lunes, 9 de febrero de 2026

ELECCIONES EN ARAGON, O “EXTREMADURA 2.0.”

Nada nuevo en los resultados de las elecciones aragonesas: justo lo que esperaban algunas encuestas (salvo en la del CIS, por supuesto) y, en el fondo, una reedición de lo ocurrido en Extremadura hace un mes y anticipo de lo que ocurrirá en Castilla-León y en Andalucía antes del verano. Ni una sola posibilidad de victoria para el pedrosanchismo, victorias pírricas para el PP y un formidable tirón para Vox que, posiblemente en algunas provincias andaluzas quede por delante del PSOE en la segunda posición como ha ocurrido en alguna capital aragonesa. El análisis puede ampliarse con algunas consideraciones más generales y poniendo la lupa en las pequeñas opciones. Veamos.

LAS CIFRAS DESNUDAS

El número de electores había sufrido leves modificaciones desde la consulta de 2023: El censo apenas hay 17.000 votantes más. Incluso el número de electores que han acudido a las urnas es muy similar con una ligera variación de 16.000 votantes menos. Los votos en blanco y nulos se mantienen, más o menos, en las mismas cotas. Sin embargo, los cambios de opinión del electorado han sido abismales.

La “victoria amarga” del PP, le ha supuesto un descenso tanto en porcentaje (un 5,5% de votos menos) como en número de votos: a pasado de 237.817 a 224.797, lo que supone una pérdida de 13.020 votos que, evidentemente, se han desplazado hacia Vox. Pero esto no basta para explicar el formidable crecimiento de Vox. En efecto, este partido ha pasado de 75.349 votos a 117.347, es decir, 42.002 votos más. Hay que pensar que la desaparición del Partido Aragonés Regionalista y la merma de votos de Teruel Existe, incluso votos procedentes de la extrema-izquierda y, sobre todo, nuevos votantes jóvenes, han engordado las alforjas electorales de Vox y constituyen lo esencial de los 29.000 votos más que, sumados a los perdidos por el PP, dan a esta formación su mejor resultado.

El hundimiento del PSOE es inapelable de 197.919 votos que obtuvo en 2023, ha perdido 38.553, quedándose en 159.366, lo que supone un 24,29% menos. Pero, salvo los votos que se han orientado hacia la Chunta Aragonesista y que explican porqué éste ha pasado de 34.163 votos a 63.876, ganando 29.713 votos, hay que pensar que el resto de votos socialistas perdidos, unos 11.200, han ido a parar a la derecha. Porque, desde luego, donde no han ido ha sido a la extrema izquierda.

En efecto, Podemos ha entrado en plena indigencia electoral obteniendo 16.923 votos, 10.000 menos que en 2023. Pero solo una pequeña cantidad de esos votos ha ido a parar a IU-Sumar, que se ha quedado con 19.290 votos y un diputado, 1.669 votos ganados. Así pues ¿dónde están los votos perdidos por la extrema-izquierda: seguramente en la Chunta.

En su conjunto, los resultados han confirmado el giro a la derecha del electorado aragonés y un debilitamiento notorio de la izquierda. Suponiendo, claro está, que la Chunta sea un partido “regionalista, socialdemócrata y nacionalista aragonés”, situado en el centro-izquierda para unos y en la izquierda para otros. El PP está 10 puntos porcentuales por delante del PSOE, mientras que Vox se encuentra apenas a 6 puntos por detrás del PSOE.

En número de diputados, la mayoría es cómoda para el bloque de derechas (26 PP y 14 Vox) y ampliamente desfavorable para el resto de opciones de izquierda y/o centro-izquierda. Con la salvedad, naturalmente, de una ¿improbable? coalición PP-PSOE.

EL PP, O LA ESTRATEGIA FALLIDA DE FEIJÓO

No quedan estrategas en el PP; eso es evidente y eso es, precisamente, lo que permite explicar los resultados de ayer. Son dos elementos que nos permiten constatar esa ausencia:

- A estas alturas, Feijóo no tiene claro cómo situar a su propio partido: no tiene claro si pactar con Vox o pactar con lo que quede del PSOE. Desde el principio de su gestión, Feijóo era favorable a pactar con el PSOE; luego añadió: “con un PSOE liberado del sanchismo”; y lo ha reiterado una y otra vez… mientras ha gobernado, allí donde ha podido, en regiones, junto a Vox. Hoy esto ya no está tan claro: Feijóo empieza a ser consciente de que, si pacta con los restos del PSOE, se arriesga a quedarse sin partido. Pero si no pacta, eterniza el “adversario situado a la derecha” y a corto o medio plazo, de nuevo, corre el riesgo de perder su espacio político. El problema es que el PP nunca ha tenido claro lo que es, ni dónde está: su persistencia en situarse en el “espacio de centro-derecha” le obliga a un discurso ambiguo, frentes al discurso mucho más claro de Vox que llega mucho más fácilmente al electorado de derechas y a un electorado trabajador.

