miércoles, 10 de marzo de 2021

METAFÍSICA DE LA MODERNIDAD (1) - LA HORMIGA Y EL ELEFANTE

En 1961 Julius Evola publicó Cabalgar el Tigre. Se trataba de una obra, no particularmente extensa en la que el autor realizaba un análisis completo sobre los distintos aspectos de la modernidad. Todavía hoy, su lectura estremece, al advertir que el análisis de Evola se adelantó a su tiempo y que la obra había previsto los desarrollos que tendrían las principales corrientes socio-culturales en los siguientes sesenta años.

El autor, apenas ocho años antes (en 1953) había lanzado lo que puede considerarse como el gran manifiesto político de la derecha tradicional de la postguerra europea (acaso el único que ese sector político fue capaz de producir en esa época), Los hombres y las ruinas, una verdadera llamada al combate, rectificaba las posiciones y decía en 1961, textualmente, que la política no es un campo preferencial de trabajo, salvo para aquellos cuyo carácter y aptitudes están predispuestos para ello. Afirmaba que “hacer las cosas bien” en política no era mejor que hacer otro tanto siendo traficante de drogas o proxeneta. En la década que media entre la aparición de una y otra obras, Evola había llegado a la conclusión de que las “desintegraciones” que estaba sufriendo el mundo eran de tal calibre que ya no podía hacerse nada para rectificar el rumbo. Era preciso… “cabalgar el tigre” y ver en qué podían ayudar estos procesos para el “hombre diferenciado”, aquel que no se resignaba a seguir la corriente como los peces muertos, sino que aspiraba a realizar una transformación efectiva de su ser.

Cerrada la vía de la política, en el que la “acción heroica” pudo manifestarse en otro tiempo, quedaba la vía de “asomarse al interior”. Evola, a lo largo de la obra da algunos consejos en esta dirección.

Pero, Cabalgar el Tigre tiene un problema: fue escrito en un mundo muy diferente al nuestro, prácticamente irreconocible. Evola había previsto la “aceleración de la historia”, entendido como el aumento de la velocidad asindótica de caída de los niveles de civilización. Pero lo había previsto desde la óptica de 1961 y, si bien, los procesos de disolución cuyo análisis aborda en el terreno de la filosofía, de la técnica, de la familia, de la religión, de la política, siguen sucediéndose tal y como previó, no es menos cierto, que, especialmente a partir de 2001, fueron apareciendo elementos nuevos que contribuyeron a acelerar la velocidad de desintegración de nuestra civilización. En estos párrafos pretendemos realizar un seguimiento a estos procesos disgregadores. Esto implica realizar un análisis completo de las distintas derivas de la modernidad.

*     *      *

Entre mis recuerdos infancia figuran dos películas a cuya proyección asistieron mis padres. Yo era demasiado pequeño para acompañarlos a estas sesiones sólo “para mayores de catorce años”, pero, al volver, me contaban lo que habían visto con las palabras que puede entender un niño de apenas cinco años. Hubo dos películas que me llamaron la atención. Se estrenaron en España, unos años después de que fueran filmadas. Una de ellas era La senda de los elefantes, la otra Cuando ruje la marabunta. Las dos se filmaron en 1954 y debieron llegar a España un par o tres de años después. De mayor, claro está, tuve la ocasión de ver ambas cintas. En la primera, una mujer se va a vivir a Ceilán a una plantación de té que se ve amenazada por hordas de elefantes sedientos y enloquecidos; en la segunda, otra mujer acude a la selva amazónica para casarse con el propietario de una plantación que resulta asolada por una plaga de hormigas asesinas.

Sería difícil encontrar animales tan opuestos como la hormiga y el elefante. Lo que es grande en el elefante, tiene su contraste en lo minúsculo de la hormiga; el paquidermo escasea sin haber disminuido su potencia, en cuanto al segundo es una especie que prolifera con miles de millones de individuos; los elefantes tienen larga vida, mientras que en las hormigas es breve; el elefante tiene una inteligencia -e, incluso, una memoria- individual, en cambio, la hormiga tiene una inteligencia colectiva.

A Salvador Dalí, con tendencia a apreciar instintivamente cualquier simbolismo, ya le habían llamado la atención ambas especies animales. Cuenta que, de pequeño, observó el caparazón de un insecto que había sido devorado por hormigas. En su neurosis obsesiva, Dalí veía en esto el símbolo de la muerte y también en del deseo sexual (sin duda, por la proliferación de hormigas que sugería la fecundidad de la reina). En sus sueños de adulto, Dalí empezó a ver elefantes zancudos, con patas largas, delgadas, frágiles, casi invisibles que portan pesadas cargas en su lomo y con la trompa levantada que, para él, sería también otro símbolo sexual, especialmente cuando, en sus creaciones artísticas, los hace acompañar de obeliscos.

Dalí había identificado dos símbolos esenciales para caracterizar nuestra época, solo que, en su obsesión freudiana, los había interpretado de manera errónea. Y, sin embargo, hormiga y elefante, por sí mismos, bastan para caracterizar nuestro tiempo.

Recordemos que, para René Guénon, el símbolo es la “expresión sensible de una idea”. Para que un símbolo pueda ser considerado como tal, es necesario que sea universal, esto es, fácilmente accesible a todo el mundo y perceptible de manera natural con sólo visionarlo una vez. El hombre occidental, en general, ha perdido el sentido de los símbolos: vive en un mundo de realidades tangibles. Una mesa es una mesa en tanto que tiene una tabla, cuatro patas y sirve para realizar sobre ella alguna actividad. Pero un círculo, en sí mismo, no representa ninguna idea tangible, en la medida en que expresa también la idea de lo que no tiene principio ni fin, lo que se cierra sobre sí mismo, o aquello cuyos puntos de los que está compuesto distan lo mismo de un centro, y cualquier otra característica simbólica, alude a algo “metafísico” que se sitúa de espaldas y por encima al campo preferencial en la que el ser humano actual desarrolla su vida, el mundo de lo “físico”.

El mismo Guénon aludía en El Reino de la Cantidad y los signos de los tiempos a la progresiva materialización (o solidificación) de la modernidad. En los tiempos en los que Evola y Guénon escribían sus obras (años 20-60 del siglo XX), todavía era posible encontrar individuos, incluso grupos organizados, que aspiraban a conocer el mundo que está “más allá de lo físico”. Pero hoy, estos sectores, se encuentran prácticamente desaparecidos y resulta difícil entablar conversaciones sobre “lo espiritual”, y mucho más encontrar verdaderos “maestros espirituales”, incluso, para la mayoría, resulta remoto hacerse una idea de lo que encierran conceptos metafísicos o cualquier cosa que no sea la pura materialidad. Parece como si un filón de la cultura se hubiera extinguido. En muchos casos, “lo espiritual” es reducido a lo psíquico o, incluso, a meras supersticiones o a doctrinas orientales malamente explicadas y peor enseñadas por gurús de medio pelo con ansias de utilizar lo “metafísico” para saciar sus necesidades tan “físicas” como inconfesables. Ya aludiremos más adelante a este orden de ideas; retornemos, por el momento al simbolismo de la hormiga y del elefante.

Nadie se sorprenderá si afirmamos que, de entre todos los animales, el elefante africano se lo más parecido a una apisonadora. Las manadas de elefantes, formadas por pocos individuos, asolan los territorios por los que pasan, abren caminos, arrancan árboles con sus trompas o, simplemente, embistiéndolos, y nada se resiste a su paso. Las legiones romanas temían a los elefantes que conseguían romper sus barreras de escudos sin inmutarse y tardaron en elaborar tácticas para contrarrestar su papel como punta de lanza de los ejércitos cartagineses.

Si tuviéramos que compara el elefante con algo existente en nuestro mundo, sin duda, podríamos hacerlo, sin forzar el simbolismo, con los “señores del dinero”, con las grandes acumulaciones de capital, con los fondos de inversión omnipotentes y omnívoros, y con las “dinastías económicas capitalistas”. En la modernidad, se hace y se deshace solamente lo que ellos quieren.  Contrariamente a lo que se tiene tendencia a pensar, no constituyen una única fuerza, sino un mismo estado de espíritu, con los mismos objetivos, idénticos métodos e igual lógica, pero divididos en distintas manadas, incluso enfrentadas entre sí. Cuando una de estas manadas entra en acción, nada se resiste a su paso, no hay baluartes ni barreras que logren detener su avance. Porque el “elefante”, en forma de gigantescas corporaciones e inhumanas acumulaciones de capital, es, a fin de cuentas, la imagen simbólica que mejor corresponde a uno de los aspectos de la globalización y de la actual etapa del neocapitalismo.

