lunes, 16 de agosto de 2021

Georges Valois y el Faisceau. Primera exportación del fascismo italiano (3 DE 4) - GEORGES VALOIS, LOS PRIMEROS PASOS EN SOLITARIO

 

Los primeros pasos

Se trata sin duda de uno de los políticos más controvertidos del siglo XX y aún hoy se discute si se trató de una persona coherente con sus principios, o más bien de alguien que irresistiblemente tenía tendencia a nadar contra la corriente en cualquier dirección que fuera. No es raro, pues, oír en la actualidad que Valois fue un “hombre de izquierda” y de manera mucho más habitual “de extrema–izquierda”, o bien que se trató simplemente de un hombre de derecha que odiaba a Petain y al resto de componentes de la derecha, y, por supuesto los hay que dicen que se trató de un “fascista”, añadiendo la coletilla “de izquierda”. Los hay que lo tienen por un “nacional sindicalista” en el sentido pre–joseantoniano. Cuando Primo de Rivera funda Falange Española y Ramiro Ledesma aporta un mínimo perfil a la doctrina nacional–sindicalista, hace tiempo que Valois ya está ubicado en otro lugar político. Así pues, existe un “enigma Valois” que no puede desentrañarse y ante el cual lo único razonable que puede hacerse es señalar algunos jalones de su vida y procurar, tras esto, intentar explicar su portentosa aventura ideológica y personal que le llevó de ser el primer movimiento fascista nacido fuera de Italia a morir en un campo de concentración alemán tras haber participado en las actividades de la “resistencia”.

Su verdadero nombre era Alfred–Georges Gressent y había nacido el 7 de octubre de 1978, huérfano a la edad de cinco años fue educado por sus abuelos. Una vez en París, a los 13 años estudió formación profesional siendo expulsado dos años después por indisciplina, tras lo cual desempeñó distintos oficios (dependiente en una tienda de tejidos y en varios comercios más, aprendiz de periodista, etc.). A los 16 años fue detenido y al intentar clasificarlo le colgaron la etiqueta de anarquista, algo que él siempre negó ser a esa edad,  pero a los 19 años, en cambio, tras un largo viaje a Singapur, reconoce que abrazó esta doctrina justo cuando reemprendió los estudios. Su servicio militar le reporta bien poco salvo una tuberculosis a causa de la cual es licenciado prematuramente. Seguirá luego un período de estancia en Ginebra y otro en Moscú como preceptor de un noble. Cuando regresa a París en 1902 para trabajar en una librería ya es un consumado autor.

Desde 1905 utiliza el seudónimo de “Georges Valois” con las que firma sus dos primeras obras (1905 y 1906): El hombre que viene y La monarquía y la clase obrera. Por entonces ya se ha afiliado a Action Française, pero la marginalidad parece gustarle y es en esta organización en la que crea el Círculo Proudhon. En esa primera época de su actividad política podría ser definido como un monárquico anti–parlamentario de izquierdas. Lo que le ha llevado a la monarquía es la percepción de que el Rey tiene más autoridad que el Parlamento y que ésta siempre, inevitablemente, tiene una tendencia innata (la propia de la burguesía) a doblegarse ante el poder del dinero. 

Será en 1912, cuando pida la baja en la librería en la que trabajaba  desde 1902 para dirigir la Nouvelle Librairie Nationale. Por entonces es considerado como el número tres de Action Française, tras Maurras y Daudet con fama de ser “el economista de la extrema–derecha”. Le interesa la “economía social”, el sindicalismo y los gremios a los que considera como los únicos capaces de oponerse con garantías de éxito al poder del dinero y a la alta finanza a la cual no cesa de atacar y resaltar sus rasgos parasitarios.

Al iniciarse la guerra mundial es movilizado y combate en Verdún hasta 1916. A él se debe una obra extraña y anticipadora, Caballo de Troya o la invención del carro de asalto, que llamará la atención en el Estado Mayor y dará credibilidad a quienes proponían dar un impulso a este tipo de armas nuevas y desconocidas, las unidades blindadas, inexistentes hasta ese momento.

Al acabar la guerra se va distanciando progresivamente de Action Française y la ruptura hubiera sido más brutal de no haber mediado León Daudet, por quien Valois sentía una enorme simpatía y al que debió la vida en 1916. Pero la ruptura es inevitable y cristaliza en la fundación de Le Faisceau des Combattants et des Producteurs. Y, a partir de este momento la vida de Valois toma otro rumbo inesperado a partir del cual todo serán “giros copernicanos” para unos y “evolución lógica” para otros…

Cuando Valois encontró a Sorel y Sorel a Maurras…

Apenas ha cumplido los 20 años de edad cuando se cruza en su vida Georges Sorel del que, a partir de entonces, se convierte en un ferviente partidario. En esos años, antes de derivar hacia la izquierda, Valois, frecuentó distintos grupos liberales como L’Art social, de Charles–Louis Philippe, Les Temps nouveaux, de Jean Grave, y muy especialmente L’Humanité Nouvelle, de Charles Albert, en donde conocerá a Georges Sorel, que tiene un peso decisivo en su cambio de orientación política. Sorel tenía en aquel momento 50 años y gozaba de un prestigio intelectual extraordinario e infundía un respeto reverencial entre sus colaboradores.

Sorel escribía (y hablaba) sobre el sindicalismo, la lucha de clases, la revolución y el poder del capitalismo. Desconfiaba de la socialdemocracia y tenía a Marx por un dogmático y a su doctrina como un mero esquematismo mecánico que ignoraba todo lo relativo a las clases medias que jamás supo cómo encuadrarlas en su sistema. Sorel le imbuyó la idea de que era importante preservar la autonomía obrera y crear una aristocracia revolucionaria curtida en los combates sindicales. Tenía a la burguesía como un grupo social de mediocridad demostrada cuya antítesis era el ardor popular expresado a través del sindicalismo revolucionario. Y si esto era así, el parlamentarismo, en tanto que expresión política de la mediocridad burguesa, generaba su rechazo integral. El mito dorado de la burguesía era para Sorel el “progresismo” y lo que llamada “el mito del progreso”. Este encadenamiento de razonamientos había llevado a Sorel desde la izquierda a asumir los postulados de la izquierda más radical.

La influencia de Sorel se manifestó ya en la primera obra de Valois, L’Homme qui vient, subtitulado “filosofía de la autoridad” en donde el orden de ideas es muy similar al que dio lugar al fascismo de izquierdas mussoliniano de la primera hora: sindicalismo revolucionario contra corrupción democrática, régimen “fuerte” frente a liberalismo, lucha contra la plutocracia. Valois dio a leer su manuscrito a Paul Bourget, el cual se lo pasó a Maurras y tal fue el camino a través del cual ambos se pusieron en contacto. Valois escribió años después, tras la ruptura con el fundador de Action Française: “Nos enfrentamos inmediatamente en el problema económico y social. Luego, Maurras se abstuvo de reemprender esta disputa. Había tomado su decisión; comprendió que era preferible asociarme a su obra y utilizarme esforzándose en impedirme la producción de toda aquella parte de mi obra que no aceptaba”. El fragmento es algo forzado y motivado por el resentimiento mutuo que apareció entre ambos doctrinarios a partir de 1926: en los años en los que Valois entró en Action Française, Maurras insistía en sus tomas de posición anticapitalistas (así pues, no era tanta la distancia que lo separaba de Valois) y contraponía la estructura capitalista de la economía a la estructura corporativa que proponía. Defendía el sindicalismo y el gremialismo contra el jacobinismo y el autoritarismo republicano surgido de la burguesía.

El propio Sorel experimentó entre 1908–9 esta sensación de proximidad a Maurras (llegó a escribir en junio de 1909: “No sé si Maurras logrará traer al rey a Francia y tampoco me interesa. Lo que me interesa es que se dirige ante la burguesía reaccionaria, reprochándole el haber sido vencida e intentando darle una doctrina”. Al año siguiente, Sorel comentaría elogiosamente la Encuesta sobre la Monarquía escrita por Maurras. A ambos les unía su común desprecio por las instituciones republicanas, su rechazo a la mezquindad burguesa, al jacobinismo nivelador y a la plutocracia. Les separaba la posición de ambos ante lo que Maurras llamaba “los cuatro Estados confederados”, judíos, extranjeros, protestantes y masones, un tema que no interesaba nada a Sorel, pero es rigurosamente cierto que ambos no estuvieron tan separados como Valois pretendía cuando entró en conflicto con Maurras.

