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miércoles, 12 de noviembre de 2025

QUINCE MARTILLAZOS PARA ENTENDER LAS DIMENSIONES DE LA CRISIS LINGÜÍSTICA CATALANA (2 DE 2)

A partir de aquí, lo que voy a decir, lo he repetido en varias ocasiones:

1) Contra lo que se proclama desde las poltronas de la gencat, hoy se habla mucho menos catalán que durante el franquismo. En la zona de la que soy originario, el Garraf, la única lengua que resuena en mis recuerdos de infancia, era el catalán y el único aroma, el “pá amb tomaquet i pernil”. Hoy Cataluña huele a MacPerro, kebab y baguete industrial comprada caliente y reseca al llegar a casa.

2) Lo anterior implica que las políticas de la gencat han sido en materia lingüística un fracaso absoluto por mucha estadística casuista que se aporte: que casi todos los catalanes “entienden” el catalán, equivale a decir que las diferencias lingüísticas no son tales, sino que el catalán es una lengua hispano-romance como lo es el castellano, algo muy diferentes del euskera que es otra lengua que corresponde a otro ADN.

3) El uso de la lengua catalana está desigualmente distribuido y si se ignora esto, es imposible elaborar una justa política lingüística: hay zonas como la Montanya catalana en las que la lengua mayoritaria es el catalán y otras como el cinturón industrial de Barcelona en el que hoy el catalán es ya el tercer idioma por detrás del castellano y del árabe.

4) Frecuentemente, el nacionalismo sigue a Macià y su discurso de “doble filo” sobre el objetivo de la gencat: para él, no era un fin en sí mismo, sino una rodaja del salchichón que se cortaba para estar más cerca del objetivo final, la independencia. Hace cien años, unos vitoreaban a Cambó (Cataluña española dirigida por catalanes) y otros a Macià (Cataluña república independiente). La habilidad del nacionalismo en la transición consistió en revestirse con el hábito de Cambó, cuando lo que tenía en mente eran los leotardos rojos de Macià.

 

5) La gencat asumió la política de “inmersión lingüística” practicada en Canadá olvidando:

- que Canadá es una nación joven que, hasta la segunda mitad del siglo XIX, no estuvo completamente formada, donde ingleses y franceses andaban a tiros en los tiempos en los que el pueblo catalán resistía a Napoleón en nombre de la Corona Española. Nada que ver con España que selló su “unidad” en 1492, sin remitirnos al Reino Visigodo de Toledo, ni mucho menos a la colonización romana que consideró Hispaniae como un “todo” homogéneo.

- que en Canadá hay dos regiones históricas perfectamente diferenciadas históricamente, colonizadas por Francia (francés: lengua romance) e Inglaterra (lengua germánico-occidental), que aportaron sus respectivos idiomas de raíces diferentes. Nada que ver con el castellano y el catalán, ambas “lenguas hispano-romances “.

He vivido en Montreal y Québec mucho tiempo así que puedo decir con conocimiento de causa que, en aquel país, una prudente política lingüística, ha permitido al territorio “quebecois” mantener su identidad… hasta que Justin Trudeau (el Sánchez canadiense) se empeñó en atraer inmigración ¡marroquí! (siempre hay un gilipollas que ni sabe lo que hace ni merece perdón alguno).

6) La aplicación de la política de “inmersión lingüística”, en los hechos se ha demostrado catastrófica para la educación catalana: no se daban las mismas situaciones que en Canadá, y por tanto, los efectos no iban a ser los mismos. Los peores resultados del Programa PISA se los lleva de calle la gencat. Felicitaciones por ser el farolillo rojo de la educación en Europa.

7) La argumentación de la gencat a favor de la “inmersión lingüística” se basaba en que si hubieran “dos líneas de enseñanza”, en catalán y en castellano, Cataluña perdería “cohesión social”. Si se trataba de eso, vale la pena recordar que hoy Cataluña carece por completo de “cohesión social”. En realidad, lo que temía la gencat era que si existían dos “líneas de enseñanza”, en catalán y en castellano, la mayoría optara por el castellano, que le permitía una mayor movilidad laboral dentro del territorio nacional y que, al ser hablada, por 500 o 600 millones de personas, terminaría arrinconando al catalán. Por entonces, todavía las “300 familias” tenían una destacada presencia en la sociedad catalana y querían que el chófer, la chacha, el jardinero, les respondieran en catalán, aunque sus negocios se hicieran en castellano, en inglés o en mandarín.