Pero luego está el otro aspecto representado por la hormiga carnívora. Ésta no posee la fuerza del elefante, pero si la que le otorga el número. Allí donde va, también lo arrasa todo. Ver moverse a un termitero es contemplar el avance del “hombre masa”: en él no existe el pensamiento individual, sino reacciones colectivas, si el elefante es el rey de la fuerza bruta, la hormiga es el emperador de la cantidad, de lo indiferencia, de la masa de seres que discurren vorazmente hacia allí en donde pueden ser satisfechos sus instintos más primarios.

No es raro que las plantas de producción industrial se hayan desplazado hacia Oriente; allí, desde la noche de los tiempos, el mandarinato ha impuesto su esquema: la sumisión a los que mandan (hoy en forma de nuevos mandarines del Partido Comunista), el cumplimiento de un triste destino hasta la extenuación, la invasión de todo territorio en donde haya algo que esquilmar. Sería difícil no ver como un termitero a la República Popular China a donde han ido a converger mediante “deslocalización”, las manufacturas de buena parte del mundo. Allí es donde empleados anónimos, al servicio de los nuevos mandarines, comunistas y de la nueva clase empresarial, producen continuamente millones de objetos que se consumirán en todo el mundo. Los bajos costes de producción terminan arrasando la industria en cualquier otra parte del mundo y, para colmo, dado que en aquel país existen abundantes excedentes de población, se exporta carne humana en forma de emigración a todo el mundo. Hoy, en Cataluña, es más fácil encontrar un bar regentado por chinos que comprar una barretina y, cuando se encuentra, seguramente la venderá un badulaque propiedad de chinos…

De la misma forma que existen distintos tipos de hormigas carnívoras (las hay “guerreras”, las hay “exploradoras”, las hay “zapadoras”, además, por supuesto de la “reina”), en la humanidad los chinos no son la única marabunta presente en el escenario, el “hombre masa”, el consumidor compulsivo, aquel que es permeable a las sugestiones de la publicidad y, en general, todo aquel que se mueve en el universo del “look”, del “entertaintment”, del “advertising” y quiera hacerse un hueco preeminente como “influencer” en las redes sociales telemáticas y, precisa, mostrarse como poseedor de los últimos productos lanzados al mercado, constituye otra de las variedades de estos insectos.

Nuestro mundo está dominado por las grandes corporaciones y las grandes acumulaciones de capital -los elefantes- y por la producción dirigida por los nuevos mandarines y por el hombre-masa, el consumidor, esto es, por las hormigas. Hay pocas defensas posibles contra lo uno y contra lo otro. Se diría que los animales más enormes y los insectos más minúsculos se han conjurado para destruir el mundo. Los elefantes abren el camino al consumo, son aspiradoras de riqueza, su avance implica que cada metro devastado aumenta su poder y su influencia en las alturas económicas; las hormigas lo arrasan todo a su nivel, en lo bajo, en el día a día del “hombre masa”.

En lenguaje marxista, parece bastante claro que las corporaciones y los “señores del dinero” son las infraestructuras operativas que ponen en marcha las superestructuras en donde se encuentran los siervos del mandarinato y el hombre-masa. Sea como fuere, la acción de élites económicas irresponsables, de productores alienados y de consumidores integrados, están devastando la modernidad. Más aún, a poco que tengamos una edad superar a 40 años, nos será posible apreciar que la velocidad en la que se están produciendo tales devastaciones, va aumentando. Resulta impensable pensar que las transformaciones que se están produciendo en la modernidad, conseguirán estabilizarse en algún momento. La idea de “progreso” implica que, para “avanzar”, es necesario, como lo es para el ciclista, seguir pedaleando. Detenerse, supone caer. Pero seguir avanzando supone algo todavía peor, especialmente, si como está haciendo la civilización actual, por delante solamente existe un precipicio.

No es aquí el lugar para presentar lo que otros autores ya han hecho con particular brillantez: el proceso de decadencia del mundo y de inestabilidad creciente, es algo en lo que insistieron Julius Evola (que trazó la génesis de la decadencia en la segunda parte de su Revuelta contra el mundo moderno) y René Guénon (que sentenció el cumplimiento del destino fatal de nuestra civilización en La crisis del mundo moderno). No es cuestión de repetir sus análisis, sino de recordar sus sentencias y actualizarlas:

- Toda decadencia es un producto del alejamiento de lo espiritual y de períodos de materialismo que se van exasperando a medida que lo metafísico deja de estar en el centro de los valores y de los sistemas de organización social.

- Estamos llegando al final de un ciclo. La modernidad, no es la etapa intermedia hacia una “new age” de paz, amor y fraternidad universal, sino la última etapa de decadencia.

- Nuestra civilización no es eterna y el mundo basado en el paradigma newtoniano mecanicista, en los ideales de la revolución francesa, en la economía liberal llevada a sus límites extremos, y en el proceso producción-consumo, produce cada vez más desajustes a medida que avanzan las “revoluciones industriales”.

- La velocidad de caída no es uniforme: se está acelerando y esa aceleración es perceptible, no solo observando el inicio del actual ciclo (en 1945), ni siquiera desde las fechas claves de 1989 (Caída del Muro de Berlín e inicio de la globalización), 2001 (episodio de las Torres Gemelas), sino incluso va a ser visible en la década 2020-2030, dominada por la “cuarta revolución industrial” y el cambio tecnológico acelerado.

- Han dejado de existir “muros de contención”: la corrección política y el pensamiento único, ejercen un chantaje al que muy pocos parecen dispuestos a resistir. Por otra parte, incluso los grupos sociales que ejercían como representantes de los sectores burgueses y conservadores, se van deshaciendo como hielo bajo el sol: aristocracia, iglesias, moral, valores burgueses, etc.

Estando de acuerdo en estos puntos, la velocidad con la que avanza la modernidad, obliga a introducir algunos cambios de perspectiva en relación a los consejos que se podían leer en Cabalgar el Tigre. Evola sostenía que lo principal es “no dejarse impresionar” por las destrucciones a las que estamos asistiendo y Guénon, contextualizaba nuestra época dentro de la doctrina tradicional de los ciclos, explicando que “todo desorden parcial, no es más que un factor de un orden más general”.

Vale la pena recordar que las marabuntas de hormigas avanzan hasta que, finalmente, una ley de su especie, las detiene. Hoy se conocen los motivos, antes o después a las hormigas les fallan sus feromonas; están habituadas a seguir a la que tienen delante, pero si, en algún momento de la marabunta, se produce un error en la apreciación de las feromonas, las que siguen detrás, se limitan a imitar a las que van por delante, llegando a morir de agotamiento. También, un hormiguero muere cuando muere su reina. Y ésta, como nada de lo que existe en este mundo sublunar en eterno. Así mismo, es relativamente frecuente presenciar “guerras de hormigueros” que enfrentan a ejércitos opuestos y dejan decenas de miles de cadáveres en el suelo: porque las hormigas, como los humanos, también se destruyen a sí mismas. Finalmente, en los casos extremos, la única manera de detener una marabunta -y tal como suele detenerse- es mediante el fuego, utilizando lanzallamas o gasolina inflamada.

En cuanto a los elefantes, en África se conoce el emplazamiento de “cementerios” de estos paquidermos. Su última senda les conduce hasta allí. Hasta el último momento van arrasando los territorios por los que pasan, intuyen que van a morir, están viejos y cansados, pero siguen avanzando, hasta que, en un momento dado, al llegar al “cementerio”, se desploman. El elefante ha muerto de forma natural. Y, claro está, también puede ocurrir, como de hecho ocurre con frecuencia, que sean cazados, no como deporte sino por el marfil de sus cuernos. También aquí podemos ver en esto el simbolismo de aquel que acumula y lleva consigo un bien codiciado por otros, que se convierte en causa de su muerte.

Hasta las especies que parecían invencibles -una por la fuerza y el tamaño de sus individuos aislados y la otra por la masa y la agresividad depredadora- desaparecen. Sus trayectorias nos parecen perífrasis simbólicas excepcionalmente ajustadas a la realidad para describir nuestro mundo y la perspectiva de su final. El propio sistema creado por el neoliberalismo globalizado y mundialista, con sus elefantes y sus hormigas simbólicas, puede desaparecer como lo hacen estos seres de la naturaleza.