La Nouvelle Librairie Nationale y Le Nouveau Siécle

Creada en 1900 por Action Française se mantuvo abierta hasta 1930 siendo dirigida a partir de 1912 por Georges Valois. Estaba situado en el 11 de la rue Médicis de París e inicialmente se especializó en la publicación de libros de orientación nacionalista. A lo largo de su trayectoria publicó 300 libros casi todos ellos de carácter político en un sentido amplio: desde textos sobre el caso Dreyfus (anti–dreyfusars, por supuesto), nacionalistas barresianos, sobre temas patrióticos y militares, textos de Maurras y de otros escritores monárquicos y de Action Française, pero también textos boulangistas e incluso, gracias a la gestión de Valois, libros sobre economía elaborados desde el sindicalismo revolucionario.

A partir de la ruptura entre Valois y Maurras (1925), la Librairie Nationale pasó a la órbita de Le Faisceau y se especializó en los cinco años siguientes en publicar textos sobre corporativismo y estudios sobre el fascismo como fenómeno nuevo y revolucionario.

En sus treinta años de existencia, los textos publicados por la librería fueron organizados en cinco colecciones: Colección del Círculo Proudhon, Colección de los Escritores del Renacimiento Francés, Colección de los Escritores del Nouveau Siècle, Colección Las Ideas Claras y Colección Los Países de Francia dedicada a los escritores regionalistas.

Las polémicas entre Maurras y Valois comenzaron con la publicación por este último de una nueva revista, los Cahiers des États Géneraux. Aparecida en 1923 con carácter mensual fue la primera revista que, a poco de producirse la “Marcha sobre Roma” asumió las tesis de Mussolini en Francia. Estos Cahiers fueron publicados bajo el patronazgo de un “Comité de Acción para la Convocatoria de los Estados Generales” y fue publicado por Valois dentro de la órbita de Acción Francesa, pero ya con carácter independiente. En realidad, pretendía proseguir el camino iniciado por el Cércle Proudhon y por sus Cahiers. Durante los dos años que apareció la revista, las relaciones entre Maurras y Valois se enfriaron extraordinariamente y mucho más lo harían (hasta llegar a la ruptura tempestuosa) cuando la publicación se transformó en Le Nouveau Siècle, subtitulado “revista de la hermandad nacional”.

El primer número de Le Nouveau Siècle apareció el 26 de febrero de 1925 animado por Valois y Arthuys, otro veterano de Action Française y realizado por un equipo de colaboradores entre los que figuraban Hubert Bourgin, Louis Marcellis, Jacques Roujón y Philipe Barrès, hijo del famoso escritor de finales del siglo XIX. Hay que señalar que el nacimiento de la revista será anterior en nueve meses al lanzamiento de Le Faisceau del que se convertirá en portavoz. El dinero para la iniciativa había sido aportado por un comité de empresarios cuya cabeza era a Franz Van den Broeck d’Obrenan, uno de los accionistas de la imprenta en la que se elaboraba la revista L’Action Française. Otro de sus miembros era Eugène Mathon, presidente del Sindicato de Fabricantes de Tejidos de Roubaix–Tourcoing y como el resto, militantes o simpatizantes de Action Française (como el armador Valentín Smith o los millonarios Serge André y Antoine Cazeneuve). Este comité dio solidez a la iniciativa de la revista que, pensada inicialmente como semanario en noviembre de 1925 fue transformado en diario.

Zeev Sternhell da una relación de colaboradores en el momento en que se produce el tránsito de semanario a diario: Philippe Barrès, René Benjamin, Louis Beraud, Abel Bonnard, James de Coquet, Johannet René, Dominique Pierre, Jacques Maritain, Eugène Mathon, Henri Massis, André Maurois, Jorge Suárez, Jérôme y Jean Tharaud, Xavier Vallat y el famoso diseñador nacionalista Forain”. Ciertamente, no se trata de periodistas atraídos por la experiencia del sindicalismo nacional que había realizado Valois durante la época del Círculo Proudhon, en realidad, todos son periodistas de derechas. Pronto Maurras advierte que la publicación de Valois puede erosionar la tirada de su propio semanario (los colaboradores son prácticamente los mismos, pero Le Nouveau Siècle es diario…) y da un ultimátum a los colaboradores, la inmensa mayoría de los cuales –salvo Philipe Barrès, volverán al redil maurrasiano. El comité de redacción del diario queda extremadamente debilitado con Valois, Arthuys, Bourguin y Barrés. Con los colaboradores de Action Française se van también los apoyos financieros: el multimillonario y perfumista, François Coty, que, según Sternhell, había concedido una subvención de un millón de francos a Valois para publicar el diario, retira bruscamente la subvención para evitar enfrentarse a Maurras. Finalmente, se une otro problema que Valois hubiera podido evitar: para abrirse hacia una clientela “centrista” y no particularmente radical, las columnas del diario moderan extraordinariamente sus contenidos, algo que sorprende a la militancia de base (a cuyo cargo está buena parte de la distribución callejera de la revista). Esta militancia se había empezado a agrupar a partir del anuncio de la aparición de Le Nouveau Siècle y estaba formado por un sector mayoritario que procedía del sector más activista de Action Française y por los primeros admiradores de Mussolini en Francia, casi todos eran excombatientes. Valois les había llamado a “constituir una Legión” para salvar a Francia del parlamentarismo.

Abandono de los “protectores”, enfrentamiento con la fortaleza maurrasiana, defección de los colaboradores y decepción entre las bases militantes… diez días después de la aparición del primer número del diario, la iniciativa se convierte en un fracaso absoluto.

A partir de ese momento –hace cuatro meses que han sido aprobados los estatutos de Le Faisceau– la relación con Maurras se irá agriando hasta convertirse en el primer enemigo de la nueva formación. Era algo con lo que Valois no había contado y que a partir de ese momento limitó extraordinariamente su crecimiento y perjudicó a su propia credibilidad política.


GEORGES VALOIS Y EL FAISCEAU (1 DE 4)

GEORGES VALOIS Y EL FAISCEAU (2 DE 4)

GEORGES VALOIS Y EL FAISCEAU (3 DE 4)

GEORGES VALOIS Y EL FAISCEAU (4 DE 4)

GEORGES VALOIS Y EL FAISCEAU (Anexo)

sábado, 14 de agosto de 2021

REFLEXIONES BAJO EL SOL: ELPENOR O EL RETRATO DEL HOMBRE MODERNO

Unos días de convalecencia por un accidente de varias décadas atrás, ha favorecido el que pudiera realizar una relectura de La Odisea. Hay que leer más La Odisea de Homero y desengancharse lo más posible de los “redes sociales”, que, como su nombre indica, son redes para pescan a merluzos. Pues bien, en el Canto X -que narra la aventura de Ulises en la isla de Eolo y en el palacio de Circe, la hechicera- aparece la figura de un tal “Elpenor” (550), del que el rapsoda ciego dice:

“Había un tal Elpenor, el más joven de todos, no muy brillante en la guerra ni muy dotado de mientes, que, por buscar la fresca, borracho como estaba, se había echado a dormir en el sagrado palacio de Circe, lejos de los compañeros. Cuando oyó el ruido y el tumulto, levantóse de repente y no reparó en volver para bajar la larga escalera, sino que cayó justo desde el techo. Y se le quebraron las vértebras del cuello y su alma bajó al Hades”.

En el canto siguiente se presentará a Ulises en el Hades, se le aparecerá el infortunado Elpenor para pedirle unos dignos funerales. Al volver a la isla de Eea, Ulises y lo que queda de su tripulación, recuperarán su cuerpo y lo quemarán ritualmente, colocando en su túmulo un remo. La impresión que uno se lleva del relato es que Odiseo-Ulises y, por extensión, el rapsoda ciego que compuso la epopeya, no apreciaban mucho al tal Elpenor.

