domingo, 30 de noviembre de 2025

TEXTOS DE SOCIOLOGÍA ANTIDEMOCRÁTICA ¿Por qué las democracias siempre terminan en el engaño o en la manipulación? Responden: Mosca, Pareto, Michels, Sombart, Le Bon, Bernays


Introducción

En esta antología de lo que hemos llamado “el pensamiento sociológico antidemocrático del siglo XX” hemos reunido textos de una serie de autores cuyas ideas chocan frontalmente con lo que generalmente se entiende como “democracia”: “el mando del pueblo”. Se trata de pensadores que gozaron (y siguen gozando) de gran prestigio y cuyas ideas no han sido superadas, sino más bien completadas por estudios posteriores. El común interés que tuvieron en vida todos ellos, era aproximarse a los rasgos de las sociedades de su tiempo y extraer de ellas leyes universales aptas para interpretar el pasado y también para prever los rasgos del futuro. Salvo uno de ellos, el último, Edward Bernays, se limitaron a teorizar y sólo éste, quiso poner en práctica las teorías, especialmente, de Le Bon.

En general, no se declararon explícitamente anti-demócratas, eran preferentemente conservadores en lo político e, incluso, como veremos, algunos de ellos, en su juventud, militaron políticamente en la izquierda. Sin embargo, sus teorías invalidan los conceptos que estaban en vigor en el siglo XIX: el “mando del pueblo” era imposible porque las masas —tal como estableció Gustave Le Bon— eran manipulables como la arcilla en manos de un alfarero. Bastaba con conocer las leyes que movían a las masas para poder llevarlas a donde se quisiera.

Esta idea fue completada por trabajos posteriores enfocados de cara a la sociología política. En todos ellos, el “realismo” se antepone a cualquier otra consideración. De ellos, puede decirse que nació lo esencial de la sociología aplicada a la política.

Seamos claros: cuando aludimos a estos autores como doctrinarios de un pensamiento “antidemocrático” solo queremos decir que sus textos suponen un reproche frontal a la única línea de defensa de las democracias actuales y en especial a sus criterios cuantitativos: todos estos autores, por distintas vías, contribuyen a demostrar que, quien dice “democracia” como una alusión al “gobierno del pueblo”, simplemente, miente o quiere engañar. Nada tan manipulable como la opinión pública. Así pues, en rigor, “democracia” sería el gobierno de los manipuladortes, sobre los manipulados. Y esto en el mejor de los casos. En el peor, esto es, en su actual estadio degenerativo, “democracia” es un simple subterfugio, como en el caso español y de la propia Unión Europea, para evitar el término, mucho más realista y oportuno, de cleptocracia

Si entre esta selección de textos hemos incluido también un texto de Werner Sombart sobre los judíos y la vida económica, no es en absoluto por un deseo de justificar el antisemitismo, sino para entender la formación del espíritu moderno que conduce del “homo faber” al “homo economicus”. A partir de este texto puede entenderse perfectamente la tesis de Marx según la cual el antisemitismo carecía de interés a partir del siglo XIX, en la medida en la que la burguesía estaba heredando de manera acelerada los valores, los usos y costumbres que había sido hasta ese momento consuetudinarias del pueblo judío. Esos valores, son, en el terreno económico los que acompañan al liberalismo y la democracia. Y, puede entenderse también que, por lo mismo, aquellos sectores sociales que rechazaban tales valores, protagonizaran incluso en algunos países desde los inicios del siglo XX hacia atrás, pogromos e iniciativas antisemitas.

Hemos reunido estos textos que resumen lo esencial de todos estos seis autores. Cada uno de sus trabajos está precedido por un resumen biográfico y una exposición de sus principales teorías. Ninguno de ellos ha perdido vigor con el paso del tiempo, antes bien, parece que en algo más de un siglo, desde que establecieron sus teorías hasta nuestros días, todo parece haberlas confirmado. Así pues, lo que están a punto de leer es una crítica implícita a una forma de gobierno que hoy se acepta, generalmente, como “bueno”. Como dijo Churchill, “la democracia es el peor sistema de gobierno, a excepción de todos los demás que se han inventado”. No estamos tan seguros… Los pensadores que hemos repasado tienden a confirmar la primera parte de la frase. En cuanto a la segundo, prefieren no opinar. Pero, la boutade de Churchill, aparte de hacernos esbozar una sonrisa, nos sitúa en el gran drama de nuestro tiempo que, en el fondo, consiste en reconocer, a poco que se examine la cuestión, que la democracia es el peor sistema de gobierno, pero el único que desde 1945 resulta obligatorio… a excepción de todos los demás que se han inventado.