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Las observaciones realizadas hasta aquí justifican el trabajo que nos hemos propuesto:

- analizar con detalle y prever el desencadenamiento, el alcance y el colapso de los elementos de la modernidad surgidos con posterioridad a Cabalgar el Tigre (1961) y con especial atención a los que pueden preverse en la “cuarta revolución industrial”.

- prever las características que puede revestir el “final de la última parte” de este ciclo de la decadencia en el que estamos embarcados, añadiendo algunos consejos complementarios a los aportados por Evola en la citada obra.

(continuará)

 

martes, 9 de marzo de 2021

UNA RAZA EXTINGUIDA: LOS NOBLES VIAJEROS

El turismo, en tanto que fenómeno de masas, es algo propio del siglo XX. Pero desde la más remota antigüedad el hombre sabio gustó de viajar y aprovechó su ir y venir como escuela de carácter y método de conocimiento. A estos hombres se les llamó "nobles viajeros"; su historia jalona los mejores momentos del mundo tradicional.

Vale la pena recordar su aventura.

DE LA PEREGRINACION COMO PEDAGOGIA

Todavía hoy los "Compañeros Carpinteros del Deber de la Libertad", una fraternidad artesanal francesa, en el tercer grado de aprendizaje, el de maestro, animan a sus alumnos a que realicen un "tour de France", esto es, una peregrinación por todo el país. En cada etapa son acogidos por los compañeros de la misma fraternidad y colocados en sus talleres; así pueden adquirir un bagaje práctico para el desarrollo de su profesión, aprendiendo los trucos del oficio en cada región.

Cambiemos de tercio. A principios de siglo cuando algún joven ingenuo solicitaba al mago y satanista inglés Aleister Crowley ser admitido como discípulo, éste ordenaba seguirle y no precisamente a la esquina; sino a través de los más inverosímiles horizontes: desde los glaciares hasta las selvas africanas, de las altas cumbres alpinas hasta barrios hostiles magrebíes, incluso en la ascensión al peligroso K-2.

En ambos casos se trataba de someter al discípulo a situaciones extremas; los artesanos franceses quieren que el nuevo miembro, no tenga más punto de apoyo que su trabajo: para ello deberá alejarse de sus amigos y familiares, de todo aquello que pueda suponer un sostén fuera de sí mismo y de su empeño. Igualmente, Crowley situaba al discípulo en condiciones límite en las que se hacía realidad la palabra de Nietzsche, "lo que no me destruye me fortalece".

EL IX ARCANO DEL TAROT

Se debe a los gitanos, pueblo viajero por excelencia, el haber traído el Tarot a Europa. Pueblo viajero por excelencia, desplazados de la India durante el siglo XIII, iniciaron una lenta e inexorable marcha hacia el Oeste. En el curso de su migración atravesaron la ruta de las más grandes culturas de la humanidad: debieron cruzar la india védica, Babilonia y Persia, Egipto (al llegar a París fueron llamados "egyptiens", palabra que, por corrupción, derivó en su nombre actual, "gitanos") y, ya en Europa, de Bohemia pasaron a París y luego descendieron camino de Andalucía. En todas estas etapas se familiarizaron con las artes mágicas para las que estaban excepcionalmente dotados. Court de Gibelin afirma que fueron ellos quienes trajeron el Tarot a Europa.

Una de las cartas del Tarot, el Arcano IX "El Ermitaño", representa a un personaje cuyas características son propias del viajero: cubierto con una gruesa capa que lo defiende de las inclemencias del tiempo, en su mano izquierda sostiene el cayado del peregrino, mientras que en su derecha alza un farol que ilumina su ruta.

El Ermitaño no es un ser "errante", viaja con una misión: aprender para enseñar. Sus atributos simbólicos sugieren una larga marcha, a lo largo de la cual convierte en luz en la oscuridad. La carta de El Ermitaño, es inmediatamente posterior a las de El Carro y la Justicia. La primera indica rapidez, velocidad, impaciencia; La Justicia, por el contrario, es su contrario, retarda los procesos, huye de las improvisaciones y busca el orden y lo estático. El Ermitaño concilia el antagonismo de estas dos cartas: es dinámica, pero serena.

Tales eran las características de los "nobles viajeros".

DE LA CABALLERIA ENTENDIDA COMO PEREGRINACION

Cervantes escribía en "El Quijote": "Soy caballero. Como tal viviré y moriré si place al Altísimo. Marcho por el sendero estrecho de la Caballería errante, despreciando las riquezas, pero no el honor. He vengado las injurias, he enderezado entuertos y castigado insolencias. No tengo intención que no sea recta y no intento más que hacer el bien a todo el mundo. Un hombre que piensa, un hombre que actúa de esta suerte, ¿merece ser tratado de loco? Os lo pregunto a Vuesas Mercedes".

Cuando Cervantes escribía estas líneas, la caballería ya había desaparecido. De hecho, la verdadera caballería se fundamentó sobre los textos del "ciclo del Grial" que aparecieron en poco menos de cincuenta años, entre el último cuarto del siglo XII y el primero del siglo XIII. En ese breve espacio de tiempo, como obedeciendo a una consigna oculta, aparecen por toda Europa relatos que tienen como temática central el viaje iniciático de un grupo de caballeros en busca del Grial. Luego la corriente se oculta, obedeciendo igualmente a una consigna. Renacerá 120 años más tarde y prolongará su vigencia durante un siglo, pero estereotipada y sin interés iniciático. Serán estos textos espurios y sin contenido los que Cervantes hará quemar al boticario y al cura de su famosa novela.

La llamada "caballería del Grial" fue una caballería errante y nos equivocaríamos si pensáramos que solamente existió en los relatos épicos. Están perfectamente documentadas hasta mediados del siglo XVI, caballeros errantes que recorrían los caminos retándose a duelo e impartiendo justicia.

René Guénon, el famoso esoterista francés, comenta que los "nobles viajeros" tienen su origen en los héroes clásicos cuyas aventuras tienen frecuentemente el carácter de un viaje: Jasón y sus argonautas afrontarán mil peligros antes de alcanzar la Cólquida, Ulises, igualmente de la raza de los héroes, recorrerá todo el Mediterráneo hasta regresar a su amada Ítaca; Hércules, paradigma de las virtudes heroicas, recorrerá el cosmos a través de sus doce trabajos o escalones de perfección.

El hecho de que se aludiera a los viajeros con el calificativo "nobles" es, para Guénon, el símbolo de que están relacionados con la iniciación guerrera, esto es, aquella que tiende a reforzar las cualidades de acción en el seno de la personalidad del sujeto.

OPERACIONES ALQUIMICAS Y VIAJE INICIATICO

Guénon coloca la tradición guerrera propia de las órdenes ascético-militares en el mismo plano que la tradición hermética. Afirma que ambas abren la puerta a los "pequeños misterios", aquellos que no son de carácter metafísico, sino cosmológicos y aplicativos.

Es rigurosamente cierto que la alquimia está jalonada de "nobles viajeros". Nicolás Flamel el famoso alquimista francés, abandonó sus hornos y su oficio de escribano, se despidió de su mujer Perrenelle y viajó hasta Santiago de Compostela; a lo largo de su peregrinación comprendió el camino para fabricar la piedra filosofal.

Otros muchos, después de él, han seguido idénticos periplos. Se conocen las cualidades viajeras de Alejandro Sheton, alquimista inglés, que fue llamado "El Cosmopolita", pero también Valentín Andreae, Robert Fludd, Filaleto y Bernardo, príncipe de la Marca Trevisana, alquimistas de los que están documentadas transmutaciones de plomo en oro, cruzaron Europa de Norte a Sur y llegaron incluso al Medio Oriente. Del último se sabe que visitó Italia, España, Turquía, Grecia, Egipto, Palestina y Persia, en una época en la que la dureza de los caminos y la dificultad de comunicaciones no favorecían ninguna empresa viajera.

Los auténticos rosacruces asumieron los valores inherentes a la peregrinación. Del fundador de esta escuela, el mítico Christian Rosenkreutz, se afirmó que había conocido Chipre, Damasco, Fez, Egipto y España. También circuló la leyenda según la cual, antes de iniciarse la guerra de los Treinta Años, los últimos auténticos rosacruces habrían emigrado "hacia Oriente" a un punto que se identificaba con el mítico reino del Preste Juan al que aludían los relatos del Grial.

Todo esto nos confirma en el sentido pedagógico del viaje. Es evidente que se trata, fundamentalmente de un viaje interior en el cual el adepto se sumerge progresivamente en estratos más profundos de su personalidad y va tomando posesión de sí mismo. En ocasiones ese viaje interior es favorecido por la experiencia exterior traumática de un viaje real y objetivo.