Como se sabe, en el curso de esa aventura, Circe convirtió a los marineros de Ulises en cerdos. Circe, hay que recordarlo, era una hechicera (en uno de los extremos de la isla de Malta, existe una cueva reputada de haber sido el “sagrado palacio de Circe”). Este palacio, dice Homero, estaba rodeado de Lobos y Leones que no eran más que hombres transformados en animales gracias a la magia de la hechicera. A los hombres de Ulises, tras emborracharlos, luego los convirtió en ganado porcino.

Avisado Ulises por el único marinero que había logrado escapar al encantamiento, se encargó de buscar una hierba que consiguiera reponerlos a su forma humana. Hermes se cruzó con Odiseo y le mostró la planta moly que lo protegería de cualquier encantamiento. Se sabe lo que ocurrió luego: el héroe consiguió que Circe diera su brazo a torcer, ella se enamoró de él e, incluso, le ayudó a regresar a Ítaca. Elpenor no vuelve a aparecer, ni como borracho, ni como inepto, ni como sombra en le Hades.

En 1950, Lion Feuchtwanger, un intelectual judío, nacido en Alemania y que se había establecido en los EEUU, escribió una versión apócrifa del relato homérico: Odysseus und die Schweime (Odiseo y los cerdos) en el que integra una interpretación que había tenido eco en la Grecia clásica. Es de esas obras que vale la pena leer. Cuando Odiseo encuentra la hierba que salvará a sus marineros del encantamiento de Circe y les devolverá su forma y su condición humana, al comunicarlo a las víctimas, los marineros-cerdos, estos huirán en todas direcciones. Ninguno quería recuperar su forma humana. Tengo la sospecha de que fue esta leyenda la que inspiró a Eugene Ionesco, su pieza teatral, “El Rinoceronte”, luego explicaré por qué.

Podemos imaginar a Ulises-Odiseo persiguiendo a los cerdos y tratando de frotarles el lomo con la hierba sagrada. Al final, consigue atrapar al más torpe de todos ellos, ¿cómo no?, a Elpenor, el cual, en su forma de cerdo, se resiste a recibir el toque de la hierba que deshará la magia de Circe. Cuando recuperó la forma humana, lejos de agradecérselo le espetó a Ulises estos reproches:

“¿Así que has vuelto granuja entrometido? ¿Otra vez a fastidiarnos y a molestarnos? ¿Otra vez a exponer nuestros cuerpos al peligro y a obligar a nuestros corazones a tomar nuevas decisiones? Yo estaba tan contento, podía revolcarme en el fango y retozar al sol, podía engullir y atracarme, gruñir y roncar, libre de dudas y razonamientos: ‘¿qué debo hacer, esto o aquello?’ ¡¿A qué viniste?! ¿A arrojarme de nuevo a mi odiosa vida anterior?”.

Elpenor no quería volver a ser hombre libre. Prefería seguir siendo cerdo en el corral. A fin de cuentas, todos los marineros, sus compañeros, también eran cerdos y se sentían igualmente felices. Retomo la alusión a Ionesco: “El Rinoceronte” es una obra de teatro del absurdo, escrita e interpretada por primera vez en 1959 y que, pocos años después, fue representada en el “Estudio 1” de TVE interpretada por José Bódalo, Antonio Ferrandis, José Vivó, Antonio Paúl y María Dolores Pradera, que lo habían estrenado en el María Guerrero de Madrid en enero de 1961 (una pálida versión completa de esta obra puede verse interpretada por la Escuela de Arte Dramático de Valladolid).

Se suele decir que “El Rinoceronte” ironiza sobre el crecimiento del fascismo y del nazismo. Es falso. Ironiza sobre algo mucho más próximo (se escribió, no lo olvidemos, en 1959): el conformismo del que había gala la sociedad burguesa de la época. Basta ver la representación o leer el libreto, para advertirlo. La temática de la obra es que, un buen día, en una sociedad feliz, aparece un hombre convertido en rinoceronte, después del impacto inicial, los habitantes de aquella pequeña ciudad, poco a poco se van convirtiendo en rinocerontes. Berenguer, el protagonista es un hombrecillo irrelevante, algo borrachín, que inicialmente se resiste a la transformación. Todos justifican su conversión en la frase clave de la obra: “¡Puesto que no es pecado ser rinoceronte…! ¡Seámoslo!”. Todos terminan convertidos en rinocerontes aceptando la corriente general y estadística de la mayoría.

Y ya puestos, se me ocurre otro lugar común para la misma temática: la escena en la que Neo, el protagonista de Matrix, debe elegir la “pastilla azul” o la “pastilla roja”, que le ofrecerá Morfeo: una le hará permanecer en la felicidad del sueño prolongado (la dichosa ignorancia), la otra le despertará y le enseñará la realidad objetiva (la verdad incómoda). Y, el protagonista, duda; el malandrín, Cypher, el traidor miembro de la tripulación de Morfeo que traicionará, no ansía otra cosa que tragar la pastilla azul, la de los sueños de felicidad, aun consciente de que vivirá en una realidad falsa y alienante.

Es muy probable que todos los que lean estas líneas hayan visto Matrix, menos probable es que hayan visto o leído El Rinoceronte y serán menos aún los que conozcan el Canto X de la Odisea. Pero, seguramente, todos estarán de acuerdo en que el problema de fondo que plantean las tres obras, es idéntico: la negativa a “despertar” del sueño feliz, ya sea como gorrino o como el Cypher, felizmente ignorante, o como todos los rinocerontes de Ionesco, felices en su nuevo estado animal

No somos los primeros en advertir esta contradicción. La temática ya le preocupaba al freudo-marxista y miembro de la “Escuela de Frankefurt”, Herbert Marcuse a mediados de los años 60. Marcuse tenía la sensación de que nunca como en nuestra época se presentaba como una necesidad el “liberarse” de los mecanismos de opresión, pero al mismo tiempo albergaba la certidumbre de que cualquier lucha de liberación carecería del apoyo de las masas… Dicho con otras palabras: la liberación de cualquier tipo de opresión, que hasta no hace mucho, era considerada como una exigencia y una responsabilidad, en nuestra desgraciada época de ha convertido en una maldición.

Todos admitimos que somos víctimas de algún tipo de opresión, incluso los más conservadores, pero nadie, absolutamente nadie está dispuesto a asumir una lucha contra los mecanismos de esta opresión. Las “redes sociales”, de hecho, solamente sirven como las válvulas de seguridad de las ollas a presión: modular y canalizar el potencial explosivo, convertir los debates y las críticas, en lo que antes eran las discusiones de café, para que todo siga igual.

El pobre Elpenor no era nada más que el “último hombre” del que hablara Nietzsche, la antítesis de Ulises-Odiseo, el individuo situado en las antípodas del superhombre. Es significativo que su muerte se produzca después de un botellón, seguramente al ritmo de hip-hop y rap marcados por Circe, y tras lo que parece la práctica del “balconing”. Elpenor, sin duda, tomaría la pastilla azul de la dichosa ignorancia y no dudaría en mutar en rinoceronte cuando hubiera visto que un número suficiente de congéneres lo hacían.

Seguramente por eso hoy la política no es el terreno más recomendable para la disidencia. La gente prefiere hoy dormitar, vivir en la contemplación de una especie de espejismo de felicidad, creer en la publicidad, a pesar de saber que la publicidad, siempre, es engañosa, ir a favor de la corriente o volar con el viento de cola, bajar en sky una montaña antes que ascenderla con piolet junto a los compañeros de cordada, compartir los elementos de la “cultura de masas” antes, simplemente, que tener una Cultura digna de tal nombre, aceptar la mala calidad de cualquier producto cultural (¿Por qué llaman “música” a ritmos de gama tonal ínfima, los más escuchados entre los jóvenes?), alimentario (tiene forma de hamburguesa, parece una hamburguesa, pero no es digno de alimentar a un cerdo), sanitario (le llaman vacuna, pero no inmuniza, ni previene), informativo (el cambio climático es la noticia del verano gracias a los incendios forestales, junto al traspaso de Messi y a la vacunación, pero ¿es, algo de eso, verdaderamente importante? ¿podemos garantizar que las informaciones que aparecen en primera plana son remotamente ciertas?), etc.

