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miércoles, 5 de noviembre de 2025

SITUACIÓN EXCEPCIONAL DE ESPAÑA Y SU REMEDIO (1 de 2) La “tormenta perfecta” insuperable.

Siento náuseas por lo que la clase política está haciendo a España. Por eso procuro no hablar nunca de corrupción: ni lo hice cuando el PP monopolizaba el poder, ni ahora, cuando cada día que pasa tenemos más conciencia de que el poder está en manos de una banda de mangantes de la peor especie. Podemos decir que la corrupción ha ido creciendo, a medida que la constitución española ha ido envejeciendo. De hecho, yo incluso diría que la corrupción es hija directa de la constitución. ¿Cómo deberíamos considerar, pues, el que los nacionalistas “nacionalistas” de 1978, entre los que se encontraban varios “padres de la constitución”, diez años después de su aprobación ya se habían trocado en “independentistas”? ¿Es que en 1978 no existía “memoria histórica” para saber que los que practicaban el culto necrófilo a José Antonio Aguirre o a Francesc Macià, apostaron por “estatutos de autonomía” no como un fin en sí mismos, sino como un paso al frente en su camino hacia la independencia? ¿Cómo debemos considerar hoy la concepción “ultragarantista” de la justicia que evita que prácticamente no haya ni un solo político encarcelado? Era como si en 1978 se desataran las amarras de la impunidad y del “todo está permitido… mientras no te pillen in fraganti”.

Hablar de la corrupción es hablar sobre la constitución de 1978.

LOS RASGOS DE LA TORMENTA PERFECTA DE NUESTRO TIEMPO

De la misma forma que el caciquismo fue el rasgo de la Restauración (1876-1923: 47 años), la corrupción es la dominante en este período constitucional (1978-2025: 47 años). Casi medio siglo: demasiado tiempo perdido en el que se han ido acumulando elementos que nos llevan a la “tormenta perfecta” en la que ya nada tiene solución porque ni existe voluntad política, ni siquiera inteligencia suficiente para elaborar salidas y todo el tiempo en el que un gobierno dispone de los resortes del poder lo emplea en favorecerse a sí mismo y evitar salir muy malparado en las siguientes elecciones.

En el año 2000 el problema de la inmigración masiva podía solucionarse fácilmente. Hoy no.

Hacia la última década del milenio anterior, el problema de la vivienda tenía solución: hoy no.

La deuda del Estado no fue un problema real hasta la llegada de Zapatero con el que pasamos de 20.000 millones de euros de superávit a 500.000 de déficit. Hoy vamos camino de los dos billones y ninguno de los dos partidos mayoritarios habla de “reducción del gasto público”, ni de “apretarse el cinturón”: se sigue derrochando dinero a espuertas y la deuda aumenta casi 25.000 millones cada trimestre.

La educación se ha caído en pedazos: ni forma, ni informa, ni educa, sino que, más bien deforma, genera ignorancia y almacena alumnos.

La sanidad pública es responsable de dilaciones que cuestan la vida a personas, los transportes, se están paralizando.

Los entes creados por el Estado, empezando por el CIS y terminando por las decenas de “observatorios” dependientes de ministerios, sirven solo informaciones sesgadas, cuando no falsas, para allanar el camino y construir excusas a quienes los han creado.

Miles de “chiringuitos” y ONGs, sin ningún control, viven del dinero público, mientras la clase media tiene que pagar un IRPF desmesurado y bandidesco del 45%.

Se cede cada día más terreno a la delincuencia, los “juicios rápidos” son una broma: el robo al descuido de un frasco de perfume en unos grandes almacenes puede demorarse meses, con demasiada frecuencia, el delincuente es ilocalizable, incluso en casos graves de asesinatos en los que se ha puesto al sospechoso pillado in fraganti, a la espera de juicio, las cárceles están saturadas, y todo el problema del ministerio del interior es tratar de demostrar lo indemostrable, a saber, que hay más españoles que inmigrantes encarcelados.

