Mostrando entradas con la etiqueta revuelta de cardenales. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta revuelta de cardenales. Mostrar todas las entradas

jueves, 17 de noviembre de 2016

Diario de un pobre Diablo (12+1)


Alguien me preguntará si no seré yo un poco supersticioso por negarme a poner “13” y optar por el socorrido “12+1”. Pues no, no lo soy. No tengo ni es ni ninguna otra superstición. Tengo por ahí algún artículo sobre las supersticiones que os recomiendo leer (Supersticiones, sectas y segunda religiosidad). En la vida es importante estar alerta y en guardia. Para eso sirven las supersticiones: el judío hasidita que solamente puede dar un cierto número de pasos el sabat no hace más que estar atento a sí mismo, el soldado que cuida de no encender un tercer cigarrillo con la misma cerilla vela para que el tirador que está al acecho no tenga tiempo de precisar su puntería. Y yo, cada vez que aparece la cifra 13, o que son las 11:11, o que tiro de la cadena del WC y miro a ver si la cagarruta se la han tragado las cañerías, no estoy haciendo otra cosa que estar atento. Así nos damos cuenta de que vivimos. Es una simple técnica tradicional: cómo cuidar de un bonsái,  meditar ante un muro desnudo o estar en el aquí y el ahora y no en el allá o acullá y en el antes o después. Estaba corrigiendo la traducción de un libro sobre Gurdjieff y todo su sistema de despertar se basa en algo tan simple como vivir el “aquí y el ahora”. De hecho, el Buda decía que puede llegarse al despertar simplemente recordando quiénes somos en cada momento. Parece fácil, pero no lo es tanto. Recuerdo un ejercicio típico que proponía Gurdjieff a sus discípulos y que os propongo a vosotros: “Mirad la manecilla de un reloj durante un minuto –en esta época de relojes digitales, el Windows nos ofrece un reloj virtual de manecillas que para el caso es lo mismo-; seguir la trayectoria de la manecilla del segundero, tratando concentraros solamente en una idea: ‘me llamo perico de los palotes y estoy aquí y ahora’. Al cabo de un rato percibiréis que decenas de pensamientos aparecen en vuestro cerebro y empañan algo tan sencillo como ese minuto en que recordáis quienes sois. Al final, es posible que quedéis agotados”. Intentadlo y me lo contáis. ¿Qué por qué es importante recordar quienes somos? Recuerdo otro texto, esta vez de Gustav Meyrink, se encuentra en El Rostro Verde: “La llave que abre nuestra naturaleza interior está oxidada desde el Diluvio, se llama Velar; Velar lo es todo…”. Si os interesa Meyrink aquí encontraréis algunas notas sobre su biografía y obra: Hubo un hombre llamado Meyrink. Por eso, siempre coloco “12+1” y no “13”: simplemente, estoy en vela.