5. “Sánchez el Africano”, o la africanización de
nuestra política exterior
(y la africanización de España)
Sin duda, algún becario de la legión se asesores
de La Moncloa, o incluso el hijo de Soros, ha metido en la cabeza del
presidente que “África es una oportunidad”. Ya que las puertas de Europa están
cada vez más cerradas y, dado que la opinión pública es más desconfiada en
relación a la UE, y China está demasiado lejos, o Iberoamérica constituye la
opción más realista para el gobierno Trump (lo que excluye directamente a España),
nuestro país, aparentemente, solamente dispondría de África como “zona de expansión
económica preferencial”… De aquí derivaría el interés de Sánchez por África.
La realidad es que, además de China y por otros
motivos, el “activismo” Sánchez en materia internacional se ha centrado sobre
todo en África. Este “activismo” ha sido particularmente intenso desde la
llegada de Trump al poder. La intención confesada es aplicar una estrategia
de “partenariado estratégico” tendente a posicionar a España como el
principal puente entre la Unión Europea y el continente africano. Es una nueva
mentira. Ese interés por África tiene otras motivaciones muy diferentes.
Sánchez busca opacidad en todas sus relaciones:
que las intenciones reales queden cubiertas por declaraciones de intenciones y
actos públicos que den que hablar. El fracaso de Sánchez en Europa, la posibilidad con la que contaba
inicialmente para coronar su carrera política con un cargo de presidencia en
algún organismo internacional (la UE, la OTAN o, por qué no, la propia ONU) tras
abandonar el gobierno, a raíz de los casos de corrupción, se ha saldado con un
cambio de estrategia: ahora ya no se trata de mirar su futuro “político”,
sino encontrar una zona de “refugio” para el futuro y un área en la que
entregar cantidades ilimitadas a fondo perdido (con la excusa de favorecer el
desarrollo, aplicar la Agenda 2030, ayuda humanitaria, etc, etc, etc) y
percibir por ello las comisiones que son de rigor.
Digámoslo más claramente: todo el dinero que
llega a África desde la independencia de los años 60, es dinero perdido para el
donante que va a parar a ese pozo sin fondo y sin ningún control, que son los 54
estados soberanos que existen en el continente… Ni un solo Estado africano
es capaz de justificar fehacientemente el empleo de las cantidades dotadas
graciosamente por los Estados europeos.
Así puede entenderse que, con las excusas más
vanas (desde la aplicación de los “objetivos globales” de la Agenda 2030, hasta
la cuestión migratoria), Sánchez haya hecho de África otro centro de su
política exterior en estos últimos dos años.
En 2024 se inició este giro tras la “crisis de los
cayucos” que llegaron en bandadas a Canarias. Crisis que se hubiera evitado, de
haber habilitado repatriaciones “en caliente” en el momento en el que apareció
el primero. Pero no había voluntad de detener la invasión, sino más bien, de
estimularla. Y eso fue lo que hizo Sánchez en su gira africana que le llevó a Mauritania (reuniéndose con el
presidente Mohamed Ould Ghazouani en Nuakchot para firmar “acuerdos de lucha
contra las mafias” y “programas de empleo temporal”… de los que no se han
sabido los resultados), luego Gambia (firmando un memorando de entendimiento
sobre seguridad y migración… del que tampoco se saben los resultados, ni las
inversiones) y Senegal (para “reforzar la cooperación policial” y “visitar
proyectos de formación profesional apoyados por España”).
Un país tan absolutamente irrelevante en todos los
sentidos como Mauritania se ha convertido en un socio prioritario, siendo
visitado por Sánchez en febrero de 2024 (entonces acompañado por von der Leyen para anunciar un paquete de
ayuda financiera de la UE destinado a la estabilidad del país y el control de
fronteras y, nuevamente, en julio de 2025 para dar seguimiento a los “acuerdos
de migración legal y segura”.
Además de Mauritania y Marruecos, Angola, Senegal, Ghana, Ruanda, Tanzania y Sudáfrica, son
los países que han abierto sus puertas a Sánchez “el africano”.
El hecho es que todos estos acuerdos, onerosos
para la economía española, no han dado los logros que se justificaban: la
migración procedente de África ha proseguido (17.788 llegadas de cayucos a
Canarias en 2025 y 7.030 hasta el 15 de abril de 2026… lo que permite suponer
que este año pueden llegar fácilmente a 30.000. Y estas son las cifras
reales, el resto es maquillaje estadístico.
Tal como hasta el más cateto de los asesores de La
Moncloa podía esperar, el anuncio de la “regularización masiva”, ha
estimulado la llegada de población africana, no solamente del continente del
Sur, sino de inmigrantes ilegales que había llegado a países europeos y que no habían
obtenido la regularización: ahora pueden hacerlo desde España y es muy
probable que la cifra real de regularizados esté, al final de la campaña, cerca
de un millón, mucho más que del medio millón que se preveía inicialmente.
