jueves, 23 de abril de 2026

LA POLÍTICA EXTERIOR DEL SANCHISMO O EL SUICIDIO ESPAÑOL A PLAZO FIJO (4 de 4) – “Migración circular” y “conflicto ucraniano”

7. La “migración circular” como iniciativa en política exterior

La “africanización” de nuestra política exterior, se está vendiendo como “pasos agigantados” para un “nuevo modelo migratorio” bautizado como “migración circular”, algo parecido a inventar la sopa de ajo en el siglo XXI. En la orwelliana guerra del lenguaje utilizada por el sanchismo, este nuevo invento consiste en un sistema de contratación que permite a trabajadores extranjeros viajar a España para trabajar en sectores específicos (como la agricultura o la hostelería) durante un periodo determinado y, una vez finalizado el contrato, regresar a su país de origen con la garantía de poder volver a ser contratados en la siguiente temporada… Por supuesto, este sistema es tan absurdo y engañoso como cualquier otra medida de Sánchez, pero justifica los acuerdos y los pactos suscritos en los dos últimos años con países africanos. El gobierno ha declarado que esta “migración circular” está diseñada para fomentar una migración “legal, segura y ordenada”…

Pero el problema es que resulta innecesario contratar en los países de origen a trabajadores para un país está próximo a los 4.500.000 de trabajadores reales en paro (aunque solo declare oficialmente 2.400.000…). En este terreno la “imaginería laboral” del Ministerio de Trabajo, ha rebasado las peores previsiones orwellianas: un parado es un parado, alguien que no trabaja, pero el ministerio, hoy, considera no-parados a los “fijos discontinuos inactivos” (900.000 personas), a los demandantes con "disposición limitada" (367.000 personas), a “Otros no ocupados” (casi 200.000 personas) calificadas como demandantes de empleo pero que el Ministerio no suma al dato de paro registrado a pesar de que no tienen un trabajo en ese momento: desempleados que siguen cursos de formación, estudiantes que buscan trabajo, etc.; y, finamente, 11.000 personas más procedentes de ERTEs. Y un contingente, posiblemente entre 800.000 y 1.000.000 de personas que, por algún motivo, reciben pensiones no contributivas y ni trabajan ni están inscritos en listas de paro, fundamentalmente inmigrantes en situación irregular. Sumado, todo esto, da una cifra que no puede ser mucho menor de los 4.500.000, número de parados reales.


En esta perspectiva resulta absolutamente innecesarios los pactos para generar “migración circular”, que no harán sino aumentar el número de ilegales. Desde el momento en el que un trabajador llegado de África logra insertarse en este programa en su país de origen, trabaja dos o tres meses (que es, como máximo, lo que dura una campaña agrícola), pero puede obtener permisos de residencia de ente 4 y 9 meses… tiempo suficiente como para entrar en contacto con otros africanos en paro que le comunican que el Estado los mantiene a ellos y a sus familias por tiempo indefinido, sin necesidad de trabajar ¿qué puede, pues, impulsar a ese beneficiario de la “migración circular” para regresar a su país de origen y volver al año siguiente? Obviamente, le resulta mucho más rentable no regresar y engrosar la cifra de ilegales en vías de regularización.

Por otra parte, si bien es cierto que falta mano de obra en España, no es menos cierto que falta mano de obra CUALIFICADA (especialmente en la construcción) y que el modelo de “migración circular no va a paliar: ni en África existe esa mano de obra que conozca los sistemas constructivos europeos, ni ese modelo migratorio les va a permitir adquirirla mediante cursos de formación profesional. En cuanto a la inmigración no cualificada, la única que puede encontrar trabajo en los campos, en España hay suficientes ilegales como para cubrir toda la demanda, así que importar más solamente supone agravar la cuestión migratoria.

