacer más distingos: hoy el mundo está dividido en dos partes, los que aceptan los designios del “nuevo orden mundial” emanados por el Foro Económico Mundial (FEM) en su aspecto político-económico y por la UNESCO en sus vertientes culturales, y frente a ellos, los que rechazan todo esto en función de proyectos nacionalistas, populistas o simplemente opositores. El eje FEM-UNESCO difunde la corrección política, el neo-liberalismo, el mundialismo universalista y la globalización. Enfrente están un racimo de opiniones que, en buena medida, ni siquiera son conscientes de contra quién se están enfrentando: piensan, por ejemplo, que Sánchez es la peste (que lo es), pero que cuando llegue un gobierno de derechas, todo se resolverá. Y se equivocan, por que el problema es mucho más amplio y profundo.

O se está en un frente o se está en el otro. Y si se está en la oposición al frente FEM-UNESCO, como estamos conscientemente algunos, hay que estarlo hasta el final. Aquí, como en un embarazo, no cabe decir aquello de “es que estoy medio en cinta”. O se está o no se está y si se está contra el “nuevo orden mundial” y los designios del consorcio FEM-UNESCO, hay que estarlo radicalmente, esto es, apuntando a las raíces del problema, a las bases mismas de la ideología mundialista y de la globalización económica.

Porque hay que reconocer al adversario coherencia en su proyecto: un gobierno mundial, regido por los “señores del dinero”, gobernado políticamente por “algoritmos”, cuya base es la técnica y cualquier signo de identidad (personal, nacional, de género, social, antropológica y cultural) contradice el principio de la “igualdad” y dificulta la “homogeneización mundial”.

Frente a este “gran adversario”, las posiciones distan mucho de estar unificadas. Por ejemplo, hay antimundialistas que, sin embargo, son liberales. Hay nacionalistas de derechas que apoyan las mieles de la globalización e internacionalistas de izquierdas que, sin embargo, son antiglobalizadores. Hay opositores ateos y cristianos, y la mayoría de los unos están poco dispuestos a colaborar con los otros y viceversa, sin olvidar que el “materialismo” ya está en el campo opuesto o que un cristianismo a lo Bergoglio, es una parte más del frente FEM-UNESCO. La ventaja que tiene el frente mundialista y globalizador es que, a pesar de que también existen diferencias en sus filas, hay un acuerdo en no torpedearse mutuamente: ni un solo “señor del dinero” tiene el más mínimo interés, por ejemplo, por las ideologías de género, pero son conscientes de que el “género” es un signo de identidad, por tanto, torpedear el concepto de “Hombre” y de “Mujer” es bueno para sus intereses.

Bien, y a todo esto, ¿qué pinta Sánchez y el sanchismo en todo este fregado? Sánchez no es más que una de las traducciones posibles de la ideología FEM-UNESCO en España. Esta ideología -en la peor acepción del término “ideología”, es decir, como esquema cerrado de interpretación de un momento dado de la historia que se pretende extrapolar a toda la historia- irrumpió en el PSOE tras el “felipismo”: la izquierda española se dio cuenta de que el “socialismo”, la “socialdemocracia”, “la izquierda”, ya se habían quedado sin caladeros de votos al disminuir en número la clase trabajadora. Y llegó ZP, un tipo sin formación marxista, sin bases culturales de ningún tipo, un simple trepa que vendía “talante” y poco más. Su ideología había tomado forma al calor de las lecturas del “Correo de la UNESCO” (no es cierto, ni que fuera masón, ni que fuera un marxista con piel de cordero: era simplemente un vendedor de la nueva ideología soft, blandurria, tontorrona, buenista. Era ZP.

ZP seguía considerándose “socialdemócrata”. Pero llegó la crisis de 2007-2011. ZP y con él, el resto de la izquierda europea, se puso del lado del capital, de la banca y de los consorcios en crisis que se salvaron gracias a los dineros del Estado. Y entonces, en los años que siguieron, entre 2011 y 2020, se produjo la “gran mutación”. El “gran reseteo” del capitalismo no se produjo, como se ha dicho, después de la crisis del Covid, sino en la fase posterior de recomposición del panorama económico mundial tras la gran crisis económica iniciada en 2007.

Fue en esos años cuando se formó el “frente común” FEM-UNESCO y fue en esos años cuando se emprendió la lucha contra cualquier signo de “identidad”. El cerco se cerró: defender una opción nacional, afirmar un origen étnico o una impronta cultural, incluso considerarse “Hombre” o “Mujer”, pasaron a ser herejías. La historia, la filosofía, cualquier humanidad, incluso las matemáticas, se convirtieron en enemigas del objetivo igualitario final. La “igualdad” se había convertido en “homogeneidad”. El “poder mundial” no precisaba seres “libres e iguales” como decía la letanía aprobada desde la constitución americana: necesitaba individuos “homogéneizados y normalizados”, hechos a troquel. Sólo así viviríamos en un “mundo feliz”.

Sánchez, simplemente, se sumó a esta tendencia. O lo sumaron: es muy fácil comprar a un ambicioso sin escrúpulos, sin principios y sin otra cosa en la sesera que la ideología del trepa. Porque, Sánchez es eso y no es otra cosa: el problema es que no está claro si la “oposición” ha identificado al “enemigo”. Sánchez no es más que un mascarón, un pobre diablo, mentiroso, engañador, difuso, interesado solamente en mantenerse en el poder el máximo de tiempo posible. Nada de particular, otro político del montón. Pero no tengo muy claro que Feijó sea consciente de quién es el enemigo, incluso de que Feijó sea radicalmente diferente en su línea política a la de Sánchez. De hecho, ni siquiera tengo claro que dentro de Vox, esté completamente claro en todos los niveles de dirección, quién es el verdadero adversario y si el complejo FEM-UNESCO es señalado como el verdadero problema y no el botarate de Sánchez.

