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viernes, 16 de octubre de 2020

Acaba de aparecer: ANTHONY SUTTON, “EL COMPLOT DE LA RESERVA FEDERAL”

Resulta muy difícil explicar el por qué ninguna editorial ha abordado la traducción de las obras de Anthony Sutton al castellano. Sutton fue un economista británico, afincado en EEUU, profesor de economía en la prestigiosa universidad de California y becado por la Universidad de Stanford. A partir de los años 70 llamó la atención con sus análisis extraordinariamente lúcidos sobre la banca norteamericana y su influencia política y se configuró como uno de los principales arietes “anti-trilateralistas”, siendo represaliado por ello: el gobierno de Jimmy Carter presionó para que el Instituto Hoover lo desposeyera de su beca de investigación. A partir de entonces se dedicó a la empresa privada y siguió con sus investigaciones que le llevaron a escribir a principios del milenio su obra más divulgada: America’s Secret Stablishment – An Introduction to the Order Skull & Bones.

Su obra El complot de la Reserva Federal, escrita en 1995, es un ataque directo al poder de la banca en los EEUU, un sindicato de banqueros elitistas, que dicta la política monetaria por encima de la Casa Blanca y de cualquier otro poder. Sutton traza la historia de esta institución, producto de la presión de las dinastías financieras de los EEUU sobre el gobierno, desde el momento mismo de la independencia del país, pero que solamente logró un acta de reconocimiento durante la presidencia de Woodrow Wilson. El autor se centra particularmente en el proceso de aprobación de la Federal Reserve Act para demostrar que se hizo ilegal y fraudulentamente: sin embargo, todo aquel que ha osado denunciarlo en los últimos 100 años se ha visto condenado al ostracismo, marginado y hostigado.

Pero lo cierto es que sin conocer la naturaleza de la Reserva Federal resulta imposible entender las políticas de los EEUU. De ahí que, hoy más que nunca, sea preciso remontarse a los orígenes de esta institución privada, situada fuera de los márgenes de la democracia y que constituye una de las instancias del “Deep State” (el Estado Profundo) de EEUU.

Hemos considerado que, para completar el volumen sería interesante detallar cómo trabaja la Reserva Federal y, por extensión, otras instituciones similares, en el proceso de creación del dinero a partir de la deuda. Por increíble que parezca, las monedas actuales carecen de respaldo (la primacía del patrón-oro terminó en 1972) y la emisión continua de nuevo papel moneda, solamente tiene como respaldo… la deuda. La economía mundial es, por tanto, en la actualidad, el escenario de una carrera enloquecida entre inflación y deuda.

 

INTRODUCCIÓN

LA RESERVA FEDERAL: LA BANCA DE LOS BANCOS

Desde 1913, los medios de comunicación y los políticos se comportan ante el “Banco de la Reserva Federal” [a partir de ahora Fed, NdT] como si fuera una especie de semidiós tan inclasificable como intocable... parece que solamente los chiflados e, incluso, chiflados autorizados, estén dispuestos a criticar a la “Fed”. El sentido común dicta que cualquier ataque al Sistema de la Reserva Federal por parte de cualquier individuo está inevitablemente condenado al fracaso, y que una investigación parlamentaria sobre la Reserva Federal terminaría en un caos económico y en el colapso desastroso de la bolsa de valores.

Recientemente, el presidente Clinton nombró a Alan Blinder para uno de los siete puestos de la Junta de Gobernadores del Banco. Blinder se apresuró a lanzar una crítica a las acciones de la Reserva Federal alegando que las tasas de interés eran demasiado altas y diferían de la política establecida por el presidente Alan Greenspan.

El desafortunado Blinder fue debidamente marginado por la prensa del establishment y se le aconsejó que permaneciera al margen, dado que desde ese discurso inicial no cesó de reiterar que no puede haber diferencia entre el presidente Greenspan y la política económica de la Casa Blanca, se negó también a evitar cualquier explicación adicional, entonando un curioso mea culpa.

