Info|krisis.- No parece un gran problema. A fin de cuentas todo aquel que realiza una venta callejera puede hacerlo si dispone del correspondiente permiso municipal. España es muy restrictiva en la materia y si se dan es para determinadas actividades y circunstancias. Resulta caro, por ejemplo, vender, como se hace en otros países, alimentos en la calle. Es comprensible. Se hace competencia desleal a la hostelería. Así que para proteger el sector, se restringen los permisos de venta de alimentación y comidas preparadas…
Sin embargo, desde hace veinte años en España, en toda España no existe el más mínimo control sobre los manteros. La mayoría son ciudadanos senegaleses. Pertenecen a una secta islamista que es quien les facilita el material y les da los contactos para viajar a Europa. Allí, se considera “viril” y “heroico” el llegar a España. El problema es que la actividad que realizan los manteros es completamente ilegal en la medida en que:
1. Realizan la venta en espacios municipales sin ningún permiso municipal (pruebe usted a vender lo que se le ocurra en las mismas poblaciones en las que los manteros actúan masivamente y comprobará que, no solamente la actividad le resulta imposible, sino que le requisan el material que quiera vender… con cuyo importe se pagará la multa que le imponga el ayuntamiento).
2. No existe ningún tipo de licencia fiscal, cotización a hacienda o a la Seguridad Social (lo que permite que quienes ejercen de manteros, de paso, vivan de la asistencia social. La falta de medios de vida “legales” o demostrables es lo que les permite pedir subsidios y subvenciones por paro. Y, por supuesto, disfrutar de todos los beneficios de estar en España: asistencia médica gratuita, becas de alimentación y bolsas de comida gratuita… Cuando en realidad son “autónomos” que realizan un trabajo negro al margen de la correspondiente contribución al Estado… de quien reciben todo tipo de ayudas).
3. Suponen una competencia desleal para los ciudadanos que respetan la ley (habitualmente los manteros se colocan en zonas de mucho tránsito de personas, aquellas en las que los alquileres de locales comerciales resultan más costosos, uniéndose además el hecho de que estos establecimientos, además del alquiler, tienen que afrontar pagos de IVA, impuestos municipales –en ocasiones abusivos- cotizar a la Seguridad Social y a Hacienda, mientras que quienes desarrollan la misma actividad al margen de la ley lo hacen a pocos metros de distancia y sin que se les obstaculice).
4. Venden material completamente ilegal (los manteros no están vendiendo artesanía u objetos fabricados por ellos mismos que, al menos no contravinieran ninguna ley de propiedad intelectual, derechos de autor o registro de propiedad de marcas, y lo hacen en completa impunidad justo delante de establecimientos que cumplen todos los requisitos legales y ante las narices de los servicios policiales).
5. Obstaculizan el normal tránsito en las calles (normalmente no aparecen uno o dos manteros, sino que su presencia es masiva en las zonas más céntricas y frecuentadas, reduciendo el espacio disponible para pasear a la mínima expresión e incluso obstaculizando el acceso a los comercios legalmente establecidos, sin olvidar que la presencia de una pareja de policías sele ocasionar carreras y movimientos que crean alarma entre la población.