NOBLES VIAJEROS DE TODOS LOS TIEMPOS

El más famoso "noble viajero" de la antigüedad se llamó Apolonio de Diana. Su biografía se conoce a la perfección gracias a Flavio Filostrato en la que presente a Apolonio como un santo pagano, contemporáneo de Jesús y con rasgos muy parecidos. Como Jesús sorprende a los sabios, no del Templo de Jerusalén, sino del Templo de Esculapio en donde es iniciado en los misterios pitagóricos; si Jesús viaja a Egipto, Apolonio lo hace a Babilonia, India y Tíbet; Jesús es juzgado, condenado, muerto y resucita. Apolonio abrevia este periplo; juzgado, exclama ante el tribunal "Podéis detener mi cuerpo, pero no mi alma y añado, ni siquiera mi cuerpo podéis detener"; al decir estas palabras desapareció envuelto en un cegador resplandor...

El caso de Apolonio es particular por la abundante documentación que existe sobre él, pero no fue el único caso. Demócrito, iniciado en los secretos de la alquimia por los sacerdotes egipcios, movido por su ansia de conocimiento viajó a Egipto y Caldea. Pitágoras, otro "noble viajero" a medio camino entre la historia y el mito; en las Galias conoció la sabiduría druídica, en Persia fue instruido por el mago Zaratas; se afirma también que sus desplazamientos le llevaron a India y China. Tales de Mileto, otro de los grandes pre-socráticos, fue formado al calor de los templos egipcios y caldeos.

Más recientemente el médico alquimista Teophrastus Bombast Paracelso, miembro de la orden rosacruz, ya en el siglo XVI, adquirió conocimientos por las rutas de Francia, Austria, Alemania, España y Portugal, y permaneció largos años en el Este europeo, Valaquia, Dalmacia, Rusia, Polonia, Lituania; su afán de saber le llevó incluso a Turquía. Otro alquimista Balthasar Walter se instruyó durante de seis años en las ciudades de Arabia, Siria y Egipto.

Los grandes sabios de la antigüedad consideraban el viaje como una oportunidad excepcional para absorber conocimientos de los lugares que visitaban. Probablemente su sabiduría derivaba de este espíritu viajero.

LA RAZA EXTINGUIDA

Con el Renacimiento aparecen los descubridores y grandes conquistadores de los que Francisco Pizarro es el arquetipo. Se trata, más que de héroes, de aventureros en el sentido propio de la palabra; no son "guerreros" sino "soldados" (es decir, los que luchan por la "soldada", el sueldo). El viaje no es para ellos una pedagogía educativa o un recorrido iniciático, sino una aventura lucrativa.

Todavía aparecerán algunos nobles viajeros, a título póstumo en los siglos XVII y XVIII. El misterioso conde de Saint-Germain será uno de ellos; Josep de Balsamo, conocido como conde de Cagliostro, muestra ya rasgos problemáticos; recorrió todas las grandes capitales europeas seguida por su amante Lorenza Feliciani. Nadie dudaba de sus cualidades paranormales y los nobles se afiliaban gustosos en el Rito Egipcio de la franc-masonería que acababa de crear. Durante su paso por Barcelona se alojó en el Hostal del Sol, próximo a Santa María del Mar. Allí mismo sería detenido junto a su amante acusados de estafar a un cura...

Después la calidad de los "nobles viajeros" se encontrará de forma residual en la figura de exploradores como Savorgan de Brazza, Stanley, o el español Alí Bey, sobrenombre de Domingo Badía.

Hemos visto como los nobles viajeros de la antigüedad tuvieron un carácter sagrado; luego fueron sustituidos por los caballeros errantes, formulación "turística" adaptada a la nobleza; en una tercera etapa aparecen los viajes ligados a las hermandades corporativas, esto es, a los artesanos. Finalmente, durante el siglo XX se produce la última mutación: aparecen los circuitos turísticos abiertos a la gran masa de la población. El turismo se convierte en una forma de ocio. Hay que celebrarlo.

En la evolución última de la industria turística se percibe una tendencia a añadir al viaje unos contenidos educativos que cada vez ganan importancia hasta situarse, en algunos productos, al nivel de los lúdicos y festivos. El mercado tiende cada vez más a ofrecer circuitos temáticos en los que la presencia de guías especializados, conocedores, tanto de la historia como de los lugares de interés turístico, aparece como imprescindible. El viajar vuelve a ser una actividad formativa y educativa.

Esto es volver a los orígenes...


 

 

lunes, 8 de marzo de 2021

CRÓNICAS DESDE MI RETRETE: DEL DÍA DE LA “MUJER TRABAJADORA” AL DÍA DE LA “MUJER EMPODERADA”. EL FONDO DE LA CUESTION

Alguien ha comparada a las manifestantes feministas más agresivas como el “ejército de los orcos”. La comparación es pertinente. No valdría la pena tratar sobre este tema si no fuera porque Podemos, ha incluido al feminismo radical -y sólo al radical- en su particular “póliza de supervivencia”. Porque, de eso se trata: sobrevivir políticamente generando, durante el tiempo que se permanezca en el poder (y las cosas están maduras para que Podemos desaparezca de los consejos de ministros), un electorado clientelar compuesto por estas feministas, por los fanáticos de las ideologías de género (eso que se llama LGTBI), por porrerillos colgaos sin más objetivo vital que lograr una paguita, inmigrantes recién nacionalizados y almas sensibles de ONGs subvencionadas. No es mucho, apenas un 6-8% del electorado, pero les garantiza a los dirigentes de Podemos, seguir chupando de la teta pública mientras tengan cargos electos.

Las pobres feministas, estilo Esty Quesada (“Soy una pringada”), o más descocadas, estilo FEMEN, tienen un enemigo (aparte del buen gusto): el Covid-19. De esto lleva hablándose una semana: se recuerda que el año pasado, la manifestación feminista costó el que la epidemia se extendiera más rápidamente que en cualquier otro lugar de Europa. A este primer error, Illa sumó otros más en cadena y así hemos llegado a un nuevo 8 de marzo, en el que Podemos seguía intentado regar a su electorado clientelar con otra nueva manifestación, pero el PSOE ya no estaba por la faena, habida cuenta de las repercusiones que tuvo la manifestación del año anterior.

En esos doce meses muchas cosas han cambiado: en primer lugar, si el gobierno cedió a las presiones de las feministas y autorizó y estimuló una manifestación, a sabiendas de la peligrosidad del virus, era porque la “coalición” PSOE+Podemos, se acababa de estrenar y no era cuestión, ni de ponerla en crisis, ni de que los podemitas se llevaran toda la gloria. Pero un año después se ha demostrado:

1) Que la supervivencia del gobierno de coalición (al menos, de esta coalición) pende de un hilo, se ha ido pudriendo a lo largo de los meses y que, en cualquier momento, una declaración inoportuna de cualquiera de las “mentes privilegiadas” de Podemos, con más repercusión de lo normal, puede hacer saltar la alianza.

2) Que la manifestación del año pasado generó una bajada en la estimación de voto del PSOE. Y ya se sabe que Sánchez tiene como único barómetro las encuestas del CIS previas a su cocinado.

3) Que durante este año la imagen que la población tenía del feminismo radical se ha ido degradando hasta el punto de que las feministas “históricas” se encuentran hoy más próximas a Vox que a Podemos.

Para colmo, este año se han sumado varios elementos polémicos, más o menos relacionados con la materia, entre los que podemos identificar:

- El lamentable monólogo de Esty Quesada en la sesión de los premios Feroz. Esty Quesada no es una buena actriz. De hecho, ni siquiera es actriz. Tampoco es cómica, ni siquiera monologuista. El hecho de que alguien haya sufrido bullyng, abusos, tratamiento psicológico y tenga sobrepeso, no es motivo para ser más condescendiente con las actividades artísticas, o presuntas tales, de la chica. En cuanto a su ideología LGBTI, no le exime ni de la calidad ni del buen gusto. Su monólogo resultó ofensivo para muchos y mostró el nivel excepcionalmente bajo de quienes ni siquiera saben reírse de sí mismos.