Y ¿qué tiene que ver todo esto con el “algoritmo”? Es muy sencillo: hoy el mundo lo gobiernan “algoritmos”. Y aquí debemos detenernos un momento para explicar lo que es un algoritmo: es una secuencia que trata de resolver los problemas más complejos de la forma más sencilla posible. Antes del algoritmo figuran solamente los datos de los que se parte, el IMPUT; después del algoritmo debe salir un resultado, el OUTPUT. Lo que hay entre ambos términos, es el algoritmo propiamente dicho, es decir, los pasos que se deben realizar para llegar, desde los datos iniciales, al resultado apetecido. A la hora de multiplicar, por ejemplo, 2 x 3, el IMPUT son el multiplicado (2) y el multiplicador (3), y el OUTPUT es 6, el algoritmo es las operaciones y pasos que debemos seguir. Hoy, nos movemos en un mundo en el que todo son algoritmos. Es posible que alguien no entienda que para multiplica 2 x 3 es preciso sumar 2 + 2 + 2, pero no importa: lo que importa es que el resultado siempre sea 6, aunque no se entienda el porqué debemos dar esos pasos intermedios. Y eso mismo es lo que le ocurre a Sánchez, el cree que debe dar 21.000 millones al “ministerio de la igualdad” para mantener contentos a sus aliados a Podemos hasta el final de la legislatura. Pero no es así: da los 21.000 millones para tratar como sea de atenuar las diferencias de género. Para eliminar la idea de “género”. Por lo mismo, destierra la filosofía y la historia cronológica de los programas de estudios, no porque, la ignorancia de las humanidades sea el camino más directo para terminar ignorando lo que es “Humano” y racional, sino porque cree que, si lo recomienda la UNESCO, debe ser porque es “bueno” para la humanidad y, de paso, porque le permite liberar horas lectivas para asignaturas inútiles o para entregarlas a las comunidades autónomas para lo que hagan de su capa un sayo.

El algoritmo manda. Ponga usted la tele: si ha intentado huir de los canales generalistas, se habrá abonado a alguna plataforma en streaming. Netflix, por ejemplo. Netflix se gestiona mediante un algoritmo que “sugiere” al abonado lo que le gustará y lo que encajará mejor con sus preferencias (según los “likes”, el me gusta o no me gusta, previos). Pero no es así: el algoritmo -y esto es lo esencial- no está hecho para favorecer al espectador, sino para amortizar las producciones del streaming… y, por tanto, está hecho para beneficiar al propietario de la marca. Los intereses del streaming están por encima y por delante de los intereses del espectador. Así, el propio streaming termina modelando los gustos del espectador. ¿Se entiende el proceso?

Si es así -y es así y no de otra manera- se entenderá que las decisiones adoptadas por Sánchez dependan esencialmente de algoritmos. La idea es que “el algoritmo nunca se equivoca” y que, si los resultados no se corresponden con lo esperado, no es por culpa del algoritmo, sino de una población todavía lo suficientemente hosca e ignorante, que ni siquiera sabe lo que le conviene. Si hoy en España la mascarilla sigue siendo obligatoria, no es porque sea necesaria, ni siquiera porque sirva para algo (dudo de que haya servido para algo más que para que respiremos nuestros propios residuos de CO2, se nos hayan empañado las gafas y nos hayamos hecho la ilusión de que estamos blindados ante el virus...), sin embargo, llevamos dos años con este “adminículo” inútil y que genera más problemas de los que resuelve. En Europa es un recuerdo, en España una presencia y, fíjense si está adocenado nuestro pueblo, que acaso más de un 50% de la población sigue llevando mascarillas en la calle, a pesar de que desde hace ya meses no es, ni siquiera obligatorio.

Sánchez lleva casi un mes diciendo que “dentro de poco” la mascarilla dejará de ser obligatoria. ¿Por qué sigue siéndolo? No, desde luego, por razones sanitarias. Ni siquiera por prevención. Sigue siendo obligatoria porque las noticias del conflicto ucraniano tapan cualquier otra información. Y de lo que se trata, para Sánchez, es de que la retirada de las mascarillas en interiores sea rentable desde el punto de vista de su popularidad

Y entonces volvemos al algoritmo: aplicado este, es fácil suponer que ha dictaminado que deberá esperarse a un momento de asueto, en el que dejemos de mirar las noticias de la tele para preocuparnos de nuestro ocio, las vacaciones de Semana Santa. Entonces dejaremos de preocuparnos por el conflicto ucraniano, Zelensky será solo un nombre raro de un tipo en camiseta caqui que lanza lamentos a diestro y siniestro, y si podemos ir en un avión, o en un tren, o entrar en una disco sin mascarilla, será la mejor noticia que algunos hayan recibido en dos años. Pero, el cerebro del elector es pequeño, no cabe mucha información: se trata de que la desgracia ucraniana no tape la “gran concesión” de Sánchez. 

Al igual que Netflix, el “algoritmo” no es utilizado por Sánchez en beneficio de la población, sino en beneficio propio. Este dato es fundamental y vale la pena no olvidarlo. Platón en La República ya había dejado escrito que en la “polis” no se dio un solo caso de un político que actuara contra sus propios intereses. La diferencia entre un demagogo ateniente del siglo VI a.JC y Pedro Sánchez, es que a este le basta con aplicar un algoritmo ante cualquier problema. Y a eso le llama “gobernar”.