Ernesto Milá

 


Gustave Le Bon
(1841 - 1931)

Le Bon no ha pasado a la historia de la física teórica por ser el primero en descubrir que puede obtenerse energía a partir del átomo. A pesar de haberse adelantado unos meses al primer enunciado de la teoría de la relatividad de Einstein, y de haber elaborado otros trabajos en este mismo campo, su nombre pasará a la historia a raíz de su obra Psicología de las muchedumbres publicado en 1895.

Si en física, Le Bon se adelantó a Einstein, en el terreno de la psicología, su obra precedió a las teorías de Freud. Hoy se ha “cancelado” a Le Bon, mientras que Freud sigue siendo el nombre inevitable que acompaña a todas las divagaciones woke. Pero, la realidad es que este último, trataba la cuestión de las masas con el tamiz de sus teorías alambicadas sobre su “psicología profunda” que no son más que una reinterpretación de las ideas de Le Bon. Hoy se tiende a olvidar cada vez más las teorías freudianas y a revalorizar la obra de Le Bon que está especialmente presente en Eduard Bernays (sobrino, por lo demás, de Freud), otro de los autores -el más pragmático y “moderno” de todos ellos- que hemos seleccionado y que aplicó los principios de Le Bon al campo de la publicidad.

Lo esencial de Le Bon es la idea de que la masa se despersonaliza y es el disolvente universal para las personalidades individuales que la componen, generando una especie de “egregor” al que llama “alma colectiva”. Ésta puede ser ganada, dominada o manipulada por un “líder”. La masa sigue al líder como el rebaño al pastor. La voluntad de uno se impone al gregarismo del otro. Ésta no necesita creencias racionales ni objetivas: la basta, simplemente, con tener fe. Cuanto mayor es la masa, más grande es su irracionalidad y mayor su fanatismo. El “alma colectiva” hace que el sujeto piense de forma radicalmente diferente a cómo lo haría de encontrarse aislado. Si esto es así, entonces ¿qué puede esperarse de la democracia entendida como el sistema en el que las mayorías se imponen a las minorías y, por tanto, en donde 49 científicos, se ven en minoría ante 51 patanes?

La tarea del “líder” no es otra más que la de aprovechar estas características y, tanto mayor será la capacidad de sugestión de un líder en cuanto sepa encontrar las ideas-fuerzas más poderosas para generar el contagio entre las masas. El líder crea situaciones que pueden ser calificadas como de hipnosis colectiva. Su éxito deriva de que su voluntad es más fuerte que las voluntades individuales anuladas de los individuos que componen una masa y, por tanto, el “alma colectiva” de ésta se sitúa en disposición de seguir a su pastor hasta donde éste lo estime oportuno. El resultado final es que el “líder” (provisto de una “voluntad de poder” nietzscheana) es superior a la masa, por mucho que algunos individuos que la componen sean intelectualmente más brillantes que él. La masa anula esta ventaja y, este es otro de los teoremas más brillantes de Le Bon, la inteligencia media de una masa, no es el resultado de la suma de las inteligencias individuales de sus miembros, sino que se sitúa al nivel del más bajo de todas ellas.

El texto seleccionado a continuación pertenece al primer y segundo capítulos de Psicología de las Muchedumbres.


Gaetano Mosca (1858 – 1941)

Mosca, licenciado en Derecho en la Universidad de Palermo, sentó las bases para el desarrollo de la ciencia política contemporánea al pasar del doctrinarismo abstracto al análisis de las fuerzas reales del poder. Su fama deriva de haber definido lo que es la “clase política” con un realismo y una frialdad inédita en su tiempo. Y lo hizo para rebatir las ideas democráticas y al marxismo que se había hecho un lugar entre los intelectuales. Para Gaetano Mosca, lo esencial no era la “lucha de clases” entre burguesía y proletariado, sino el reconocer que esa lucha existía, pero entre una minoría que domina y una mayoría que es dominada. La primera conserva el poder real, la segunda puede quedarse con el virtual, es decir, con un poder que delega en la minoría dirigente que es, a la postre, la que conserva el control del Estado.