8) Los errores políticos de la gencat y su resistencia a reconocerlos, tanto por parte del nacionalismo, del independentismo como del socialismo, está en el origen de la pérdida de vigor de la lengua catalana: un idioma “obligatorio” (cada vez la presión lingüística es mayor), impuesto a la manera absolutista, tiende a ser rechazado cada vez por sectores más amplios. Hoy, el catalán es una lengua, que seguirá existiendo mientras el tercio de catalanoparlantes tengan mayoría en las instituciones catalanas, pero el día que lo pierdan -lo que ocurrirá, inevitablemente, hacia 2035-2040-, corre el riesgo de convertirse en un resto arqueológico. Incluso el día en que la gencat tenga que apretarse el cinturón al no poder muñir más a la clase media, si peligran las subvenciones, habrá que entonar un doloroso murituri a la lengua de Pompeu Fabra. Una lengua subvencionada desaparece con rapidez cuando cesan las ayudas y las imposiciones.

9) ¿Es un drama el que una lengua minoritaria se contraiga cada vez más? No, es lo normal desde el momento en que sus defensores actúan de espaldas a la realidad de la sociedad catalana. Si en 1995 se hubiera tenido en cuenta la situación lingüística real de la sociedad catalana, nunca se hubiera aprobado la ley de inmersión lingüística. Pero se desconoció y se pensó que la gencat, combinando la mano izquierda, con el big stick, podía alterar el curso natural de las cosas: la lengua no la decide el Estado, ni mucho menos la autonomía, la deciden las familias, la decide la realidad sociológica, los nacimientos. Y la realidad es que las 300 familias cada vez tienen menos hijos y Cataluña, hoy está creciendo algo gracias a los hijos de los españoles que decidieron asentarse aquí desde hace más de un siglo y, mucho más a causa de la llegada de “nuevos catalanes” procedentes del Magreb y de las selvas africanas.

10) ¿Es doloroso el que una lengua minoritaria se contraiga cada día más? Si lo es. Pero estamos en el siglo XXI: la gencat tiene demasiados frentes abiertos, el doblado de películas en catalán, los streamings en catalán, internet con webs en catalán, los videojuegos en catalán, el rap, el scat, el hip-hop, la televisión en catalán, la radio en catalán, la edición de libros en catalán, la prensa convencional y electrónica en catalán, los deportes “catalanes”, la defensa de las tradiciones catalanas (castellers, grallers, las collas de dimonis), la enseñanza en catalán en todos los niveles, la reconstrucción de una historia de traca “catalana”… Y todo esto, no puede resolverse mediante subvenciones, decretos ministeriales negociados con el cleptómano de turno que gobierne en Madrid, órdenes perentorias de la gencat, chivatos y delatores lingüísticos, todos ellos regados generosamente con euros exprimidos al contribuyente catalán… Y no, no queremos decir que todo lo que se hace en catalán esté subvencionado: lo que está subvencionado son las actividades de los amigos de la gencat realizadas en catalán (lo que es muy diferente).


11) Durante el franquismo, el catalán sobrevivió por tres motivos:

- en primer lugar, porque es falso que estuviera prohibido, lo que no estaba es subvencionado (los escolapios me dieron clases de catalán a los 14 años, en 1966);

- en segundo lugar, porque era el habla natural de los catalanes en un tiempo en el que se respetaban las tradiciones y la historia no se había acelerado todavía;

- en tercer lugar, porque existía edición en catalán, semanarios y revistas culturales, incluso juveniles, algunas viables y otras que desaparecían según su calidad, su interés y el mercado cultural. El mercado era el mercado, incluso para la lengua.

Pero, desde el momento en el que el catalán se convirtió en la lengua de la Asamblea de Catalunya y de la “oposición democrática” y se elaboró el mito de que el catalán había sido prohibido durante el franquismo, que en una parte estaban los “fascistas” castellanoparlantes y “colaboracionistas” y en el otro la pura, límpida y cristalina “oposición democrática”, apareció la politización de la cuestión lingüística y una decantación que todavía hoy está en vigor.

