lunes, 28 de octubre de 2019

UN MODELO GEOMÉTRICO PARA ENTENDER LA POLÍTICA ESPAÑOLA 2019


¿Qué ocurrirá a partir del próximo 10-N? Todo dependerá, naturalmente, de las votaciones y de la geometría parlamentaria, por supuesto. No hay que confundir los resultados de unas elecciones (que, en el fondo, no son más que una foto momentánea de la opinión pública) de las tendencias que el propio sistema política, por su misma dinámica interna, va generando. Hay que relativizar el valor de las elecciones. A unas siguen otras y así eternamente… Sin embargo, en los últimos meses hemos vivido un momento inédito en la política española: caída de Rajoy por votación parlamentaria – gobierno socialista – elecciones – cuatro meses de gobierno en funciones – nuevas elecciones… Esto supone una alteración de la alternancia en el poder de centro-derecha y centro-izquierda e indica modificaciones profundas en el­­ panorama político español. Los tiempos del bipartidismo imperfecto han quedado atrás. Los tiempos del multipartidismo iniciado en 2010, también. ¿Cuál va a ser la marcha de la política española en los próximos años? Para poder responder a esto, precisamos trasladar los distintos datos de que disponemos, para establecer un “modelo”, a partir del cual, podamos realizar las proyecciones de futuro. Y esto es lo que hemos intentado en estas páginas.

0. INTRODUCCIÓN

La geometría puede definirse como la “rama gráfica” de las matemáticas, es, por tanto, una ciencia “exacta”. Tratar de reducir una actividad humana a un modelo geométrico garantiza, más que cualquiera otra forma de análisis la comprensión y la previsión de los acontecimientos. Especialmente en política.

El problema es que las circunstancias políticas son cambiantes y que el modelo geométrico que podríamos haber utilizado en 1975 o, incluso, a principios de este año, no es el mismo que debió ayudar a comprender lo que fue la transición y lo que han sido los ciclos que se han agotado en las últimas décadas. Para ser “veraz” un modelo político debe encajar a la perfección con la realidad de cada momento. Y esta cambia con rapidez.

Este estudio está realizado para tratar de comprender la actual evolución de la política española.

1. EL ELEMENTO DECISIVO EN NUESTRO MOMENTO POLÍTICO

Son décadas que viene diciéndose que la diferenciación derecha-izquierda carece de sentido, ya sea porque ninguno de estos bloques puede huir de unos límites dados por el contexto internacional y las infraestructuras económicas de las que los partidos políticos son intérpretes, ejecutores, mandatarios y, a los que, en cualquier caso, deben sumisión. Los partidos, por tanto, se limitan a aplicar, con mejor o peor fortuna, la “única política posible” con pocos matices diferenciales.

La realidad actual desde el principio de la democracia ha sido que todos los partidos que han aspirado a gobernar, han intentado controlar el espacio político centrista. Ahora bien, en nuestro país, la “mítica de las dos Españas”, cuya penúltima formulación era “franquismo-antifranquismo”, ha dejado una huella que ha resultado difícil de borrar y que explica el por qué, hasta ahora, se viene hablando de derecha-izquierda, de progresismo-conservadurismo, nociones que en toda Europa están obsoletas y cuya sustitución ha dado lugar a debates de envergadura y han permitido alianzas que, en España, se consideran todavía contra natura.

España ha estado dividida políticamente en absolutistas y liberales, en carlistas e isabelinos, en monárquicos y republicanos, en franquistas y antifranquistas, y, finalmente en centro-derecha y centro-izquierda, atenuaciones de los ecos que llegan de Europa en donde las nociones de “populismo”, “transversalismo”, sugieren que “derecha” e “izquierda” son dos términos que ya mantienen muy poco de su espíritu originario.

A pesar de que la democracia española ha venido caracterizada por una alternancia PSOE – PP, el elemento esencial y el único que permanece vivo del espíritu de la transición es que la “conquista del centro político da el poder”. De ahí que, más que de “derecha” o de “izquierdas” puras, de lo que conviniera hablar en España es del centro-derecha y del centro-izquierda.