La teoría de las élites de Gaetano Mosca postula que toda sociedad está gobernada por una élite minoritaria. Para él, el “poder popular”, esto es, la emanación desde el “pueblo” de una soberanía que voluntariamente delega en una minoría, es el factor esencial que explica el que los menos dominan y controlen a los más. Mosca llama a esas élites, “clase política dirigente”. Sin esas élites el “pueblo” sería completamente incapaz de gobernarse a sí mismo. Y esto es así porque la élite tiene una alta capacidad de organización; gracias a ello son siempre minorías las que monopolizan el poder. Así pues, la “lucha”, finalmente enfrenta a una “minoría organizada” frente a una “mayoría invertebrada”.

Sus estudios centrales están ocupados por investigaciones sobre la capacidad de organización de las élites. La capacidad de organizarse es lo que permite a la minoría dirigir a la mayoría. A esto debe añadirse una inteligencia superior, un carácter más fuerte, mayor poder económico e, incluso, una superioridad moral. Existe una fuerte tendencia en la élite a volverse hereditaria, conservando el poder y los privilegios a lo largo de generaciones, aunque las élites también pueden ser sustituidas históricamente (algo que se encargara de estudiar Vilfredo Paretto). Mosca considera que la renovación de las élites a lo largo es fundamental para la supervivencia del Estado. Si, por distintos factores, en un momento dado, se interrumpe la renovación de la élite, ésta puede volverse cada vez más cerrada y es entonces cuando se produce lo que Maurras llamaba la ruptura entre el “país real” y el “país legal”.

En cuanto a las leyes, pueden ser utilizadas por la élite para proteger su posición y sus bienes frente a los intentos de la mayoría de formar parte del grupo dirigente o de sustituirlo. 

Rechaza la idea de que la democracia basada en el sufragio universal podía realmente cambiar esta estructura de poder. Consideraba el sufragio universal como un mito peligroso que crea la ilusión de que el pueblo gobierna, cuando en realidad siempre son los miembros de la élite quienes se imponen. Las élites alcanzan su mayor liderazgo cuando las mayorías las buscan y requieren ante situaciones adversas.

Una élite que, progresivamente, se va aislando, es una élite destinada a degenerar convirtiendo al sistema político en vulnerable. La “circulación de élites” es posible cuando una fracción comienza a ser marginada por sus intentos renovadores. A partir de ese momento puede apoyarse en las mayorías que se oponen al orden constituido y que se convierten en una herramienta necesaria para la sublevación. Pero también puede ocurrir que el uso de las mayorías juegue a favor del orden constituido, cuando la clase dominante recurre a las masas para frenar intentos renovación. Es frecuente que el proceso de renovación de las élites se produzca con la incorporación de elementos de las clases inferiores. 

El texto que hemos seleccionado corresponde a uno de los capítulos de su obra Elementi di Scienza Politica, publicado en 1896.




Vilfredo Paretto
(1848 – 1923)

Si Gaetano Mosca enunció el concepto de “clase política dirigente” y mencionó la necesaria “circulación de élites”, será Vilfredo Paretto quien profundizará en este tema. Al igual que Le Bon, además de la sociología se interesó por muchos otros temas hasta el punto de que para definir su personalidad se utilizó un término hoy en desuso: “polímata”, palabra derivada de los términos griegos πολύ polý, mucho, y μανθάνω, aprender. Sus contribuciones a la economía, la ciencia política, la ingeniería y la filosofía son casi tan importantes como sus incursiones en la sociología. Se le ha descrito como “el último Renacentista”. Su formación inicial estuvo centrada en la física y en las ciencias exactas y, a partir de ahí, se interesó por las estadísticas y sus aplicaciones en distintos campos.

La tesis central de Paretto que nos interesa en el contexto de la presente antología, tiene que ver con la teoría de las élites en donde sostenía que estas no eran grupos cerrados. A eso le había llevado su análisis histórico en el que identificó un constante movimiento en las élites. Siempre serán ellas las que determinan las características de un momento concreto de la sociedad. Sin embargo, esas élites están destinadas a la decadencia desde el momento en el pierden capacidades intelectuales y morales, disminuye su eficiencia en la gestión de las sociedades y aumenta su hedonismo. También puede ocurrir que las capas más bajas desarrollen capacidades más acordes con el “tiempo nuevo”, justo cuando las élites más elevadas han iniciado su proceso degenerativo. Es entonces. Cuando las élites de reemplazo, procedentes de las clases inferiores, llaman a la puerta, capitaneadas por los individuos más capaces del nuevo grupo. Tal es el proceso que describe como “circulación de élites”.