Tribunales saturados, población penal estabilizada, con cierta tendencia inexplicable a la baja, en un momento en el que la percepción general de la calle es que la delincuencia está creciendo, barrios enteros controlados por mafias, zonas del país que están viviendo del narcotráfico y del cultivo in door de marihuana.

Unidades de eficiencia demostrada de la Guardia Civil disueltas hacen sospechar de pactos secretos con Marruecos para dar salida a sus excedentes de haschisch y de inmigración.

Y en política internacional un sometimiento absoluto y sin principios a las directrices de la UE: de una UE que, desde el principio, arrojó a España a la periferia a cambio de migajas. Después desintegrar nuestra industria pesada en un proceso que paradójicamente se llamó de “reconversión industrial”, ahora es nuestra agricultura y ganadería (la nuestra y la de toda Europa) la que se ve amenazada por “acuerdos preferenciales” con países extraeuropeos.

Sin política exterior (las recientes declaraciones de Albares sobre la Conquista de México, no solo son bochornosas, sino propias de un ignorante que no merecería ni recoger la basura del ministerio).

Sin política de defensa (desde el nombramiento de Narcís Serra el frente del Ministerio de la defensa en 1983, la característica, casi habitual de este departamento ha sido colocar a su frente a alguien que careciera por completo de conocimientos en materia militar y de defensa), sin previsiones de conflictos futuros, sin tener la confianza de los que oficialmente son nuestros aliados.

Hoy España es una chalupa a la deriva cuyo capitán ni siquiera sabe a qué puerto llevarnos: lo único que le interesa es la comisión que le puede reportar la compra de gasolina o de equipos de navegación, incluidos salvavidas de plomo.

Para colmo, todo lo anterior ha generado una desconfianza en el futuro que impide que las parejas jóvenes tengan hijos; para colmo, los “estudios de género” y el “feminismo radical” han hecho casi imposibles las relaciones hombre-mujer, en beneficio de cualquier relación estéril, incluso hasta la caricatura.

Todo esto no son exageraciones: son los rasgos de nuestro tiempo, las características de la “tormenta perfecta” que tenemos ante la vista y que estallará entre 2030 y 2050, el período decisivo en nuestra historia (y en la de Europa). Si todo sigue como hasta ahora: Europa Occidental, simplemente, desaparecerá anegada por la inmigración masiva islámica, por la falta de nacimientos y por las políticas fiscales erróneas y suicidas.

UNAS SIMPLES ELECCIONES ¿CAMBIARÍAN ALGO?

Contra los que opinan que un simple cambio de gobierno bastaría para enderezar la situación, nosotros les decimos que esto podía creerse en 1983, en 1996, incluso en 2011, pero hoy ya es imposible esperar nada de las dos columnas sobre las que se mantiene el sistema político constitucional: el centro-derecha y el centro-izquierda, PP y PSOE. Todo lo que podían dar de sí, ya lo han dado. Esperar algo más de ellos es favorecer el que la “tormenta perfecta” amplíe la intensidad de su devastación.

¿Piensa Feijóo que el problema de la okupación que afecta a casi medio millón de personas puede resolverse con una ley que declare “ilegal” la okupación de cualquier edificio público o privado?

¿Ha hallado Feijóo la cuadratura del círculo para bajar impuestos y pagar la deuda pública?

De los 9.000.000 de inmigrantes, sobran como mínimo, entre 5 y 6.000.000 ¿cómo se va a deshacer Feijóo de ellos y repatriarlos? ¿va a tener redaños suficientes para abordar esta medida que, por sí misma, nos quitaría de encima una losa y generaría una bajada inmediata del precio de la vivienda, una mejora radical en las cifras de delincuencia, en el gasto en prisiones, en policías y en juzgados? ¡Si ni siquiera está claro que Feijóo entienda el problema de la inmigración y sea capaz de detener el flujo de entre 300 y 600.000 inmigrantes que cada año vienen a España atraídos por que aquí se les mantiene, pueden hacer lo que les apetezca y no les pasa nada!

