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jueves, 15 de octubre de 2026

El Islam marroquí a fecha de hoy (4). La escuela malikí y la yihad

Fundada en el siglo VIII en Medina por el imán Mālik ibn Anas, la malikita es una de las cuatro grandes escuelas de jurisprudencia del islam suní. Malik argumentaba que el comportamiento, costumbres y consensos de los habitantes de Medina (la ciudad donde vivió y gobernó Mahoma) tenían más peso que un Hadiz transmitido de forma aislada por una sola persona. Para él, la vida diaria de Medina era una “transmisión viva” ininterrumpida de las enseñanzas del Profeta. Por tanto, en aras del “interés público”, permite a los jueces dictar sentencias basadas en lo que sea más beneficioso para el bienestar general de la sociedad, siempre y cuando no contradiga explícitamente al Corán. En segundo lugar, prohíbe acciones legítimas si existe la posibilidad de que puedan conducir a una vulneración de los principios coránicos.

Esta corriente está presente de manera mayoritaria en el norte, oeste y centro de África. Es el marco jurídico oficial y cultural de países como Marruecos, Argelia, Túnez, Libia, Mauritania, Senegal, Gambia, Chad, Níger y Sudán.

En los manuales de jurisprudencia malikí clásica (como el Muwatta o la Risala de Ibn Abi Zayd), la Yihad se define bajo criterios estrictamente jurídicos y estatales. Es un “deber comunitario” (Fard Kifaya) y no solo una obligación individual de cada musulmán. Solo se convierte en un deber individual obligatorio (Fard Ayn) en caso de una invasión extranjera directa al territorio propio. Y este es el problema: la escuela islámica que rige en Marruecos puede interpretar la existencia de las ciudades españolas de Ceuta y Melilla como una “invasión extranjera” (aun cuando fueran fundadas antes de la formación del reino de Marruecos) y, por tanto, si la máxima autoridad religiosa marroquí, esto es el rey de Marruecos, proclamara una lucha de “liberación nacional” en Ceuta y Melilla, para su “retorno” a Marruecos, el llamamiento debería ser respondido por cada marroquí, residente en su territorio o en cualquier país extranjero que lo hubiera admitido como inmigrante, incluso a los que se les ha concedido la nacionalidad…

Esta posibilidad se refuerza por el hecho de que, para esta escuela, la declaración de una acción militar legítima corresponde, única y exclusivamente, a la autoridad política gobernante legítima (el Sultán, Emir o Califa… o el “Rey”). Ningún individuo, clérigo, grupo o facción armada tiene el derecho legal de declarar la Yihad por su cuenta. Cualquier violencia ejercida al margen del Estado es catalogada en el derecho malikí como bandidaje o rebelión ilegal (Hirabah).

La “buena noticia” es que la escuela Malikí dicta unas cuantas reglas para la “protección” de los no combatientes en tiempos de guerra, basadas en los decretos del primer califa, Abu Bakr: prohibición de dañar a mujeres, niños, ancianos, enfermos crónicos, ciegos o personas discapacitadas, aun si pertenecen al bando enemigo; inmunidad al clero ajeno, e incluso protección al medio ambiente: nada de “tierra quemada”, nada de talar frutales, quemar cosechas, sacrificar ganado (salvo para alimentarse) o destruir infraestructuras civiles y pozos de agua, finalmente, se prohíbe mutilar los cuerpos de los enemigos caídos… No parece, por cierto, que ninguna de estas prohibiciones se aplicaran en las dos guerras más recientes que han sacudido al Magreb que han tenido mucho que ver con la religión islámica y en donde la escuela malikí dicta las normas: ni la guerra de Argelia (1992 a 2002) pródiga en brutalidades inimaginables por parte de los dos bandos, ni en la guerra de Libia (2011–2020), en donde el linchamiento de Muamar el Gadafi, filmado por uno de los presentes, sugiere que no se respetó ninguna de estas medidas “protectoras”[1]. Más bien, lo que estuvo presente fue el primitivismo, los instintos más bajos y desatados, cristalizados en comportamientos sádicos y brutales.

Dicho y recordado lo cual, ¿podéis pensar en lo que supondría la “co–soberanía” de Ceuta y Melilla entre Marruecos y España, que, en el momento de escribir estas líneas, sería la salida más cómoda y querida por Pedro Sánchez? Los malikís sostienen que no se puede atacar por sorpresa a un pueblo sin antes ofrecerle tres opciones secuenciales: la conversión al Islam, la sumisión política son conversión (resuelto con el pago de un “impuesto de protección”), y, si rechazan las dos opciones, la yihad. Sin embargo, la invasión de 100.000 jóvenes marroquíes el 30 de julio de 2026, sugiere que, esta escuela coránica ya no dicta las normas en Marruecos, sino que la práctica política marroquí, es la propia, como mínimo, de “un socio muy poco fiable y nada leal”.



[1]- El examen de los videos grabados por los propios milicianos que combatían al gobierno libio, detallan la extrema crueldad de los últimos momentos de Gadafi. Localizado en el interior de una tubería de desagüe en Sirte, herido en las piernas y en la espalda por el bombardeo previo de la OTAN, la muchedumbre de rebeldes comenzó a golpearlo y arrastrarlo por el suelo. Diversos análisis minuciosos de las grabaciones de video confirmaron que Gadafi fue sodomizado con una bayoneta o un objeto punzante por parte de uno de sus captores mientras era linchado por la multitud. Aunque el gobierno de transición libio afirmó en su momento que el dictador falleció debido al “fuego cruzado”, los reportes médicos y de autopsia determinaron que recibió disparos directos a quemarropa en el estómago y en la sien. Su cuerpo fue trasladado a la ciudad de Misrata y expuesto públicamente semidesnudo dentro de una cámara frigorífica de un centro comercial durante varios días. Cientos de ciudadanos libios hicieron filas para fotografiar el cadáver ensangrentado y con evidentes signos de tortura antes de que fuera enterrado en una localización secreta en el desierto. (“La autopsia ‘confirma’ que Gadafi ‘murió por fuego cruzado camino del hospital’”, AFP, publicado en El Mundo, 23 de octubre de 2011). 

[5]. “Mohamed VI anuncia un recorte de sus poderes en respuesta a las protestas”, El País, 10 de marzo de 2011, https://elpais.com/