3. Lo que era en realidad
Sabemos ahora que rasgos mediáticos le han atribuido los medios de comunicación (lo que no era) y lo que en realidad creía defender (lo que creía ser), sin embargo, el estudio sobre la personalidad y el perfil político de Anders Behring Breivik no estaría completo si no atendiéramos a lo que era en realidad (es decir, a una valoración objetiva de su personalidad, realizada, no en función de los rasgos que le han atribuido los medios, ni de cómo gustaba presentarse a sí mismo). Eso nos dará otro elemento importante en la ecuación personal del asesino de Oslo.
a.– Un desequilibrado
Desde el principio de este análisis hemos repetido en varias ocasiones que alguien que asesina a 73 personas solamente puede ser considerado como un desequilibrado. Las razones que pueda tener un desequilibrado para cometer un crimen son siempre inextricables y derivan de su personalidad desviada. En esta parte de nuestro estudio lo esencial va a ser realizar una aproximación a las alteraciones mentales de Breivik ante las que cualquier definición ideológica que pueda dar de sí mismo o que otros puedan inferir pasa a segundo plano. Un intento de definición de su perfil psicológico nos parece mucho más importante que cualquier otro dato que pudiera aportarse. A fin de cuentas, disponemos de dos elementos para analizar su personalidad: su “obra” (la bomba de Olso y la masacre de Utoya) y su “testamento” (las 1.500 páginas de su manifiesto político). No hace falta mucho más. Los cuatro rasgos que podemos deducir de todos estos elementos son cuatro: