7. La “migración circular” como iniciativa en
política exterior
La “africanización” de nuestra política exterior,
se está vendiendo como “pasos agigantados” para un “nuevo modelo migratorio”
bautizado como “migración circular”, algo parecido a inventar la sopa de
ajo en el siglo XXI. En la orwelliana guerra del lenguaje utilizada por el
sanchismo, este nuevo invento consiste en un sistema de contratación que
permite a trabajadores extranjeros viajar a España para trabajar en sectores
específicos (como la agricultura o la hostelería) durante un periodo
determinado y, una vez finalizado el contrato, regresar a su país de
origen con la garantía de poder volver a ser contratados en la siguiente
temporada… Por supuesto, este sistema es tan absurdo y engañoso como cualquier
otra medida de Sánchez, pero justifica los acuerdos y los pactos suscritos en
los dos últimos años con países africanos. El gobierno ha declarado que esta “migración
circular” está diseñada para fomentar una migración “legal, segura y ordenada”…
Pero el problema es que resulta innecesario
contratar en los países de origen a trabajadores para un país está próximo a
los 4.500.000 de trabajadores reales en paro (aunque solo declare
oficialmente 2.400.000…). En este terreno la “imaginería laboral” del Ministerio
de Trabajo, ha rebasado las peores previsiones orwellianas: un parado es un
parado, alguien que no trabaja, pero el ministerio, hoy, considera no-parados a
los “fijos discontinuos inactivos” (900.000 personas), a los demandantes con
"disposición limitada" (367.000 personas), a “Otros no ocupados”
(casi 200.000 personas) calificadas como demandantes de empleo pero que el
Ministerio no suma al dato de paro registrado a pesar de que no tienen un
trabajo en ese momento: desempleados que siguen cursos de formación, estudiantes
que buscan trabajo, etc.; y, finamente, 11.000 personas más procedentes de
ERTEs. Y un contingente, posiblemente entre 800.000 y 1.000.000 de personas
que, por algún motivo, reciben pensiones no contributivas y ni trabajan ni
están inscritos en listas de paro, fundamentalmente inmigrantes en situación irregular.
Sumado, todo esto, da una cifra que no puede ser mucho menor de los 4.500.000,
número de parados reales.
En esta perspectiva resulta absolutamente
innecesarios los pactos para generar “migración circular”, que no harán sino
aumentar el número de ilegales.
Desde el momento en el que un trabajador llegado de África logra insertarse en
este programa en su país de origen, trabaja dos o tres meses (que es, como
máximo, lo que dura una campaña agrícola), pero puede obtener permisos de
residencia de ente 4 y 9 meses… tiempo suficiente como para entrar en
contacto con otros africanos en paro que le comunican que el Estado los
mantiene a ellos y a sus familias por tiempo indefinido, sin necesidad de
trabajar ¿qué puede, pues, impulsar a ese beneficiario de la “migración
circular” para regresar a su país de origen y volver al año siguiente? Obviamente,
le resulta mucho más rentable no regresar y engrosar la cifra de ilegales en
vías de regularización.
Por otra parte, si bien es cierto que falta mano
de obra en España, no es menos cierto que falta mano de obra CUALIFICADA
(especialmente en la construcción) y que el modelo de “migración circular no va
a paliar: ni en África existe esa mano de obra que conozca los sistemas
constructivos europeos, ni ese modelo migratorio les va a permitir adquirirla
mediante cursos de formación profesional. En cuanto a la inmigración no cualificada, la única que puede encontrar
trabajo en los campos, en España hay suficientes ilegales como para cubrir toda
la demanda, así que importar más solamente supone agravar la cuestión
migratoria.
Quizás en materia migratoria es donde la política
Sánchez es más errática y suicida y no basta con interpretarla como “tierra
quemada”. Él mismo, ha integrado
sus medidas en materia de inmigración en el capítulo de “política internacional”:
ya hemos visto sus reiteradas visitas a África, lo que ha dado y ofrece a cada
país. El balance es netamente deficitario para nuestro país. La explicación
oficial de tal política es que el gobierno quiere hacer de España el “socio
estratégico” que lidere la influencia de la UE en África, combinando
inversiones económicas con un modelo de migración legal y ordenada… pero, el
problema es que Sánchez actúa por iniciativa propia, no por mandato de la UE,
que lo considera un “maldito”, un disidente que juega un juego personal y
propio que cada vez tiene menos que ver con la política central de la UE a la
que sus medidas en materia migratoria están visiblemente perjudicando.