12) Tanto el sanchismo como la gencat parecen hoy haber tomado en consideración la tesis de Macià, de que la gencat es el “gobierno de Cataluña”. Pero eso supone situarse en un espacio ambiguo que interesa sobre todo a los nacionalistas para hablar de tú a tú al Estado. Y no es eso lo que se votó ni en la constitución ni en el propio estatut: en 1977 se nos dijo que era necesario descentralizar el Estado. Y todos estuvimos de acuerdo. La gencat era, pues, un organismo en el que el Estado delegaba parte de sus competencias para generar una “administración de proximidad”. Y esto parecía justo. Luego resultó que la gencat pasó a ser un monstruo paquidérmico burocrático-administrativo, cuyo único interés consistía en “petar presupuesto” aun a costa de una deuda cada vez mayor, favoreciendo a los amigos del poder en las labores de “catalanización” de la sociedad. Desde Maragall se olvidó por completo que la gencat era un “organismo delegado” del Estado y que, por tanto, “lo delegado” seguía dependiendo del organismo que le había entregado la “delegación”, de la misma forma que el español era la lengua del Estado y éste y sus “delegaciones” debían de asegurar que lo conociera todo ciudadano, como un derecho adquirido y que acompaña a la “nacionalidad”. Se dio por sentado, inicialmente, que junto a la “nacionalidad española”, existía una “nacionalidad catalana” y que esto implicaba la existencia de una “nación catalana” (confundiendo “nación” y “nacionalidad”) de la que no hay rastro en la historia. Se invirtieron los términos y “lo delegado” pasó a imponer sus condiciones a la sociedad… hasta el punto ridículo de que Aznar “hablaba catalán en familia” y de que la rama catalana del PP fuera conscientemente demolida por el propio Aznar por exigencia de Pujol. Absurdos como este se convirtieron en el pan de cada día durante el zapaterismo (“aceptaré lo que decida el parlament de Cataluña”), que dieron lugar a la polémica sobre el “nou estatut” (cuando no había demanda social para una reforma que impuso ERC para entrar en el primer gobierno de Maragall) y a los lodos posteriores que todavía se prolongan hoy, con un tipo gris en Waterloo, viviendo del cuento y manteniendo un fantasmal “Consell de la República”, que no se sabe quién mantiene ni siquiera para qué se mantiene, en el que ya nadie cree, ni que sirve absolutamente para nada [hoy mismo el “catalanista mundialista”, Toni Comín, antiguo brazo derecho del extraviado de Waterloo, ha anunciado la formación de un “nuevo partido independentista” (y van…)].

13) En Cataluña se está produciendo una triple “fractura vertical” de la sociedad:

- de un lado, el tercio de “nous catalans” que aspiran, inicialmente, a la “doble legislación” para musulmanes y para “infieles”, paso previo a la imposición de la sharia;

- de otro lado el bloque nacionalista-socialista, mayoritariamente catalanoparlante y en el que la única preocupación de Illa es, hoy, ganar a cuadros del nacionalismo en paro, sin preocupar mucho a sus votantes; y aquí incluimos a Aliança Catalana que, antes o después, se convertirá en la fuerza hegemónica del nacionalismo (habrá que ver sobre qué novedades aporta en el terreno lingüístico, si variar la política seguida hasta ahora por la gencat, o aceptar el hecho consumado de que Cataluña es plurilingüe y que, a nivel de calle, no existe tensión lingüística).

- finalmente, el bloque españolista formado mayoritariamente por castellano-parlantes, reforzados por votantes llegados del cinturón industrial que hasta ahora votaban al PSC (salvo en el período en el que el PP estuvo dirigido en Cataluña por Vidal-Quadras) y que ahora se acercan a Vox, como durante un breve período convirtieron a Ciudadanos en el partido mayoritario en Cataluña.