- La serie de elecciones autonómicas encadenadas se inició, de forma autónoma y unilateral, por María Guardiola (un residuo del período Casado, sin vocación de partido, sin disciplina de partido, situada en el centro-centro y con algunas posiciones progresistas de centro-izquierda), obligó a Feijóo a anunciar una oleada de elecciones anticipadas en autonomías en las que esperaba una confirmación de las situaciones políticas (hegemonía en Andalucía y Castilla-La Mancha) y una mejora notable en Aragón y Extremadura. Pero en estas dos autonomías, el tiro le ha salido por la culata: el PP ha perdido poder autonómico en ambas, mientras que Vox se disparaba en los resultados finales. Y, si bien en Castilla-León, los resultados no van a ser muy diferentes, y allí tanto como en Andalucía, se arriesgan a aumentar su dependencia de Vox.

Así pues, en el momento actual y, si miramos a las fuerzas de derecha, podemos preguntarnos, no sólo si existe una estrategia del PP, sino si dispone de algún estratega con visión suficiente como para elaborar una línea política eficiente y realista. Vale la pena desengañarse: el PP es hoy un barco que viaja con el timón roto. En efecto, ni Feijóo tiene capacidad suficiente para liderar a la derecha, ni su equipo la calidad necesaria para realizar oposición eficiente, ni para gobernar en solitario el país.

Cuanto antes lo entiendan en Génova, antes evitarán fracasos posteriores. Y esto pasa por rectificar la línea política, abandonar posiciones “centristas” y el viejo mito de la transición de que “el poder pasa por el centro”. Eso fue cierto hace décadas, no hoy. Feijóo sigue creyendo en ese mito, convirtiendo a su partido en una máquina de perder votos.

Y ya es tarde, muy tarde, para evitar la existencia del “enemigo a la derecha”; de hecho, si tenemos en cuenta la trayectoria política de otros países europeos, la “extrema-derecha” tiene muchas más posibilidades de comerse al “centro-derecha”, que ocurra lo contrario. En el Reino Unido, el partido conservador registra cada día tránsitos hacia Reform-UK de Nigel Farage que, de convocarse hoy elecciones, sería el partido mayoritario; en Alemania, la CDU languidece ante el crecimiento de AfD; en Francia, lo que queda de centro-derecha se contra en cada consulta electoral en beneficio del RN de Marine -le Pen. Y ayer mismo, en Portugal, la confrontación para la presidencia del país, no estuvo entre los socialistas y el centro-derecha, sino entre socialistas y el equivalente a Vox, Chega. Este proceso nos parece inexorable en España en uno o dos ciclos electorales.

EL PSOE O CÓMO SACRIFICARLO TODO A LA PRESENCIA DE SNCHEZ EN MONCLOA HASTA 2027

En las elecciones extremeñas, el candidato socialista estaba marcado por la corrupción y el nepotismo. El resultado estaba cantado. Además, era un tipo no muy listo, con aspecto de Frankenstein de carnaval, seguramente el candidato más “seguro” para Sánchez, pero también el más desaconsejable para obtener un buen resultado. Y, en Aragón, se ha vuelto a repetir el mismo error. La candidata, la “niña del parador”, estaba identificada al 100% con el pedrosanchismo, era su rosto público, su portavoz. Era una mujer marcada por su implicación con una administración corrupta y cleptomaníaca.

Sánchez juzgó que, “la niña del parador” podía ser sacrificada. La estrategia improvisada por Sánchez consiste en sembrar alarma con la leyenda de “que viene el lobo”. El “lobo” sería Vox, el “fascismo”, la “ultraderecha”, “los herederos del franquismo”, “los aliados de los tecno-oligarcas”

Tienen cierta razón los diputados del PP que opinan que Sánchez ha hecho todo lo posible para crear condiciones favorables para la campaña electoral de Vox (¿cómo interpretar el anuncio de la “regularización masiva” en plena campaña electoral?). Sánchez prefiere una derecha dividida a la que pueda tachar de “extrema-derecha” o de “rehén de la extrema-derecha” y utilizar también este tema en su negociación con sus “aliados”: “mejor con nosotros que con la extrema-derecha”…

