Infokrisis.– El artículo que sigue tiene diez años. Está incluido
en el “viejo infokrisis” (http://infokrisis.blogia.com)
y fue un homenaje a la figura de Chicho Ibáñez Serrador, realizado en el
momento en el que visualizamos en apenas una semana sus películas y los
programas televisivos que le hicieron famoso en la segunda mitad de los años
sesenta, especialmente, Historias para no
dormir, Historias de la frivolidad y El
Asfalto. La verdad es que añoramos aquella televisión de mucha más calidad
que la actual y realizada con una ínfima parte de medios. Este es también un
homenaje a aquella televisión que fue y ya no es.
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La televisión es hoy el primer
medio de bastardización de las masas y la segunda apisonadora cultural, después
del Ministerio de Educación. Cómo ha llegado a ser esto así es algo que
corresponde a los sociólogos determinar. Quienes vivimos los primeros balbuceos
de la televisión hace más cincuenta años tenemos una extraña sensación que
corresponde con nuestra visión de la historia: lejos de progresar, la historia
camina hacia estadios progresivamente más degenerados. A la televisión le
ocurre otro tanto. Y no siempre fue así.
I PARTE:
EL PERSONAJE Y SU OBRA
EL PERSONAJE Y SU OBRA
A mediados de los años 60, Chicho
Ibáñez Serrador emergió en el único canal de televisión de aquel momento: y
muchos recordamos sus producciones, con la añoranza de que aquella televisión.
Chicho no era un fenómeno único, existió toda una generación de realizadores de
TV que en el tardofranquismo fueron capaces de realizar la mejor televisión que
se ha visto en este país, la más creativa, e incluso, la más formativa.
No es que tengamos añoranza del
franquismo. Tenemos añoranza de aquella televisión que intentó elevar el nivel
cultural de la población. Tenemos añoranza del Estudio 1, tenemos
añoranza de los programas protagonizados y dirigidos por Adolfo Marsillach,
tenemos añoranza de las “telenovelas”, lejos de los culebrones repugnantes
hechos para mayor gloria de la zafiedad y la ignorancia de hoy, que
dramatizaban las grandes novelas de la literatura mundial, tenemos añoranza de
los programas de divertimento de los que durante diez años fue dueño y señor
Chicho Ibáñez Serrador.
