Estamos atrapados por el Eurocopa,
cosecha 2016. Antiguamente la “copa de Europa de las Naciones”, denominación
abandonada a causa de este último término, denominación abandonada a causa de este
último término, es la tercera manifestación deportiva internacional
(espectadores y cifras de negocio) después de los Juegos Olímpicos y del
Mundial de Fútbol (o Copa del Mundo).
Con este torneo, Francia intenta
olvidar la realidad, huir de sus problemas, hacer de avestruz y divertirse con
el espectáculo de un deporte fáctico y gangrenado por el afán de lucro. Al
ritmo de las huelgas –el verdadero deporte nacional- y de las amenazas de atentados
islámicos. El fútbol se ha convertido en una droga colectiva y el lugar de
alineamientos curiosos: Qatar, Estado monárquico dictatorial, pro-islamista y
esclavista, de apariencia muy soft,
posee el principal club francés y se beneficia de favoritismo para todas sus
inversiones en Francia, el pretencioso “país de los derechos humanos”.