Este elemento es esencial ante la nueva situación porque, a decir verdad, las calificaciones de derecha e izquierda son más una herencia del pasado, una etiqueta para un electorado poco interesado por la política, visceral y cerril en su voto y carente de sentido crítico, que una catalogación político comprensible y con sentido en nuestros días.
Todo esto no puede olvidarse del hecho de que la transición se cerró en falso y en medio de una crisis económica como no se había conocido hasta entonces en la historia de España (inflación del 30%, presiones internacionales, oleadas de huelgas, etc). Los problemas que no se resolvieron en aquel momento (estructura económica inadecuada basada en el binomio turismo-construcción, sistema financiero débil y que se ha ido debilitando más y más, vertebración del Estado, etc.), se unieron a los que han aparecido durante los últimos cuarenta años (mala negociación en el ingreso en la UE, destrozo del sistema educativo, deslocalización, inmigración masiva, corrupción, etc).

2. LOS DOS PROBLEMAS QUE DETERMINAN EL CURSO POLÍTICO ESPAÑOL EN LA PRÓXIMA DÉCADA

El problema que se plantea a las fuerzas política española en el momento actual es doble:

- cómo afrontar la crisis económica que se avecina y
- cómo afrontar el problema independentista resolviéndolo de una vez y para siempre, evitando que se vuelva a reproducir en otras autonomías.

La envergadura de estos dos asuntos es de tal magnitud que cada vez está más claro que no basta con recurrir a la “constitución” en su actual formulación, sino que se precisan de soluciones nuevas. Lo que juega contra los separatistas catalanes (y antes con los vascos) es que la constitución considera que la “soberanía” reside en el “pueblo español”. Esto, que es una simple declaración, tiene algo de realidad: el partido que ceda en este terreno perderá la ocasión de gobernar en todo el Estado.
- Si el PSOE cede todavía más en la cuestión autonómica, se hundiría simplemente en sus feudos en el resto del Estado, algo que los “barones” regionales han comprendido desde hace décadas, pero a lo que la dirección nunca ha podido asumir del todo, dado el peso que ha tenido hasta hace poco el PSC (sin el cual, y sin el PSA, el PSOE nunca podría obtener una mayoría absoluta).
- Uno de los puntos que han mermado la confianza del electorado en el PP, fue precisamente la escasa iniciativa que tuvo Rajoy, fiando la suerte de la unidad del Estado a la constitución y a los tribunales, en lugar de afrontar lo que desde el principio de su etapa de gobierno era una necesidad: iniciar una ofensiva política contra el independentismo.
El hecho es que los electorados en donde existe problema nacionalista (Cataluña, País Vasco) suponen menos de 10.000.000 de habitantes y, por tanto, los partidos que quieran gobernar en una España con 47.000.000 de habitantes deben preocuparse del “sector mayoritario” del que dependerá su mayoría parlamentaria. Fuera de las regiones periféricas en las que el nacionalismo ha prendido, el tema de la “unidad del Estado” está muy claro y el electorado es muy sensible -incluso parte del de extrema-izquierda- y mucho menos “comprensivo” con el independentismo: ceder a éste, implica, simplemente, quedar como “débil”, sino como “traidor” a la unidad de España.

Pero, además, existe otro elemento capital en la nueva situación que se ha producido en los últimos 10 años: el “nacionalismo moderado” catalán ha desaparecido por completo y, por tanto, los tiempos en los que el sistema político español se configuró como un sistema de bipartidismo imperfecto en el que gobernaba el centro-derecha o gobernaba el centro-izquierda por mayoría absoluta o mediante una alianza con CiU, ya no volverá a reproducirse jamás.

Incluso, cuando -como es de prever- ERC reconozca la inviabilidad de la independencia -lo cual es cuestión de tiempo y es, en estos momentos, una certidumbre que cada vez gana a más de sus cuadros dirigentes- e intente ocupar el espacio político que ocupó durante casi 40 años CiU, las desconfianzas y las sospechas de deslealtades tardarán muchas décadas en diluirse.  

3. “CENTRO” Y “PERIFERIA”, COMO NUEVO MODELO GEOMÉTRICO

La crisis económica y de la deuda del 2008-2011 abrió una nueva situación en España: los dos grandes partidos perdieron votos y prestigio:
- El PP quedó como responsable del modelo económico impuesto por José María Aznar en 1996 y que se mantuvo inamovible, incluso, durante la primera legislatura de Zapatero- El PSOE fue unánimemente considerado como responsable de la desastrosa gestión de la crisis realizada por Rodríguez Zapatero en sus tres últimos años en los que el país pasó del superávit, a que se disparara el déficit a causa de los dos absurdos Planes E y a la operación de salvamento de la banca española. A esto siguió la “crisis de la deuda pública”.
Entonces se vivió el nacimiento de nuevos partidos. Nacieron de las astillas de las dos grandes formaciones o de sectores “contestatarios” por la derecha o por la izquierda. Y el sistema político español paso de estar configurado por el bipartidismo imperfecto, a un sistema en el que existían cuatro partidos, no muy separados en intención de voto (PSOE, PP, Cs y Podemos, más un pelotón de pequeños partidos regionalistas). En el período de Rajoy, por tanto, se fue del bipartidismo imperfecto al multipartidismo y se formaron coaliciones en algunos gobiernos regionales.