Para él, poco importan las excusas o los razonamientos “ideológicos” para justificar que una élite u otra detentes los mecanismos de poder. Son excusas que tienden a encubrir el hecho fundamental de que las élites mantienen el poder mediante la fuerza (represión ejercida mediante distintas instituciones y mecanismos para eliminar físicamente o neutralizar a los opositores), o bien mediante el consentimiento, la sutileza y el ingenio, generalmente incorporando a individuos procedentes de las clases bajas para seguir manteniendo el control de la sociedad.

Las élites, para justificar su persistencia en el poder, suelen argumentar lo que Pareto llama “residuos” (instintos, emociones, pasiones, miedos y creencias de las masas) y “derivaciones” (justificaciones lógicas o racionales que la élite da a sus acciones y creencias, muchas veces para ocultar los residuos subyacentes en sí mismas).

Al igual que Mosca, Pareto sostenía que toda sociedad está dirigida por una minoría selecta y que la historia es la circulación de estas élites. Pero, yendo más allá que aquel, dividió las élites en dos tipos: la gobernante (la que ejerce el poder directo o indirecto) y la no gobernante (la que integra al resto de los individuos más capaces). Su visión de la historia social es cíclica y puede resumirse como una sucesión continua de élites que entran en decadencia siendo sustituidas por otras élites nuevas más aptas para gobernar.

La selección que ofrecemos a continuación está incluida en I sistemi socialisti, 1902, pp. 165 y ss. Y en el Trattato di sociologia generale, 1906.


Robert Michels (1876-1936)

Nacido en Colonia en el seno de una rica familia de empresarios alemanes, murió en Roma, naturalizado italiano. En su juventud fue militante sindicalista y socialista convencido. En Italia, se asoció con el “sindicalismo revolucionario” italiano, una tendencia izquierdista del Partido Socialista al que representó en la Segunda Internacional. En 1907 abandonó este ambiente político.

Alumno de Max Weber, en 1907, obtuvo la cátedra de Economía Política y Sociología Económica en la Universidad de Turín. Posteriormente, se convirtió en catedrático en Basilea, para volver definitivamente, en los últimos años de su vida, a enseñar en Perugia. Tras la Primera Guerra Mundial, se adhirió tempranamente, en 1924, al Partido Nacional Fascista y vio en Mussolini a un líder carismático capaz de sortear las vacilaciones del parlamentarismo y los procesos de anquilosamiento burocrático de la política.

A diferencia de Pareto, Michels sostiene que no existe circulación de las élites, sino que la oligarquía, mediante el instrumento de lo que llama “cooptación” (por el cual los líderes ofrecen a sus rivales cargos honoríficos sin poder ejecutivo efectivo), consigue no ser desplazada de la cima de la pirámide social por la minoría adversaria. Porque, a fin de cuentas, como sentenció Mosca, son las élites las que, siempre, cualquiera que sea la fórmula utilizada por el poder, gobiernan. En el interior de todos los partidos políticos se tiende a la centralización de los cargos y de los recursos, mientras que las decisiones “entre congreso y congreso”, son tomadas por un pequeño comité directivo (el “comité ejecutivo”) que excluye al resto de militantes.

Así pues, los partidos políticos están gobernados por pequeñas oligarquías que eligen a sus propios sucesores… De ahí que sea ocioso discutir entre “monarquía” y “república” a la vista de que en ambos está presente el “derecho de sucesión”.

La gran contribución de Michels al estudio de la sociología política fue su obra Los partidos políticos y dentro de este trabajo, lo que llama “La Ley de hierro de la oligarquía” cuyo texto fundamental reproducimos tras esta presentación.

La colaboración entre Max Weber y Michels, iniciada en 1906, se interrumpió con el estallido de la Primera Guerra Mundial a la que éste se oponía. Entonces optó por la metodología histórica de Werner Sombart, realizando una crítica al marxismo al que definió brillantemente como un “determinismo materialista”. En esos años adoptó nuevas convicciones personales que le llevaron en 1912 a asistir como ponente al Primer Congreso Internacional de Eugenesia, presentando un documento titulado “La eugenesia en la organización del partido”. Ya por entonces se había interesado por la sociología del partido político.

