Mostrando entradas con la etiqueta violencia de género. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta violencia de género. Mostrar todas las entradas

viernes, 24 de agosto de 2018

365 QUEJÍOS (117) – SOY VARON ESPAÑOL Y NO PEGO A MI ESPOSA


Lo normal sería decir eso: “Soy varón, español y no pego a mi esposa”. Pero es una de esas frases que han sido sustituidas por esta otra: “Soy varón, español y, por tanto, soy sospechoso de que, en cualquier momento, la puedo emprender a palos con mi esposa”. Lo han logrado las feministas y las ideologías de género: convertirnos a todos los varones españoles en sospechosos. ¿Violencia doméstica? Claro que la hay. La ha habido siempre porque siempre, toda sociedad, ha tenido un poso de psicópatas, alcohólicos, politoxicómanos, tarados ultraviolentos que la emprendían con sus mujeres o con quien tenían a su alcance. Y hoy esos porcentajes siguen existiendo. Así pues, vale la pena reconocerlo, siempre habrá un número de crímenes domésticos, como siempre habrá asesinos en serie, o enfermos de apendicitis. No hará falta que haga el exorcismo necesario en estos casos de que “condeno cualquier forma de violencia de género”. En realidad, con decir, que condeno cualquier vulneración del código penal, debería bastar. Pero las feministas han querido un tratamiento específico de la cuestión y eso es lo que le han dado. Me quejo de que no hayamos mejorado y me quejo de que no se reconozca públicamente que no podía mejorarse. Verán.

En 1995, veo en un informe del Defensor del Pueblo (que habrá que dar por bueno), que se produjeron 65 asesinatos en el ámbito doméstico. Esa cifra es importante porque es el último año en el que la sociedad española podía considerarse como tal: en 1996 empezó la inmigración masiva (Aznar abrió las puertas…). En 1997, la cifra se había incrementado un 140%, pasando a 91 asesinatos. No hay llegado ni extraterrestres, ni habían aparecido epidemias de virus domésticos. El único dato sociológico nuevo que se produjo entre 1995 y 1997 fue el inicio de la llegada masiva de inmigrantes.

Estos procedían de dos grupos en los que los malos tratos dentro del hogar eran habituales y por distintos motivos, en grandísima medida “culturales” (en el caso magrebí y andinos). Y, por lo mismo, el mayor número de denuncias por violencia doméstica, coincidía con las zonas a las que habían ido a parar los mayores contingentes de inmigración:  Cataluña (2.483), Madrid (3064) y Andalucía (3.642). Así pues, desde el principio, no había duda. Podía establecerse la siguiente ley: “el aumento de la violencia de género en España, no está ligada a los varones españoles, sino a la llegada masiva de inmigrantes procedentes de zonas en donde ‘culturalmente’ es habitual agredir a la mujer”.

Pero eso no se reconoció hasta que en 2004, Amnistia Internacional empezó a reconocer, tímidamente, que violencia doméstica e inmigración estaban próximos.  Y en 2005 la misma organización proclamó: “En España, las mujeres inmigrantes tienen casi seis veces más riesgo de ser asesinadas que las españolas”. Diagnóstico correcto, que la ONG utilizaba para pedir que cualquier mujer de cualquier parte del mundo que llegara a España y dijera: “Mi marido me ha agredido en El Cairo o en Canton, en Tombuctú o en Ciudad Juárez” tenía derecho inmediato a obtener papeles en España…

Al menos Amnistía Internacional había diagnosticado bien el problema, pero había dado con una fórmula proinmigracionista absurda. Peor fue lo de ZP. Porque, cuando llegó al poder, todos los varones españoles nos sentimos criminalizados por una normativa que pretendía paliar una situación sin hacer el diagnóstico exacto. Si en lugar de criminalizar a TODOS los varones, se hubiera reconocido que la violencia doméstica partía solamente de varones españoles con algún problema (tara psíquica, alcoholismo, toxicomanía) y de manera creciente de INMIGRANTES, hubiera podido habilitarse un remedio eficaz: por ejemplo, campañas contra la violencia doméstica en lengua árabe, cursos obligatorios sobre el asunto en árabe o para andinos, mayor observación a estos grupos de inmigrantes y revisión, a la hora de conceder papeles y luego ciudadanía sobre sus antecedentes en este terreno… Pero no: ¡ERA MUCHO MÁS FÁCIL CRIMINALIZAR A TODOS LOS VARONES ESPAÑOLES Y OCULTAR EL HECHO DE QUE HABÍA AUMENTADO LA VIOLENCIA DOMÉSTICA PORQUE HABÍA AUMENTADO LA INMIGRACIÓN!

http://eminves.blogspot.com/2018/07/iberia-alternativa-mision-y-destino-de.html

Miro las estadísticas de violencia doméstica en España desde el 1 de enero hasta el 24 de julio de 2018. Lo que me encuentro es: 23 mujeres asesinadas en España. Dos lo fueron por sus maridos ancianos, los cuales se suicidaron luego, en ambos casos, las mujeres estaban aquejadas de Alzheimer, casi entrarían más en suicidios por amor que en violencia doméstica. En 11 casos (un 47%) el asesino es español y en 8 casos se trata de extranjeros (por este orden: lituanos, bolivianos, colombianos, guatemaltecos, rumanos, cubanos, en total un 35%). Pero se da el caso de que, oficialmente, solamente existe un 10% de población inmigrantes en España. En otras palabras: las tasas de violencia doméstica entre la inmigración siguen siendo tres veces y media más altas de lo que deberían… Mientras que las de la población española, ¡son más bajas que en 1995! (32 asesinatos hasta julio de ese año, por 11 en las mismas fechas de 2018). Dicho de otra manera: si la tasa de crímenes domésticos de los españoles fuera la misma que la de la inmigración, se habrían producido 80 asesinatos… pero sólo se han producido 11. Luego, la “igualdad” no existe en materia de violencia doméstica. No lo interpreto, lo constato.