Pero este período ha durado poco por dos motivos:
- Estos nuevos partidos fueron el resultado de una crisis y cuando esta pareció atenuarse, se percibió que no proponían nada diferente a las formaciones tradicionales e, incluso, que tenían pocas posibilidades de “pocas poder”.- Los responsables de los nuevos partidos, oportunistas y demagogos de escasos vuelos, cometieron errores continuos que decepcionaron a su electorado (especialmente Cs y Podemos) y pulverizaron sus esperanzas de “tocar poder”.
Entonces se entró en una nueva etapa. Fue tras las anteriores elecciones generales de junio de 2019, cuando se evidenció todo esto:
- Podemos se convirtió en un magma de camarillas locales, tendencias, grupúsculos y fracciones en crisis, opuestos y enfrentados entre sí
- El Cs, se erosionó a sí mismo cambiando una y otra vez de actitud, de manera inexplicable, generando confusión en su electorado
En ambos casos, el harakiri de estas formaciones fue innegable, abandonadas por un electorado “volátil” y con mentalidad de ave migratoria.

Y así hemos llegado a la situación actual en la que el mapa político español está configurado por un “centro” y una “periferia”:

- en el “centro” se sitúan las fuerzas constitucionalistas mayoritarias que hasta ahora han sido las grandes beneficiarias de la constitución del 78 y que serían las grandes perjudicadas ante alguna posible convulsión que podría llegar de la crisis económica en ciernes o del independentismo catalán. Ahí se sitúan las fuerzas que quieren “tocar poder”, sin que ni su ideario, ni sus líneas doctrinales influyan lo más mínimo en su día a día: se limitan a llegar a la práctica “la única política posible”.
- en la “periferia” se sitúa todo el magma de las fuerzas políticas que están alejadas del poder por distintos motivos: unos por el estigma de ser “populistas” (Vox), otras por su situación de fragmentación interior y su imagen poco “lustrosa” (Unidas Podemos), otros por el carácter nacionalista e independentista (ERC, PNV, etc.) y otras, finalmente por los errores políticos cometidos (Cs).



Los valores que “unen” a los partidos que se sitúan en el “centro” son muy parecidos, no tanto en lo que a “inspiración doctrinal” como a “práctica política”: los dos, PP y PSOE están de acuerdo:
1) en evitar la ruptura del Estado,
2) en proseguir con la constitución del 78,
3) en materia migratoria,
4) en las actitudes ante la Unión Europea,
5) en aceptar la globalización y el neoliberalismo,
6) en seguir manteniendo una justicia conservadora y una educación progresista,
7) en mantenernos dentro de la OTAN y
8) en cómo gestionar los recursos del Estado ante la crisis que se avecina.
En la “periferia”, en cambio, existen muchas tonalidades:
- desde los que aspiran a integrarse en la “centralidad” (Cs) en cuanto tengan la ocasión,
- hasta los que quieren presencia parlamentaria para negociar una eventual secesión,
- pasando por aquellos cuyo infantilismo de izquierdas impide cualquier colaboración con ellos e, incluso, entre ellos.
Esta “periferia”, por tanto, no es homogénea: tiene la voluntad de dejar de ser “periferia” para saltar a la esfera de la “centralidad” y “tocar poder”. En unos casos aspira a tocar “poder regional”. En otros a coaligarse con algún partido del centro-derecha o del centro-izquierda para aproximarse al poder.