Pero su nombre ha pasado a la historia por el enunciado de su “ley de hierro de la oligarquía”, según la cual, toda organización, sin importar su estructura inicial, desarrolla inevitablemente tendencias oligárquicas, que llevan a que el poder se concentre, progresivamente, en una minoría de líderes. Esta tendencia se debe a la necesidad de una estructura jerárquica para su funcionamiento eficiente. Esto conduce a la formación de una élite que se distancia de la base y conserva el poder, convirtiendo los objetivos iniciales en un fin en sí mismo: en efecto, los líderes y la organización, terminan teniendo un único objetivo: mantenerse en el poder el mayor tiempo posible, incluso aunque ello implique el abandono de los ideales iniciales. La burocracia y la especialización hacen que los líderes y “expertos” se vuelvan indispensables, lo que les otorga poder. En definitiva, la “ley de hierro” implica que, en cualquier organización, una minoría terminará siempre gobernando, ya sea en un sistema democrático o autocrático.

Los fragmentos seleccionados pertenecen a su obra Los partidos políticos y a La ley de hierro de la oligarquía. Ambos textos tienen algunas reiteraciones que hemos conservado.


Werner Sombart (1863-1941)

Si los anteriores textos seleccionados procedían de psicólogos sociales y/o sociólogos, con Sombart nos encontramos con un sociólogo que, además, es historiador especializado en economía y, más en concreto, en el proceso de formación del capitalismo moderno. Sus trabajos en economía se elaboraron a partir de sus propios estudios sociológicos y se centraron en la crítica al socialismo y liberalismo. Inicialmente ubicado en el campo de la izquierda progresista, sus estudios le llevaron a situarse en el extremo opuesto.

Nacido en Ermsleben (Alemania), estudio Derecho y Economía Política en Berlín y Pisa. En 1917 fue nombrado catedrático de Economía en la Universidad de Berlín. Generalmente, su nombre está unido a la Joven Escuela Histórica alemana y a su tercera generación, la más tardía y con algunos matices diferenciales en relación a las dos generaciones anteriores. Para esta escuela la historia es la principal fuente de conocimiento sobre las acciones humanas y especialmente sobre la economía. Ni economía ni historia pueden abordarse por separado si se quiere entender algo sobre las acciones humanas y la cultura. Para llegar a conclusiones válidas, el historiador deberá basarse en datos empíricos sobre cada período histórico y en cada área geográfica en concreto. No existen leyes económicas que puedan aplicarse universalmente y en todos los tiempos.

Para Sombart y para los “jóvenes historiadores” de esta escuela, la crítica a los economistas clásicos se basaba en que, en estos, las necesidades del individuo y su voluntad eran autónomos. Refutaron esta posición sosteniendo de manera convincente que había que colocar en primer plano a la “comunidad” antes que al individuo, algo que era posible a la vista de que la comunidad disponía de instituciones e instrumentos que condicionaban la acción de los individuos. Cada sociedad, en cada momento dado de la historia, tenía unos valores y una ética que iban variando según los períodos, las latitudes de referencia y las áreas culturales. Esto, en la práctica, tendía a revalorizar el papel del Estado: mientras el liberalismo sostenía que el Estado debía de abstenerse de cualquier intervención en materia económica, los “jóvenes historiadores” sostenían que el Estado tenía una responsabilidad ineludible en materia económica. Por eso se les considera partidarios de una “política socializante” destinada a mejorar las condiciones de vida de la comunidad. Al Estado le correspondía rectificar situaciones indeseables a las que pudiera conducir la libertad de mercado.

Todo esto, que es tan actual como lo era a mediados del siglo XIX, propio de épocas de cambios económicos acelerados y bruscos, llevó a Sombart a enunciar dos conceptos: “capitalismo tardío” y “destrucción creativa”. En el primero, analiza los rasgos del capitalismo en la fase de desarrollo que se vivía a principios del siglo XX, identificando los procesos de acumulación de capital, mecanización del trabajo, e inserción de las nuevas tecnologías de la época en el proceso de producción. Por “destrucción creativa” entendía el proceso capitalista en el que las innovaciones constantes generan el reemplazo continuo de empresas, productos y modelos de negocio que obligan a una reestructuración continua de la economía.