Y es entonces cuando llegamos a la “regularización
masiva”. Inicialmente apoyada por el PP (que propuso “rebajar” la cifra de regularizaciones
a 500.000 y que, luego, a la vista de la impopularidad de la medida, y del
tirón de Vox, optó por desvincularse), finalmente iniciada en abril de 2026, como
era de esperar, ha estimulado el “efecto llamada”, al anunciarse
anticipadamente, has generado la llegada de inmigración procedente, no solo de
África sino de inmigrantes en situación de ilegalidad en otros países de
Europa, y que se realizará sin la más mínima garantía de veracidad de los
documentos presentados y sin capacidad de verificación alguna.
En el momento de escribir estas líneas, ningún
analista duda de que los “regularizados” rondarán entre los 750.000 y el
millón, estimulando un nuevo “efecto llamada” que hará que en apenas unos meses
nos encontremos con el mismo número de ilegales que en el momento actual. Y todo esto en un momento en el que la
construcción de viviendas está a mínimos, los alquileres y los precios de la
vivienda suben ¡como ocurre en una economía de mercado en donde hay más demanda
de vivienda (400.000 inmigrantes al año) que no es cubierta por la oferta
inmobiliaria.
Los gobiernos europeos, por otra parte, temen que
esta regularización (que permitirá que los “legalizados” en España circulen por
todo el ámbito de la UE) repercuta en sus propios países y esto genere una
nueva oleada de votos hacia los partidos populistas, permanecen, entre
temerosos y expectantes ante el desarrollo de la regularización.
Ahora bien ¿qué ha impulsado a Sánchez a esta
medida absurda e impopular? No
cabe decir solamente que busca una situación de “tierra quemada” (que su
sucesor se vea desbordado, no esté en condiciones de afrontar la crisis y en
unos años, el socialismo vuelva a gobernar el país), porque, otras medidas
sugieren que Sánchez prepara lo más parecido a un “pucherazo electoral”
(especialmente con la concesión de nacionalidad a ¡nietos de republicanos
exiliados!).
La respuesta está en la foto de la reunión de
Barcelona de la “internacional progresista”: Sánchez y el hijo de Soros, sugieren
que el primero, en su afán de supervivencia, ha hecho suyas las tesis que ha
defendido Soros en las últimas décadas. Y todos los gobiernos europeos han entendido perfectamente y desde hace
años que Soros es un aventurero de la política, interesado en sus maniobras
especulativas y en la defensa de sus “mitos progresistas” generados en su
infancia de judío húngaro obsesionado por su origen étnico y deseoso de ANULAR
cualquier sistema de identidad étnica o nacional que consideraba culpables de la
discriminación de la que era objeto. Para ello era preciso anular la
diferenciación racial y eso solamente podía hacerse mediante el mestizaje.
El delirio de Soros (avalado por los miles de millones entregados a
su fundación Open Society) y coincidente -por otros motivos- con las
políticas de la clase funcionarial de la ONU y de sus agencias (especialmente
de la UNESCO), es el que ha hecho de la inmigración masiva un tema defendido
por la “izquierda progresista mundial”. No es que a Sánchez le interese
una verdadera mierda el plan de Soros, es que es uno de los pocos puntos de
apoyos con los que cuenta en ese momento y Sánchez hará con Soros lo mismo que
ha hecho con Marruecos, seguirle la corriente si eso le ayuda a permanecer unas
semanas más en el poder.
Pero el resultado objetivo de todo esto es
dramático para el futuro de España:
1) España está cada vez vas lejos del pelotón de cabeza de la UE (Francia y Alemania) que, en la práctica, están marginando y evitando a Sánchez por todos los medios (dar la mano y/o fotografiarse con un corrupto es un lastre de futuro). Sus choques con EEUU, su trilerismo en el tema de las negociaciones con la OTAN, su juego personal en detrimento de cualquier proyecto o política europea, le abocan a ese aislamiento.