Existe un gran malentendido sobre la Fed. El presidente de los EEUU y el Congreso de representantes de la nación, prácticamente no tienen influencia –si es que tienen alguna– sobre su política. El Congreso entregó todo el poder monetario a la Fed en 1913. La Fed es un banco privado en manos de los bancos y paga dividendos sobre sus acciones, que son, en su totalidad, propiedad de los mismos bancos. La Fed es un banco de banqueros privados.

Sin embargo, la política de la Fed y no la del gobierno, constituye el factor dominante en el crecimiento económico. La Fed puede crear puestos de trabajo liberando crédito. El gobierno habla a menudo de crear puestos de trabajo, cuando, en realidad, sólo puede crear una burocracia que, en lugar de promover negocios, los restringe. El sector privado es quien crea empleos productivos, y ese mismo sector privado, para hacerlo, depende en gran medida de la política de la Fed.

El Congreso nunca ha investigado a la Fed, y es muy poco probable que lo haga en alguna ocasión. Nadie mira las cuentas de la Fed; no son objeto de la más mínima auditoría y no hay el más mínimo informe de su actividad que se publique. Nadie –y quiero decir, absolutamente nadie–, sobrevive criticando a la Fed.

¿Por qué tantos secretos y precauciones? Simplemente porque la Fed tiene el monopolio legal de la moneda que le fue atribuida en 1913 por el Congreso, mediante un procedimiento tan inconstitucional como fraudulento. Una gran mayoría de parlamentarios nunca ha tenido la más mínima idea del contenido de la Ley de la Reserva Federal, ratificada por el presidente Woodrow Wilson, responsable ante Wall Street.

La Reserva Federal tiene el poder de crear dinero. Creada a partir de cero, esta moneda es ficticia. Por lo tanto, puede ser dinero en forma de creación de préstamos a través de una línea de descuento, a través de la cual otros bancos prestan al tipo de interés descontado, o bien en billetes bancarios impresos por el Tesoro, vendidos a la Reserva Federal y pagados con fondos que ella misma ha creado.

En resumen, se trata de un grupo privado de banqueros que tiene el monopolio de la impresión de dinero. Este monopolio escapa a todo control y siempre tiene garantizados sus beneficios. Además, no tiene que responder a ninguna pregunta, ni tiene que presentar cuentas o declaraciones anuales completas.

Es un monopolio monetario sin límites, ni barreras.

El propósito de este libro es explicar cómo se estableció este monopolio del dinero. El Congreso y el público en general fueron obviamente engañados y solamente recibieron mentiras cuando los debates se centraron en el Banco de la Reserva Federal. ¿Por qué está durando tanto tiempo este monopolio? La explicación reside en el carácter perezoso de la población; mientras estén razonablemente felices con su pequeño universo individual, no hay razones para que se pregunten por las acciones y el proceder de la Fed. E incluso, si estados de ánimo momentáneos los puede llevar a planteárselo, son raros los libros que realmente sacan a la luz todos estos hechos. Los académicos tienen demasiado interés en proteger el monopolio de la Fed. Un libro producido por un académico que criticara a la Fed, simplemente “no encontraría editor”, y el economista que lo escribiera tendría todas las posibilidades de no conseguir nunca una cátedra universitaria, ni siquiera un nuevo empleo.

Este libro es el primero en detallar, punto por punto, los hechos que llevaron a la aprobación de la Ley de la Reserva Federal de 1913, así como las décadas de trabajo y los proyectos secretos que invirtieron los banqueros para obtener su monopolio del dinero.

Anthony Sutton

SUMARIO

EL AUTOR: Anthony Sutton, resumen de una vida

PRIMERA PARTE: EL COMPLOT DE LA RESERVA FEDERAL

Capítulo I. LA BANCA DE LOS BANCOS   

Capítulo II. THOMAS JEFFERSON Y LOS PODERES DEL DINERO    

     El primer monopolio de la banca privada       

     La Banca de Nueva York         

     El segundo banco de los EE.UU.         

