Querido Diario:
Si vas en bicicleta y no
pedaleas, te caes. Si vas en bicicleta y el camino conduce al precipicio,
abandónalo o te despeñarás, probablemente acabas en el precipicio. Las cosas
son así y no de otra forma… para los ciclistas y para los Estados. La constitución es el asfalto
por el que discurre la vida de un pueblo. Si ese pueblo no pedalea, esto es, si
no pone de su parte en la realización de su destino histórico, deja de avanzar
primero y se cae después. Si esa constitución está mal planteada, conduce
inevitablemente al abismo. Todo esto viene a cuento de que no sé si es
más repugnante la corrupción instalada en Cataluña por el soberanismo, o el
hecho de que haya sido precisamente ahora, en medio del órdago independentista,
cuando el gobierno central ha decidido atacarlo… No sé que es más repugnante,
si una constitución que no funciona desde hace décadas o propuestas “reformistas”
de los partidos “emergentes” como esa del co-pago sanitario o las ideas del “cerebro
económico” de Ciudadanos. No sé que es más asqueroso si el liberalismo de toda
la vida o el neoliberalismo de los recién llegados. Ni sé porque debería volver
a votar a este o a aquel, con la nariz tapada, si son las urnas las que, en sí
mismas, ya despiden mal olor. La constitución es el problema (el camino hacia
ninguna parte) y el pueblo español asusta por su indiferencia, su apatía y su
maleabilidad. El pueblo español no “pedalea”: por eso cae. Quien sí va en Hamel es la clase
política: circula a toda velocidad por la vía que conduce al precipicio, tanto
la “vieja” como la “nueva banda de los cuatro”.