“SÓLO NOS QUEDA VOX”. SI, PERO…

Claro está que, como se está imponiendo en estos momentos “sólo nos queda Vox”. Admitamos lo que parece seguro: que, en esta situación, Vox es la única fórmula que no se ha ensayado, el único partido al que no se le puede responsabilizar de la actual situación y el único que tiene ideas claras sobre la mayoría de problemas. Así pues, dejándonos ya de zarandajas, sobre las carencias reales o supuestas de este partido, la realidad es que “sólo nos queda Vox”.

Pero el problema es que, si bien el crecimiento de Vox parece asegurado en el próximo ciclo electoral, también hay que reconocer que la política de la UE determina el que los dos grandes partidos, apliquen el principio del “cinturón sanitario”. De hecho, hoy, en la UE, este principio es el único que puede contener el avance de la “ultraderecha”. Se ha aplicado en Alemania (que, a fin de cuentas, es quien dicta las reglas de la UE en este momento), se está aplicando en Francia para evitar convocar nuevas elecciones que den la mayoría al Rassemblement National y fuera de la UE, en el Reino Unido, con un partido laborista en sus horas más bajas después de dos años de gobierno Starmer y con un partido conservador dirigido por una africana de nombre exótico, empequeñecido, Nigel Farage y su Reform UK, obtendrían una cómoda mayoría absoluta sin prácticamente posibilidades de que se le aplicara el famoso “cordón sanitario”.

Así pues, todo induce a pensar que, ante un crecimiento de Vox, no será una coalición de centro-derecha la que pacte Feijóo, sino más bien una “gran coalición” a la alemana. Eso, o la UE le reprocharía el haber hecho saltar por los aires, la doctrina del “cinturón sanitario” y, por tanto, de desencadenar una caída de piezas del dominó europeo a favor de la presencia de la “extrema-derecha” en los gobiernos de Europa Occidental.

Y Feijóo prefiere la amistad con Ursula von der Leyen que con Santiago Abascal.

Ni tiene carácter para otra cosa, ni imaginación para prever el futuro de España de aquí a 20 años, ni colaboradores con valor suficiente como para ser acusados de “facilitar el acceso al poder de la ultraderecha”.

Cuando toque ir a votar, el elector debe ser consciente de que, si quiere erradicar la peste socialista de una vez y para siempre, votar al PP garantiza justo lo contrario: que el PP y el PSOE son las dos columnas sobre las que se mantiene el sistema político español y que pactarán antes entre ellos, que con un recién llegado que suponga una alternativa, tanto en España como en Europa.

Vox seguirá creciendo y lo hará cada vez más rápidamente, pero vale la pena no olvidar que en Francia, el Rassemblement National, lleva 20 años intentando el “cinturón sanitario” y, a pesar de estar cerca, todavía no lo ha logrado. Es de prever que en España se dé una situación muy parecida. El problema es que la “tormenta perfecta” que hoy se cierne sobre España, es de una intensidad demasiado grande y grave como para poder aguantar 20 años más.

Así pues ¿qué nos queda en el período inmediato? Porque en los próximos 5-10 años, todavía podría salvarse el país a condición de reconocer la situación real en la que nos encontramos, sin intereses electoralistas, sin falsas demagogias, ni "optimismos antropológicos" y, sobre todo, teniendo el valor de plantear alternativas radicales. Pero, más allá del 2030-2035, la situación se va a poner tan absolutamente cuesta arriba, que ya va a ser imposible remontar las consecuencias de la “tormenta perfecta” que se está gestando y cuyos elementos principales están TODOS presentes en este momento histórico.


 









viernes, 8 de septiembre de 2023

CRÓNICAS DESDE MI RETRETE: ¿SABEN QUIÉN ES PUIGDEMONT?

Un psicopatón en Madrid y un cobardica en Waterloo ¿pueden llegar a hacer buenas migas? Difícilmente, por mucho que la intermediaria sea la tonta del bote. Tal es el tríptico del que depende la gobernabilidad del Estado. El psicópata es consciente de la situación y piensa: “Necesito al cobardón y luego para un momento de votación y luego que le den los duros, ya echaré la culpa a otro”. El cobardón, por su parte, ve las cosas de otra manera: “¿Para qué voy a volver a Barcelona con lo bien que estoy en Waterloo? Hasta me han empezado a gustar los mejillones al vapor con patatas fritas. Además, el tipo este me intentará engañar”. Y, finalmente, la tonta del bote es consciente de su debilidad y cree que: “Cualquier cosa que me haga figurar en los medios es bueno para mí a la vista de que, electoralmente no despego”. Supongo que habrán reconocido a los personajes principales del vodevil.