- Los comentarios machistas de los Premios Goya, son, en efecto, inoportunos, pero la policía del pensamiento no puede imponer el que algunos piensen que determinadas actrices han aceptado que sus modistos (gays en gran medida), las vistan de manera provocativa, extrema y mostrando decímetros cuadrados de su anatomía… como las chicas de puticlub. Algunas mujeres y hombres son tan pobres que solamente tienen su físico. Si aceptan explotarlo, se arriesgan a que alguien las pueda comparar con aquello a lo que más se parecen. Y, por supuesto, no es de recibo que un comentario de este tipo pueda oírse en bulín directo (si bien en la RTVE de Rosa María Mateo, ya todo es posible.

- La persistencia de las feministas radicales de manifestarse en plena pandemia, como si en ello les fuera la vida y, sin reconocer, que la manifestación del año pasado tuvo un papel decisivo en la rapidez con la que se expandió la pandemia. Esta insistencia resulta incomprensible desde todos los puntos de vista y nos remite, de nuevo, a la equivalencia “feministas radicales – orcos tolkienianos”, seres brutales, privados de sensibilidad y de inteligencia para cualquier otra cosa que no sea cumplir su fatum (destruir y matar en el caso de los orcos y descargar adrenalina en el caso de las feminitudas). El tira y afloja entre la Comunidad de Madrid, el Ministerio de la Igualdad, los organismos judiciales y un Sánchez (“no sabe/no contesta”) han estado durante una semana seguida en primera página en digitales e informativos.

Pero centrarnos en todo este sería permanecer en la superficie. Y estas polémicas generadas por el feminismo radical no son más que un “epifenómeno” (fenómeno que se manifiesta en la superficie) y que denota la existencia de causas más profundas: esto es, de un epicentro.

Podríamos preguntarnos, pues, ¿cuál es el fondo de la cuestión? Podemos identificar varios factores, en parte, diferentes y, en parte, unidos en el epicentro: la quiebra de nuestras sociedades. Vamos a tratar de identificarlos:

1) El dogma de la “igualdad”, aplicado a todo, da como resultado el que el voto de un colgado emporrado, atracador y asesino, psicópata y violador, valga lo mismo que el de un universitario honesto, trabajador, padre de familia

. A partir de ahí -es decir, de admitir lo inadmisible- todo dependerá de la fuerza de tales o cuales colectivos, del ruido que sean capaces de hacer, para que se atiendan a sus reivindicaciones igualitarias. Pero, en filosofía se dice que cuando algo es exactamente igual a otro, igual en todas sus partes, en su esencia y en su sustancia, no se trata de dos entes diferentes, sino de uno solo.

2) Las feministas radicales, utilizando el dogma de la igualdad, han privado de identidad a la mujer. Porque, tales feministas lo único que han logrado ha sido liquidar las cualidades propiamente femeninas, determinadas por la biología y evidenciadas en la psicología, para hacer de la mujer algo “igual” al hombre, es decir, “virilizarla”. Ni siquiera es algo nuevo, en el mito griego de las Amazonas ya estaba presente esta tendencia. Sin olvidar que la sexualidad es una pulsión que, en su forma más natural, nace de la “polaridad”: dos partes, originariamente unidad en el mito platónico del andrógino primordial, se atraen irremisiblemente para reconstruir esa unidad. Si se atenúa esta polaridad, se atenúa la atracción entre los sexos y entonces se abre el campo a la “ideologías de género”.

3) El feminismo radical, no es más que un fenómeno patológico del feminismo que apareció en la segunda mitad del siglo XX y cuyas repercusiones fueron de carácter económico-social. Aquel feminismo tuvo razón en algunas de sus reivindicaciones, pero no calculó las implicaciones del “dogma de la igualdad” que también profesaban. Si en 1950, una familia podía vivir, incluso cumplir el “sueño occidental” de tener casa propia, residencia estival y vehículo, era porque el salario del varón era lo suficientemente alto como para permitirse estos lujos. Sin embargo, treinta años después, los salarios habían descendido y las familias perdieron más del 50% de su poder adquisitivo. ¿La causa? La incorporación de la mujer al mercado laboral que ocasionó una bajada generalizada del valor del trabajo por la mera ley de la oferta y la demanda. Esto explica, además, porque el feminismo de los 60 y 70 fuera apoyado por las grandes corporaciones financieras e industriales.

4) El feminismo radical puede ser considerado como un elemento mas destructor del sistema de identidades, al querer, por todos los medios, eliminar, enmascarar, ocultar y distorsionar la “condición femenina”, al hacer de ella, como hemos dicho, un émulo del varón. En cuanto a las reclamaciones de “amor libre” y demás elementos de la “revolución sexual” de los 60, ni tampoco son “originales”, sino la traslación en el tiempo del antiguo “hetairismo” propio de determinadas civilizaciones matriarcales. Cuando lo importante de la sexualidad, no es quién, con quién, ni cómo “se hace”, ni mucho menos la “libertad sexual”, sino si uno es libre en relación al sexo o está obsesionado y absorbido por él.

5) La civilización occidental ha emprendido, no, desde luego, gracias a las feministas radicales, sino como “signo de los tiempos”, un proceso de “feminización” que está presente incluso en la Iglesia Católica y, no solamente, en la importancia creciente que se le dio desde el Concilio Vaticano I a la figura de la Virgen María y que se confirmó en el Vaticano II, sino incluso por la preeminencia que se da, en el seno de la Iglesia, a los aspectos emotivos y sentimentales del Evangelio. Esta emotividad, el sentimentalismo, el moralismo, incluso el mismo “igualitarismo”, suponen actitudes que denotan una “desvirilización de la sociedad” y una paralela “feminización de las costumbres”. Tampoco se trata de algo nuevo porque, en períodos anteriores de la historia, se han generado civilización matriarcales y telúricas. 

6) España, país cuyo sistema educativo está desintegrado desde mediados de los 80 y en donde se ha privado a los jóvenes de capacidad crítica, es aquel en el que el feminismo radical tiene hoy más audiencia. Lejos de ser una muestra de “vitalidad” y de “progreso” de nuestra sociedad, es síntoma de que el proceso degenerativo, tanto del nivel cultural, como de la utilización de las leyes de la lógica, ha llegado en nuestro país más lejos que en cualquier otro de Occidente.

Hoy, 8 de marzo, en otro tiempo “día de la mujer trabajadora”, se ha convertido en escenario para orcos feminitudos y podemitas. La polémica iniciada por el feminismo radical es de tan bajo nivel que solamente puede ser aceptado por sectores que hacen gala de un simplicísimo extremo en sus juicios, por ignorantes o por buscavidas ideológicos. No creo que valga la pena discutir los argumentos orcos, pero sí contextualizarlos. Y eso es lo que he intentado.

martes, 2 de marzo de 2021

UNA LLAMADA A LAS ARMAS – EL ÚLTIMO DISCURSO DE YUKIO MISHIMA

Creo que es la primera vez que se traduce al castellano, la totalidad del discurso pronunciado por Yukio Mishima poco antes de practicarse el hará-kiri. Ha sido posible gracias a Ars Magna que lo ha traducido, también por primera vez, al francés. El texto fue dejado por Mishima en el lugar donde se practicó la muerte sacrificial y se corresponde con las palabras que pronunció el escritor y patriota japonés ante la guarnición de Ichigaya en Tokio, con leves variaciones. En el cuaderno publicado por Ars Magna (www.editions-ars-magna.com), el discurso está precedido por un amplio estudio sobre el carácter sacrificial escrito por Georges Feltin-Tracol. El contenido del discurso, a además de explicar las razones de su suicidio ritual, desmiente a las versiones (que todavía circulan hoy) sobre que la decisión de suicidarse la adoptó Mishima porque los militares no reaccionaron favorablemente a sus palabras. Estamos ante un documento histórico y sería un error leerlo solamente en clave de la historia japonesa. Convendría trasladar situaciones y conceptos a todos los países europeos para extraer de este documento las consecuencias pertinentes.

UNA LLAMADA A LAS ARMAS

Nuestro Tatenokai [1] ha recibido entrenamiento del Jieitai [2]. En este sentido, el Jieitai es como nuestro padre o nuestro hermano mayor. Siendo así ¿cómo es que hemos decidido realizar esta acción, aparentemente ingrata? En el pasado, hemos sido tratados casi como militares en el seno del Jieitai y se nos ha asegurado una formación desinteresada en el curso de los cuatro últimos años para mí mismo y en los últimos tres años para mis estudiantes. Amamos al Jieitai desde el fondo de nuestros corazones y ha sido aquí donde hemos soñado con el verdadero Japón que ya no se puede encontrar fuera de los muros del Jieitai y, aquí conocimos “los lamentos del hombre”[3] que era imposible encontrar en el Japón de la postguerra.