El ser humano que pulula en la modernidad no quiere ser “liberado” de nada, se niega a ejercer el pensamiento crítico. Acepta que le engañen con tal de que le garanticen un mínimo de seguridad y estabilidad. Que nadie le complique la vida. Que nadie le pida más esfuerzos que los que le pide el patrón o la necesidad de ganarse la vida. Que nadie le ofrezca alternativas. Quiere vivir y poco le importa que esa vida sea “fea, brutal y breve”.

La caverna de Platón tiene la puerta abierta pero ya nadie sale para comprobar como es la realidad objetiva del mundo exterior. Todos los pobladores de la caverna han convenido que un mundo de sombras chinescas, espejismos tranquilizadores y mentiras libre y unánimemente aceptada, es superior a un mundo del esfuerzo, de la objetividad, del honor, la lealtad, la familia, el linaje, y cualquier otro valor tradicional. Nadie quiere ser liberado, ni siquiera los que dicen ejercer el pensamiento crítico.

A fin de cuentas, tienen razón. No puede hacerse nada porque los males de nuestra época están arraigados hasta el tuétano de las poblaciones. No existen paredones suficientes para purgarlas. Y, por otra parte ¿quién en su sano juicio aceptaría hoy participar en un pelotón de fusilamiento que trabajase a destajo? ¿Entonces? Como dice aquella vieja canción: “Cree y espera”.

Soy de los que cree que el sistema sufrirá un desplome interior que verán los milenials de hoy a lo largo de su vida. Y no procederá del “cambio climático”, sino más bien de la “convergencia de catástrofes” a la que aludió Guillaume Faye en los años 90. La catástrofe ecológica, podría solventarse en cierta medida, pero será mucho más difícil de hacerlo en el momento en el que estallen las crisis sanitarias, sociales, étnicas, religiosas, económicas, alimentarias, tecnológicas, que amenazan desde posiciones muy próximas en el tiempo y en conjunto se manifestarán  en avalancha. El futuro se va a parecer mucho más a Mad Max que al Mundo Feliz de Huxley. El efecto de la pastilla azul, es como la vacuna del Covid, sirve para una ola pero no para la siguiente.

Así pues, es hora del repliegue a los cuarteles de invierno o a las catacumbas. Observar, prever, vivir, meditar, aprender, dirigirse solo a los que elijan la pastilla roja, a los que piensen como Ulises y no como Elpenor, a los que se resistan a su conversión en rinocerontes. Es hora de crear redes sociales propias, nuevas jerarquías, vivir en un mundo de valores, y, ahora que también nos han robado la patria, vivir en la Idea, dejar el ring para que otros se aticen en él. En una palabra, “creer y esperar”.

¿O es que pensáis que el sistema, en su actual configuración, puede durar eternamente?

 

viernes, 13 de agosto de 2021

Georges Valois y el Faisceau. Primera exportación del fascismo italiano (2 DE 4) - EL TRABAJO REALIZADO EN EL CÍRCULO PROUDHON

El círculo Proudhon (IV). El trabajo realizado

La revista del grupo, los Cahiers du Cercle Proudhon, estaban diseñados para aparecer a un ritmo trimestral a partir de enero de 1912. Los colaboradores que aportaron mayor volumen de material fueron Edouard Berth, Henri Lagranje, Gilbert Maire y Georges Valois. También la Nouvelle Librairie Nationale, vinculada a Action Française, publicó una colección específica que ostentaba el nombre del Círculo. En realidad, los Cahiers aparecieron solamente en cuatro ocasiones, dos de ellas como números dobles. El nº 3–4 estaba dedicado a Sorel y el nº 5–6 fechado en septiembre–diciembre de 1913 y publicado al año siguiente anunciaba la interrupción para aparecer bajo una nueva fórmula que jamás vio la luz. Se tiraron 600 ejemplares de cada número, 100 de los cuales se enviaban a los suscriptores; se estima que 2/3 de los lectores eran miembros de Action Française. En total se publicaron –es Benoist quien realiza el balance– veinticinco artículos de los que ocho estarán consagrados a Proudhon y cuatro a Sorel. Un tercio de todo el material estaba escrito por Valois y el resto, por este orden, por Edouard Berth, Henri Lagrange, Pierre Galland, Gilbert Maire, Albert Vincent, René de Marans, Maurice Mayrel, etc. Berth escribió (por consejo de Sorel) bajo seudónimo, si bien este era fácilmente reconocible.   

El 3 de octubre de 1911 tuvo lugar la primera reunión interior en la sede de Action Française y el 16 de diciembre se convocó la primera conferencia pública en París a la que asistió el propio Maurras para demostrar su apoyo a la síntesis que se pretendía elaborar. Sin embargo, pasada la euforia de los primeros momentos, lo cierto es que la actividad del círculo no fue demasiado lejos y lo que era peor, los artículos publicados no consiguieron atraer mucho interés fuera de Action Française. Solamente cuatro personas procedentes del ambiente obrerista de izquierdas colaboraron con el Círculo además de Berth: Albert Vinces (republicano federalista), Maurice Mayrel (procedente de la SFIO), Pierre Gallant (sindicalista y encargado de la sección de noticias sobre el movimiento obrero en la revista) y Riquier, amigo de Berth.

Valois anunció ya desde el primer número de la revista que el público lector no debería sorprenderse de las contradicciones que pudiera encontrar en sus páginas y reivindicaba el derecho de ser “revolucionario” y “contra–revolucionario” a la vez. A pesar de que Sorel se suscribió desde el primer número, Valois no consiguió atraerlo de manera activa, ni pudo evitar que recomendara a Berth “prudencia” en relación a sus nuevos asociados. Poco después de la fundación del círculo Sorel escribió a Berth: “He leído en Action Française que los realistas han fundado un Círculo Proudhon… Estoy persuadido de que los amigos de Maurras son muy frívolos. Una cosa es admirar a Proudhon reconociendo que ha llegado el tiempo de introducirlo en la literatura francesa y otra pretender anexionar a Proudhon a Action Française”, y poco después: “Reflexionando sobre el Círculo Proudhon estoy persuadido de que es una empresa condenada a no tener el menor éxito. Temo que ni siquiera contribuya a que los jóvenes comprendan a Proudhon porque para entenderlo es preciso hacer abstracción de todos los proyectos políticos y este círculo se encuentra bajo el patronazgo de Action Française (…) Creo que usted haría mejor en no asociarse a un asunto que no puede reportarle buenos resultados. Valois encontrará 4 ó 5 personas para seguirlo, pero serán antiproudhonianos”. De ahí que utilizara seudónimo.


Si la intención del Círculo era ganar para su causa a la figura de Sorel, es evidente que este proyecto fracasó estrepitosamente. El 27 de mayo de 1912, tuvo lugar la cena que conmemoraba el primer aniversario de la fundación del círculo tras la cual Henri Lagrange pronunció un discurso en el curso del cual volvió a citar a Sorel: “Sería profundamente ingrato por nuestra parte, felicitarnos de nuestra alianza y de sus consecuencias sin recordar la obra que la ha hecho posible […] Sin Georges Sorel, el Círculo Proudhon no podría existir; será pues siempre honrado y admirado como un maestro”. Pero Sorel no recogió el guante.

Desde otras esferas de la izquierda antimarxista francesa, la acogida fue igualmente fría. No existió entusiasmo ni unanimidad. Hubert Lagardelle, que entonces dirigía la revista Mouvement Socialista denunció la revista como un intento de recuperación del movimiento obrero por parte de la reacción. Si el estallido de la Primera Guerra Mundial no hubiera liquidado la experiencia del Círculo, éste se hubiera difuminado por sí mismo y habría desaparecido sin pena ni gloria.

El círculo Proudhon (V). La conclusión de un experimento

Así pues, el Círculo Proudhon fue una experiencia de síntesis, pero una experiencia, no lo olvidemos, frustrada: lo esencial en relación al fascismo y a la organización posterior de Le Faisceau, es entender que algunos cerebros ya tenían claro a principios del siglo XX que era preciso unir “lo nacional” y “lo social”… pero no fueron ellos quienes lo consiguieron, le correspondería a Mussolini llevarlo a la práctica.