Estas son las cifras y esta es la realidad. Llevo 43 años casado. No tengo porque soportar que se me criminalice a mí, a los de mi sexo y de mi nacionalidad, por algo que cometen otros y que otros consideran como “rasgo cultural”. Me quejo de que, ante la oleada de histerismo que acompaña la divulgación de las “ideologías de género”, nadie recuerde cifras y datos tan fáciles de obtener como éstos.




martes, 17 de julio de 2018

365 QUEJÍOS (79) – PIROPO PROHIBIDO


Hace unos diez años escribí un artículo sobre el piropo que puede leerse en este link: METAFÍSICA DEL PIROPO. Hay que aprovechar porque en breve, al paso que van las cosas, me veré obligado a borrarlo de la web. La policía del pensamiento promovida por la izquierda cateta y permitida por la derecha pusilánime, hará que en breve incluso pensar en la posibilidad de hacérselo con una mujer sin que el notario esté presente para certificar que todo se hace conforme a la las leyes, sea algo inusual.

He tenido que mirar el origen de la noticia de que se iban a prohibir los piropos para creérmelos. Hubo un momento en que creía que era uno de esos “clickbaits” de titular engañoso y noticia falsa propio de digitales de poco calado. Y resulta que sí, que la noticia era cierta y que el piropo puede quedar desterrado de nuestras vidas (como los chistes de gangosos que ya han desaparecido por imperativo legal). Y es que hay que ir con cuidado desde el momento en que alguien fue condenado por violencia doméstica por tirarse un cuesco ante la esposa. De eso me quejo. No, desde luego, de la prohibición del cuesco (habría que penar a la naturaleza por convertir nuestras tripas en una fábrica de metano), sino de todos los que quieren convertirse en “reformadores sociales” a golpes de leyes y decretos.

Lo de la prohibición del piropo no es nuevo. Hacia 2015, Mari Ángeles Carmona Vergara, una secretaria judicial andaluza, fue nombrada vocal del Consejo General del Poder Judicial. Procedía de un Juzgado de Violencia sobre la Mujer de Sevilla y era la miembro del Observatorio Andaluz para la Violencia de Género, de la misma forma que fue jefa de la Unidad de Coordinación de Violencia sobre la Mujer en la Delegación del Gobierno de Andalucía. Destaco pues que está en el CGPJ de la mano del PP y que toda su carrera ha tenido que ver con la “violencia sobre la mujer”. Pues bien en enero de 2015 propuso la catalogación del piropo como violencia de género. Y si vamos a eso, estos días se ha recordado que durante “la dictadura con ley” (tal como llamaba primo de Rivera su gobierno) ya se prohibieron los piropos con el resultado que cabía esperar. Ahora –imaginación al poder- “Unidos Podemos-En Comú-En Marea” (a los que se les podría añadir “En las nubes”), siguiendo el mismo camino han propuesto que el piropo se convierta en “delito leve” penado con multa de 3 a 9 meses o trabajos en beneficio de la comunidad de 21 a 50 días”.

La pregunta de si nos hemos vuelto locos que correspondería aquí, es, desde luego, retórica. Si hemos citado a una Carmona y a un “Podemos y en compañía de otros”, es para demostrar que el furor de lo políticamente correcto afecta tanto a la derecha y a la izquierda. A los primeros por complejo de inferioridad, para no quedarse retrasados en la marcha hacia la corrección política y porque, en el fondo, tanto las cúpulas de derecha como de izquierdas siguen con fidelidad perruna las orientaciones de la UNESCO que está en el origen de estos intentos de “reforma social”.

¿Cuál es el objetivo final de esta ideología? La “igualdad”. Igualdad llevada el extremo, al límite, a las últimas consecuencias. Todas las consignas de la UNESCO van en la misma dirección: mestizaje (igualdad racial), multiculturalidad (igualdad cultural), ecumenismo (igualdad religiosa), universalismo (igualdad nacional) y, finalmente, ideología de género (igualdad sexual). La igualdad es lo contrario de la Identidad. Y si existe la personalidad es porque existen distintos planos de identidades, de la misma forma que si existe personalidad es porque no somos granitos de arena en la arena de la playa e iguales, pequeñitos y redonditos. Desde que en el siglo XVIII la igualdad empezó a ser el mito que preludiaba la modernidad, el criterio se ha querido aplicar más y más veces… chocando con una tozuda realidad que implica que en la naturaleza no hay igualdad: HAY DIFERENCIACIÓN.

La igualdad sexual es la última etapa: sus defensores quieren negar la biología y la psicología. Es decir que hay células reproductoras masculinas y células reproductoras femeninas que se atraen y que, gracias a ello, se garantiza la especie. Y que hay neurosis provocadas por la vida moderna, los problemas de identificación, los dogmas culturales postmodernos y las simples chaladuras que implican que cualquier tendencia personal se convierta en “igual” a la que garantiza la supervivencia de la especie. A medida que se resta polaridad a la relación hombre-mujer y se elevan neurosis sexuales a la categoría de prácticas aceptadas y protegidas, lo que se logra es atenuar el instinto de reproducción…

Hay quejas que uno no puede evitar formular sin acompañarlas por una carcajada de conmiseración hacia quienes se creen “reformadores sociales” y quieren regular la vida sexual de las parejas para que encaje con su noción de igualdad.  Está difícil eso de luchar contra la naturaleza. También me quejo de que hay giliflús que no se han enterado.