LOS QUE ESTÁN “ARRIBA”

Quedaría hablar de “los que están arriba” de ellos, por un lado, y de los que se sitúan en el escalón inmediatamente inferior a los tres protagonistas del vodevill, a saber: tertulianos y comparsas.

Los que “están arriba” son los que manejan más poder que los protagonistas (de hecho, el único que “toca poder” es Pedro Sánchez, Puigdemont es un cero a la izquierda -incluso en Cataluña fuera de una fracción de su partido- y en cuanto a Yolanda Díaz… bueno, es Yolanda Díaz). Los que “están arriba” se dividen en dos sectores:

- la patronal y la mayor parte de la “autoridad europea”, por un lado, y,

- por otro, los patronos de la progresía internacional que operan desde la ONU y la UNESCO promoviendo la Agenda 2030, los promotores del wokismo, del lobby LGTBIQ+ y de la corrección política a través de redes de ONGs financiadas -y dirigidas- mayoritariamente por los dos organismos internacionales mencionados y por sectores del capital financiero.

Al primer grupo -la patronal española y la “autoridad europea”- no aman particularmente a Pedro Sánchez y son conscientes de que está conduciendo al país a un callejón sin salida, no tanto político, como económico (parten de la base de que la economía debe guiar a la política y que las decisiones políticas deben tomarse en función de los intereses de los consejos de administración). Saben que el gobierno Frankenstein 2.0., que intenta gestar, será inestable y que, para satisfacer a las partes comprometidas, estará dispuesto a dar mucho más de lo que el país pueda soportar. Saben, también, que de no seguir con la política de subvenciones y regalos judiciales, sus apoyos se cortarían de un día para otro. Así que, si Sánchez quiere sobrevivir está obligado, puede conseguirlo a plazo inmediato, pero, a corto plazo, supondrá una catástrofe para el país que puede arrastrar a la propia Unión Europea (las dimensiones de España no son las de Grecia y un crack económico aquí puede repercutir en todo el continente).

En cuanto al segundo grupo, piensa solamente en términos de conveniencia. Por supuesto, solamente a unos cuantos perturbados atrincherados como funcionarios en la ONU y en la UNESCO, les interesa la realización de la Agenda 2030, pero han sabido transmitir esta “necesidad”  a gobiernos de izquierda que, desde la crisis de 2008-2011 habían perdido el norte al caer sus planteamientos socialdemócratas: fue, a partir de ese momento, cuando estos partidos buscaron una “ideología de sustitución” y la encontraron en las propuestas de la Agenda 2030 que se resumen en “igualdad – inclusión – diversidad”, nacida en los oscuros laboratorios del mundialismo y de la globalización. Y este sector, sobre todo, quiere en los organismos de poder nacional a gentes que no tengan por costumbre ni pensar excesivamente, ni mirar por algo más que sus propios intereses, que sean sumisos, los “yes man” de la cultura anglosajona (los carpetovetónicos lameculos). Sumisos ante los que “están por encima” y tiránicos con los ciudadanos de a pie, de los que solamente aspiran a comprar su favor con mentiras y/o su voto.

Estos últimos, sin ninguna duda, prefieren que el debate político esté en manos del personajillos como Yolanda Díaz, Carles Puigdemont o el mismo Pedro Sánchez, al que le basta una llamada del secretario del secretario de cualquier oficina de la Casa Blanca para que, inmediatamente, envíe más ayuda a Ucrania.

LOS QUE ESTÁN “DEBAJO”

Son los qu comentaristas políticos, tertulianos, editorialistas y comunicadores. Su poder mediático es cada vez menor a la vista de la bajada constante de las audiencias de los canales generalistas y de las radios, en comparación con el ascenso de las audiencias de youtubers o de podcats. Los primeros no son libres: dependen de los temas que les plantean.