     W. Wilson honrado por el trust del dinero    

Capítulo III. ANDREW JACKSON: EL ÚLTIMO DE LOS PRESIDENTES ANTIELITISTAS             

Capítulo IV. EL MANIFIESTO SOCIALISTA DE ROOSEVELT  

Capítulo V. KARL MARX Y SU MANIFIESTO          

     Karl Marx visto como un plagiario      

     Los mecenas de Marx

Capítulo VI. LINCOLN: EL ÚLTIMO PRESIDENTE QUE COMBATIÓ A LA BANCA      

Capítulo VII. LE TRUST DEL DINERO CREA LA “FED”          

Capítulo VIII. EL COMPLOT DE LA JEKYLL ISLAND              

Capítulo IX

EL TRUST DEL DINERO ESTAFA AL CONGRESO   

     Miércoles 17 de diciembre de 1913   

     Jueves, 18 de diciembre de 1913

     Viernes, 19 de diciembre de 1913      

     Sábado, 20 de diciembre de 1913      

     Domingo, 21 de diciembre de 1913   

     Lunes, 22 de diciembre de 1913         

Capítulo X. LA RESERVA FEDERAL HOY   

     La carrera del trilateralista Paul Volcker         

     La Reserva Federal monetiza la deuda externa           

SEGUNDA PARTE

LA GRAN ESTAFA: ASÍ SE CREA EL DINERO

1. ¿Qué es la moneda?

2. De la moneda real a la moneda imaginaria     

3. ¿De dónde sale el dinero que prestan los bancos?     

4. Una espiral con velocidad de fuga creciente  

5. La necesidad de un nuevo modelo económico             

6. Definir los ejes de una nueva economía          

7. Cambiar el sistema: abolir la servidumbre del interés

8.El trabajo en un nuevo concepto de desarrollo             

 

CARACTERÍSTICAS TÉCNICAS

Autor: Anthony Sutton

Editorial EMInves

Tamaño 20x13

Número de páginas: 200

Portada: cuatricromía plastificada

Impreso en papel blanco de 80 grs.

Precio de Venta al Público: 16,82 euros

Web de pedido: https://www.amazon.es/dp/B08L3XCDSP

Información: eminves@gmail.com


 

 

 

 

miércoles, 17 de octubre de 2018

365 QUEJÍOS (170) – MÁS ALLÁ DE LA UNIDAD NACIONAL


Julius Evola -doctrinario imprescindible-, escribió un libro de título extraño: El arco y la maza. En el contenido no aparece por lugar alguno, ni un arco, ni una maza. La perífrasis simbólica sugiere, en cambio, que con el arco se abaten objetivos lejanos, mientras que con un mazazo te cargas al que tienes delante. O dicho con otras palabras: hay que mirar lejos, pero no olvidarse de la proximidad (y viceversa). De hecho, en política, no puede actuarse sólo mediante regates en corto: hace falta prever ciclos prolongados. Colbert plantaba bosques de hayas para que en el siglo siguiente, Francia pudiera construir buques de guerra más grandes y sólidos que los de cualquier otra potencia. Hoy, la clase política actúa en función del día a día: precisamente, la subida del salario mínimo propuesta estos días por el gobierno es garantía de que las elecciones generales están a la vuelta de la esquina. Pero esta es otra historia. Me quejo, en realidad, de que mirar más allá de las necesidades actuales, no es comprendido por todos. Verán.

