Alguien me preguntará si no seré
yo un poco supersticioso por negarme a poner “13” y optar por el socorrido “12+1”.
Pues no, no lo soy. No tengo ni es ni ninguna otra superstición. Tengo por ahí
algún artículo sobre las supersticiones que os recomiendo leer (Supersticiones,
sectas y segunda religiosidad). En la vida es importante estar alerta y en
guardia. Para eso sirven las supersticiones: el judío hasidita que solamente
puede dar un cierto número de pasos el sabat no hace más que estar atento a sí
mismo, el soldado que cuida de no encender un tercer cigarrillo con la misma
cerilla vela para que el tirador que está al acecho no tenga tiempo de precisar
su puntería. Y yo, cada vez que aparece la cifra 13, o que son las 11:11, o que
tiro de la cadena del WC y miro a ver si la cagarruta se la han tragado las
cañerías, no estoy haciendo otra cosa que estar atento. Así nos damos cuenta de
que vivimos. Es una simple técnica tradicional: cómo cuidar de un bonsái, meditar ante un muro desnudo o estar en el
aquí y el ahora y no en el allá o acullá y en el antes o después. Estaba
corrigiendo la traducción de un libro sobre Gurdjieff y todo su sistema de
despertar se basa en algo tan simple como vivir el “aquí y el ahora”. De hecho,
el Buda decía que puede llegarse al despertar simplemente recordando quiénes somos
en cada momento. Parece fácil, pero no lo es tanto. Recuerdo un ejercicio
típico que proponía Gurdjieff a sus discípulos y que os propongo a vosotros: “Mirad
la manecilla de un reloj durante un minuto –en esta época de relojes digitales,
el Windows nos ofrece un reloj virtual de manecillas que para el caso es lo
mismo-; seguir la trayectoria de la manecilla del segundero, tratando
concentraros solamente en una idea: ‘me llamo perico de los palotes y estoy
aquí y ahora’. Al cabo de un rato percibiréis que decenas de pensamientos
aparecen en vuestro cerebro y empañan algo tan sencillo como ese minuto en que
recordáis quienes sois. Al final, es posible que quedéis agotados”. Intentadlo
y me lo contáis. ¿Qué por qué es importante recordar quienes somos? Recuerdo
otro texto, esta vez de Gustav
Meyrink, se encuentra en El Rostro Verde: “La llave que abre nuestra
naturaleza interior está oxidada desde el Diluvio, se llama Velar; Velar lo es
todo…”. Si os interesa Meyrink aquí encontraréis algunas notas sobre su biografía
y obra: Hubo
un hombre llamado Meyrink. Por eso, siempre coloco “12+1” y no “13”:
simplemente, estoy en vela.
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jueves, 17 de noviembre de 2016
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