Son los temas de moda marcados por la actualidad más banal y venal: que si Bertín Osborne va a tener otro hijo, que si el hijo de un actor de campanillas ha convertido en picadillo a un cirujano en el otro extremo del mundo, que si en España, los famosos también mueren, como en Hollywood, a pares (María Teresa Campos y María Jiménez), la reaparición de la Pantoja o el beso de la muerte de Rubi a Jenny…

¡Como si no fuera de interés general que el “gobierno en funciones” haya seguido aumentando la deuda cada día que pasa, o la constitución del parlamento con Francina Armengol -que ha dejado en Baleares el aroma de una de las peores y más corruptas gestiones políticas de todos los tiempos- como presidente, o el hecho de que los socialistas hayan “prestado” diputados a independentistas catalanes para que pudieran constituirse como “grupo parlamentario” y -lo importante- disponer de los cuantiosísimos fondos en tanto que “grupo” con personalidad propia; tampoco se ha mencionado el que se haya alcanzado un rédord histórico de llegadas de pateras, cayukos y charters repletos de inmigrantes, o que la criminalidad está creciendo cada día más -y no, no lo comprobaréis en los canales generalistas, sino en los medios independientes. Los tertulianos no imponen los temas, pero acceden a discutir sobre lo irrelevante y a eludir todo lo que ha ocurrido el pasado mes de agosto.

PUIGDEMONT O EL CLÍMAX DE LO IRRELEVANTE

En ese contexto, los tertulianos han recibido la orden de rescatar del olvido a un personajillo, entre tontorrón, mediocre y cobardón. Tontorrón porque a nadie con dos dedos de frente y una mínima experiencia política, sentido común y niveles de razonamiento básico, se le podía ocurrir que la aventura independentista podría terminar bien. Mediocre porque en su historial previo a la llegada a capitoste de la gencat, no había dado un palo al agua. Su biografía en Wikipedia es el reflejo de lo que es: empezó varias carreras, pero no terminó ninguna, preparación previa para vivir de la política, esto es, del cuento. Y cobardón porque el día antes de huir, cuando ya lo tenía todo preparado, se despidió de Junqueras y de sus aliados, diciéndoles que “fins demà”, sabiendo que no mañana ya estaría camino de Waterloo, algo que Junqueras y quienes “chuparon talego” de ERC no le han perdonado nunca.

En los últimos cinco años, Carles Puigdemont, solamente ha existido para los habituales de TV3. Quienes tenemos a bien no ver una cadena de propaganda del independentismo, incluso viviendo en Cataluña, habíamos olvidado por completo a este fulano. El precio del fracaso -y Puigdemont es, sobre todo, un fracasado- es el olvido. Y a Puigdemont se le había olvidado en Cataluña. Son pocos los que lo quieren de regreso. Durante su estancia en Waterloo, el independentismo se ha deshinchado. Las tiendas chinas retiraron hace tiempo las banderas independentistas a cinco euros unidad, con garantía de desteñirse a las 24 horas de estar expuestas al sol. La asistencia a los últimos 11-S iba en disminución. Las encuestas confirmaban que los partidarios de la “independencia” de Cataluña estaban en torno al 30% (lo que es normal, si tenemos en cuenta que entre el 32 y el 35% de la población catalana se expresa en la lengua de Pompeu Fabra).

En las últimas elecciones generales se demostró la caída en picado del voto independentista hasta el punto de que grupos como la CUP quedaron, literalmente, liquidados y, tanto ERC como PDcat, hoy, representan al 30% del electorado que acudió a las urnas en junio, lo que apenas suponen entre una quinta y una cuarta parte del electorado de la región catalana. Quien no se lo crea, le recomiendo vaya cualquier tarde a eso de las 19:00 frente a la estación del metro de Fabra i Puig y vea a las ruinas humanas que se manifiestan diariamente en favor del referéndum: una decena los mejores días (hasta no hace mucho esa decena, elevada a veinte, en los mejores momentos, custodiada por la Guardia Urbana de la Colau, cortaba los accesos a la Meridiana en las tardes durante cuatro años). Eso es el independentismo en uno de los barrios más populosos de la Ciudad Condal.

