07|10|2015
Querido Diario:
Uno de los innombrables dijo aquello de que “el fuerte es más fuerte cuando está solo”. A
decir verdad, la frase debía pagar royalties a Ibsen quien la incluyó en su
obra teatral El enemigo del pueblo (que
hoy debería ser de proyección obligatoria en los colegios para estimular la
capacidad crítica del alumnado [la pueden bajar de Emule o mediante bitTorrent ]).
Llama la atención el miedo que la sociedad moderna tiene a la soledad, cuando
la soledad es la gran ocasión que el ser humano tiene para meditar. Y meditar
no es “pensar”, sino, más bien, hacer el vacío en la mente para percibir otras
sensaciones más profundas que no salen de nuestro cerebro, sino del corazón. Meditar
es aprender quiénes somos y para qué servimos. Meditar es una posibilidad de
encontrar nuestro lugar en el mundo. Y la soledad, es fundamental para poder
ejercitar esta cualidad olvidada. Uno se puede sentir solo en medio de una
multitud, en una gran ciudad, pero esa soledad puede destruirnos o
fortalecernos. Nos destruirá si somos débiles. Nos fortalecerá si nos hemos
encontrado a nosotros mismos. Todo esto viene a cuento de las noticias
aparecidas en el día de hoy: nos indican que los Estados, tanto como las personas,
han olvidado quiénes son y cuál es su función. Por eso son débiles. Y por eso,
problemas que en buena lógica no tendrían mucho interés y podrían resolverse
con facilidad (miles de inmigrantes ilegales acumulados en Calais, la lucha
contra las drogas, la presencia de tropas extranjeras innecesarias, los
problemas de un par de lesbianillas…), se presentan como grandes cuestiones y
debates irresolubles en nuestro momento de decadencia.
