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sábado, 1 de agosto de 2015

Dossier Chicho Ibáñez Serrador. Cuando había esperanzas en el papel de la televisión


Infokrisis.– El artículo que sigue tiene diez años. Está incluido en el “viejo infokrisis” (http://infokrisis.blogia.com) y fue un homenaje a la figura de Chicho Ibáñez Serrador, realizado en el momento en el que visualizamos en apenas una semana sus películas y los programas televisivos que le hicieron famoso en la segunda mitad de los años sesenta, especialmente, Historias para no dormir, Historias de la frivolidad y El Asfalto. La verdad es que añoramos aquella televisión de mucha más calidad que la actual y realizada con una ínfima parte de medios. Este es también un homenaje a aquella televisión que fue y ya no es.
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La televisión es hoy el primer medio de bastardización de las masas y la segunda apisonadora cultural, después del Ministerio de Educación. Cómo ha llegado a ser esto así es algo que corresponde a los sociólogos determinar. Quienes vivimos los primeros balbuceos de la televisión hace más cincuenta años tenemos una extraña sensación que corresponde con nuestra visión de la historia: lejos de progresar, la historia camina hacia estadios progresivamente más degenerados. A la televisión le ocurre otro tanto. Y no siempre fue así.

I PARTE:
EL PERSONAJE Y SU OBRA

A mediados de los años 60, Chicho Ibáñez Serrador emergió en el único canal de televisión de aquel momento: y muchos recordamos sus producciones, con la añoranza de que aquella televisión. Chicho no era un fenómeno único, existió toda una generación de realizadores de TV que en el tardofranquismo fueron capaces de realizar la mejor televisión que se ha visto en este país, la más creativa, e incluso, la más formativa.

No es que tengamos añoranza del franquismo. Tenemos añoranza de aquella televisión que intentó elevar el nivel cultural de la población. Tenemos añoranza del Estudio 1, tenemos añoranza de los programas protagonizados y dirigidos por Adolfo Marsillach, tenemos añoranza de las “telenovelas”, lejos de los culebrones repugnantes hechos para mayor gloria de la zafiedad y la ignorancia de hoy, que dramatizaban las grandes novelas de la literatura mundial, tenemos añoranza de los programas de divertimento de los que durante diez años fue dueño y señor Chicho Ibáñez Serrador.