APOLÍTICO (pero no indiferente, sino distanciado), ANARCA (al margen del pensamiento masificado), CONSERVADOR (consciente de que ya no hay casi nada que merezca del conservado) y REVOLUCIONARIO (por la revolución del Orden).
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INDICE GENERAL (en fase de elaboración)
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domingo, 10 de marzo de 2024
De la Resistencia a la Reconquista, de la Reconquista a la Revolución. Un llamamiento de Guillaume Faye a la juventud europea
Reproducimos este texto para
conmemorar el quinto aniversario del fallecimiento de Guillaume Faye. Era
alguien que no pedía que se compartiera sus ideas: simplemente aspiraba a ser
un provocador que generara electroshocks mentales en sus lectores. No vendía
verdades enlatadas: prefería incitarnos -como los grandes maestros- a que fuéramos
nosotros mismos los que intuyéramos esas verdades. Al cumplirse este quinto
aniversario de su fallecimiento, hemos buscado un texto lo suficientemente
breve, pero lo bastante contundente para recordar su espíritu. Nos ha parecido
que este “Llamamiento a la Juventud Europea” publicado en 2001, es el mejor homenaje
que podemos tributarle.
Que Europa Occidental vive unos
momentos de gravedad extrema sin que la inmensa mayoría de la población
advierta la envergadura de esta crisis, es algo que no nos debe sorprender, pero
si que nos obliga a constatarlo. En España, probablemente, es donde la “convergencia
de catástrofes” -a la coincidencia en el tiempo de un elevado número de
problemas imposibles de resolver- se da con una intensidad mayor que en
cualquier otro país.
Aquí, además de los problemas
económicos, de la insostenible globalización, de la crisis económica, de la
crisis alimentaria, de la inmigración masiva y la formación de guetos y de
zonas en donde la autoridad del Estado ya no existe, se une una corrupción
política más persistente, impune e intensa que en cualquier otro país europeo,
unos tirones secesionistas sin precedentes en Europa Occidental alimentados por
la impotencia del propio poder del Estado, dirigido por individuos que oscilan
entre la moral de una banda de salteadores de caminos y el comportamiento
propio de psicópatas diagnosticados, unas instituciones vacías de contenido (y
que, en realidad, a partir de mediados de los años 80, ya estaban en crisis),
amén de un problema de cercanía al Magreb que, a diferencia de otros países europeos,
tiene en sus manos al gobierno del Estado Español. Y decir “Marruecos” es -vale
la pena no olvidarlo- aludir al “enemigo del sur” que utiliza todos los
elementos tácticos propios de las guerras baja intensidad: permitir y favorecer
flujos migratorios en dirección a España, estimular el narcotráfico en
dirección a España, reivindicar territorios vinculados históricamente a nuestro
país (Ceuta, Melilla, las Islas Adyacentes y Canarias), exportar inseguridad
alimentaria (con el doble efecto secundario de empobrecer al campo español y
envenenar los organismos de la población), guerra económica y, finalmente,
mantener redes de espionaje y chantaje aprovechando los aspectos inconfesables
del actual gobierno socialista, como antes ha explotado la debilidad y la falta
de carácter de gobiernos de centro-derecha o de centro-izquierda.
A esta amenaza procedente del “enemigo
del Sur”, se unen los problemas propios de un fin de ciclo de civilización los
problemas económico-sociales surgidos de la globalización y del
multiculturalismo, la pertenencia de nuestro país a organismo internacionales peligrosos
y en manos de intereses no nacionales, ni siquiera de intereses europeos (la
OTAN) o a una Unión Europea que ha pasado de ser un organismo tecnoburocrático
de dudosa eficacia, a ser la “pieza europea” de un mundo globalizado, para convertirse
en una simple amenaza para la existencia de los pueblos europeos.
Esta situación que -a estas alturas,
en la primavera de 2024, resulta difícil negar, había sido ya prevista a nivel
europeo por Guillaume Faye, hace exactamente 23 años. Entonces, en una revista
nacionalista e identitaria, publicó un pequeño artículo suyo -que no era más
que el resumen comprimido de Por
qué luchamos,
en el que indicaba las líneas maestras para estos “años decisivos”. Estas líneas,
lejos de haberse desvirtuado o de haber perdido interés, se están convirtiendo,
en cada vez más actuales y necesarias. Creemos que vale la pena recordarlas y
hacer algo mucho más que eso: incorporarlas a nuestra vida cotidiana, a
nuestros criterios políticos y a nuestra acción en defensa de nuestro
patrimonio cultural y del futuro de lo que quede de Europa tras la crisis que,
inevitablemente, se producirá en breve.
* *
*
Llamamiento a los Jóvenes Europeos
Texto de Guillaume Faye, publicado
en Réfléchir & Agir N° 9 (verano de 2001)
Hemos respetado el espíritu y la
letra del texto. Sin embargo, hemos considerado oportuno introducir negrillas y alterar la presentación del texto a fin de darle mayor fluidez y aspecto
de manifiesto
Para no repetirme, permítanme
recordarles en primer lugar la observación que hice al principio del Manifiesto
Por qué luchamos. Resumamos ahora algunas de las sugerencias formuladas en
ese Manifiesto. Dada esta situación completamente nueva en la historia,
recomiendo una estrategia inspirada en ciertos líderes revolucionarios que no
es necesario nombrar.