Quedaría responder a una última pregunta: ¿por qué esta experiencia llevó el apellido de Proudhon? Marx había criticado al anarquismo de manera muy sintética: básicamente sostenía que las ideas de los anarquistas eran las mismas de la pequeña burguesía de la época, empezando por el individualismo y terminando por ausencia de doctrina orgánica… A diferencia de Marx, Proudhon sostenía que los obreros sí tenían patria y quienes adolecían de desarraigo eran precisamente los grandes capitalistas (idea que Berth recupera en 1913 e incluso en un artículo publicado en el número 4–5 de los Cahiers du Cercle Proudhon). De ahí que Proudhon defendiera el federalismo frente al internacionalismo marxista. Así como para el marxismo tal como lo formuló Marx, el sindicalismo tenía solamente una importancia accesoria, paro Proudhon la lucha por los derechos de los trabajadores podía llevarse a cabo en las fábricas y en los tajos y se trataba de promover cooperativas obreras y un movimiento sindical como instrumentos de cambio económico–social. Marx escribió a propósito de Proudhon cuando este murió y tras definir sus orientaciones: El charlatanismo en la ciencia y la contemporización en la política son compañeros inseparables de semejante punto de vista. A tales individuos no les queda más que un acicate: la vanidad; como todos los vanidosos, sólo les preocupa el éxito momentáneo, la sensación”. Se percibe el “aprecio” que le tenía.


En el número 7 de L’Action Française, ya se había publicado un artículo elogioso sobre Proudhon a quien definieron como “uno de los maestros de la contra–revolución en el siglo XIX” comparándolo son De Maestre o Bonald, Taine y Renan. Maurras veía en Proudhon a un verdadero conservador. Más tarde, en enero de 1909, los miembros de Action Française depositaron una corona sobre su tumba cuando se cumplía el primer centenario de su nacimiento. El acto fue organizado por el Comité de Acción de los Sindicalistas Realistas y en la filacteria que acompañaba a la corona podía leerse: “A P.J. Proudhon, al patriota francés que combatió el principio de las nacionalidades en Europa, al justiciero socialista que denunció los crímenes sociales de al Revolución y las mentiras económicas del colectivismo judío, al inmortal autor de El Principio Federativo. Y el propio Maurras –a pesar de experimentar por él, según Benoist, “una simpatía moderada”– dijo de él que se trataba de un “Rústico heroico de las Marcas de Borgoña (…) sólidamente establecido sobre su raza, fiel esposo y padre rígido”. El anti jacobinismo del que hizo gala Proudhon en beneficio del federalismo no podía sino despertar un fuerte sentimiento de simpatía en Action Française, al igual que su antidemocratismo. Pero de quien se trataba de atraer era a Georges Sorel que en 1982 publicó un ensayo sobre Proudhon en la Regué philosophique y, por tanto, si se trataba de hacerle un guiño el nombre que convenía utilizar era el del viejo revolucionario.

Los problemas que encontró el Cercle para adaptar el pensamiento de Proudhon eran muchos. En general, el sector mayoritario de Action Française tenía a René de La Tour du Pin como inspirador, era el teórico del corporativismo cristiano que pretendía la “restauración de un orden social cristiano”. En varios artículos La tour du Pin había calificado a Proudhon poco menos que de anticristo. Y en lo que se refiere a Sorel tampoco existía unanimidad en el entorno de Maurras. La escasa importancia que tuvo el Círculo Proudhon evitó que todos estos problemas salieran a la superficie, pero de haber progresado no habrían tardado en generar conflictos interiores. Benoist sintetiza muy bien el problema afirmando que “Todos los miembros de Action Française no se reconocían en las actividades del Círculo, Maurras, por su parte, alimentó sentimientos mitigados pero, al menos a título experimental, le aportó su apoyo”.

Ni siquiera en el interior del Círculo las posiciones fueron siempre las mismas. A pesar de la amistad que Berth y Valois mantenían en esa época, el primero reprochó al segundo actuar con “este ilusionismo voluntario y dogmático que le caracteriza” para “querer resucitar no sé que corporativismo apenas modernizado”. En cuanto a Valois, en uno de sus excesos habló del socialismo de Berth como de “una antigualla que ni siquiera vale la pena refutar”, mientras que éste sostenía que su camarada era incapaz de superar el individualismo. Después de la experiencia común en el Círculo, Benoist recuerda que entre 1918 y 1925 Berth y Valois se situaron en campos opuestos. El primero seguía creyendo en la realidad de la lucha de clases, el segundo en la “unión de las clases”.

La experiencia del Círculo Proudhon será un breve punto de encuentro entre ambos, que proceden de campos opuestos, Berth del anarquismo revolucionario, Valois del nacionalismo maurrasiano. Tras la guerra sus caminos se separarán e incluso se opondrán: Valois experimentó la “tentación del fascismo” siquiera brevemente y otro tanto hizo Berth ante el bolchevismo. Pero ambos no detuvieron aquí su evolución. En 1935, el segundo ya estaba de nuevo adscrito al sindicalismo revolucionario a través de la revista Clarté, mientras que Valois, se adheriría a la misma corriente. Berth falleció en 1939 y Valois en el cautiverio en 1945. El fascismo de izquierdas siempre fue algo inestable, las oscilaciones de ambos demuestran que esa característica ya estaba presente en el pre–fascismo de izquierdas…


GEORGES VALOIS Y EL FAISCEAU (1 DE 4)

GEORGES VALOIS Y EL FAISCEAU (2 DE 4)

GEORGES VALOIS Y EL FAISCEAU (3 DE 4)

GEORGES VALOIS Y EL FAISCEAU (4 DE 4)

GEORGES VALOIS Y EL FAISCEAU (Anexo)



lunes, 9 de agosto de 2021

Georges Valois y el Faisceau. Primera exportación del fascismo italiano (1 DE 4) - El Círculo Proudhom

La andadura política de Georges Valois podrá parecer a algunos contradictoria e incluso excesiva e incoherente, sin embargo, a poco que se examine su origen y su desarrollo se descubre en ellos un sentido y una perspectiva que nos sitúan en el centro del drama de todas las “terceras vías”, es decir en los problemas que encuentran los “productos de síntesis”, problemas de adaptación, de comprensión y de orientación final. El Faisceaux constituido por Valois tempranamente, no fue solamente el primer partido que se declaró émulo del fascismo italiano sino el que más vivo mantuvo el recuerdo de los orígenes del fascismo originario. Más incluso que el propio Mussolini. Quien considera que el fascismo es la suma del nacionalismo y del socialismo verá en Valois la quintaesencia de este movimiento.

 

Contestar a la pregunta de “¿qué fue el fascismo?” equivale a encontrar su cuna. Desde el punto de vista doctrinal hay que dar la razón al profesor Zeev Sternhell cuando explica que el fascismo nace de la colusión entre “cierta extrema–derecha” y “cierta extrema–izquierda” y que el germen del fenómeno ya había aparecido en la Francia de finales del siglo XIX cuando el “nacionalismo” fue a confluir con el “socialismo” en el seno de círculos políticos, culturales y sindicales franceses particularmente reducidos. Ya a finales del siglo XIX tomó forma en Francia la idea de unir nacionalismo y socialismo, patriotismo y ansias de justicia social, lo que constituiría, finalmente, la “esencia del fascismo”. En el “movimiento amarillo”, en círculos neo–boulangeristas y en nacionalistas radicales estaba implícita esa tendencia.

Al mismo tiempo, el socialismo francés, a diferencia del alemán, tenía un nivel teórico relativamente bajo, no había conseguido pasar completamente de la etapa “utópica” a la etapa “científica” y los partidarios de Marx en aquel país tenían poca fuerza y un nivel teórico relativamente bajo. Así mismo, el poderoso movimiento antisemita francés de la época respondía no tanto al deseo de desvelar el supuesto papel de Israel en política y en economía, como de condenar los manejos de los financieros y de la banca considerada como “judía” que atentaban contra el bienestar y los intereses del trabajador francés. Podríamos hablar, en rigor, de un “antisemitismo de clase”, mucho más que de un antisemitismo religioso (como el originario) o de un antisemitismo “nacional” (como el que había aparecido en Alemania de la mano de Paul de Lagarde. Cfr. Israel capital Tananarive, RHF–VI, págs. 54–85).