Por tanto, “centro” y “periferia” no están tan separados como pudiera parecer: los primeros aspiran a no abandonar jamás su situación privilegiada y los segundos quieren ascender a ella. Por tanto, todos coinciden en su voluntad de estar cerca del poder y asumir las necesidades para la conservación y la estabilidad del sistema

Solamente tres sectores permanecen en “la periferia de la periferia”:
- Aquellos que por su radicalismo infantil se sitúan en el radicalismo independentista (hasta ahora ERC y presumiblemente, a partir de ahora, CUP).
- Aquellos que están anclados en el “izquierdismo” entendido como “enfermedad senil del comunismo” (la “galaxia Podemos con todas sus variantes y disidencias locales)
- Aquellos que por su conservadurismo se sitúan en las filas de lo que suele llamarse extrema-derecha y se ven rechazados en sus propuestas de pacto con formaciones de lo que has ahora se ha llamado “centro-derecha” (Vox)
En los tres casos, estos partidos van a tener dificultades o imposibilidad para integrarse en la esfera de la centralidad. Sus posibilidades dependen solamente de que sean capaces de encontrar temas que amplíen su baso electoral y permitan un alto nivel de “transversalismo” (en los independentistas, colaboraciones entre partidos de distintas regiones; en Vox, incorporación de temas “sociales”; y en la extrema-izquierda, el abandono de las posturas propias de la “izquierda marciana”.

4. EL MODELO TRIDIMENSIONAL

Quizás uno de los aspectos en los que acertaba -groso modo- el análisis marxista era en distinguir entre “infraestructura” y “superestructura”:
- la infraestructura estaría formada por todas aquellas fuerzas económicas que presionan y se constituyen como el verdadero poder
- la superestructura, es decir, sobre la sociedad, la cultura, la educación, etc y sufriría las presiones de la infraestructura, poder nominal pero no real.
Huyendo del lenguaje marxista, podemos establecer que la política no es más que un “epifenómeno”, es decir, un fenómeno de superficie que demuestra la existencia de causas más profundas, esto es, de un “epicentro”. Las fuerzas que actúan en superficie (partidos políticos) no son las mismas que las que ejercer el control real (centros de poder plutocrático). Y he aquí la mayor contradicción -insalvable por lo demás- del Estado democrático: las elecciones reflejan la voluntad popular, pero los gobiernos son los ejecutores de llevar a la práctica la “única política posible”, decidida por las élites económicas.

El modelo que hemos presentado para interpretar la nueva fase de la política española, dividido entre “centro” y “periferia”, no es bidimensional, tiene una tercera dimensión, un “volumen”: existe un “poder central”, el poder del Estado, un segundo poder (en las comunidades autónomas), un poder local, cada vez más alejado del “vértice”, hasta llegar a los simples afiliados a los partidos de ese “centro” que, o bien no “tocan poder”, pero tienen la “satisfacción” de que sus siglas son las que gobiernan nominalmente, o bien están situados en los escalones más bajos del partido (funcionarios, asesores, etc).


Así mismo, existe una “periferia” más próxima al “centro” y con ambición de ubicarse en él, y una “periferia” que nunca dejará de serlo o que no tiene intención de permanecer en el Estado. En ambos casos, no se trata de fenómenos monocolores, sino que están sometidos a matices y a tonos de degradado, fácilmente comprensibles.

Pero lo que nos interesa destacar aquí, no es eso, sino que la política y el gobierno de la nación constituyen “epifenómenos” (superestructuras en la jerga marxista) que evidencian la actuación de centros que actúan sobre ellos y que no están sometidos al escrutinio electoral. Nos referimos, claro está a tres tipos de fuerzas:

- fuerzas económicas que actúan en el interior de la propia nación.
- fuerzas económicas internacionales de carácter financiero y
- fuerzas ideológicas internacionales interesadas en influir sobre las orientaciones de los gobiernos y realizar un diseño que encaje con su modelo económico

Estas fuerzas actúan como “infraestructuras” o “epicentros” que influyen sobre el Estado especialmente a nivel de vértice: es decir, en el gobierno de la nación (el punto “α” del gráfico 2).

Es ahí en donde el “centro del centro” (el gobierno de la nación) está en contacto con los vértices de estas tres fuerzas que operan al margen de las elecciones y de la “voluntad popular” (el triángulo “β” del gráfico 2, cuyo vértice está en contacto con el gobierno de la nación en el punto “α” y presiona sobre él)   