14) La gencat repite algunas letanías que ocultan las realidades que sí percibe la calle:

- El “aquí no pasa nada”, el recurso al lamento permanente (“Espanya ens roba”, “Rosalía comete herejía al hacer cantar a los “escolanets en castellano”), el que todo lo malo ocurre al otro lado del Ebro (como está habituado La Vanguardia a “informar” desde los años del pujolismo),

- El mito del “oasis catalán” (cuando en realidad la cuna de las corruptelas de esta democracia se ha situado en Cataluña, tanto por su “3%” como por que aquí se produjeron los primeros casos de corrupción socialista en los 80 (Malesa, Filesa y TimeExport),

- La deliberada confusión entre la “Cataluña oficial” y la “Cataluña real”, la negativa a reconocer el fracaso de la “inmersión lingüística” (muy difícil de enmascarar a la vista de los resultados),

- El fracaso de muchas instituciones de la gencat que han hecho que, hoy, Cataluña, con su policía autonómica propia, con sus instituciones dedicadas al “habitatge”, sea la zona más castigada por la delincuencia y la que registra más casos de “okupación”.

- El creer que cuantos más medios de comunicación se expresen en catalán (ver la transformación de TV2 en otra “televisión catalana” y el 75% de los programas de TVE en Cataluña realizados en lengua catalana, que lejos de “ampliar” la audiencia en catalán tienden a restar audiencia a TV3, el 70% de cuyos espectadores se deslizan ya por el camino de la tercera edad, junto a drástico de audiencia juvenil), etc, etc.

El problema para la gencat es que un mal día, alguien puede proclamar que, no solamente Cataluña, hoy solo es “puntera” en okupacion, inmigración masiva y delincuencia sino que, en los demás rubros, no solamente está como el resto del Estado, sino mucho peor.

UNA RÁFAGA PARA VOLVER A LA NORMALIDAD

15) La sociedad catalana necesita “libertad”:

- libertad para elegir cómo quiere educar a sus hijos y la lengua que quiere hablar,

- libertad para tener hijos en lugar de para abortar o porque la política de la vivienda de la gencat, unido a la del Estado, es la peor política que impide a los jóvenes el objetivo de formar una familia;

- libertad para rotular como le dé la gana al empresario que se arriesga a abrir un negocio,

- libre concurrencia lingüística en todos los órdenes: el que quiera editar libros en catalán que lo haga bajo su responsabilidad, sin esperar que las bibliotecas públicas, compren la mayor parte de la edición (especialmente de algunas editoriales), el que quiera un periódico en catalán o en castellano o en bable, que se lo pague y que “dios reparta suerte”.

- dos líneas de educación y que ambas compitan en calidad de la enseñanza y en preparación de los alumnos surgidos de sus aulas.

- libertad de cátedra especialmente en materia lingüística.

- cero subsidios a ONGs de chivatos lingüísticos y a institutos especializados en reconstruir una historia de baratillo sin el más mínimo prestigio cultural.

- aplicación de la ley sobre “delitos de odio” a quienes azucen falsas polémicas lingüísticas y crispen la calle. Y esto último es importante para restituir la idea de “libertad”. No es asumible que sea imposible presentar un libro en castellano en cualquier universidad porque un grupo de últimos mohicanos indepes quiera imponer su voluntad de frustrados traducida en violencia y agresividad.

Todo esto para volver a la normalidad.

LA “LEYENDA NEGRA” CATALANA

Y si mañana aparece Dua Lipa por Monserrat y le paga a los “escolanets” para que canten en albanés, bienvenido sea. Eso hará recordar que los almogávares pasaron por aquel país y que ya se ha perdonado el recuerdo de la terrible “venganza catalana”.

Existe una leyenda negra que no se estudia en los libros de historia catalana y que ni siquiera interesa al Institut de Nova Historia de Catalunya Los que dicen que Santa Teresa, Colón o María Santísima era catalana y que el fondo de la Gioconda es, mire usted, Montserrat…:

- En Albania y otras zonas que formaron parte del imperio bizantino, todavía hoy se alude a la figura del Katalan, un guerrero sediento de sangre, para asustar a los niños balcánicos.

- La palabra "Katalan" en albanés significa monstruo.

- Si hoy, si un griego quiere maldecir se limita a decir: "Así te alcance la venganza de los catalanes".

- En Bulgaria las expresiones "Catalán" e "Hijo catalán" significan "hombre malvado, sin alma, torturador".

- En Tesalia la expresión "¡Eres un catalán!" era proferida como insulto hasta finales siglo XX.

- En la región del Parnaso se recogió el refrán: "Voy a huir de los turcos para caer en manos de los catalanes".