Sombart fue el primero en analizar los sistemas económicos desde un punto de vista cultural y espiritual. Le gustaba afirmar que sus estudios se centraban en el “alma del capitalismo”, concepto en el que incluía los factores psicológicos y culturales que debían analizarse paralelamente al “cuerpo del capitalismo” (su estructura material). Y no había racionalidad en este “alma capitalista”, sino valores que juzgaba procedentes de las concepciones que hasta finales del siglo XVIII habían sido propias de las comunidades judías: ambición, deseo de lucro, usura, acumulación de riqueza y que luego pasaron a ser propias del “burgués”.

Hemos elegido un texto de Sombart en el que estas líneas, no solamente demuestran el “estilo de trabajo” sistemático que utilizó, sino en el que queda muy clara la relación concepción judía – traslación de esa concepción al liberalismo económico – valores burgueses: Los judíos y la vida económica y el capítulo “Formación de la mentalidad capitalista”.


 Edward Bernays (1891 - 1995)

Con Bernays se cierra el círculo iniciado con Le Bon. La diferencia entre ambos es que Le Bon fue un teórico de la psicología social, mientras que Bernays optó por aplicar, inteligente —pero también, torticeramente— lo enseñado por el autor de Psicología de las Muchedumbres. En efecto, Edward Bernays es considerado como el pionero de las “relaciones públicas” y de la publicidad. Le Bon se limitó a constatar sobre hechos que, en el fondo, repugnaban a su mentalidad. Bernays, simplemente, los puso en práctica y constató, indirectamente, su validez empírica. También puede añadirse que Sombart diseccionó la mentalidad judía y sus valores para explicar su transferencia a la burguesía y explicar el nacimiento del capitalismo. Bernays hizo algo más: demostró que la mentalidad judía —había nacido en el seno de una familia judía vienesa cuya madre estaba emparentada con Freud y su abuelo era rabino-jefe de Hamburgo— podía aplicarse a la publicidad.

Hemos colocado a Bernays en último lugar en esta antología de texto “antidemocráticos” en la medida en la que, con él queda demostrado que en el “capitalismo tardío” del que hablara Sombart, la masa es una materia moldeable a voluntad de los “aprendices de brujo” que hacen de cada ser humano, un “consumidor”. Su lema era que “el consumo da la felicidad”. A pesar de que Bernays, en varias ocasiones, aludiera a la “ética de las relaciones públicas”, es cuestionable que en este terreno exista algo que pueda ser llamado con propiedad “ética”.

En 1890, los Bernays se trasladaron a EEUU y dos años después, toda la familia se asentó en Nueva York, que ya por entonces empezaba a ser la capital mundial de los negocios. Y tuvo un éxito extraordinario como “asesor de relaciones públicas”. Consiguió convencer a los “consumidores” de la necesidad de cambiar sus hábitos. Véanse unos ejemplos: fue el creador del “verdadero desayuno estadounidense”, a base de tocino y huevos y, para ello, utilizó las tesis de Freud sobre el inconsciente; en 1930 logró convencer a la población de que solamente los vasos desechables eran higiénicos, vinculando la imagen de un vaso de vidrio desbordado con imágenes subliminales de genitales afectados por enfermedades venéreas. Consiguió que la mujer se convirtiera en fumadora para la marca Lucky Strike, cuando un discípulo de Freud le comentó que para la mujer el cigarrillo era la “antorcha de la libertad”, así que unió las reivindicaciones feministas al deseo de fumar. Incluso, para las fiestas de Pascua, contrató a cientos de mujeres delgadas (fue el promotor del ideal de delgadez en la mujer) y jóvenes, pero no modelos, para que fumaran sin cesar al acabar los oficios de Semana Santa. Y, por supuesto, convocó un gran evento social en el Waldorf Astoria, con beneficios “destinados a obras de caridad”, en la que damas de alta sociedad lucían los mismos colores que Lucky Strike, la marca que lo había contratado: el verde. Antes, se había preocupado de que el verde fuera el color de moda… Lo más paradójico de toda esta historia es que Bernays jamás había fumado e, incluso, que trató de convencer a su esposa de que dejara de hacerlo.

