Toda norma jurídica nace con la ambición de
prolongar su vigencia eternamente. Le pasó a la Ley Orgánica del Estado, la
última “ley fundamental” emitida por el franquismo en 1967 y que apenas estuvo
en vigor diez años y le vuelve a ocurrir a la Constitución Española que desde
1978 rige los destinos de nuestro país y acaba de cumplir los 35 años. El problema
es que, desde poco después de su promulgación, ya a mediados de los años 80, la
Constitución Española, como decía la canción de Dylan, “está vieja y enferma cuando
apenas acaba de nacer”. Desde entonces el deterioro de la norma constitución ha
proseguido de forma acelerada y sin pausa. Lo que hoy queda de la Constitución
de 1978 es un despojo fétido, un esperpento responsable del marasmo político,
económico y social que vive nuestro país.
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martes, 3 de diciembre de 2013
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