El sudor que hemos derramado aquí era puro, en absoluto forzado, y hemos caminado por las laderas del Monte Fuji[4] como camaradas que compartían el mismo espíritu patriótico. Jamás he tenido la menor duda de esto. Para nosotros, el Jieitai era nuestro hogar y el único lugar en el que podíamos respirar un aire vivo y sano en el Japón tibio de hoy. El amor y las atenciones que hemos recibido de nuestros instructores durante los ejercicios no han tenido límites. Sin embargo, hemos elegido iniciar esta acción aquí y ahora. ¿Por qué? Aun a riesgo de ser considerado como un sofista, debo precisar que todo esto se debe a nuestro amor por el Jieitai.

El Japón de la postguerra se ha desparramado en la prosperidad económica, ha olvidado los fundamentos de una nación, perdido su espíritu nacional, olvidado lo que es esencial dispersándose en bagatelas, se ha comprometido en lo improvisado y lo hipócrita y ha perdido su alma. Esto es lo que hemos podido constatar.

La política no tiene más que una función que consiste en embellecer las contradicciones, garantizar la autopreservación de los politicastros, sus promociones y su hipocresía. Asuntos de importancia vital y duradera para el Japón son confiados a cierto país extranjero, la humillación de la derrota militar no ha sido nunca verdaderamente tenida en cuenta ni superada. Hoy, los propios japoneses están arruinando la historia y las tradiciones del Japón.

Todo esto, lo hemos podido constatar con rabia. Pensamos que el Jieitai era el único lugar en el Japón de hoy donde el verdadero Japón, los verdaderos japoneses y el espíritu de los verdaderos guerreros sigue existiendo. Pero está claro que, legal y teóricamente, la existencia misma del Jieitai es contraria a la Constitución de la posguerra y que la defensa nacional, como componente fundamental de una nación, está confundida por interpretaciones jurídicas prácticas que procuran definir el papel de la fuerza armadas sin emplear siguiera el nombre de “fuerza armada”[5]. Esto constituye la razón fundamental de la descomposición del alma y del declive de la moral de los japoneses.

El ejercito que debería preocuparse más por su honor ha existido así, hasta este día, bajo la sombra del engaño más maligno. El Jieitai ha seguido llevando sobre su espalda la cruz y el estigma de una nación vencida. El Jieitai no tiene el estatuto de un ejército nacional del Japón, no está dotado del sentido verdadero del ejército japonés, pues, en su origen, fue solamente concebido como una gran fuerza policial cuya tarea ni siquiera fue definida con claridad.

Nosotros nos encolerizamos contra este período de letargo excesivamente largo del Japón en la postguerra. Pensamos que el momento en que el Jieitai se despertaría supondría el momento en el que el Japón adormecido no podría sino despertar también. Pensamos que, a fin de que el Jieitai volviera a conectar con el origen de los fundamentos de la fuerza armada japonesa y se convierta en un auténtico ejército nacional, gracias a una reforma constitucional, no habría mayor servicio a él, por nuestra parte y como ciudadanos japoneses que el consagrar nuestros más humildes esfuerzos para este fin.

Hace cuatro años, hice mío este ideal y me uní al Jieitai. El año siguiente, constituí el Tatenokai. La razón fundamental de ser del Tatenokai descansa en nuestra voluntad y en nuestra determinación de sacrificar nuestras vidas para ayudar a restaurar, en el Jieitai, la honorable fuerza armada del Japón.

Dado que la reforma constitucional es difícil con el actual sistema parlamentario, la movilización de los militares es la única oportunidad real. Aspiramos a ser la vanguardia de la movilización del Jieitai, sacrificando nuestras vidas y convirtiéndonos en la piedra de toque para la revisión de las fuerzas armadas nacionales. El papel del ejército es proteger a la nación, el de la policía proteger al régimen.

Cuando llegue el momento en el que la fuerza de policía no pueda proteger suficientemente al régimen, será el momento para enviar al ejército para que clarificar de nuevo lo que es la nación y cuando el militar reencontrará así su significado fundador. El significado original y fundador del ejército del Japón no consistía en nada más que en la “protección de la historia, de la cultura y de las tradiciones del Japón centradas en la monarquía”. Para realizar nuestra misión de rectificar los fundamentos deformados de nuestra nación, a pesar de nuestro pequeño número, hemos elegido seguir un entrenamiento duro y estamos preparados para el momento preciso en el que habríamos de ofrecernos a nosotros mismos.

¿Qué ocurrió el 25 de octubre del año pasado? La manifestación izquierdista antes de la visita del primer ministro a América, que se consideraba como la más importante organizada hasta entonces, terminó con la pólvora mojada frente a una fuerza de policía aplastante. Observando esta escena en Shinjuku[6], suspiraba y me lamentaba comprendiendo que una reforma constitucional no sería nunca posible.

¿Qué sucedió aquel día? El gobierno fue capaz de resistir a la izquierda radical, imponer a los ciudadanos lo que se parecía a un toque de queda y estuvo seguro de poder mantener la situación bajo control sin arriesgarse a realizar una reforma constitucional. El llamamiento a los militares no fue necesario. Para mantener el sistema político en pie, el Gobierno estuvo seguro de que podía controlar la situación, pura y simplemente, con la fuerza de policía, y, por tanto, permanecer confortablemente asentado en el marco constitucional habitual, de forma que podía proseguir cerrando los ojos ante la cuestión nacional fundamental.

Así, el gobierno permitió a las fuerzas izquierdistas proseguir sus acciones, presentándose como el garante y defensor de la Constitución y arrogándose el mérito de ser el abogado de la defensa de esa misma Constitución adoptando la táctica de “rechazar el nombre y conservar la substancia”. Si, se trataba de esto: el gobierno ganaba lo que quería sin preocuparse por el nombre. Este resultado era muy positivo para los politicastros, pero fatal para el Jieitai, algo que los politicastros sabían ciertamente. Aquí vimos la hipocresía, el disimulo, la adulación y el engaño desplegándose ante nuestros ojos, de forma aún peor que en ocasiones precedentes.

Conservar todo esto en la mente.

Este día del 21 de octubre del año pasado fue, de hecho, un día trágico para el Jieitai. Desde su fundación hace veinte años, había esperado ansiosamente la reforma constitucional. Pero ese día sus esperanzas quedaron reducidas a la nada, la reforma constitucional quedó excluida de la agenda política del gobierno y la posibilidad de una acción no parlamentaria fue abiertamente barrida por el Partido Demócrata Liberal y por el Partido Comunista, dos fuerzas parlamentaristas. Se podría decir, sin miedo a equivocarse, que, teóricamente, a partir de este día, el Jieitai que, hasta ese momento, era un hijo ilegítimo de la Constitución se había convertido en “el ejército defensor de la constitución”.

¿Puede haber mayor paradoja que esto?

Hemos observado al Jieitai en cada instante después de ese día. Hemos creído estar en un sueño.  Si existía aun un rastro de espíritu guerrero en el Jieitai, ¿cómo podía aceptar todo esto sin emprender ninguna acción? Defender algo que niega la existencia incluso de uno mismo, ¡qué lógica tan contradictoria y extraña! ¿Cómo el orgullo personal de un hombre puede permitir que se produzca tal cosa? Cuando la última posición que debe ser defendida es franqueada, es un deber, para el hombre verdadero y para el soldado, levantase y combatir con determinación.

Hemos escuchado sin cesar con el oído atento, pero no hemos oído ninguna voz en el Jieitai que desafíe la orden deshonrosa y humillante de ¡“defender la constitución que os niega la existencia”! Llegados a este punto, el único medio que quedaba era ser consciente, de contar únicamente con uno mismo y actuar para rectificar la distorsión teórica del Estado.

Estábamos tristes, nos sentíamos encolerizados y, finalmente, estábamos indignados. Vosotros decíais que no podéis hacer nada, que no se nos había dado ninguna misión que cumplir. Era tan triste constatar que, finalmente, el Japón no os había confiado ninguna misión. Se nos dijo también que el control del ejército por parte del poder civil era la naturaleza esencial de la democracia.

Pero ese control por el poder civil de los militares ingleses y americanos es únicamente un control financiero. No es, en ningún caso como ocurre con los militares japoneses a los que incluso el poder sobre el personal es remoto. En el Japón, el ejército está castrado, manipulado por politicastros pérfidos y caprichosos y explotado por los intereses y las estrategias de los partidos políticos. Además, tal Jieitai que había aceptado sin reflexionar el discurso de los politicastros y que estaba en vías de seguir un camino de auto decepción y de auto profanación, ¿estaba completamente podrido? ¿En dónde estaba el espíritu de los samuráis? ¿Hacia dónde se dirigía este arsenal gigante con un alma muerta?

