Querido diario:
Sé por la filosofía hindú que el
mundo es “maya”, ilusión. Nada es lo que parece, ni la realidad objetiva es
cómo la percibimos. Comparto algunos aspectos de esta filosofía y he llegado a
una conclusión: el mundo es demasiado absurdo para que sea real. La mayoría de
nosotros somos excesivamente absurdos, casi una mala broma de un diosecillo
loco. Lo mismo puede decirse de lo que nos rodea. No veo racionalidad, lógica,
ni sentido a un mundo. No hay nada más que fijarnos en las noticias diarias.
Todo reviste las formas de una gigantesca bacanal de la sinrazón. Para colmo,
si tenemos en cuenta que una de las bases del moderno paradigma de civilización
es el “Pienso, luego existo”, se verá lo limitado de esta concepción. Uno de
sus corolarios sería: “Pienso, por absurdo que sea mi pensamiento, luego llevo una existencia absurda negación del pensamiento, por tanto, o
no pienso o el producto de mi pensamiento es irreal” y “La mayoría de
individuos no piensan, se mueven a golpes de campanilla , como el perro de
Paulov; luego no existen”. Y, por otra parte, ¿qué importa el pensar o el
existir, si lo esencial es el Ser? Los dos primeros términos indican movilidad,
agitación, inestabilidad. El Ser indica centralidad, estabilidad, serenidad.
Algo que está ausente de nuestro devenir cotidiano. Esa es la buena noticia:
que todo lo que nos rodea es inexistente. Un programa de Matrix diseñado
por un incompetente o por un guasón. Conclusión: si nada existe, todo puede
ocurrir.
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