Querido Diario:
Estos últimos meses he estado
leyendo bastante documentación sobre la Segunda República. Algunas cosas me han resultado curiosas. En
primer lugar la persistencia con la que aparecen en puestos dirigentes de todos
los partidos desde el centro-izquierda hasta la extrema-derecha, nombres de la
nobleza española. Parece como si hasta 1936 la nobleza hubiera seguido
manteniendo en pie esa voluntad de constituir “por derecho de sangre” la parte
dirigente de la nación. Parece lógico que la nobleza española estuviera
comprometida con partidos de las dos ramas monárquicas (carlistas y
alfonsinos), pero también estaban presentes en Acción Popular, en el Partido
Nacionalista, en Acción Española, e incluso en Falange o en las más ariscas
JONS (el Conde de Motrico). La nobleza asumía una responsabilidad dirigente que
derivaba de su antiguo “derecho de sangre”. Los últimos residuos de todo esto
los recuerdo haber conocido en Fuerza Nueva. En el entorno madrileño de Blas
Piñar especialmente entre 1977 y 1980 (esto es, entre después de las elecciones
de junio del 77 y el asesinato de Yolanda por unos incontrolados del partido en
la primavera del 80) todavía figuraron algunos miembros de la nobleza… pero con
dos características: la mayoría eran mujeres con títulos de nobleza que
mantenían amistad especialmente con doña Carmen Gutiérrez de Piñar, esposa del
jefe de Fuerza Nueva, o bien aristócratas galdosianos que figuraban a título de
excepciones, algo excéntricas. Luego desaparecieron por completo y ya nunca
más, ni en la extrema-derecha, ni siquiera en grupos dinásticos, volvieron a
ocupar cargos de responsabilidad, ni siquiera a impulsar iniciativas, financiándolas,
inspirándolas o patrocinándolas. ¿A qué viene todo esto? A que la nobleza
parece haber renunciado a su tarea de dirección y liderazgo de la sociedad. La
aristocracia o es lo que su etimología reivindica (del griego ἀριστοκρατία, de ἄριστος aristos excelente,
y κράτος, kratos, poder)
o no es nada. Hoy la aristocracia se ha resignado a la prensa del colorín. Triste
destino para un estamento al que le queda poco “aristos” y menos “krator”. ¡Qué tiempos aquellos en los que los campesinos de la Vandea francesa obligaban a los aristócratas a ponerse al frente de las tropas contra los profesionales de la guillotina! ¡Y qué tiempos aquellos en los que los aristócratas españoles eran los primeros en oír la llamada de la Patria!
