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jueves, 9 de junio de 2016

26-J: lo que podemos esperar. Ninguna satisfacción


A medida que pasan los días, los medios de comunicación siguen acentuando la presión para que la masa acuda a las urnas el próximo 26-J a votar por no importa quién. Dos elecciones en menos de un año no son un récord: la República de Weimar tiene todavía el máximo de elecciones generales: tres en un año así como una elección presidencial a dos vueltas y elecciones en los “Estados Federados”… era 1932. El problema no es la fatiga electoral sino la convicción de que estas elecciones no resolverán nada, no mejorarán la situación de los ciudadanos, ni siquiera aliviarán un poco los grandes problemas que el país tiene planteados.

La novedad no será que el PSOE se deshinchará un poco más, sino que Podemos ocupará el lugar a la izquierda de esa socialdemocracia marchita y crepusculona. ¿Ciudadanos? Bah, Ciudadanos es el contenedor de los desengaños al que van a parar los votos del rechazo generados en el centro-izquierda y en el centro-derecha, un nuevo centrismo que es como el de hace cuarenta años. Cambiar a Suárez por Rivera, a las americanas de la sección de hombres de El Corte Inglés por las de Dolce & Gabbana y el resto es más de lo mismo: “ni izquierdas, ni derechas, pactando con quien haga falta para servir a mis intereses”. Eso es el “centrismo” con o sin el pleonasmo “neo”. ¿El PP? Conservará lo que tenga que pueda conservar y, desde luego, seguirá siendo el partido mayoritario. Hará lo que ha hecho en estos últimos cuatro años: aplicar las fórmulas recomendadas por la Unión Europea.