Parece evidente que, en estos momentos, España y la expresión organizada de su sociedad, el Estado Español, deben reconstruir su “unidad nacional”. ¿Por qué? Argumentos no faltan y puede realizarse perfectamente su anclaje en la historia, pero también en el pragmatismo: una unidad de 38 millones de españoles es más eficiente que diecisiete taifas o que una federación de microestados en centrifugación. ¿La prueba? Incluso en los EEUU, cuando hace diez años se produjo el huracán que asoló Nueva Orleans, ni las autoridades estatales, ni las locales, reaccionaron a tiempo. La crisis terminó cuando el Estado tomó cartas en el asunto. Diez años después, en Mallorca o diesiete años antes en las costas gallegas con la crisis del chapapote, la normalidad solamente se restableció con el envío, por parte del Estado, de unidades militares que en dos patadas resolvieron la situación. Los gobiernos autonómicos han tenido muy poco protagonismo y ni siquiera han sido capaces de movilizar voluntarios, que se pusieron en marcha, en ambos casos, por iniciativa propia. Y si los gobiernos autonómicos ni siquiera son capaces de afrontar instantes de crisis en sus autonomías ¿para qué diablos sirven aparte de para reventar presupuestos públicos?

Así pues, la lógica dice que, aquí y ahora, un Estado unitario es mas eficiente que las taifas autonómicas. Lo que debería bastar para desguazar el “Estado de las Autonomías”, primorosamente creado y que ha conducido directamente a crisis y más crisis, en el País Vasco y en Cataluña, cerradas siempre en falso. Negar que la “unidad nacional” fue un logro y que es irrenunciable, es algo que debería estar contenido en la carta constitucional, si la lógica y el sentido común hubiera existido alguna vez en la clase política democrática. Pero, en su lugar, lo que tuvimos fueron cambalacheos y actitudes de funambulistas que nos han traído hasta la situación actual.

Claro está que la “unidad nacional”, no ha sido siempre así: en 1492 era muy diferente que en 1714 y hoy, naturalmente, debería de tener otros contenidos. Entre 1492 y la Guerra de Sucesión, España no era “una”: existían “las Españas”. Para pasar del Reino de Valencia al Principado de Cataluña había que pagar peajes. Las instituciones y fueros de cada Reino y Principado eran diferentes a los de al lado. Y eso estaba bien… en el siglo XV, pero en el XVIII resultaba un arcaísmo. A medida que la Edad Media iba quedando atrás, la forma de organización propia de aquel ciclo histórico se iba convirtiendo en inadecuada para un mundo de cambiaba, lenta, pero inexorablemente.

Tiene gracia que, precisamente, el despegue de Cataluña como “polo industrial” no se produjera con las tan cacareadas “instituciones catalanas”, sino cuando estas fueron eliminadas por el Decreto de nueva Planta (que, por cierto, no prohibió el uso del catalán en la administración. La única vez que aparece en el decreto la cuestión idiomática fue en relación a la justicia que tenía que hacerse en castellano… antes se impartía en latín, no en catalán). Fue, precisamente, la “modernización” del Estado lo que llevó a la superación del concepto de “Españas”, instaurado por los Reyes Católicos y aceptado por los Austrias.



Y este es el problema: que la fórmula de “Estado Unitario”, ha sido la más adecuada para presidir un largo ciclo histórico que va desde el Tratado de Urech hasta la caída del Muro de Berlín. Este período de casi 300 años ha marcado el momento álgido de los Estados-Nación. Esos que toda la Europa identitaria apoya en estos momentos: el concepto que han revalidado los miembros del a AfD en las pasadas elecciones, o los nacional-demócratas nordicos, o el gobierno Salvini, o el ex Front National o Ressemblament National, o el UKIP, o los gobiernos húngaro y polaco, y tantos y tantos patriotas que alcanza las banderas de sus Estados Nacionales como enseñas de batalla contra la globalización, el cosmopolitismo, el mestizaje cultural, la inmigración masiva y la identidad nacional.

