Lo gay, como cualquier otra
opción sexual, es aceptable en tanto que manifestación de lo humano. Ciertamente,
cabría analizar el porqué hoy hay más gays que en épocas anteriores (a ver si
resulta que será por culpa del pollo como decía Evo Morales). Y, por supuesto,
habría que distinguir a la homosexualidad como opción, de la predicación de la
homosexualidad, de las manifestaciones grotescas el “orgullo gay” y, por
supuesto, de la existencia de lobbys gays. Estos últimos con los que Zatzinger
acusa de haber intentado influir en su pontificado.
En sus memorias, que van a ser publicadas
en breve y a las que el diario italiano Il
Corriere della Sera ha tenido acceso, Ratzinger afirma que nadie le presionó
para que renunciara a su cargo. Lo cual supone, en primer lugar, que su
dimisión se debió al hartazgo generado por la situación de la Iglesia y la
imposibilidad manifiesta de enderezarla. Supone, igualmente, el reconocimiento
de “falta de fe” en la tarea de la Iglesia y en su misión histórica, en su
eternidad y perennidad.
