Querido Diario:
Ayer estuve de visitas familiares
en San José. Mi impresión es que los vínculos sociales y especialmente los
familiares están mucho más vivos aquí que en España. Esto dice mucho de este
país (Costa Rica). Una
sociedad solamente es viable si la familia está en la base y si la familia
cumple su función: esa función es, en primer lugar, educativa para las nuevas
generaciones; en segundo lugar “social” en el sentido de que debe estar claro
siempre el lugar que uno ocupa en la pirámide familiar. Sabrá así, quién
debe cuidarlo en caso de que quede impedido o a quién deberá cuidar cuando lo
necesite. En tercer lugar, la
familia genera un ambiente de estabilidad, comunicación, socialización.
“Ser de la familia”, formar parte de ella, implica adquirir un derecho y, a
pesar de ser un recién llegado, tener un espacio propio. Supongo que en todas
partes cuecen habas y que esta visión está íntimamente ligada a una experiencia
personal y por tanto, subjetiva. Pero lo que es objetivo es que la familia, o es eso o no es
nada. Ni “nuevos modelos familiares”, ni “familias monoparentales”, ni
“familias gays”, con todo el respeto que pueden merecer sus miembros, lograrán
ninguno de los objetivos de una familia tradicional. Digo “tradicional”, no
digo “familia burguesa”. Hay una zona en el poniente costarricense, la
Península de Nicoya considerada como una de las “Zonas Azules” del planeta (es
decir, un lugar en el que por algún motivo la longevidad es más prolongada). Es
una zona que da al pacífico. Pregunté a un familiar de por aquí, a qué se debía
la longevidad: tres causas, alimentación
natural, vida sin tensiones y estructura social familiar. Las tres se
echan cada vez más en falta en España.