Sacrificada Pilar Alegría y conocidos los resultados, el problema para el PSOE es que en 14 meses tendrán lugar las elecciones municipales y las poltronas de muchos alcaldes y concejales socialistas están en el aire y, de repetirse los resultados de ayer, la pérdida de poder municipal sería de entre un 30 y un 40%. Parece muy difícil que la estructura regional del PSOE, siga estando dirigida en las próximas semanas por “la niña del parador”. El PSOE no va a sobrevivir colocando a ministras y ministrillas al frente de sus candidaturas regionales. Dentro de poco le toca a la ministra de la “subida de los 100 impuestos” sacrificarse en Andalucía, sin contar con que, en Valencia, Diana Morant, no logra recuperar terreno para el socialismo y vuelve a repetirse el escenario que da a Vox un crecimiento impresionante y acelerado

A diferencia del PP que carece de estrategia, en el sanchismo su estrategia de resistencia está fracasando y ahora solo le queda seguir realizando concesiones y más concesiones a sus aliados para llegar a 2027.

VOX: NO TENER PRISA, SABER ESPERAR EL PASO DE CADÁVERES ANTE LA PROPIA VIVIENDA

El resultado de Vox es inapelable: ha doblado diputados. El PSOE ya siente su aliento en las orejas. En algunas ciudades (Teruel, Huesca, en ciudades con alta tasa de inmigración) ya ha quedado en segundo lugar. En otras, los tres partidos mayoritarios están separados por unas pocas decenas de votos. En un 20% de municipios, Vox ya es el segundo partido por delante del PSOE. Y esto es solo el principio. Los socialistas empiezan a no ser el “principal partido de oposición”.

El éxito de Vox ha consistido en hablar claro al electorado: ¿Mercosur? “No, rotundo”, ¿Inmigración? “Remigración y Reconquista”, ¿Delincuencia y seguridad? “Máxima dureza”, ¿Economía? “Menos impuestos y menor gasto público”, ¿Corrupción? “Lucha sin perdón”… Es el lenguaje que entiende el electorado: sin dudas, sin vacilaciones, sin ambigüedades, ni medias tintas. Y lo que es mejor: sus diputados hacen lo que dicen, a diferencia de los diputados peperos cuyos lenguajes en el parlamento europeo y en los parlamentos regionales son radicalmente diferentes. Hoy, Vox es la coherencia y el sentido común.

Como en todos los partidos, también hay luces y sombras: un mes después de las elecciones extremeñas, no hay gobierno en aquella comunidad. ¿Cómo puede reaccionar el electorado en caso de convocatoria de nuevas elecciones? Este es el fondo de la cuestión:

- o Vox opta por insertarse en los gobiernos regionales en posición “digna” y con una representación acorde con sus exigencias,

- o Vox realiza un “apoyo crítico” a gobiernos del PP, desde fuera y sin comprometerse, apoyando unas decisiones y bloqueando otras.

- o bien, Vox fuerza nuevas elecciones regionales en un intento de desgaste del bipartidismo.

De las tres opciones, la que parece más recomendable para Vox es la segunda. Pero eso implica tiempo y paciencia. ¿Están los cuadros de Vox preparados para estar alejados de la gestión de estas comunidades? Esta es, en cualquier caso, la estrategia más segura: esperar que el electorado reaccione con ira ante los errores de gestión, las corruptelas, las soluciones que jamás se adoptan, los retrasos y los problemas del día a día que encontrará el PP y que lo convertirán en el PSOE 2.0. en el imaginario del electorado.

Hay otro factor a considerar: Vox es un partido dirigido desde la calle Bambú 12. Por su parte, el PP, al igual que el PSOE, está dividido entre varios centros de poder regional y local. La pregunta que procede ahora para el electorado de derechas es: ¿por qué no pactan de una vez Feijóo y Abascal una estrategia común para desalojar al sanchismo de una vez por todas?

La pregunta es pertinente, pero sólo a condición de que Feijóo se aclare definitivamente y renuncie a sus veleidades centristas o a su concepción del bipartidismo. Parece evidente que candidaturas unitarias en algunas supondrían para el PSOE la pérdida de entre 10 y 15 diputados.

Vox tiene también reservas justificadas a un pacto de Estado con el PP: Abascal no confía en que el partido de Feijóo esté libre de residuos de corrupción o esté dispuesto a romper con el PSOE y con la socialdemocracia en el Parlamento Europeo.

Pero esta segunda victoria en cadena de Vox, le abre el camino a mejorar sus resultados -que, sin duda, mejorará en Castilla-León y en Andalucía.