Para Sternhell –aunque su tesis es discutida entre otros, como veremos, por Alain de Benoist– el precedente del fascismo como ideología nació en la belle époque y en un espacio que abarca desde 1870 hasta 1914 es posible detectar movimientos que pueden calificarse sin riesgo de error como “pre–fascistas”. Los viveros de esta tendencia son fundamentalmente dos: el sindicalismo y el boulangismo.

Se entiende por boulangismo al primer movimiento político francés formado en torno al general Boulanger que agrupaba a bonapartistas, monárquicos y nacionalistas de un lado y de otro a socialistas utópicos, blanquistas y radical–socialistas. La síntesis doctrinal formada por Boulanger implicaba cuatro elementos que estarán presentes como médula esencial del fascismo histórico:

- el papel del líder que se sitúa por encima de la historia y que crea la historia;

- el Estado fuerte que impone su voluntad sobre las fuerzas disgregadoras de la nación,

- el Nacionalismo que hace de la nación el sujeto histórico principal y

- las políticas sociales a favor de las clases trabajadoras.

Estos elementos, unidos a un proyecto de reforma de la sociedad y del Estado en base al corporativismo (cuyos máximos teóricos fueron de origen francés), están todos presentes en el fascismo mussoliniano de manera tan nítida que resulta imposible considerarla casual.

En lo que se refiere al sindicalismo aparecen hacia finales del XIX y principios del XX, siempre en Francia, una serie de corrientes disidentes del sindicalismo oficial que oscilan entre el nacionalismo y el socialismo. El nombre de “nacional–sindicalismo” es quizás el que más le conviene en la medida en que algunas terminan integrándose en Action Française (como el grupo de Terre Libre que se integraría en 1910, procedente del anarquismo y dirigido por Émile Janvion uniendo a su sindicalismo tres rasgos que también estarán presentes en los fascismos: antirepublicanismo, antisemitismo, antimarxismo y antimasonismo). Así mismo, la aparición del “movimiento sindical amarillo” entrará dentro de esta categoría, si bien el más centrado desde el punto de vista doctrinal será el Cercle Proudhom que aparece en 1911 de la mano de miembros de Action Française entre los que se cuenta a Georges Valois que luego sería fundador de Le Faisceau, la primera organización fascista que nació fuera de Italia, objeto de este estudio (1).

El fascismo francés nunca alcanzó el nivel de desarrollo que tuvo en otros países, pero sí demostró una inusitada riqueza doctrinal ausente en otras latitudes (como España en las que tuvo un papel histórico mucho mayor especialmente a partir del 18 de julio de 1936, pero su “calidad doctrinal” es mucho más baja). De ahí deriva su interés. El fascismo francés, a diferencia de otros fascismos, no se contaminó con el ejercicio del poder, fue un fascismo en estado puro en el que son fácilmente perceptibles sus distintas componentes. De ahí la importancia del movimiento de Georges Valois: no solamente fue el primero, sino que en su accionar se percibe un alto grado de dinamismo no condicionado tacticismos ni conveniencias que deformaron en buena medida otras experiencias fascistas (como la española, especialmente, pero también incluso la alemana o la italiana en las que los regímenes adaptaron sus principios a la realidad impuesta por las necesidades del gobierno).

El círculo Proudhon (I) La polémica

El profesor Sternhell (y no sólo él, sino también James Gregor en Young Mussolini and the Intellectual Origins of Italian Fascism, University of California, Berkeley 1979 y Robert Soucy en Le fascisme français, 1924–1933, PUF, Paris 1989) ha visto en el Círculo Proudhom un ejemplo de pre–fascismo que sería el eslabón de enlace entre la “derecha revolucionaria” francesa de finales del siglo XIX y el movimiento fascista propiamente dicho. El Círculo Proudhon está situado en uno de esos lugares privilegiados de la historia que permiten armar esta teoría de los eslabones intermedios. Para Sternhell, dicho círculo habría sido un laboratorio de ideas en el que fueron a confluir gentes procedentes de distintos horizontes: sindicalistas procedentes del anarquismo decepcionados por masas obreras volubles y sin suficiente conciencia de clase como para asumir que su destino era la destrucción del capitalismo, nacionalistas monárquicos procedentes de Action Française, socialistas influidos por corrientes utópicas pre–marxistas. La síntesis daría como resultado una forma de pre–fascismo que permitió posteriormente ya en los años 20–30 aludir a esta corriente histórica con la ecuación “Socialismo + Nacionalismo = Fascismo”, o, por utilizar palabras de Sternhell: la “síntesis socialista nacional”. 

Pero no todos están de acuerdo con este planteamiento que Sternhell analiza a lo largo de tres amplias obras de referencia. Uno de los opositores a esta tesis es Alain de Benoist quien en su ensayo Le Cercle Proudhon, entre Edouard Berth et Georges Valois (versión on line en http://www.alaindebenoist.com/pages/textes.php?cat=orientation&lang=fr) intenta desarbolarla, en nuestra opinión sin conseguirlo del todo, pero sembrando serias dudas sobre su solidez.

Empieza Benoist negando rigor al término “pre–fascismo”; para él la andadura del Círculo Proudhon es una anécdota, la experiencia personal de un grupo reducido de personas solamente una de las cuales pasará al fascismo, e incluso a un fascismo muy sui generis, Georges Valois. No se puede –para Benoist– elaborar a partir de una causa tan pequeña (la trayectoria de una sola persona), un eslabón extremadamente importante –como intentará Sternhell– que abarque tanto a Francia como a Italia y llegue hasta Mussolini.

Explica Benoist que los documentos del Círculo no influyeron decisivamente en ninguna de las corrientes del fascismo de la primera hora (véase a este respecto artículo en la Revista de Historia del Fascismo, nº III, titulado Orígenes del Fascismo, págs. 50–90). De estas corrientes, sólo una, la sindicalista revolucionaria, podía haber experimentado esta influencia, pero en lugar de formarse en función de elaboraciones intelectuales allende los Alpes, tuvo una concreción mucho más prosaica: el intervencionismo de los Filippo Corridoni, Amilcare De Ambris, Michele Bianchi, Angelo Oliviero Olivetti, Paolo Orano, Sergio Panunzio, Enrico Leone, Ottavio Dinale, Luigi Fontanelli, Tomaso Monicelli, etc. (Ver a este respecto artículo publicado en la RHF-III, titulado Fascismo uno y trino, págs. 47-99)

Benoist alude a la polisemia de términos como “socialismo” o “sindicalismo” y plantea la cuestión en relación a la “síntesis socialista nacional” de Sternhell: “Sería necesario saber lo que había en 1911 de “nacional” en Berth y Sorel y lo que había verdaderamente de “socialista” en Valois y sus amigos”. Y él mismo responde: “En ambos casos, la respuesta es poco”. El itinerario de Sorel y de Berth es el mismo (…) La experiencia de La Cité Française y del Círculo ha mostrando la gran apertura de espíritu de Georges Sorel, su independencia intelectual respecto a las nociones de derecha y de izquierda, cuya oposición le parecía no recubrir nada más que dicotomías secundarias o artificiales. Pero no basta ciertamente para hacer de él un hombre de derechas, un nacionalista y, aún menos, un “proto–fascista”. Más justa es la etiqueta de “revolucionario conservador” que le fue atribuida por Michael Freund”.