Antes, en 2022, Sánchez había visitado Sudáfrica,
el país en donde se está produciendo un verdadero genocidio de población blanca,
motivado oficialmente “para fortalecer lazos comerciales y de inversión”. Desde
entonces le une una entrañable amistad con el presidente sudafricano, Cyril
Ramaphosa, asistente obligado a la cumbre de Barcelona de este mes de abril de
2026…
Ramaphosa es un hombre muy discutido en su país
que se enfrenta una serie de controversias que abarcan desde escándalos de
corrupción interna hasta crisis diplomáticas de alto nivel. Ramaphosa es una especie de “Sánchez negro”:
el país esta actualmente envuelto en el llamado “escándalo Phala Phala”, el robo
de cientos de miles de dólares en efectivo ocultos en muebles de su granja
privada en 2020, hecho que no fue reportado formalmente a la policía en su
momento. Poco antes de viajar a Barcelona, la policía sudafricana confirmó
que aquel robo fue ocultado por la mala conducta de altos mandos policiales que
buscaron recuperar el dinero sin seguir los procedimientos legales. El caso
judicial contra los acusados del robo se ha aplazado hasta mayo. Los partidos
de oposición han reactivado las solicitudes de juicio político (impeachment)
tras los nuevos hallazgos sobre el abuso de poder para proteger los
intereses financieros privados de Ramaphosa. Por otra parte, la
administración norteamericana le ha acusado de permitir la limpieza étnica
contra granjeros blancos y promover leyes de expropiación de tierras
"discriminatorias" hasta el punto de que, en febrero de 2025, la Casa
Blanca ordenó detener toda la asistencia extranjera a Sudáfrica y en 2026, vetó
la asistencia de Sudáfrica a la cumbre del G20 en Miami.
Otros frentes abiertos contra Ramaphosa son la corrupción
dentro de la propia policía sudafricana, la infiltración mafiosa en las fuerzas
de seguridad y varios mandos policiales procesados por contratos irregulares.
Sin olvidar que, tras las elecciones de 2024, Ramaphosa gobierna en coalición
(Gobierno de Unidad Nacional) al haber perdido el Congreso Nacional Africano su
mayoría absoluta por primera vez desde el fin del apartheid. Esto ha debilitado
su capacidad de maniobra y lo obliga a negociar constantemente con los partidos
que antes eran sus principales críticos. ¿Lo ven como no exagerábamos cuando
decíamos que Ramaphosa es el Sánchez negro? Los paralelismos resultan
increíbles…
Angola es otro de esos países en donde se han
firmado más y más acuerdos comerciales en los que el denominador común no es
diferente a otros países del continente negro: España es “pagadora” y el gobierno
local “receptor” a cambio, oficialmente, de permitir la actividad de empresa
españolas en su territorio. Si
hacemos caso a las cifras, los pagos a Angola son desmesurados en relación a
los resultados obtenidos: se han entregado a ese país casi 1.000 millones de
euros desde 2021 en distintos créditos y líneas de crédito para estimular el
comercio mutuo.
En el año 2023, el presidente angoleño João
Lourenço, llegó en visita oficial a España como respuesta al viaje que realizó
Sánchez a Angola en abril de 2021. También aquí le firmaron acuerdos de cooperación
económica y se abordaron proyectos en sectores como la energía, las
infraestructuras y la defensa. En noviembre de 2025, Sánchez realizó otro viaje
a Angola para asistir a la Cumbre Unión Africana - Unión Europea celebrada en
Luanda. En este encuentro, como no podía ser de otra manera, el presidente
español destacó la importancia de Angola como “centro de diálogo” para abordar
el “cambio climático” y el “respeto al derecho internacional" y
bla-bla-bla…
¿Y quién es este João Lourenço? Respuesta: otro
doble de Sánchez, otra versión africanizada de él mismo. En efecto, Lourenço inició su mandato con una
fuerte campaña anticorrupción en 2017 y se ganó el apodo de “Terminator” al
inicio de su mandato por perseguir la fortuna de la familia del ex-presidente
José Eduardo dos Santos. Nueve años después, se enfrenta a diversas
controversias que han erosionado su popularidad y generado críticas tanto
internas como internacionales. La primera de todas es una acusación de “lucha
contra la corrupción selectiva”. No ha actuado con la misma contundencia contra
figuras de su propio gabinete, como Edeltruda da Costa, acusada de malversación.
Ha sido también objeto de escrutinio en países como EEUU por presuntos esquemas
de fraude que beneficiarían a empresas vinculadas al partido gobernante
(MPLA) y a su propio círculo más familiar.
Organizaciones como Human Rights Watch y Freedom
House denuncian un endurecimiento autoritario de su gobierno. En
2024 y 2025, firmó leyes (como la Ley de Seguridad Nacional y la Ley de
Vandalismo) que permiten al gobierno restringir telecomunicaciones sin orden
judicial y castigar con hasta 25 años de cárcel a quienes participen en
protestas que deriven en daños materiales. En julio de 2025, el partener de
Sánchez aplicó una respuesta “desproporcionada” a las protestas por el alto
coste de la vida y la subida de combustibles en julio de 2025, que dejó un saldo
de al menos 30 muertos y cientos de detenidos… hasta el punto de que, en su
reciente visita a Angola, León XIV haya instado a los líderes del país a “no
tener miedo a la disidencia” y a combatir la “herida de la corrupción”.
Y, por supuesto, no podían faltar tampoco las
acusaciones de manipulación electoral que ha lanzado la oposición liderada por
UNITA que ha calificado sus victorias electorales como “golpes de estado
institucionales”. Dentro mismo del MPLA han surgido fisuras y
figuras que cuestionan su liderazgo de cara a las próximas elecciones de 2027,
en un clima de creciente incertidumbre política…. ¿A qué les recuerda todo
esto? ¿Entienden por qué Sánchez lo considera un “bro”…?