- En el Peloponeso, "catalana" era el peor insulto que se podía decir a una mujer: "Ah catalana, mil torcidos me has hecho".

- ¡Incluso los monjes del Monte Athos (corazón espiritual de Grecia, por cierto) llegaron a prohibir la entrada a ciudadanos catalanes hasta hace pocos años! (reproducido de la web Rutas de la Historia).

Harían bien las “casas regionales” catalanas (travestidas de “embajadas”) pagadas por la gencat, en combatir en esos países todas estas “leyendas negras” (o grises), especialmente si se mantiene la aspiración de que la lengua catalana sea reconocida como “lengua oficial europea”. Porque mientras Grecia, Bulgaria, o cualquier otro país balcánico de la UE no acepten que la historia es agua pasada, uno solo de estos paises puede vetar una decisión europea… Por el momento, y a la espera de que las “casas regionales” de la gencat asuman esta tarea, hay que reconocer que el “catalán en Europa” tiene un futuro más negro que el sobaco de un grillo.

En efecto, Soto Ivars tenía razón: “¡Pero que solos están los catalanes!” (esto es, los cruzados de la lengua).

 

martes, 6 de noviembre de 2018

365 QUEJÍOS (189) – DE LA INMERSIÓN AL NAUFRAGIO LINGÜÍSTICO


El “proceso soberanista” ha entrado en su fase de descomposición, marcado por el enfrentamiento entre tendencias caracterizadas por su grado de fanatismo más que por sus impostaciones ideológicas. Nada menos interesante que repasar las luchas entre mindundis y políticos que ya han advertido la inviabilidad de la secesión y cuyo único es cómo explicarles a los votantes que han fanatizado a lo largo de años, que ya no se puede ir más allá de donde han llegado. Todo esto, resulta aburrido y puede tener solamente interés para quienes apostaron por el soberanismo ignorando que era un triple salto mortal sobre el vacío realizado por un fonambulista emporrado, pasado de copas, y no particularmente inteligente. Esto no es para quejarse sino para reconocer el hartazgo que genera. Lo que sí resulta más oportuno para una queja es pensar que en democracia los padres castellano parlantes (amplia mayoría por lo demás, en una región en el que solamente se expresa normalmente en catalán el 35%) tienen que ver como sus hijos son víctimas de la inmersión lingüística.

Decimos bien: víctimas. Escribo estas líneas después de haber leído la carta por un familiar de catorce años. Tiene buena letra. Coordina ideas. El problema es cómo las expresa: el texto, apenas unas 30 líneas, está repleto de falta de ortografía. Me escribe en castellano, pero son reconocibles giros y más giros propios de la lengua catalana. La carta está, escrita en una especie de híbrido lingüístico entre el catalán y el castellano, que genera una irreprimible tristeza: la gencat ha conseguido, finalmente, algo que parecía imposible: hoy, los niños en Cataluña no solamente no dominan una lengua, sino que son capaces de cometer faltas de ortografía y sintaxis en dos lenguas.

Item más. No hace mucho, en una estación de tren estaba escuchando la conversación de un grupo de chicas, también de mas o menos catorce o quince años. Era inevitable, porque hablaban a voz en grito. No hacía falta ser un lince para saber que sus pañuelos islámicos indicaban su origen: quizás habían “nacido aquí”, pero “no eran de aquí”. Lo realmente sorprendente es que, gracias a la gencat una vez más, el diktat lingüístico establecido en las escuelas de la región, había logrado lo que parecía imposible: aquellas chicas hablaban una jerga incomprensible en algunas de cuyas partes podían identificarse palabras en catalán, otras en castellano y en las incomprensibles, jerigonza árabe. Si añadimos palabras como week-end, rock, software, coladas en cada uno de estos idiomas, incluso podía añadirse a esta neolingua elementos procedentes del inglés.

Así estamos por culpa de las veleidades lingüísticas. Y todo porque hace treinta años, la gencat entonces controlada por una banda de salteadores de caminos y por el clan mafioso de los Pujol, impuso la “inmersión lingüística”. A partir de ese momento, la gencat cometió la mayor de sus tropelías: tratar de romper la comunicación entre padres e hijos, evitar que padres y abuelos castellano parlantes, ayudaran a sus hijos o nietos en los estudios. Y esto se hizo argumentando que “lo había decidido el parlament de Cataluña”… el mismo que años después decidió que Cataluña era una República independiente durante unos segundos y cuyos debates hoy siguen generando hilaridad.