Desarrolló un proceso sistemático para las relaciones públicas, que incluía definir objetivos, investigar al público, adaptar objetivos, decidir la estrategia, crear el mensaje y planificar las acciones tácticas. Lo importante en estas campañas era que el agente instigador de las mismas permaneciera en la sombra. A esto le llamo “manipulación del consenso”. Bernays sostenía que las personas “invisibles” que crean conocimiento y propaganda pueden gobernar a las masas moldeando sus pensamientos y valores.

Por increíble que pueda parecer, todas las técnicas empleadas por Bernays tuvieron éxito, así que políticos y el propio gobierno federal recurrieron a él para sus campañas electorales o, como en el caso de Guatemala en 1954, para facilitar el golpe de Estado organizado por la CIA contra Jacobo Arbenz. En las elecciones para la alcaldía de Nueva York, cuando trabajaba para el candidato William O’Dwyr, se preocupó de segmentar a los electores y proyectar sobre cada grupo las opiniones que mejor podían aceptar: a los irlandeses se les informó sobre la mafia italiana y cómo el candidato iba a combatirla, pero a los electores italianos se les habló sobre la reforma del departamento de policía y, para los judíos, O’Dwyr era presentado como su firme defensor ante el ascenso del nazismo. Obviamente, durante la Segunda Guerra Mundial, Bernays trabajó para distintos organismos de defensa y figuró entre los más activos promotores del intervencionismo norteamericano contratado por Roosevelt. En la postguerra, asesoró a la CIA.

El texto seleccionado forma parte del libro Propaganda: como manipular a la opinión pública en democracia. Así pues, estamos hablando de “manipulación”, no de “gobierno del pueblo”. Eso es, precisamente, en lo que se ha convertido la democracia cuantitativa: esto es, en el arte de la manipulación.

 

SUMARIO

Introducción

PRIMERA PARTE - DEMOCRACIA: SOCIOLOGIA DE LO IMPOSIBLE

> Gustave Le Bon (1841 - 1931)

    PSICOLOGÍA DE LAS MUCHEDUMBRES

         Características generales de las masas. Ley psicológica de su unidad mental.

         La era de las masas

         Los sentimientos y la moral de las masas

         1. Impulsividad, movilidad e irritabilidad de las masas

         2. La sugestionabilidad y la credulidad de las masas

         3. La exageración y la ingenuidad de los sentimientos de las masas.

         4. La intolerancia, la tendencia a la dictadura y al conservadurismo de las masas

         5. La moralidad de las masas

         El poder de raciocinio de las masas.

         La imaginación de las masas

         La forma religiosa que toman todas las convicciones de las masas

> Gaetano Mosca (1858 – 1941)

    LA CLASE POLÍTICA

         1. La teoría democrática

         2. Consecuencia de la diversidad social entre el pueblo y la clase dirigente

> Vilfredo Paretto (1848 – 1923)

    LA CIRCULACIÓN DE ÉLITES

        Cómo se manifiestan las élites

        Cómo se desarrolla el socialismo

        Heterogeneidad social y circulación entre las partes

        La clase superior y la clase inferior en general.

> Robert Michels (1876-1936)

    LA LEY DE HIERRO DE LA OLIGARQUÍA

        El principio de la masa

        La organización

        La oligarquía

        Las consecuencias políticas de la oligarquía 

        La tendencia de las masas a venerar al líder

        A. Causas del liderazgo

            1. La necesidad de organización

            2. Imposibilidad mecánica y técnica de un gobierno directo de las masas

            3. El partido democrático moderno como partido de lucha

         B. Causas psicológicas del liderazgo

              1. El establecimiento de un derecho consuetudinario para el cargo de delegado

              2. La necesidad de liderazgo que experimenta la masa

              3. La gratitud política de las masas

SEGUNDA PARTE: EL CAMINO HACIA LA MODERNIDAD

> Werner Sombart (1863-1941)

    LOS JUDÍOS Y LA VIDA ECONÓMICA
         La formación de la mentalidad capitalista    

> Edward Bernays (1891 - 1995)               

    PROPAGANDA: COMO MANIPULAR LA OPINIÓN
    EN DEMOCRACIA        

         Organizar el caos

         La nueva propaganda

         Los nuevos propagandistas

         La psicología de las relaciones públicas

         La propaganda y la autoridad política

         Los mecanismos de la propaganda