2) España se está “africanizando” a marchas forzadas: en primer lugar, por la diferencial demográfica que hace que los africanos (magrabíes y negros) sean cada vez más y tengan cada vez más hijos y los españoles de origen seamos cada vez menos y con menos hijos. Medidas como la permisividad a la “inmigración masiva”, la “migración circular”, los acuerdos con países africanos apuntan en esa dirección.
8. La cuestión ucraniana en la política exterior
española
Sánchez mantiene un apoyo verbal y material continuado
a Ucrania, aparentemente alineado con los socios de la OTAN y la Unión Europea.
Sánchez afirma creer en el “multilateralismo” apoyado por la UE, pero, una
vez más, sus palabras desmienten los hechos. Alguien que rompe con los EEUU, abre
de par en par las puertas a China y opta por Ucrania en guerra con Rusia, no
está por el “multilateralismo”, sino que, no tiene una opción clara y diáfana
en política exterior. O dicho de otra forma, cualquier iniciativa en
política exterior de Sánchez sigue estando subordinada a sus intereses
personales.
Creer en el “multilateralismo”, en principio,
supondría aceptar que Rusia tiene derecho a asegurar su defensa nacional y la
integridad de sus ciudadanos, especialmente de aquellos que fueron incluidos en
Ucrania, pero que se sienten rusos y viven en territorios que SIEMPRE han sido rusos.
No olvidemos que el conflicto de Ucrania se inició
por la “marcha hacia el Este” de la OTAN, iniciada durante el derrumbe de la
URSS y que ha proseguido inexorable hasta la frontera ruso-ucraniana. La
pretensión de la OTAN de incluir a Ucrania en su dispositivo, fue la causa, la
única causa del inicio del conflicto: no ha existido, desde el derrumbe de
la URSS ninguna aspiración rusa sobre Europa Oriental, ni mucho menos ahora.
Sin embargo, el hecho de que en Polonia, los
países Bálticos, y los Países Nórdicos, exista en estos momentos una psicosis
de guerra (que se intenta extender a Alemania) y se esté a la espera “de un
momento a otro” de un ataque ruso, es una ficción que ha nacido de la necesidad
de la UE, especialmente de Alemania, de encontrar una industria que sustituya a
la del motor, que quedará prácticamente liquidada por la competencia china. Esa
industria “de sustitución” es la industria armamentística. Pero los
armamentos no se “consumen” si no se estimula el miedo a un conflicto bélico.
Esa es la razón por las que en algunos países se vive una psicosis de guerra.
En lo que se refiere al conflicto ucraniano,
prácticamente está liquidado desde las primeras semanas de guerra. Rusia
tiene desde hace años lo que pretendía: el dominio sobre el Dombass y Crimea.
No aspira a más, tiene en Siberia territorios inexplotados e interminables,
provistos de riquezas minerales, así que no necesita de “sueños imperiales”, ni
de peligrosas fantasías expansivas. Sin embargo, Zelensky se niega a dar por
finalizado un conflicto en el que, antes o después, irremisiblemente, va a
tener que aceptar pérdidas territoriales.
De momento este conflicto está despoblando Ucrania
que ya ha perdido casi una cuarta parte de su población desparramada en países
de Europa del Este. Los desertores del ejército ucraniano, los que se niegan a vestir
uniforme y optan por ir a Europa, las familias que huyen de la guerra por
encontrarse en zonas militares, los muertos en el conflicto (que organismos
imparciales evalúan entre 500 y 600.000 personas, mientras que Zelenski solo
reconoce 55.000, a lo que habrá que sumar entre 25 y 50.000 civiles) y los que
se encuentran en regiones de mayoría rusa que nunca se han considerado ucranianos.
Los 43 millones de habitantes que tenía el país en 2022 se han reducido a 33.