1 - En primer lugar, es importante unir, a escala
europea, a todas las fuerzas identitarias de resistencia en torno a una
doctrina y un programa revolucionarios mínimos.
Hay que olvidarse de las querellas
ideológicas o emocionales secundarias, que a menudo no son más que la expresión
del nacionalismo de aparato, guerras sectarias o rencillas entre barones. Lenin
dijo: "Arreglaremos nuestras querellas después de la revolución".
Por favor, acabemos con estas deliciosas disputas internas (hechas de chismes,
excomuniones y paranoias) y reservemos nuestros golpes para el verdadero
enemigo. Concentrémonos en lo esencial, en lo que une a la gente, porque
estamos ante una emergencia absoluta (la Ernsfall, teorizada por Carl
Schmitt). Fijémonos en los musulmanes, que dejan de destrozarse unos a otros en
cuanto se trata de librar la yihad contra el infiel.
2 - Para nosotros, el enemigo común y principal (el
que invade concretamente, físicamente) es la colonización de poblaciones no
autóctonas bajo la bandera del Islam.
Evidentemente, podemos compartir
valores comunes con nuestro enemigo, pero no debemos caer en esta trampa y
dejarnos ablandar. Yo añadiría que el enemigo se beneficia de los colaboracionistas,
ingenuos europeos etnomasoquistas, que, finalmente, resultan ser los más
peligrosos. En cuanto al adversario común (el que busca debilitarnos y
dominarnos), son los EEUU, aliados objetivos del primero.
3 - Nuestra corriente, la del pensamiento radical (en el sentido de que apunta a las "raíces" y no debe confundirse como el "extremismo"), detenta el monopolio de la disidencia y del proyecto
revolucionario, en
la medida en que somos los únicos que deseamos el derrocamiento total de los
valores y formas de esta civilización (Umwertung de Nietzsche).
4 - Los tres pilares de una ideología y un proyecto
europeos unitarios son,
- por una parte, la conciencia étnica de la necesidad prioritaria de defender un germen
biológico común amenazado;
- por otra, la regeneración de los valores ancestrales, cuyo olvido es la causa primera
de las tragedias actuales;
- y, por último, la afirmación creadora de una doctrina política europea omnicomprensiva y
revolucionaria.
5 - Como indica el excelente título de su revista [“reflexionar y actuar”, NdT], la reflexión es vital, pero también hay que actuar en
la misma dirección.
Pero, ¿cómo actuar? ¿Qué debemos
hacer? Una eterna pregunta central. Respuesta: construyendo una red europea de resistencia, solidaridad y acción
en torno a este "programa ideológico común". No debe excluir la política, sino
incluirla.
- En primer lugar, es demasiado
tarde para conquistar el poder a través de las urnas y la democracia
parlamentaria. Tenemos que hacer la siguiente apuesta (arriesgada como
cualquier apuesta, pero es la única oportunidad en estos días crepusculares): en los próximos 10-15 años nos dirigimos hacia una
gran crisis ("caos") que tomará la forma de un conflicto étnico a
gran escala con un probable telón de fondo de empobrecimiento económico; esto podría inclinar la balanza
en las mentes de las masas, actualmente alimentadas a la fuerza como gansos y
con un goteo neototalitario de los medios de comunicación de masas.
- Así que tenemos que planificar las secuelas y prepararnos para la tormenta
creando esa red europea horizontal, en forma de estrella, informal y polimorfa,
que reúna y forme a minorías activas y revolucionarias; una red de solidaridad, una internacional europea de resistencia y
formación.
La "Red" no debe adoptar ningún nombre ni ninguna forma
institucional. Es lo que yo llamo la estrategia
de la cobra. Subterránea pero inquebrantable, de Portugal a Rusia, deben conectarse ejecutivos o
representantes electos de partidos políticos, asociaciones y círculos de todo
tipo, particulares, editores, empresas, financieros, internautas, medios de
comunicación, etc. Con tres objetivos:
agit-prop total, formación y reclutamiento, y ganar peso mediático. En resumen, el programa de una escuela que se prepara para la
inevitable confrontación.
- Durante los próximos diez o quince años, tenemos que estar
preparados y poderosos para el día en que sople el huracán, el huracán que es nuestra única
oportunidad, la única palanca para el cambio. Por otra parte, dejemos de pensar
que "el sistema es invencible". Sólo es fuerte gracias a nuestra
debilidad y desorganización actuales. En tercer lugar, debemos abandonar este culto psicopático a la derrota,
a la "última plaza", a la manía persecutoria. Sólo ganan los que son
trágicamente optimistas y se consideran la "primera plaza".
- Una vez que exista esa red, será el momento de pasar a la
siguiente etapa (directamente política), imposible de programar hoy en día. Así que empecemos por construirla
con paciencia, determinación y profesionalidad. Y eliminemos de nuestras filas
a los incapaces, los mediocres, los exaltados y los desequilibrados. Porque una
red de este tipo, unida en torno a una doctrina clara y común, debe constituir
también y sobre todo una élite rigurosa. De
la Resistencia a la Reconquista, de la Reconquista a la Revolución.