Quizás en materia migratoria es donde la política Sánchez es más errática y suicida y no basta con interpretarla como “tierra quemada”. Él mismo, ha integrado sus medidas en materia de inmigración en el capítulo de “política internacional”: ya hemos visto sus reiteradas visitas a África, lo que ha dado y ofrece a cada país. El balance es netamente deficitario para nuestro país. La explicación oficial de tal política es que el gobierno quiere hacer de España el “socio estratégico” que lidere la influencia de la UE en África, combinando inversiones económicas con un modelo de migración legal y ordenada… pero, el problema es que Sánchez actúa por iniciativa propia, no por mandato de la UE, que lo considera un “maldito”, un disidente que juega un juego personal y propio que cada vez tiene menos que ver con la política central de la UE a la que sus medidas en materia migratoria están visiblemente perjudicando.

Y es entonces cuando llegamos a la “regularización masiva”. Inicialmente apoyada por el PP (que propuso “rebajar” la cifra de regularizaciones a 500.000 y que, luego, a la vista de la impopularidad de la medida, y del tirón de Vox, optó por desvincularse), finalmente iniciada en abril de 2026, como era de esperar, ha estimulado el “efecto llamada”, al anunciarse anticipadamente, has generado la llegada de inmigración procedente, no solo de África sino de inmigrantes en situación de ilegalidad en otros países de Europa, y que se realizará sin la más mínima garantía de veracidad de los documentos presentados y sin capacidad de verificación alguna.

En el momento de escribir estas líneas, ningún analista duda de que los “regularizados” rondarán entre los 750.000 y el millón, estimulando un nuevo “efecto llamada” que hará que en apenas unos meses nos encontremos con el mismo número de ilegales que en el momento actual. Y todo esto en un momento en el que la construcción de viviendas está a mínimos, los alquileres y los precios de la vivienda suben ¡como ocurre en una economía de mercado en donde hay más demanda de vivienda (400.000 inmigrantes al año) que no es cubierta por la oferta inmobiliaria.

Los gobiernos europeos, por otra parte, temen que esta regularización (que permitirá que los “legalizados” en España circulen por todo el ámbito de la UE) repercuta en sus propios países y esto genere una nueva oleada de votos hacia los partidos populistas, permanecen, entre temerosos y expectantes ante el desarrollo de la regularización.

Ahora bien ¿qué ha impulsado a Sánchez a esta medida absurda e impopular? No cabe decir solamente que busca una situación de “tierra quemada” (que su sucesor se vea desbordado, no esté en condiciones de afrontar la crisis y en unos años, el socialismo vuelva a gobernar el país), porque, otras medidas sugieren que Sánchez prepara lo más parecido a un “pucherazo electoral” (especialmente con la concesión de nacionalidad a ¡nietos de republicanos exiliados!).

La respuesta está en la foto de la reunión de Barcelona de la “internacional progresista”: Sánchez y el hijo de Soros, sugieren que el primero, en su afán de supervivencia, ha hecho suyas las tesis que ha defendido Soros en las últimas décadas. Y todos los gobiernos europeos han entendido perfectamente y desde hace años que Soros es un aventurero de la política, interesado en sus maniobras especulativas y en la defensa de sus “mitos progresistas” generados en su infancia de judío húngaro obsesionado por su origen étnico y deseoso de ANULAR cualquier sistema de identidad étnica o nacional que consideraba culpables de la discriminación de la que era objeto. Para ello era preciso anular la diferenciación racial y eso solamente podía hacerse mediante el mestizaje.

El delirio de Soros (avalado por los miles de millones entregados a su fundación Open Society) y coincidente -por otros motivos- con las políticas de la clase funcionarial de la ONU y de sus agencias (especialmente de la UNESCO), es el que ha hecho de la inmigración masiva un tema defendido por la “izquierda progresista mundial”. No es que a Sánchez le interese una verdadera mierda el plan de Soros, es que es uno de los pocos puntos de apoyos con los que cuenta en ese momento y Sánchez hará con Soros lo mismo que ha hecho con Marruecos, seguirle la corriente si eso le ayuda a permanecer unas semanas más en el poder.