CUANDO EL PSICOPATÓN RESUCITA AL COBARDICA

A partir del final del “procés”, lo único que quedaba era asistir al baile intercambio de votos menguante entre formaciones indepes: las anteriores elecciones generales ya mostraron esa tendencia, ahora confirmada. El independentismo catalán muere. Pero las simetrías electorales hacen que siga presente -como nunca- en la política española. Lo paradójico es que las concesiones de Sánchez a los independentistas catalanes (indultos) y vascos (libertad presos) no se han traducido en un avance de unos y de otros, sino en un reforzamiento del presidente. A cambio de estas concesiones, los independentistas han apoyado sistemáticamente a Sánchez durante cuatro años. Eso es lo que ha provocado dos fenómenos: desmovilización del voto independentista y trasvase de votos del independentismo al socialismo. ¿Y Puigdemont? Olvidado por completo desde que cogió las maletas y se introdujo con ellas en el maletero de su coche.

Y hete aquí, que ahora, Puigdemont se ha convertido en el centro del debate político ¿en Cataluña? ¡No, en toda España! La gobernabilidad del Estado depende de él… Sería grotesco si no tuviera un punto de dramatismo y, por sí mismo, el episodio indicara la situación de desidia, despropósito y oportunismo político de las partes implicadas. Por curiosidad, estos días he sintonizado TV3: no ha pasado ni una hora, ni un programa, en el que no se haya dado vueltas al tema del “president”. Es más, incluso en la cada vez mayor programación en catalán de RTVE, el único tema de debate ha sido Puigdemont y la amnistía.

UNA AMNISTÍA CADA CUARENTA AÑOS SI HACE DAÑO…

En España, una amnistía cada 40 años no parece dar los resultados esperados. En la anterior, en 1977, todos los presos de ETA, del GRAPO y del FRAP, con delitos de sangre, fueron puestos en libertad. ETA y GRAPO reincidieron y costó 30 años y 800 muertos, convencerlos de que dejaran de matar. Entonces se nos dijo que sería la última amnistía y que la constitución no lo permitía. Cuarenta años después, se vuelve a hablar de otra. Se aspira a que todos los delitos vinculados a la intentona independentista, sean amnistiados, incluso las multas y los descerebrados que sembraron el terror en Barcelona quemando contenedores… ¡Cuando los protagonistas a los que se ha dado voz en los medios, todos sin excepción, han dicho que “reincidirán”! Entre las peticiones indepes figura la condonación de 50.000 millones de deuda de la gencat… que es como liberar a la institución de una carga, repartirla entre todos los españoles, poner el contador a cero y permitir que en poco tiempo se vuelvan a alcanzar las mismas cotas de despilfarro. Es como hace 40 años, cuando a cada nuevo paso dado por el gobierno de Adolfo Suárez en dirección a la amnistía era respondida por ETA y por el GRAPO con más crímenes.

España no tiene remedio. Vale la pena reconocerlo y aceptarlo. Gobierne quien gobierne. Irá más o menos rápido hacia el despeñadero, pero terminará desintegrada, la sociedad atomizada e indefensa, el Estado en suspensión de pagos, la Nación balcanizada y la clase política invirtiendo beneficios en paraísos fiscales

No es una “especificidad española”. Toda Europa Occidental va en la misma dirección. Incluso Suecia. A la vuelta de cinco años, el Estado estará en suspensión de pagos, el peso de la deuda y los cambios tecnológicos, generarán un mercado laboral cada vez más reducido ante el que el Estado tendrá que ampliar sus subsidios o afrontar revueltas sociales. Y esto en un momento en el que las mafias africanas se enseñorean de Europa, desde Malmoe hasta Cádiz, desde Atenas hasta Brest.

Duele que, ante esta perspectiva -la más realista y objetiva que cualquier tertuliano que mostrara un mínimo de independencia podría percibir- el debate político esté capitalizado por un cobardica, una tontita y un psicopatón.  