LOS PEQUEÑOS PARTIDOS

Podemos ha desaparecido por completo del escenario político aragonés. Los excesos verbales de Belarra y Montero no se han traducido en votos: ha ocurrido, justo lo contrario, han demostrado a las claras que Podemos estaba conducido por un grupo de “loquitas” de pocas luces. IU-Sumar han conseguido, mal que bien, conservar un diputado testimonial, sin ningún peso. La Chunta Aragonesista ha duplicado escaños, mientras que otras opciones localistas (Partido Aragonés Regionalista y Teruel Existe) salían muy mermadas.

En otras circunstancias, estos resultados serían importantes para obtener mayoría, pero con un claro dominio de la derecha, no tendrán ninguna influencia. Los resultados a la izquierda demuestran que la “extrema-izquierda” no se recupera, ni se recuperará nunca (es el precio a habar apostado por la marginalidad, okupas, LGTBIQ+, “Welcome inmigración”, etc); está en situación irreversiblemente terminal.

Pero lo que si debemos tener presente en este sector político es la “regionalización del voto”. En efecto, los votos perdidos por el PSOE no van a Sumar, ni a Podemos, sino a opciones regionales que, cada vez más, tras el fracaso de Sumar, no piensan nada más que en articular políticas regionales y en no comprometerse en nuevos experimentos nacionales (como el predicado en estos momentos por Rufián).

Luego está Alvise Pérez y su “Se Acabó La Fiesta” que logró obtener un 2% y quedarse a unos 1.000 votos del diputado… Pero su premio de consolación es que ha obtenido tres veces más que Podemos. SALF es una nueva “anomalía” en la política española sin más interés. Resta votos antisistémicos que, en justicia, deberían de haber ido a parar a Vox y que le hubieran proporcionado entre uno y dos diputados más. Este primer fracaso autonómico, supondrá el eclipse definitivo de esta opción. SALF es una opción mucho más personal que política. Como antes vimos las de Gil y Gil, Ruiz Mateos o Mario Conde. Una anécdota en la historia política de la democracia española.

CONCLUSIÓN

¿Quién ha vencido? Sin duda alguna, Vox y, en menor medida, la Chunta. Para el PP, la victoria ha sido amarga (pérdida de votos y de diputados) y para el PSOE trágica.

En los próximos días veremos cómo queda el PSOE aragonés: los antiguos partidarios de Lambán parecen reorganizarse y, desde luego, no van a perdonar a Sánchez, ni a su títere impuesto en la región, la “niña del parador”, el resultado. La proximidad de las elecciones municipales, si bien no hace presagiar una “noche de los cuchillos largos” dentro del PSOE, no es, desde luego, el mejor augurio para esta sigla que se ha convertido en una máquina de cosechar derrotas, desde que Sánchez alcanzó la secretaría general.

A Sánchez, obviamente, esta derrota no le supone ninguna alteración esencial. Buscará camuflarla con alguna excusa. Pero es la segunda gran derrota en este ciclo electoral que comenzó en Aragón y que ha sembrado de desmoralización y amargura a los últimos mohicanos del PSOE. Todos, dentro del partido saben que el responsable único de estas derrotas y del negro futuro de la sigla, en franca pérdida de poder territorial desde las anteriores elecciones autonómicas y municipales, tiene un nombre: Pedro Sánchez. Pero saben también que éste maneja de manera dictatorial la estructura del partido. Y tienen miedo. El tiempo dirá si el miedo a Sánchez es mayor o menor que el miedo a perder la poltrona.

Parece obvio, también que, tras la derrota aragonesa, sigue a la extremeña, a Sánchez le va a ser muy difícil y casi imposible sobrevivir como líder del PSOE si se producen -como todo induce a pensar que se van a producir- nuevas derrotas en Castilla-León y en Andalucía. Que estas derrotas están cantadas, parece claro, la única duda es si serán superiores o inferiores a los de las elecciones aragonesas (que, en el fondo, no han sido más que una reválida de las extremeñas).

El principal riesgo que va a afrontar Sánchez, no es su permanencia en la Moncloa, que parece asegurado mientras acepte los chantajes de sus aliados, sino dentro de su propio partido. El caos que se avecina con la “regularización masiva”, va a encrespar todavía más los ánimos en el interior del partido. Y el ver que la estrategia de criminalización de la derecha alegando el ficticio “fascismo” o “extremismo” de Vox, ya no funciona, da que pensar sobre la única intención de Sánchez al mantener esa línea: es la política de “tierra quemada”, el “después de mí el diluvio”, el dejar el poder teniendo la garantía de que el que venga detrás se encuentre con una situación caótica e imposible de manejar