Pero el resultado objetivo de todo esto es dramático para el futuro de España:

1) España está cada vez vas lejos del pelotón de cabeza de la UE (Francia y Alemania) que, en la práctica, están marginando y evitando a Sánchez por todos los medios (dar la mano y/o fotografiarse con un corrupto es un lastre de futuro). Sus choques con EEUU, su trilerismo en el tema de las negociaciones con la OTAN, su juego personal en detrimento de cualquier proyecto o política europea, le abocan a ese aislamiento.

2) España se está “africanizando” a marchas forzadas: en primer lugar, por la diferencial demográfica que hace que los africanos (magrabíes y negros) sean cada vez más y tengan cada vez más hijos y los españoles de origen seamos cada vez menos y con menos hijos. Medidas como la permisividad a la “inmigración masiva”, la “migración circular”, los acuerdos con países africanos apuntan en esa dirección.

8. La cuestión ucraniana en la política exterior española

Sánchez mantiene un apoyo verbal y material continuado a Ucrania, aparentemente alineado con los socios de la OTAN y la Unión Europea. Sánchez afirma creer en el “multilateralismo” apoyado por la UE, pero, una vez más, sus palabras desmienten los hechos. Alguien que rompe con los EEUU, abre de par en par las puertas a China y opta por Ucrania en guerra con Rusia, no está por el “multilateralismo”, sino que, no tiene una opción clara y diáfana en política exterior. O dicho de otra forma, cualquier iniciativa en política exterior de Sánchez sigue estando subordinada a sus intereses personales.

Creer en el “multilateralismo”, en principio, supondría aceptar que Rusia tiene derecho a asegurar su defensa nacional y la integridad de sus ciudadanos, especialmente de aquellos que fueron incluidos en Ucrania, pero que se sienten rusos y viven en territorios que SIEMPRE han sido rusos.

No olvidemos que el conflicto de Ucrania se inició por la “marcha hacia el Este” de la OTAN, iniciada durante el derrumbe de la URSS y que ha proseguido inexorable hasta la frontera ruso-ucraniana. La pretensión de la OTAN de incluir a Ucrania en su dispositivo, fue la causa, la única causa del inicio del conflicto: no ha existido, desde el derrumbe de la URSS ninguna aspiración rusa sobre Europa Oriental, ni mucho menos ahora.

Sin embargo, el hecho de que en Polonia, los países Bálticos, y los Países Nórdicos, exista en estos momentos una psicosis de guerra (que se intenta extender a Alemania) y se esté a la espera “de un momento a otro” de un ataque ruso, es una ficción que ha nacido de la necesidad de la UE, especialmente de Alemania, de encontrar una industria que sustituya a la del motor, que quedará prácticamente liquidada por la competencia china. Esa industria “de sustitución” es la industria armamentística. Pero los armamentos no se “consumen” si no se estimula el miedo a un conflicto bélico. Esa es la razón por las que en algunos países se vive una psicosis de guerra.

En lo que se refiere al conflicto ucraniano, prácticamente está liquidado desde las primeras semanas de guerra. Rusia tiene desde hace años lo que pretendía: el dominio sobre el Dombass y Crimea. No aspira a más, tiene en Siberia territorios inexplotados e interminables, provistos de riquezas minerales, así que no necesita de “sueños imperiales”, ni de peligrosas fantasías expansivas. Sin embargo, Zelensky se niega a dar por finalizado un conflicto en el que, antes o después, irremisiblemente, va a tener que aceptar pérdidas territoriales.

De momento este conflicto está despoblando Ucrania que ya ha perdido casi una cuarta parte de su población desparramada en países de Europa del Este. Los desertores del ejército ucraniano, los que se niegan a vestir uniforme y optan por ir a Europa, las familias que huyen de la guerra por encontrarse en zonas militares, los muertos en el conflicto (que organismos imparciales evalúan entre 500 y 600.000 personas, mientras que Zelenski solo reconoce 55.000, a lo que habrá que sumar entre 25 y 50.000 civiles) y los que se encuentran en regiones de mayoría rusa que nunca se han considerado ucranianos. Los 43 millones de habitantes que tenía el país en 2022 se han reducido a 33. La UE ha absorbido la mayoría de esa merma que se suma al 20% del territorio ocupado por los rusos. A esto se une la “catástrofe demográfica”: la natalidad se ha desplomado cayendo por debajo de un hijo por mujer. En 2025 y principios de 2026, se ha registrado una proporción de tres muertes por cada nacimiento.

