lunes, 24 de septiembre de 2018

365 QUEJÍOS (145) VOX PARA ARRIBA, VOX PARA ABAJO (3)


Desde la extrema-derecha se ve a Vox de tres maneras diferentes: 
  1. Vox es lo mismo que ha aparecido en Europa y que ahora llega a España. Es, por tanto “lo nuestro”, 
  2. Vox es una opción creada por el sistema para reemplazar a “la ultra” clásica, 
  3. Vox es el enemigo, por distintos motivos. 
Ninguna de estas tres formas de verlo es la correcta. La primera porque creemos haber demostrado que Vox nace como escisión del PP y en sus genes sigue existiendo la nostalgia de los tiempos de Aznar (y Aznar, no solamente, no es “lo identitario”, sino que más bien es la negación de ello). La segunda porque neutralizar a la ultra es algo que la propia ultra se ha encargado de hacer a fuerza de errores, metidas de pata y habituarse a su inadaptación creciente a lo largo de 40 años. Y en cuanto a lo tercero, valdría la pena recordar que la política no es “nosotros solos contra la galaxia”, sino establecer diferencias entre “amigo” y “enemigo”.

Durante la Segunda República, la revista Acción Española, dirigido por Ramiro de Maeztu estableció la llamada “ley de los afines” que podía enunciarse así: “no atacar a los que están próximos a nosotros”. ¿Y quién estaba próximo al grupo de Ramiro de Maeztu? Renovación Española, el carlismo, los nacionalistas de Albiñana, la UME, Falange Española, las JONS… Basta leer los números de esta revista para darse cuenta de que así se hizo y de esa cooperación entre fuerzas –que a veces no era entendida por las bases, pero que siempre fue respetada por las direcciones y la muestra es que todos estuvieron presentes en la redacción de la revista, incluidos Ramiro Ledesma y José Antonio– se forjó el apoyo civil a la sublevación del 18 de julio. Lo hemos citado como ejemplo histórico, no como vía a seguir.

¿Quiénes serían en este caso “los afines”? En primer lugar, aquellos que reconocen la gravedad del problema migratorio y la necesidad de afrontarlo decididamente y de una voz por todas. En segundo lugar, los que consideran que los naciones y los pueblos no tienen lugar en una economía mundial globalizada hecha solamente para las dinastías económicas y para los señores del dinero. En tercer lugar, los que reconocen la necesidad de una reforma constitucional, revisando el concepto de “Estado de las Autonomías”. En cuarto lugar, los que ven necesario un replanteamiento de las relaciones internacionales de España: renegociando el Tratado de Adhesión a la UE, saliendo de una alianza arcaica como es la OTAN y reorientando toda nuestra política exterior. Finalmente, todas aquellas fuerzas conscientes de que somos hijos de nuestro pasado y de nuestra historia y planteen un respeto por la tradición de nuestro país y por la tradición europea. Cualquier otro elemento es secundario y serían estos elementos los que definirían un “espacio político” en el interior del cual los ataques recíprocos quedan excluidos y en el que no hay más vías que la colaboración o la integración progresiva.

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Al menos esto es lo que dicta la lógica política, una lógica que, por otra parte, pertenece a la tradición política de la que procedemos, pues, no en vano, Acción Española fue en su tiempo una revista de reflexión y análisis de las distintas corrientes de la derecha radical. Tampoco sería tan difícil traspasar esta norma a la España del siglo XXI. Pero, claro, como se sabe, el sentido común es el menos común de los sentidos, así que no tenemos la menor esperanza en que esto lo tenga en cuenta alguien. Así pues, valdrá la pena instalarse en el terreno de realismo y terminar estos artículos sobre Vox mencionando las alternativas que se abren a lo residuos de extrema-derecha ante esta formación:
  • Seguir impasibles, como si nada ocurriera, ante el ascenso de Vox: es la opinión de “nosotros somos una cosa y Vox es otra diferente”. La consecuencias directa es que si Vox sube, la ultra seguirá siendo cada vez más residual. O, a la inversa: si Vox no se consolida pasará a ser otro grupo más en permanente rivalidad con los grupos ultras, con ataques recíprocos.
  • Ver como se produce un trasvase por goteo de ultras a Vox. En cualquier caso, la ultra se irá debilitando aún más y seguirá siendo lo mismo que ha sido durante cuarenta años: una fuerza activista, políticamente impotente.
  • Practicar el “entrismo”, es decir, la afiliación a Vox para, desde dentro tratar de encauzar a este partido y reorientarlo para que sea algo más que una escisión del PP enfocada a ganar votos del PP.
  • Negociar con Vox: esto solamente podrá hacerse si en las próximas elecciones municipales, las candidaturas de Respeto (excluimos que otras puedan obtener resultados apreciables) consiguieran una masa significativa de concejales (entre 75 y 100, lo que evidenciaría que disponen un cierto apoyo popular a esta opción) localizados en algunas zonas en las que Vox no estuviera presente.
Sólo en esta última hipótesis Vox aceptaría negociar con Respeto (no creemos que el resto de grupos ultras lo plantearan siquiera): para ello sería necesario que el avance de Respeto en las municipales fuera llamativo y que Vox avanzase tambien pero no tanto como ellos mismos esperaban. Si no se produjeran estas simetrías nada cambiaría.

Queda por decir una cosa: la extrema-derecha ha sido víctima de su inmadurez, esto es, de sí misma. En los 40 años, en ninguna de sus componentes, ha alcanzado unos niveles de maduración política suficientes como para poder convertirse en fuerza política digna de tal nombre y abandonar la etapa grupuscular. Así que lo que ha ocurrido es lo que podía esperarse: que una escisión de la derecha le ha comido el terreno. Desde mediados de los años 80, algunos ya habíamos previsto un escenario de este tipo. Ningún grupo puede ser eternamente una “promesa”, ni las carreras de caracoles (como alguien definió en su momento la rivalidad entre los distintos grupos ultras) puede durar eternamente. Hemos llegado, pues, al final del trayecto.

Los que nos hemos alejado de la política, lo único que desearíamos es que alguien encarnara los ideales de lo que hemos defendido en nuestra juventud y hasta no hace mucho. Nos hubiera gustado que este papel hubiera recaído en las organizaciones en las que hemos militado, pero si es otra, nos tiene, a estas alturas sin cuidado: gato blanco, gato negro, lo importante es que cace ratones. Partido R, partido X, lo importante es que alce la voz contra la inmigración masiva, por la reforma del Estado y de sus políticas, contra la globalización y por la identidad nacional. Y me importa un higo si es el Diablo en persona quien asume esta lucha… porque, servidor, está ya al otro lado de la barrera, no donde se trenzan las faenas.

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