En aquel momento se nos dijo que en Canadá, la inmersión lingüística había ido muy bien y que los niños quebequeses hablaban inglés y francés a la perfección. Luego cuando me establecí en Montreal vi que, efectivamente, así era, pero… que en Quebec la inmensa mayoría de la población siempre ha sido francófona, y que hace solamente 125 años, ingleses y franceses se mataban entre sí y no constituían todavía una nación unificada. Cualquier parecido con la realidad catalana era pura coincidencia.

De eso hace ya 30 años. El camino recorrido ha servido solamente para que el resultado sea más que cuestionable. Si las bases sobre las que la gencat construyó la inmersión lingüística eran moralmente cuestionables, su traslado a la práctica ha resultado catastrófico, especialmente en un momento en el que el castellano es una de las tres lenguas mas utilizadas en el mundo y cuando son habituales los traslados de población de un lugar a otro. El modelo educativo catalán tiene que cambiar, a menos que se pretenda crear una generación de minusválidos lingüístico que hablen una jerga imposible de entender fuera de la región catalana y cuya ortografía cause risa a 600 millones de castellanoparlantes.

La gencat tiene que entender que en el proyecto personal de vida de muchos habitantes de la región no está el permanecer durante muchos años en el mismo lugar: muchos aspiran a establecerse en otros lugares, ejercer su profesión en otros horizontes en los que el catalán les será completa, total y absolutamente inútil.

Está claro que cada vez que alguien alude a liquidar la ley de inmersión lingüística, ese residuo del peor pujolismo, los indepes claman “en defensa de la escola catalana” como si en ello les fuera la vida. El tono histérico que encierra la reivindicación es síntoma de la dramática situación que están viviendo: después de 30 años de inmersión lingüística, el uso del catalán como lengua habitual apenas ha avanzado.

Hace falta que la legislación catalana vuelva a reconocer el derecho de los padres a elegir el idioma en el que quieren ser educados sus hijos. Si se enarbola, como hacen los indepes, la bandera de “la libertad”, el primer síntoma de libertad es la libertad lingüística.

El problema lingüístico en Cataluña se sitúa dentro de un ámbito mayor: la incapacidad del “Estado de las Autonomías” para solucionar los problemas del país y su capacidad cada vez mayor para generar problemas nuevos y liquidar vínculos entre comunidades. La solución al problema de la inmersión lingüística no puede darse sino en un marco de potenciación del Estado. Pero no estaría mal dar algún paso en esa dirección.

Si la gencat se emperra en su “inmersión” ¡que se inmersionen ellos! El resto no tiene porqué soportar ni sus imposiciones lingüísticas, ni su historia de ficción apta solo para indigentes intelectuales. El Estado debe asumir la responsabilidad de abrir escuelas en Cataluña que enseñen en la lengua del Estado. ¡Ya! Primero, porque es una necesidad y una exigencia de buena parte de la sociedad catalana. Es preciso reivindicar el derecho a la libertad de opción y hacer patente la desconfianza que una parte muy importante de la sociedad catalana tiene hacia el sistema de enseñanza de la gencat: no sólo por la “inmersión” sino por los contenidos de la enseñanza. No se trata ahora de que haya “dos líneas língüísticas” de enseñanza como hubiera sido de desear, y como nosotros mismos reivindicamos hace 30 años: es preciso que haya dos tipos de escuela y que la población pueda elegir: o una escuela lastrada por los indepes.cat o una escuela que mire más allá de los altos muros construidos por la gencat.

Más allá de las ambigüedades calculadas del PSC con su “federalismo” de pacotilla, o de “En Comú – Podem” con sus “autodeterminación”, lo que marca la diferencia, lo que indica las intenciones de los partidos, su decisión y su orientación en esta cuestión es:
  • o se está por la libertad de opción lingüística y por la elección de lengua vehicular y de proyecto educativo,
  • o se sigue defendiendo el diktat lingüístico establecido por un partido que hoy ya ni siquiera existe evaporado por la corrupción.
No hay “terceras vías” posibles. Ahí va mi queja sobre “el naufragio lingüístico”.