En su momento, cuando Aznar llegó al poder en
1996 ya dijimos que, aparentemente, su único mérito consistió en oponerse a
Felipe González y en ser objeto de un atentado por parte de ETA. Por lo demás,
de él lo único que sabíamos es que había sido jefe de la sección de Institutos
y Enseñanza Media del Frente de Estudiantes Sindicalistas durante unos años en
la transición, aquella formación falangista disidente del Movimiento
franquista, joseantoniana ortodoxa y católica. Sin embargo,
sorprendentemente, tras aquel vacilante comienzo en el que empezó recibiendo el
calor de un público devoto concentrado ante las puertas de Génova, gritando
aquello de “Pujol enano, habla castellano”, a la vista de que su mayoría
parlamentaria era relativa fue él quien declaró, contra todo pronóstico y
contra la lógica más elemental que, él, Aznar “hablaba catalán en familia”.
Luego supimos que las lenguas no se le daban muy bien y que, difícilmente hubiera
trenzado amistad con el malaje de Bush de no ser porque este chapurreaba
castellano mejor de lo que Aznar destrozaba la lengua de Shakespeare. Pero el
episodio del “catalán en familia” y de su polémica con Bush sobre quién corría
más en menos tiempo, Aznar ya había quedado suficientemente catalogado.
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miércoles, 29 de mayo de 2013
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