Mientras que los industriales del textil denunciaban la traición del Partido Liberal Demócrata en el marco de las negociaciones internacionales sobre el comercio de productos textiles, otros veían en la posición del gobierno ante el Tratado de no proliferación de armas nucleares[7], -cuestión de importancia crucial y duradera para el Japón-, una reedición de antiguos tratados desiguales[8], a pesar de todo esto, no existía un solo general del Jieitai que se abriera el vientre en señal de protesta frente a los políticos traidores del gobierno.

¿Y el retorno de Okinawa al seno de nuestra nación[9]? ¿Cuáles son las atribuciones de la defensa nacional?

Es evidente que los americanos no deseaban un ejército japonés verdaderamente independiente y autodirigido defendiendo el territorio del Japón. Si el Jieitai no conseguía su independencia en los dos próximos años, seguirá siendo, como han hecho notar los izquierdistas, una fuerza mercenaria de los EEUU para siempre.

Hemos esperado cuatro años. Hemos aguardado con gran impaciencia el último año. Pero ya no podemos esperar más. No vale la pena esperar al que se degrada y se contamina.

Pero esperaremos aun los próximos treinta minutos. Los últimos treinta minutos.

Levantémonos juntos y muramos por los principios de la justicia.

Devolvamos al Japón su rostro auténtico y muramos por él. Es realmente sorprendente declarar que se respeta la vida mientras que el propio espíritu está en vías de morir. ¿Cómo un ejército puede existir si no tiene valor o una creencia por encima de la misma vida?

Ahora vamos a demostrar ante vuestros ojos la existencia de un valor que va más allá del respeto a la vida. Esto no es ni libertad, ni democracia. Es Japón, el Japón que amamos como una nación de historia y de tradiciones. ¿Hay alguien que quiera morir sacrificándose por la Constitución que ha privado al Japón de su columna vertebral? Si hay un hombre así, incluso en este momento, alcemos juntos muramos juntos.

Hemos deseado fuerte e intensamente que vosotros, soldados, poseedores del alma más pura, reviváis como hombres de verdad y reales samuráis. Y es por eso que hacemos este gesto.

Yukio Mishima

25 de noviembre del año cuarenta y cinco de la era Shôwa.

©Por el texto Editions Ars Regia

©Por la traducción Info-krisis, Ernesto Milá

 


[1] El Tatenokai (“Sociedad del Escudo”) fue fundada en 1968 para defender los valores tradicionales japoneses y devolver la autoridad al Emperador. Su impulsor, Yukio Mishima, reclutó a los miembros de la organización entre jóvenes universitarios nacionalistas. La sociedad obtuvo el derecho excepcional a recibir entrenamiento militar con la Fuerzas de Autodefensa del Japón [NdT]

[2] Jieitai o es el nombre de la Fuerza de Autodefensa del Japón, creada tras la ocupación norteamericana en 1954. Estuvieron confinadas a las islas japonesas y no podían desplazarse al exterior, ni participar en misiones internacionales por prescripción constitucional [NdT].

[3] Provocados por grandes esfuerzos y por el dolor.

[4] El Monte Fuji es, para el shintoismo, la montaña sagrada desde el siglo VII y también es venerado por los budistas zen. En sus faldas se han construido numerosos santuarios y establecido hermandades para venerar a la montaña. Es uno de los símbolos del Japón. Antiguamente, los samuráis se entrenaban al pie del Monte Fuji. A partir de 1945, los marines de los EEUU tienen una base al pie del volcán, que fue considerada por Mishima como una afrenta al honor japonés.

[5] De hecho, como se ha visto, el nombre oficial del Jieitai (自衛隊) es “Fuerza de Autodefensa del Japón”, en absoluto “Fuerzas Armadas del Japón” (NdT).

[6] Uno de los barrios de la ciudad de Tokio.

[7] Mishima se opuso a la ratificación del Tratado de no-proliferación de armas nucleares por el gobierno japonés que se firmó nueve meses antes de su suicidio. De hecho, hasta ese momento, la adquisición por el Japón de un armamento nuclear había sido una opción realista y que no se excluía en absoluto. Sin embargo, el régimen ostensiblemente conservador cedió a la presión de los Estados Unidos y abandonó sus planes de un armamento nuclear potencial lo que permitió al Primer ministro Eisaku Sato recibir el Premio Nobel de la Paz. Pero, en consecuencia, el Japón era incapaz de poseer su propia capacidad de disuasión nuclear, quedando excluido el camino hacia la independencia real.

[8] Durante la primera conferencia mundial sobre el desarme marítimo celebrada en Washington, de noviembre de 1921 a febrero de 1922, Japón fue diplomáticamente forzado a firmar el tratado de reducción de armas marinas con los Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia e Italia. Este tratado limitaba el tonelaje de los acorazados del Japón a 300.000 toneladas. Los Estados Unidos eran el principal acreedor del Reino Unido, dominaron las negociaciones y se organizaron para, no solamente forzar al Japón a aceptar tener una potencia marítima inferior a la suya, sino que también abolieron en la práctica la alianza anglo-japonesa. Este tratado fue ampliamente considerado en el Japón de los años veinte y treinta como un acto de injusticia y de hostilidad por parte de Estados Unidos.

[9] La isla de Okinawa fue invadida en 1945. Desde entonces estuvo situada bajo administración militar, y luego bajo administración civil americana hasta 1972, fecha en la cual los EEUU la devolvieron al Japón. Quedan numerosas bases de los Unied States Forces Japan dispersas por el archipiélago, con aeropuertos en los cuales pueden transitar armas nucleares, ocupando, en enero de 2016, el 18% de la isla.

lunes, 1 de marzo de 2021

CRÓNICAS DESDE MI RETRETE: EL MIEDO, COMO CULTIVARLO DÍA A DÍA

Lo único que da coherencia y cohesión a los Estados modernos es el miedo. Gracias al miedo, los estallidos sociales y las revoluciones dignas de tal nombre, se dejan para mejor ocasión.

Los bancos pueden aplicar comisiones exorbitantes en lugar de pagar intereses, simplemente porque no sabríamos que hacer si clausurásemos la cuenta y decidiéramos pagar al contado. Tenemos miedo de protestar no sea que podamos perder el trabajo. Incluso tenemos miedo a tener hijos o a los embarazos porque eso hace que la empresa nos ponga en el “índice” y cerca de la puerta de salida. Tenemos miedo a decir lo que pensamos, exactamente con las palabras que pensamos y con las imágenes que nos sugiere lo que pensamos, porque sabemos que las “redes sociales” actúan como verdaderas policías paralelas. Tenemos miedo de decir significarnos como “opositores”, si tenemos algo que perder, porque intuimos que el Estado nos puede enviar a los inspectores de Hacienda y comprometer nuestro trabajo y nuestra empresa.

No nos atrevemos a decir algo y claro que el “sistema” hace tiempo que funciona a medio gas (y con el Covid, sabemos que sectores enteros de la administración se han relajado hasta la absoluta ineficacia) porque tenemos la reacción de los gestores del poder. Y, sobre todo, tenemos miedo al futuro, intuimos, incluso que no va a haber futuro para nuestros hijos, pero nos dan mucho más miedo las soluciones radicales (que atacan los males en su raíz) porque nos parecen dobles saltos mortales a veinte metros de altura y sin red.

Y gracias a todos estos miedos -por otra parte, justificados- una clase política, depredadora, cleptómana, incapaz e ignorante, sigue gobernando y detentando al único poder que les interesa: la recaudación fiscal y disponer de la llave de la caja.

El “sistema” (entendido como conjunto de estructuras de poder, normativas legales, sistemas económico sociales y pautas culturales) sabe cómo estimular el miedo.

Lo hemos visto desde principios de siglo: el “Gran Miedo” de los norteamericanos a nuevos “ataques terroristas” fue lo que les hizo aceptar el Acta Patriótica que suponía una renuncia a sus libertades, les hizo aceptar dos guerras coloniales (Afganistán e Irak) más propias del siglo XIX que del XXI y, esto, por mucho que el enemigo fuera nebuloso y que, ni siquiera hoy, se sepa de dónde partieron aquellos ataques.