La UE ha absorbido la mayoría de esa merma que se suma al 20% del territorio
ocupado por los rusos. A esto se une la “catástrofe demográfica”: la
natalidad se ha desplomado cayendo por debajo de un hijo por mujer. En
2025 y principios de 2026, se ha registrado una proporción de tres muertes
por cada nacimiento.
El diagnóstico, por todo lo anterior, es fácil de
establecer: Ucrania ha perdido en este conflicto, puede darse como “parte
derrotada”. Sin embargo, Zelensky entendió muy pronto que la guerra le sirve
para muñir a los países occidentales, especialmente a la UE. No hay que olvidar
que, Ucrania arrastra una corrupción endémica que se ha centuplicado con la
guerra y con el gobierno de Zelensky (que ha tenido que prescindir de
varios colaboradores de su propio entorno, por esta causa). Como no podía ser
de otra manera, Sánchez es una de las personas con las que Zelensky se
siente más cómodo… y por ello ha viajado en cuatro ocasiones a España para entrevistarse
con Sánchez.
España ha comprometido una cifra total de casi 4.000
millones de euros en apoyo militar bilateral desde el inicio del conflicto. El pasado 18 de marzo de 2026, durante la cuarta
visita de Volodímir Zelenski a Madrid, Sánchez anunció un nuevo paquete de 1.000
millones de euros para este año. Una novedad clave de este acuerdo es el
impulso a la coproducción y cofabricación de material bélico (drones, misiles y
radares) trabajando "codo con codo" entre empresas españolas y
ucranianas. Entre los paquetes más recientes de ayuda (finales de 2025 y
principios de 2026) se incluyen sistemas de defensa antiaérea y antidrones, radares
de exploración y vigilancia aérea, munición y equipamiento defensivo diverso
valorado en unos 300 millones de euros. A lo que hay que sumar el apoyo
total (financiero, humanitario y para refugiados) estimado en casi 17.000
millones de euros. También se han habilitado partidas específicas para
acelerar la reconstrucción de infraestructuras críticas y desminado humanitario.
Finalmente, en el capítulo de “acogida de refugiados”, España, a pesar de la
lejanía, ha facilitado el estatus de protección temporal a 338.576 ucranianos,
que han pasado a residir principalmente en Alicante, Barcelona, Madrid y Malaga.
Mientras que la asistencia a “refugiados” (en
realidad, en muchos casos, a simples desertores que se niegan a cumplir su
servicio militar) es la baza “humanitaria”, el resto de acuerdos tienen un
trasfondo militar. Esta es la baza que esgrime Sánchez ante Trump y ante la
propia OTAN asegurar que ha subido el “presupuesto de defensa”.
*
* *
Hasta aquí las líneas esenciales de la política
exterior sanchista. A nadie se le escapa que se trata de una política
internacional improvisada, sin garantía de continuidad, que, por eso mismo, va
a continuar aumentando el descrédito y la irrelevancia de España en materia
internacional, además de ser una auténtica sangría para la economía española que
invierte de forma ingente más y más fondos que nadie sabe a ciencia cierta a
dónde van realmente a parar y en qué se emplean. Una política que es, a fin
de cuentas, contradictoria y elaborada para dar una excusa al CIS para elevar
la intención de voto al PSOE.
Como hemos dicho desde el principio, no se busca
le “interés nacional”, sino que es una política de baja cota, guiada por los “intereses
personales” de Sánchez, Zapatero y de personajes nefastos y ya olvidados como
José Bono, instalado definitivamente en su palacete de la Medina de Tánger, una
zona privilegiada con vista al estrecho de Gibraltar y al puerto de la ciudad.
Toda esta patulea de terminará cayendo antes o después… el problema es qué
quedará de España y, dado el tema de este estudio, qué quedará de la política
exterior española. Por que quien venga detrás deberá reconstruir partiendo
prácticamente de cero esa política exterior.
Un gobierno digno de tal nombre, por cierto,
consensua la política exterior con el principal partido de la oposición, para
evitar giros bruscos que terminen restando credibilidad internacional. Y eso,
precisamente, es lo que Sánchez no ha intentado como mínimo desde 2021.