Las dos posiciones son claras: para Sternhell el Círculo Proudhon es “proto–fascista”, para Alain de Benoist está en la línea de los “revolucionarios conservadores” (cabría preguntar: ¿acaso los “revolucionarios conservadores” no eran otra forma de proto-fascismo?). Los puntos de referencia son distintos e, incluso, podíamos decir, parciales. Sternhell ha intentado explicar “todo” el fascismo a través de los movimientos de síntesis que aparecieron en Francia entre 1880 y 1914, algo que, en principio parece excesivo; pero Benoist hace otro tanto: buen conocedor de los movimientos político–culturales de los años 30 en el ámbito germano, lo que hace es atribuir al Círculo Proudhon una etiqueta cuya polisemia no es menos peligrosa: ¿qué es un “revolucionario conservador”? ¿Es Jünger? ¿Es Evola?, ambos muy diferentes entre sí pero que compartían idéntica etiqueta. Y, por otra parte, ¿la definición que hace, por ejemplo Armin Mohler de la “revolución conservadora” a quién se aplica? ¿al grupo de Jünger? ¿A los “nacionalistas revolucionarios”, a los “jóvenes conservadores”, a los “tradicionalistas revolucionarios” a lo Julius Evola? Y, para terminar, ¿acaso no es todo esto un sector político fronterizo pero anexo, en definitiva, a formas de fascismo que aparecieron en los años 20 y 30 que tenían como característica común una síntesis de patriotismo y nacionalismo con políticas sociales avanzadas y un extendido sentimiento antiburgués? Y si se admite esto último se admitirá también que las distintas interpretaciones sobre el origen del fascismo son meras trampas semánticas. Allí donde aparecen estos tres elementos (patriotismo, políticas sociales y espíritu antiburgués) allí aparecen formas más o menos definidas de fascismo que  serán fascismo propiamente dicho, pre–fascismo o neofascismo según el momento histórico en el que hayan aparecido: por pura convención, antes del Ventennio, en el Ventennio o después del Ventennio.

La tesis de Benoist tampoco parece excesivamente sólida cuando alude a Georges Sorel. En efecto, el teórico del sindicalismo revolucionario no fue un nacionalista en el sentido jacobino, es más, se opuso siempre a cualquier forma de jacobinismo, pero no así al patriotismo. Nuevamente la polisemia de los términos traiciona a los analistas: una cosa es el nacionalismo maurrasiano (basado en la tradición francesa), otra el nacionalismo jacobino (basado en el concepto del individuo como “enfant de la patrie”) y otra cosa el patriotismo (impulso natural basado en el instinto territorial modulado en forma de sentimiento de pertenencia a la tierra natal). Sorel estaba más cerca de este último y muy lejos del Internacionalismo marxista que fue uno de los motivos de su rechazo a esta ideología. Lo que separa a Sorel del fascismo es la importancia que éste atribuye al Estado (como recuerda Benoist)… pero es que si Sorel hubiera reverenciado al Estado no podría ser considerado como un precedente del fascismo, sino como un fascista pura y simplemente.

Por otra parte, los círculos de “síntesis” son proclives al mantenimiento de distintas posiciones y en absoluto se trata de organismo homogéneos. Edouard Berth, co–fundador del Círculo Proudhom no mantuvo las mismas posiciones que Valois y la prueba es que no tuvo arte ni parte en la fundación de Le Faisceau… pero, el propio Berth había escrito: “Fundando con Georges Valois el Círculo Proudhon, en el que proponíamos luchar contra la democracia desde el doble punto de vista nacional y sindical, había inventado casi un fascismo avant la lettre. Por otra parte, en Italia, el sindicalismo revolucionario soreliano sí participó en el nacimiento del fascismo (ver el artículo publicado en el nº III de la Revista de Historia del Fascismo).

El error tanto de Sternhell como de Benoist consiste en tomar al fascismo como un fenómeno monolítico, cuando en realidad sabemos que fue un fenómeno poliédrico en el que existió una “izquierda fascista”, una “derecha fascista” y un “centrismo fascista” en la medida en que al realizar una síntesis entre “lo nacional” y “lo social”, siempre existían componentes que priorizaran lo social, otras lo nacional y, finalmente, en algunas existiera un equilibrio entre las componentes. En este sentido, la política está viciada porque resulta evidente que en la constitución de la “izquierda fascista” (que fue una parte del fascismo, pero no la totalidad del mismo) el sindicalismo soreliano tuvo arte y parte y que una de sus expresiones en Francia fue precisamente el Círculo Proudhon, de lo que se deduce que en el interior de esta formación se ensayó, de manera confusa, por primera vez la síntesis entre “lo social” y “lo nacional”, el espíritu antiburgués estuvo presente y precisamente por todo esto puede ser considerado como uno de los primeros intentos de cristalizar una doctrina nueva              que si se reconoce en algún corpus ideológico a lo largo del siglo XX fue precisamente en la “izquierda fascista”.

El círculo Proudhon (II) ¿“Síntesis fascista”?

En 1913, Charles Maurrás escribía: “Los franceses que se han reunido para fundar el Círculo Proudhon son todos nacionalistas. El patrón que han elegido para su asamblea les ha hecho encontrar a otros franceses que no son nacionalistas, que no son realistas y que unen a ellos para participar en la vida del Círculo y en la redacción de los Cahiers. El grupo inicial comprende hombres de orígenes distintos, de condiciones diferentes, que no tienen en absoluto aspiraciones políticas comunes y que expondrán libremente sus puntos de vista en los Cahiers. Pero, republicanos federalistas, nacionalistas integrales y sindicalistas, habiendo resuelto el problema político o alejándolo de su pensamiento están todos igualmente apasionados por la organización de Ciudad francesa según principios tomados de la tradición francesa que reencuentran en la obra proudhoniana y en los movimientos sindicalistas contemporáneos…” (2). Con estas líneas el fundador de Action Française recuerda cinco elementos que deberemos retener:

1)   -Que el Cercle Proudhon nació en el entorno de Action Française.

2) -     Que una parte de sus miembros no eran monárquicos ni nacionalistas.

3)      Que esa parte procedía del sindicalismo y de círculos federalistas.

4)      Que existían entre todas las componentes un vínculo común: la tradición francesa tal como era recuperada por Proudhon.

5)      Que el Cercle Proudhon era un grupo de reflexión.

La fundación del círculo tuvo lugar el 17 de noviembre de 1911, cuando apenas hacía tres años que había aparecido el número y de la revista L’Action Française (21 de marzo de 1908) con la divisa de “Todo lo que es nacional es nuestro”. Los Camelots du Roi dominaban ampliamente el Barrio Latino de París y no tenían competidores en su terreno: la calle. Tampoco Maurras los tenía entre la intelectualidad francesa que en buena medida había asumido sus tesis o se situaba francamente en el entorno del movimiento. Si todo lo “nacional” era considerado como patrimonio de Action Française, también el sindicalismo revolucionario y el republicanismo federal podían ser considerados como tal. En aquella época, algunos incluso consideraban a Maurras y a su grupo como ajenos a la derecha e incluso las posiciones “sociales” que mantenían les valieron una desconfianza notoria por parte de ese sector político.

Es fácil entender por qué Maurras estaba interesado en promover un círculo de estas características y porqué consideraba que entraba dentro de la “tradición francesa”. En primer lugar, una de las instituciones de mayor arraigo en Francia, incluso en el siglo XX era el “compagnonnage”, hermandades obreras cuyo origen se remonta a la Edad Media y que desde entonces ya defendían los intereses “de clase” de sus afiliados. Organizados en gremios, se trata de organizaciones iniciáticas, verdaderos centros de formación profesional, pero también de perfeccionamiento moral de sus miembros (3). Se trataba –e incluso se trata hoy– de una de las instituciones más populares y con mayor arraigo de la Francia del siglo XIX. El “compagnonnage” había sido uno de los elementos que estuvieron presentes en la constitución del moderno sindicalismo francés, de ahí que Maurras viera en éste movimiento la quintaesencia de la “tradición francesa” y, por tanto, un sector con el que era posible entenderse.

Por otra parte, la alusión a los “republicanos federalistas” no es menos clara. La diferencia entre el nacionalismo maurrasiano y el nacionalismo jacobino residía precisamente en que para el primero Francia era la fusión de distintas regiones y, por tanto, la síntesis debía de aceptar la diversidad francesa y ser su reflejo, mientras que para el jacobinismo la unidad francesa equivalía a liquidar la autonomía de las partes constitutivas y, a fin de cuentas, no era más que el reflejo nivelador e igualitarista que consideraba a todos los ciudadanos como “hijos de la patria” y no como procedentes de las distintas regiones. Los “republicanos federalistas”, a diferencia de los “republicanos jacobinos”, salían en defensa de las características regionales y, por tanto, se situaban en el mismo campo que Action Française.