De ahí que el “centro” siempre esté obligado a pivotar sobre “políticas posibilistas”, es decir, políticas que no vayan nunca en contra de las fuerzas económicas e ideológicas que diseñan el “nuevo orden mundial”. La cúpula visible del poder, elegida por el pueblo, está obligada a realizar las políticas impuestas por el poder económico y que hoy constituyen el verdadero eje en torno al cual pivotan las decisiones políticas.
No hay que olvidar en ningún caso que:
- Las fuerzas que generan el poder económico son “verticales”: dependen de élites financieras, inversoras y de grandes consorcios internacionales. Son autónomas.
- Las fuerzas que actúan en el terreno político son “horizontales”: dependen del electorado. Son dependientes de las oscilaciones de la opinión pública.
El electorado elije a gobiernos, pero estos, una vez en el poder, se encuentran con que esto que debería ser un “espacio democrático” -el gobierno de la nación- está condicionado radical e irremediablemente por el poder económico. Si se quiere permanecer ahí, en el gobierno, en condiciones de estabilidad, es preciso evitar fricciones con el poder económico en torno al que se pivota. En eso consiste, en el siglo XXI, el “arte de gobernar”.

Lo fundamental es entender que el modelo de interpretación que proponemos está formado por una campana más ancha que alta, con un “centro” que en el que se sitúan los distintos escalones del poder estatal, regional, municipal y comarcal (triángulo β en el gráfico).

Como todo lo que pivota en torno a algo, esta campaña achatada tiene un movimiento de rotación sobre el eje. Este movimiento es importante porque es más acusado en los extremos (círculo ω en el gráfico, que indica el límite más exterior de la periferia política) que, en el centro, en donde el movimiento es mínimo. Esto explica por qué los partidos que se sitúan en las proximidades del círculo ω tienen dificultades para mantenerse en el esquema integrado y, de un momento a otro, pueden perder las posiciones ganadas (partidos que en un momento dado tienen un “tirón electoral”, para luego desaparecer por completo (Plataforma X Catalunya, por ejemplo, CDS, GIL, Ruiz Mateos, etc.).

CONCLUSIÓN

Si aceptamos que este esquema responde a la situación generada en los últimos meses, entenderemos mejor porque la precampaña electoral ha constituido un verdadero combate de boxeo con tongo entre los dos partidos que parecen tener detrás unas bolsas mayores de electores: PP y PSOE. Ambos ocupan en exclusiva la centralidad del terreno político y, si bien, hasta ahora, han insistido en que eran partidos de centro-derecha y de centro-izquierda, en la nueva fase que se avecina están obligados a colaborar, porque, las columnas del régimen ni soportarán otra crisis económica con repunte del paro hasta los 4.000.000, ni las costuras del Estado resistirán un año más de desafío independentista y de amenaza de guerra civil o de extensión del problema a otras autonomías (Valencia-Mallorca y País Vasco-Navarra). Sin olvidar que, a medida que avance la próxima década y se evidencie la pérdida de entre 1/3 y ¼ de los puestos de trabajo actuales a causa de la robótica y de la inteligencia artificial, empiecen a aparecer roces étnicos saltando por los aires la política de inmigración, el déficit público se muestre imposible de controlar, el descontento social obligará a medidas excepcionales.

El modelo geométrico que proponemos nos indica quién gobernará en un momento en el que ningún partido volverá a tener una mayoría absoluta que hoy ya no está al alcance de ningún partido. Solamente hay dos posibilidades:
- o bien gobiernan los partidos que actualmente ocupan la centralidad mediante la fórmula de “gran colación” que desde hace años recomiendan muchos centros de poder a los dos partidos mayoritarios españoles.
- o bien gobernará uno de los partidos situados en esa centralidad apoyado por alguna pequeña formación que, procediendo de la “periferia”, aspire a formar parte del “centro”.
¿Y qué nos induce a dar este diagnóstico? Se basa en las “leyes del nuevo orden político de los Estados Nación” que puede deducirse a tenor de las trayectorias seguidas en distintos países europeos.

ANEXO: LAS LEYES QUE RIGEN EL NUEVO CICLO POLÍTICO

1) Ley de estabilidad.- La estabilidad del sistema depende de que los partidos situados en la centralidad del mismo sean superiores siempre a la periferia, cualitativa y cuantivamente.
Los partidos mayoritarios que ocupan el espacio de centralidad tienen muy desarrollado el instinto de conservación: son capaces de despedazarse entre sí, pero no hasta el punto de poner en riesgo la estabilidad del sistema al que deben su situación y sus privilegios.

2) Ley de las alianzas.- Las alianzas siempre se realizan entre los partidos que ocupan la “centralidad”, cuyas coincidencias son mucho mayores a sus discrepancias.
En las actuales circunstancias y, tras las próximas elecciones, son más previsibles las alianzas del socialismo con un partido de centro-derecha (Cs en primer lugar, pero si no alcanza el mínimo requerido para dar la mayoría, lo hará con el PP) que con fuerzas de la periferia.

