A medida que pasan los días, los
medios de comunicación siguen acentuando la presión para que la masa acuda a
las urnas el próximo 26-J a votar por no importa quién. Dos elecciones en menos
de un año no son un récord: la República de Weimar tiene todavía el máximo de
elecciones generales: tres en un año así como una elección presidencial a dos
vueltas y elecciones en los “Estados Federados”… era 1932. El problema no es la fatiga
electoral sino la convicción de que estas elecciones no resolverán nada, no
mejorarán la situación de los ciudadanos, ni siquiera aliviarán un poco los
grandes problemas que el país tiene planteados.
La novedad no será que el PSOE se
deshinchará un poco más, sino que Podemos
ocupará el lugar a la izquierda de esa socialdemocracia marchita y
crepusculona. ¿Ciudadanos? Bah, Ciudadanos es el contenedor de los desengaños
al que van a parar los votos del rechazo generados en el centro-izquierda y en
el centro-derecha, un nuevo centrismo que es como el de hace cuarenta años.
Cambiar a Suárez por Rivera, a las americanas de la sección de hombres de El Corte Inglés por las de Dolce & Gabbana y el resto es más de
lo mismo: “ni izquierdas, ni derechas,
pactando con quien haga falta para servir a mis intereses”. Eso es el “centrismo”
con o sin el pleonasmo “neo”. ¿El PP? Conservará lo que tenga que pueda
conservar y, desde luego, seguirá siendo el partido mayoritario. Hará lo que ha
hecho en estos últimos cuatro años: aplicar las fórmulas recomendadas por la
Unión Europea.