Y casi veinte años después, aparece el Covid -virus, por otra parte, muy real- pero cuya gravedad se acentuó por los protocolos erróneos aplicados en los hospitales durante la primera oleada de la enfermedad. Hoy sabemos que el virus es algo parecido a un gripe más fuerte que se ceba ante determinados grupos sociales, e intuimos que las restricciones que cada vez se han hecho más absurdas, tienen poco que ver con la expansión del virus. Sin embargo, nuestra sociedad lleva ya catorce meses en situación de terror absoluto a causa del virus.

Hay dos tipos de miedo. 

- Existe un miedo ante una situación inmediata que nos sorprende, nos abruma y ante la que no nos sentimos en condiciones de reaccionar. El miedo que se sufre cuando somos conscientes de que vamos a sufrir un accidente y no lo podemos evitar, el miedo a caernos por vértigo o pérdida de equilibrio, el miedo al dolor, etc. Se trata de miedos que se prolongan todo el tiempo en el que dura la situación que lo genera.

- Pero existe otro miedo de carácter psicológico que es mucho más profundo: el miedo a protestar, a significarnos por algo, a situarnos como objetivo de medidas de castigo, el miedo al qué dirán, el miedo a perder lo que tenemos…

La combinación entre ambos miedos es lo que caracteriza nuestro momento de civilización: tenemos miedo al virus, pero también tenemos miedo a perder clientes, perder el trabajo y ver comprometida nuestra situación familiar. Lo primero puede acabar con nuestra vida, lo seguro con nuestras expectativas de futuro.

Ambas formas de miedo tienen repercusiones y efectos sobre nuestra fisiología y sobre nuestra psicología.

El primer miedo se caracteriza por una serie se efectos fisiológicos: notamos que nuestra boca se seca, sudamos, respiramos de forma entrecortada, creemos que el corazón se nos va a salir del pecho, los testículos parecen retraerse y el ano se comprime.

Pero luego está la otra que actúa como una especie de autocensura interior: “no hagas esto, porque te significarás”, “no digas esto porque te banearán”, “no actúes así porque te cortarán las alas”. Y tú, evitas por todos los medios significarte, ser baneado o ser perjudicado por alguna acción. Es el peor de los miedos: no se disipa nunca, está siempre presente, planea sobre nosotros y nos cubre con su manto negro y siniestro.

Ese miedo aumenta cada día. Antes hemos hablado de los ataques terroristas del WTC en 2001. Desde entonces, los miedos han ido en aumento. Fijémonos solo en cómo ha cambiado nuestra forma de reírnos: no se pueden haber bromas con determinadas características. Por supuesto, nada de chistes sobre sexo, y mucho menos chistes sobre homosexualidad (algo cuya patente solamente tienen los propios gays), es posible criticar los arreglos faciales de una mujer, pero no las operaciones de cirugía y la castración a la que se someten transexuales, nada de chistes sobre gangosos. Las ideologías de género han proyectado decenas de prohibiciones hasta el punto de que, da la sensación de que, para las feministas radicales, el simple hecho de reír, de amar a una mujer, o de piropearla, es algo ofensivo, machista y que precede apenas por horas a la agresión sexual, la violación y el asesinato.

Somos menos libres que hace unas décadas y cada día practicamos la autocensura… aunque sigamos pensando lo mismo y de la misma manera, nos hagan gracias los mismos chistes que hace 20 años, pero solo estallemos en carcajadas entre amigos y nunca en presencia de extraños… porque la “policía del pensamiento” está en todas partes.

En Barcelona, hay barrios en los que los vecinos están aterrorizados. Llevan diez días de incidentes violentos, que no son más que la reedición de incidentes que se han producido en los últimos cinco años con estallidos cada vez más frecuentes. La excusa es lo de menos: que si se desaloja una casa ocupada, que si se  mete en la cárcel a un rapero sociópata y cretinizado, que si TV3 nos había dicho que la independencia de Cataluña era para mañana y ahora nos rebotamos porque vemos que era un proyecto imposible, que si la “república catalana no existe” y eso me da coraje para quemarlo todo, que los MENAS son “nuestros niños” y hay que protegerlos (en lugar de protegerse de ellos), etc, etc., etc. Sabemos cómo se desarrollan los hechos: se convoca una manifestación, asisten una 200 – 800 personas e, inmediatamente, se pasa al “lío”: contenedores ardiendo, pedradas contra escaparates, saqueos, y la policía, la Guardia Urbana de la Colau y los Mossos de Esquadra de la gencat, mirando y “esperando órdenes”. Incendio, humor en los hogares, destrozo del mobiliario urbano. Y siempre detrás, el mismo perfil: fotos de gentes morenitos que no corresponden al tipo étnico tradicional en nuestro país, colgaetes emporraos, adolescentes que quieren vivir una “aventura” para sentirse “adultos”, okupas obtusos e inmigrantes con ganas de pillar un plasta de 42 pulgadas para arriba o de lo que sea…

A diferencia de otros “miedos”, el que recorre estos días las calles de Barcelona, es fácil de conjurar: para eso están los antidisturbios y para eso están las leyes. Si fuera por las policías, el asunto hubiera estado resuelto desde los 10 minutos posteriores al lanzamiento de la primera piedra. Simplemente, cargas, pelotas, gases y detención de los cabecillas, setenta y dos horas, juzgado, juicios rápidos, entrada en cárcel o pago de multa. Así se actúa en un Estado normal. Pero Cataluña (y Cataluña es España) no es hoy normal (lo que implica que la noción de normalidad tampoco es rige en el Estado).

De ahí que, aun sin existir gobierno en la plaza de Sant Jaume, sin que se pueda prever hacia donde se va a inclinar, ERC y la CUP ya hayan abierto negociaciones para “cambiar el modelo policial”. JxCat -el fantasmón de Waterloo- se ha sumado. Y juntos han logrado que, lo que, en principio, era la forma más simple de atajar este tipo de “miedo”, se convierte en un “debate”, es decir, en un problema añadido. ERC intenta frenar a la CUP (que no ha condenado ninguno de los incidentes), mientras que JxCat se hacen los más duros defensores de la “libertad de expresión” y el “president en funciones” tira una cal (“la sentencia contra Hásil es injusta”) y otra de arena (“las manifestaciones deben ser pacíficas”), cuando el problema es mucho más simple: la sociedad necesita una defensa contra los que crean inseguridad. Porque, en Cataluña, y especialmente en Barcelona, hay MIEDO y ese miedo está generado por menos de un millar de sociópatas émulos de su gurú ripioso y de canciones insufribles, el tal “Hásel”.

Pero la característica más significativa de todas las formas de miedo a las que hemos pasado revista y por lo que son toleradas, incluso queridas por las instituciones (las declaraciones de Pere Aragonés son significativas) es porque el miedo impide pensar.

Alguien que está aterrorizado se ve incapaz de utilizar el razonamiento lógico, vive situaciones de las que no cree poder salir utilizando silogismos, ni siquiera sentido común. El terror bloquea el hemisferio racional de nuestro cerebro. Cuando alguien está aterrorizado lo único que desea son lugares y situaciones “seguras”. Lo vimos con el Acta Patriótica: se renuncia a las libertades a cambio de la seguridad. Se está dispuesto a cualquier cosa, para poder salir a la calle y seguir con nuestras vidas grises, cotidiana, anodinas… pero seguras. Que es, justamente, a lo que aspiran los rectores del “sistema”.

Mal, muy mal para las instituciones catalanas que se han mostrado, una vez más, incapaces de adoptar medidas concretas, rápidas y reales, para resolver problemas fáciles de abordar.

Mal, muy mal para el Ministerio del Interior porque diez días de disturbios, son suficientes como para demostrar que la gencat, ni controla, ni sabe, ni está dispuesta a controlar la calle y utilizar los efectivos a su disposición para restablecer el orden.

Mal, muy mal para el ayuntamiento de Barcelona que parece ignorar que el centro de la ciudad se ha convertido desde hace décadas en el teatro preferencial para chorizos, delincuentes, colgados, okupas y saqueadores, en una ciudad cuyos únicos ingresos proceden del turismo.

Mal, malísimo, para el ciudadano medio que acepta cualquier cosa para evitar que sus peores miedos se hagan realidad. Ya no estamos dispuestos a tomar el palacio de Invierno, ni a decir basta. Votamos, como si se tratara de un exorcismo religioso: nos encomendamos a una u otra sigla para disipar nuestros miedos. Y, claro, en este terreno el “pensamiento mágico” no logra vencer tantas y tan multiformes rostros del miedo.