Uno se levanta y se da cuenta de
que el tiempo ha cambiado. La temperatura ha caído, la lluvia cae y ráfagas de
viento la convierten en hiriente. Donde debería haber un azul radiante, todo
está gris, apagado y triste. Así veo a mi tierra hoy 30 de septiembre de 2015.
Es una realidad, pero también forma parte de una metáfora. Todos querríamos que
en nuestra tierra luciera el sol, pero España vive el otoño de su existencia.
Un otoño avanzado. Es cierto que la póliza de seguridad de la unidad de España
viene dada por su pertenencia a la Unión Europea… pero también es triste que
esta unidad dependa de una entidad internacional que, precisamente, es
responsable de la falta de soberanía que padecemos. Garantizar nuestra unidad a
cambio de renunciar a nuestra soberanía. Y de paso renunciar también a nuestro
bienestar, porque sería difícil no advertir que parte de los males de nuestra
economía derivan de no haber previsto a mediados de los años 80 de qué íbamos a
vivir. ¿La responsabilidad? Esencialmente de Felipe González, que negoció mal
la entrada de España en la UE. ¿Y ahora qué? Ahora, simplemente, no hay salida…
¿o alguien cree que la hay?
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miércoles, 30 de septiembre de 2015
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