 

lunes, 17 de octubre de 2016

LA SEMANA DECISIVA


SE INICIA LA SEMANA DECISIVA: al terminar sabremos si nos convocarán a las urnas cuando estemos más preocupados por comprar los turrones. La pelota está en el tejado socialista y éste muestra goteras cada vez más grandes. Con unos socialistas que dicen que, "por coherencia", no votarán a Rajoy, a pesar de que para las elecciones de diciembre no tengan candidato, ni programa, ni posibilidades de subir de los 60 diputados y con un PSC reducido a caricatura residual en la política catalana y otros socialistas que dicen que lo mejor es abstenerse y dejar que la derecha gobierne antes de que nuevas elecciones lleven al PSOE a ser una sombra de lo que fue... SEA CUAL SEA LO QUE DECIDAN: EL PSOE PIERDE. Bah, peor para ellos: nadie llorará al PSOE cuando el electorado tire de la cadena del WC. Ya no hay un PSOE: hay dos y solamente falta oficializar la ruptura. RAJOY POR CUATRO AÑOS MÁS (que en realidad son cinco, contando el que ya ha pasado). Y ESO EN LOS MOMENTOS EN QUE LOS TRIBUNALES ESTÁN SUSTANCIANDO LA TRAMA GÜRTEL: si en estas condiciones, Rajoy y el PP son la "mejor opción".. ¿Qué le está pasando a este país? ¿Tiene remedio España? Creo que no: demasiados problemas acumulados durante demasiadas décadas, ausencia completa de clase política digna de tal nombre, clase política de reemplazo de peor calidad aún, con un proceso de atomización social y un sistema educativo pulverizado, unas autonomías insostenibles y una sociedad que oscila entre el porro y la telebasura. De verdad: ESPAÑA, NO TIENE REMEDIO. Cuanto antes lo aceptemos, antes podremos actuar en consecuencia.

martes, 30 de agosto de 2016

¿Pero que diablos está pasando en España?


Info|krisis.- Rajoy y Rivera han cerrado su acuerdo. La sensación que da es que las “exigencias” de Rivera se han diluido como un azucarillo y que, al final, toda la discusión se quedó en un cambalacheo sobre lo que uno daba y el otro recibía. Con un PSOE fuera de juego y un Podemos que todavía se está lamiendo las heridas de las últimas elecciones y cuyo “estrella” es ese pobre argentino parapléjico (hasta no hace mucho candidato de… Ciudadanos), la alianza PP-Cs era una de las que cabían esperar. Pero n hay dos sin tres y todo induce a pensar que este bloque no tendrá suficiente fuerza para hacer que Rajoy se afiance en la presidencia. Todo dependerá de lo rápido que se descomponga el PSOE y si su descomposición se producirá en las próximas semanas (en el caso de que un grupo de diputados socialistas desobedezcan la orden de votar NO a Rajoy dada por Sánchez o se refugien en la abstención) o cuando se convoquen las terceras elecciones generales para diciembre.

En cualquier caso, lo que parece evidente es que hemos entrado en una nueva dinámica política. ¿Cómo ha sido posible llegar hasta el punto en el que nos encontramos? Lo hemos dicho dese 2007: lo que ha acabado con el sistema político español –porque es de parálisis de lo que debemos hablar- fue la crisis económica que se inició ese año. Lo dijimos entonces: la crisis económica, al ser irresoluble (y era irresoluble porque en ese año se hundió el modelo económico español basado en la construcción, creado por Aznar, y nadie ha sido capaz de construir otro hasta ahora) se transformaría en crisis social (ciertamente han remitido los 6.000.000 de parados… pero, a condición de que los salarios se estancasen, el ahorro quedara penalizado por la bajada continua de intereses, proliferaran los contratos basura y aumentara la población en los límites de la precariedad) y, de persistir (como de hecho así ha sido) terminaría transformándose en crisis política (como así ha ocurrido: los electores no iban a seguir votando las mismas opciones que habían ido turnando en el poder en los últimos 40 años y que aparecían claramente como responsables de la crisis).