El diagnóstico, por todo lo anterior, es fácil de establecer: Ucrania ha perdido en este conflicto, puede darse como “parte derrotada”. Sin embargo, Zelensky entendió muy pronto que la guerra le sirve para muñir a los países occidentales, especialmente a la UE. No hay que olvidar que, Ucrania arrastra una corrupción endémica que se ha centuplicado con la guerra y con el gobierno de Zelensky (que ha tenido que prescindir de varios colaboradores de su propio entorno, por esta causa). Como no podía ser de otra manera, Sánchez es una de las personas con las que Zelensky se siente más cómodo… y por ello ha viajado en cuatro ocasiones a España para entrevistarse con Sánchez.

España ha comprometido una cifra total de casi 4.000 millones de euros en apoyo militar bilateral desde el inicio del conflicto. El pasado 18 de marzo de 2026, durante la cuarta visita de Volodímir Zelenski a Madrid, Sánchez anunció un nuevo paquete de 1.000 millones de euros para este año. Una novedad clave de este acuerdo es el impulso a la coproducción y cofabricación de material bélico (drones, misiles y radares) trabajando "codo con codo" entre empresas españolas y ucranianas. Entre los paquetes más recientes de ayuda (finales de 2025 y principios de 2026) se incluyen sistemas de defensa antiaérea y antidrones, radares de exploración y vigilancia aérea, munición y equipamiento defensivo diverso valorado en unos 300 millones de euros. A lo que hay que sumar el apoyo total (financiero, humanitario y para refugiados) estimado en casi 17.000 millones de euros. También se han habilitado partidas específicas para acelerar la reconstrucción de infraestructuras críticas y desminado humanitario. Finalmente, en el capítulo de “acogida de refugiados”, España, a pesar de la lejanía, ha facilitado el estatus de protección temporal a 338.576 ucranianos, que han pasado a residir principalmente en Alicante, Barcelona, Madrid y Malaga.

Mientras que la asistencia a “refugiados” (en realidad, en muchos casos, a simples desertores que se niegan a cumplir su servicio militar) es la baza “humanitaria”, el resto de acuerdos tienen un trasfondo militar. Esta es la baza que esgrime Sánchez ante Trump y ante la propia OTAN asegurar que ha subido el “presupuesto de defensa”.

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Hasta aquí las líneas esenciales de la política exterior sanchista. A nadie se le escapa que se trata de una política internacional improvisada, sin garantía de continuidad, que, por eso mismo, va a continuar aumentando el descrédito y la irrelevancia de España en materia internacional, además de ser una auténtica sangría para la economía española que invierte de forma ingente más y más fondos que nadie sabe a ciencia cierta a dónde van realmente a parar y en qué se emplean. Una política que es, a fin de cuentas, contradictoria y elaborada para dar una excusa al CIS para elevar la intención de voto al PSOE.

Como hemos dicho desde el principio, no se busca le “interés nacional”, sino que es una política de baja cota, guiada por los “intereses personales” de Sánchez, Zapatero y de personajes nefastos y ya olvidados como José Bono, instalado definitivamente en su palacete de la Medina de Tánger, una zona privilegiada con vista al estrecho de Gibraltar y al puerto de la ciudad. Toda esta patulea de terminará cayendo antes o después… el problema es qué quedará de España y, dado el tema de este estudio, qué quedará de la política exterior española. Por que quien venga detrás deberá reconstruir partiendo prácticamente de cero esa política exterior.

Un gobierno digno de tal nombre, por cierto, consensua la política exterior con el principal partido de la oposición, para evitar giros bruscos que terminen restando credibilidad internacional. Y eso, precisamente, es lo que Sánchez no ha intentado como mínimo desde 2021.