Así pues, para Maurras, el hecho de tender puentes hacia el sindicalismo y hacia el federalismo, no estaba desprovisto de sentido, sino que reflejaba las referencias doctrinales de Action Française. En su intento de ampliar su audiencia, el maurrasianismo y su “nacionalismo integral” se abría hacia aquellos sectores a los que se consideraban próximos.

El círculo Proudhon (III). Los rostros presentes

La decisión de constituir el círculo la había tomado unilateralmente Valois quien contactó con Maurras para pedir su autorización. Éste último se sentía mucho más próximo al corporativismo francés de René de La Tour du Pin (4) que a las ideas mucho más radicales de Valois y durante un tiempo le fue dando largas. Valois, por su parte, a la vista de las dilaciones intentó constituir un foro que agrupara a sindicalistas y nacionalistas en otros ambientes exteriores a Action Française. El propio Georges Sorel contactado por él, elaboró una declaración de principios para lo que debía ser La Cité Française (1910), una revista de síntesis nacionalista–sindicalista impulsada por Sorel que no llegó a ver la luz. Finalmente, Valois consiguió agrupar a los jóvenes atraídos por el contenido de Reflexiones sobre la Violencia que hasta ese momento militaban en Action Française y, junto con Henri Lagrange lograr que Maurras diera su brazo a torcer y autorizara la formación del Círculo Proudhon. En el primer número de la revista se incluyó una “declaración de intenciones” algunos e cuyos párrafos vale la pena reproducir:

Los fundadores –republicanos, federalistas, nacional integralistas y sindicalistas– han resuelto el problema político o lo han apartado de sus mentes, son todos entusiastas a favor de una organización de la sociedad Francesa de acuerdo a los principios tomados de la tradición francesa que se encuentran en los trabajos de Proudhon y en el movimiento contemporáneo sindicalista y están en completo acuerdo en los siguientes puntos: La democracia es el mayor error del pasado siglo. Si uno desea vida, si uno desea trabajo, si uno desea que en la vida social se pueda poseer la grandeza humana que garantiza la producción y la cultura, si uno desea preservar y aumentar la moral, intelectual y el capital de la civilización, es absolutamente necesario destruir todas las instituciones democráticas”. Podía decirse más alto pero no más claro…

La experiencia duraría hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial que trastocó todo el panorama intelectual de Francia. La mayoría de miembros de círculo fueron movilizados y el propio Valois sería herido en octubre de 1916 en el frente del Epinal (Lorena) tras haber sido ascendido a subteniente y demostrar un comportamiento heroico. Durante la convalecencia escribió sus meditaciones sobre la experiencia bélica: “El siglo pasado hizo de la revuelta una diosa: el legado que recibimos de los sacrificios, es la bondad de la obediencia, madre de la paz y de la justicia. Pero ya que se nos ha enseñado la revuelta, que esta enseñanza nos salve al menos de los falsos dioses. El dinero reina aún insolentemente en este país. Que nuestra revuelta libere al hombre de esta servidumbre, a fin de que el más hermoso reino que exista bajo los cielos pertenezca a las dos fuerzas que han salvado al mundo de la barbarie: el espíritu y la sangre. Tal es la tarea de nuestro siglo”. Son las palabras de alguien que desea que el traumatismo de la guerra haya servido para algo y que cree esperanzado que servirá para algo.

Junto a Valois figura otro nombre que siempre se cita parejo al suyo como coautor de la idea de constitución del Cercle Proudhon: Édouard Berth. Berth fue sin duda el más fiel y próximo discípulo francés de Georges Sorel, como antes lo había sido de Proudhon y era, ante todo, un sindicalista que consideraba que la clase obrera debería de ser el germen de la nueva sociedad por la que luchaba. La debilidad teórica del marxismo francés en aquella época había hecho que el antiguo “socialismo utópico” (Proudhom pertenecía a esta corriente, no lo olvidemos) no hubiera sido reemplazado por el “socialismo científico” sino por distintas corrientes que no siempre tenían los contornos nítidos (y que, por lo demás, permitieron a Sternhell elaborar su tesis). Una de ellas es el sindicalismo revolucionario al que se adscribía Berth.

Hasta 1909, Berth recorre los ambientes heterodoxos del socialismo francés: el grupo formado en torno a la revista Mouvement Socialiste, luego se unirá al reformismo de Alexandre Millerand (entonces recién expulsado de la SFIO) que terminó pareciéndole excesivamente moderado, para recalar finalmente en el entorno de Georges Sorel. A pesar de ser un hombre de izquierdas, solía insistir en los aspectos “éticos” y “heroicos” de los procesos revolucionarios e incluso era un gran admirador de la antigüedad clásica, lo que, unido a su rechazo absoluto a la democracia parlamentaria y a la burguesía, lo sitúa en una corriente muy próxima al futuro fascismo. Estos ideales terminó encontrándolos en el entorno de Action Française y eso le llevó a esa organización donde conoció a Valois. La andadura del Cercle Proudhon sería inconcebible sin él.

Tras el paréntesis bélico, experimentó una breve atracción por el bolchevismo que se disipó inmediatamente terminó la guerra civil y se pudo percibir el verdadero rostro de la URSS: burocratización, despotismo, incapacidad para salir del subdesarrollo, y lo que Berth llamaba “termitismo”, esto es, la despersonalización absoluta de las grandes masas y la subordinación de todo lo humano a los intereses de la producción y del Estado. En 1935, había completado el viaje de retorno al sindicalismo revolucionario que había abandonado en 1909; fallecería poco después en 1939 (5).

La idea que lleva a Berth al Cercle Proundhom es que Sorel y Maurras se complementan e incluso los compara a Apolo y Dionisos aprovechando la mitología griega puesta de actualidad por las obras de Nietzsche: “Action Française que, con Maurras, es una encarnación nueva del espíritu apolíneo, por su colusión con el sindicalismo que, con Sorel, representa el espíritu dionisíaco, va a poder alumbrar un nuevo gran siglo, uno de esos éxitos históricos que, tras ellos, dejan el mundo mucho tiempo tanto deslumbrado como fascinado” (6).

Valois aprendió pronto que los intentos de organizar estructuras fuera de Action Française eran prematuros y estaban abocados al fracaso, especialmente cuando lo que había detrás era una voluntad, una intención, pero en absoluto, medios ni banderín de enganche. Por lo demás, en esa época, Action Française estaba considerado como un movimiento de oposición, en absoluto como un movimiento ultra–conservador como lo sería más tarde y existía una tendencia “obrerista” con la que se podía tender la mano al sindicalismo nacido a la izquierda.

Junto a Valois y Berth aparece un tercer impulsor del proyecto: Henri Lagrange, militante de choque de Action Française que había sido detenido en numerosas ocasiones. En junio de 1911 intentó agredir y logró insultar al presidente de la República en Rouan lo que le costó seis meses de prisión. Dado que cumplió su estancia en la cárcel como preso común y no político, su suerte hizo que se recogieran declaraciones de intelectuales y artistas favorables a que se la aplicara un régimen más acorde con su delito. Cuando salió de su estancia en prisión era uno de los hombres más famosos de Francia y, desde luego, el ídolo de los estudiantes de Action Française cuya jefatura asumió. En 1913 será expulsado del partido a causa de su activismo desenfrenado. Morirá en octubre de 1915 en el frente del Marne. Aún hoy se discute quién atrajo a quién a su proyecto: si Valois a Lagrange o a la inversa. El primero reconoció que Lagrange intentaba crear desde hacía años un grupo de estudios económicos dentro de Action Française, él, Valois asumió esta idea y le dio un nombre vinculado a la figura de Proudhon.


GEORGES VALOIS Y EL FAISCEAU (1 DE 4)

GEORGES VALOIS Y EL FAISCEAU (2 DE 4)

GEORGES VALOIS Y EL FAISCEAU (3 DE 4)

GEORGES VALOIS Y EL FAISCEAU (4 DE 4)

GEORGES VALOIS Y EL FAISCEAU (Anexo)

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