Sólo hay un problema. En 1989, con la caída del Muro de Berlín, se cerró definitivamente un período en la historia universal, la época de los Estados-Nación. No era algo nuevo. En el ya lejano 1931 la revista alemana Die Tat, extrayendo conclusiones de la crisis económica de 1929, ya ponía los puntos sobre las íes y afirmaba que la economía “expansiva”, identificada con el capitalismo inglés, era la responsable de la crisis y que era hora de generar una economía “intensiva”, no basada en la exportación, sino en la explotación de los recursos propios para los propios ciudadanos de una nación. Era una defensa de la “autarquía”, unido al reconocimiento también de que los Estados no tienen en su subsuelo ni recursos ni materias primas suficientes para afrontar todas las necesidades de la producción. 

Así pues, para ellos, autarquía era “economía de proximidad”, unido a intercambio de productos excedentarios por productos deficitarios en cada país. La idea era que, al final, existiera un equilibrio entre importaciones y exportaciones y que la balanza de pagos diera como resultado CERO. La tesis final de Die Tat era que la “autarquía” debía llevar a la colaboración entre las economías nacionales y a la creación de “bloques económicos”. Europa era uno de ellos. De ahí toda la retórica que acompañó durante la Segunda Guerra Mundial, sobre la construcción del Nuevo Orden Europeo. Porque, las propuestas de Die Tat fueron incorporadas al gobierno del Tercer Reich. Procedían de una reformulación de la teoría de Coudenhove-Kalergi sobre la reorganización del mundo en “cinco bloques”.



Estamos en 2017. Es bueno que se alcen banderas nacionales contra la globalización. De hecho, los Estados Nación constituyen barricadas contra el rodillo globalizador. Ahora bien, cuando el presupuesto del CERN o el del Airbus superan el presupuesto nacional de un Estado europeo de tamaño medio, parece evidente que el Estado Nación, en sus actuales circunstancias, no va a poder eternizarse, a menos que no sea como mito: existirá la bandera nacional, la administración del Estado, incluso el “orgullo nacional”… pero la nación no será independiente sino sometida al capricho de los capitales financieros, del capital especulativo mundial, de los fondos buitres y de los señores del dinero, tal como ocurre hoy, aquí y ahora.

Desde los años 20, cuando apareció el libro de Berdaiev Hacia una nueva Edad Media, existe la convicción de que nos aproximamos a una mutación histórica crítica, similar a la que tuvo lugar en el siglo XV en España con la unificación de las Coronas de Castilla y Aragón, similar a la que tuvo lugar en nuestro territorio en el siglo XVIII con el Decreto de Nueva Planta y con la configuración “unitaria” del Estado. La fórmula Estado Nacional puede ser una barricada, pero ya no es capaz ni de detener ni de abrir una ofensiva contra el rodillo globalizador. Es irrenunciable defender su integridad, afirmar y reforzar sus instituciones -esto es, el aparato del Estado-, cortar los brotes que pretendan hacer retroceder la historia hasta el siglo XV o incluso hasta la alta Edad Media…

Todo esto supone ir con la maza, atizando (simbólicamente, claro está) a objetivos cercanos: en la actualidad, cargando contra el independentismo.cat, sin duda la más troglodítica opción desintegradora. Pero esto no basta: es preciso mirar más lejos, allí hasta donde llega la flecha. Hace falta mirar más allá del Estado-Nación, porque puede ocurrir -de hecho está ocurriendo- que estemos orgullosos de nuestra bandera y de nuestra independencia y todo esto sirva solo para encubrir que España es un país dependiente al 100% de la economía globalizada y que lo que pueda votar el ciudadano mañana o pasado importa poco, porque las decisiones que nos afectan a todos, se toman en rascacielos lejanos en donde se sientan diosecillos de la economía, contentes y felices de que, mientras de ondean banderas nacionales, nadie parezca preocuparse de que el neoliberalismo devora, precisamente, todo lo que representa esa bandera.

¿Qué hay detrás del Estado-Nación? Respuesta: los bloques continentales. Y hace falta que España se defina si quiere estar en Europa o trabajar por una Comunidad Ibérica de Naciones que mire al otro lado del Océano. Eso sería utilizar el arco y las flechas: apuntar y adaptarse a un nuevo ciclo histórico