3) Ley de los refuerzos.- El espacio de centralidad siempre intenta crecer o integrar a partidos que aspiran a abandonar el territorio de la periferia y convertirse en opciones de poder.
Los partidos que ocupan el centro lo hacen con vocación de eternizarse en esa situación privilegiada de control de los resortes de poder, pero siempre están dispuestos a que ese espacio crezca integrando a partidos, como Cs, que ambicionan integrarse en ese espacio.

4) Ley de la homogeneización.- Todos los partidos que ocupan el espacio de “centralidad” tienden a homogeneizarse más allá de su origen a la derecha o a la izquierda.
Las diferencias que existen entre los partidos que ocupan la centralidad (y entre los que aspiran a integrarse en ella) son irrelevantes y tienden a homogeneizar programas, lenguaje, actitudes y look. Coinciden en lo esencial y tienen ligeras discrepancias en temas muy secundarios y de relleno.

5) Ley de la diferenciación.- En la periferia política rige esta ley que implica que las opciones situadas allí durante mucho tiempo, tienden a una diferenciación progresiva y a una fragmentación creciente.
En la periferia los partidos buscan elementos diferenciadores que les aporten cierta identidad electoral y eso genera una necesidad de diferenciarse unos de otros. Además, en estos sectores abundan los dogmáticos de la doctrina o de la “nacionalidad”, de tal manera que tienden a fracturarse cada vez más (Podemos).

6) Ley del eje-pivote.- El gobierno de la nación está situado en el espacio de centralidad que coincide con la cúspide del poder económico-financiero-cultura que constituye el eje en torno al cual pivota el centro.
El gobierno surge siempre de ese espacio de centralidad y expresa hasta cierto punto “la voluntad popular” salida de las urnas, pero el gobierno efectivo corresponde a poderes fácticos que se sitúan como pivotes en torno a los que gira la acción de gobierno, de la misma manera que un disco microsurco gira en torno a un eje.

7) Ley del límite.- Más allá de la periferia no hay “mundo político conocido”, sino vacío. El espacio que en otro tiempo estuvo ocupado por las fuerzas extra-parlamentarias, hoy no existe. Toda fuerza política o es “parlamentaria” o no exista y, por tanto, se la ignora
Para formar parte, incluso, de la periferia política (y de los beneficios que implica) es preciso aceptar las reglas del juego que, básicamente, son: la existencia del mercado y de su desregulación, el sistema de partidos y los esquemas ideológicos surgidos de la reorganización internacional que siguió a 1945. Todo lo se sitúa más allá es criminalizado o ignorado.

8) Ley de rotación.- Solamente el poder económico es estable en sus intereses y ambiciones, mientras que el poder político pivota en torno a él. Por tanto, cuanto más está situado un partido en la periferia, mayor es la velocidad de rotación, viéndose sometido a fuerzas centrífugas que pueden liquidar a esa formación y expulsarla de la “realidad del sistema político”.
Esto explica la tendencia natural, dictada por puro espíritu de conservación, de que los partidos que aspiran a la “centralidad” tengan una irreprimible tendencia a moderarse y a hacer cualquier cosa para pasar del círculo de la “periferia”, estatus provisional, al de la “centralidad”, que implica la realización de sus ambiciones.

9) Ley de las zonas difusas.- El único punto que puede definirse con una precisión absoluta es el del gobierno (punto α), el resto de divisorias son difusas y cambiantes y dependen de muchos factores (intención de voto en cada momento, diferencias de percepción y de condición regionales). A ese punto α acceden solamente fuerzas que están en posición de centralidad.
La divisoria entre “centro” y “periferia” es el más difuso en la medida en que las fuerzas que están en este último aspiran a entrar en el primera y, para hacerlo, siempre se muestran proclives a “rebajar” sus programas hasta los estándares de conformismo y “corrección constitucional” exigidos por la lógica del sistema.

10) Ley del “obligado cumplimiento”.- Todas estas leyes se resumen en una: el sistema político-económico-cultural tiene una lógica interna propia que no siempre es reconocida por quienes se sitúan en la centralidad. Muy frecuentemente se ven influidos por actitudes subjetivas o personales, estados de humor, por miedo a los sondeos de opinión, o simplemente, por ignorancia, pero este conjunto de diez leyes, constituyen el “alma” de los sistemas políticos del siglo XXI y siempre termina por imponerse.